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Cosas que aprender viendo “No respires” y tantas otras películas de miedo parecidas

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Sí, otra vez estoy aquí, contigo. No dejas de nadar, y eso es bueno. No, no volveremos a eso de que no hay orilla, para qué. Nos desanima y hace que nademos menos o incluso nada. Y no queremos ahogarnos. Sí, va a pasar. Pero hombre, mejor más tarde que ahora. Hay que seguir. Esto puede hacerse aburrido como solo nades y ya. Por eso vengo de vez en cuando. No estás solo. Vengo, te cuento cosas y esto se hace más ameno para los dos. Claro. Me alegro que lo entiendas y me alegra que sigas nadando. Ya queda menos. ¿Para qué? Eso no importa. Sigue. Sigue. Eso es.

No te lo vas a creer, tú que no dejas de nadar en soledad, pero hay gente que disfruta pasando miedo. Más del que da la incertidumbre y caos del día a día. Tras años viendo películas de miedo, jugando a videojuegos japoneses como Resident Evil, Silent Hill y similares al final terminas haciéndote callo mental. Vamos, que la capacidad de siquiera pegar botes en un sofá o asiento cada vez es menor. Ya no digamos obsesionarte o no dejarte dormir. Hay gente que aún le pasa, cuidado, eso no quiere decir nada sobre su valentía. Es una cuestión de costumbre. De que los trucos viejos de las películas de miedito te afecten o no. Subidones de música estridente. El clásico “ah, no era nada, ya no hay música, se gira el protagonista y sale el monstro”. En fin, que son los mismos trucos durante décadas. Como bien ha sido dicho por gente sexy, puede que la estructura narrativa de las películas de miedos tengan mucho que ver con las películas porno.

De vez en cuando hay algún loco que intenta hacer algo distinto, como Ari Aster. En fin, que se agradece. Pero es, vamos a decirlo, mucho más complicado. Al fin y al cabo los viejos trucos nos han gustado durante años, ¡nosotros también queremos hacerlo! Hay un problema, siempre, con el éxito de un modo de hacer las cosas: todo el mundo intenta repetir los trucos del éxito para, a su vez, tenerlo. Lo de morir de éxito viene de aquí, claro. Podríamos decir que un molde exitoso retrasará cualquier innovación en su campo mucho más tiempo del necesario.

Hace poco, no te lo creerás, vi otro intento más de tirar del carro. “No respires”, se llamaba. En fin, algo de ello hemos hablado ya por este sacrosanto sitio. La película en apenas 5-10 minutos permite predecir sin mucho error quien sobrevivirá y quien palmará dolorosamente, así como más o menos el orden. Vuelve, otra vez, a meternos en un mensaje mil veces expuesto: cuidado con la gente de pueblo o mayor, joven follador y alocado, que como te metas en su mundo te darás cuenta de existe un mundo de violencia y salvajismo al que no estás acostumbrado y que te puede, literalmente, despedazar. Hay quien dice que este subtexto clásico de las películas de miedo es tirando a reaccionario o muy conservador, hay quien ve reminiscencias de Lovecraft y etcétera. Sí podemos decir, entre brazada y brazada, que la mayor parte del cine de miedo trata de alertarnos de que para los más jovenes el mundo anterior a ellos es casi siempre violento, desconocido y moralmente repugnante. Además de tener una historia previa a veces más larga que sus propias vidas y ser profundamente peligroso si uno no lo entiende. Un mundo previo a ti en el que lo normal es sucumbir. Siempre he creído que la repetición de este subtexto en el género se debe simplemente a que todo esto es en general cierto en el mundo real. Es decir, se apela a unas reglas de la vida que nos impactan porque algo de todo esto existe en nuestro día a día. El mundo pre-existente a nuestra adolescencia es, siempre, desconocido, peligroso y juega con sus peligrosas reglas propias. Uno en el que sobrevivir suele implicar violencia, suerte y conocimiento.

La película como tal tiene pocos actores y la trama es sencilla. Y eso es de agradecer: si es algo más o menos tontorrón para pasar el rato yo prefiero que no se propongan marearte. Más allá de las peleas increíbles (en el sentido de “no hay quien se las crea”, no en el sentido de estar bien) y del Daredevil malvado ajusticiando jovencitos me ha hecho sonreír algo que dijo el villano. Resuelta que su maldad viene en parte de una crisis de fe. Es decir, llega a decir que alguien que no cree en dios no tiene ningún límite moral. ¡Es malo porque se ha hecho ateo! Qué decir aquí de otra de las enseñanzas de las películas de miedo: todas esas posesiones demoníacas que se dan en familias que no bautizan a sus hijos, en familias con infidelidades a gente casada o castigos sobrenaturales a gente que insiste en tener relaciones sexuales antes del matrimonio. En este punto podríamos citar aquellas teorías más reaccionarias en las que se nos habla de una arcadia feliz en la que era la sociedad la que vivía en una sola iglesia, y que los ajenos a las iglesia eran reconducidos a ella sin necesidad de ningún estado que envíe policias o militares. El problema, claro, es que los ajenos son tratados como eso, como ajenos. De modo violento y sin posibilidad de apelar a un tribunal de justicia o contratar abogados. Al final lo decisivo aquí es que la iglesia que domine el cotarro sea la tuya, claro.

En fin, tampoco es nada nuevo en el género y da que pensar sobre cómo podríamos hacer películas de miedo pero dándole la vuelta a la tortilla. Por ejemplo, un grupo de turistas ingleses que vienen a un pueblo costero español van palmando uno a uno cada día. El primer día uno muere haciendo balconing. El segundo otro muere igual. El tercer día se juntan todos porque tienen miedo, y al despertarse falta uno. Ha muerto en teoría haciendo balconing…detrás de estos suicidios termina estando un grupo de lugareños hartos con el turismo de borrachera, que por las noches hacen maniobras para que el terror se extienda entre los turistas. La película termina, claro, con la panda detenida y el pueblo ofreciendo como atracción turística una ruta por los sitios donde se efectuaban los asesinatos: al final el sistema es capaz de coger cualquier acto directo y violento contra el mismo y salir más fuerte. Todo rodado de día, con el sol del levante español en toda su gloria. Nada de soledad, queremos multitudes, ambiente opresivo por la enorme cantidad de gente, la cámara borrosa debido a lo que beben. Con debates televisivos, memes y tuits intercalados entre escenas. Algunas conversaciones entre turistas deberían ser audios de voz en WhatsApp. Yo qué sé. Tenemos potencial para hacer cosas muy diferentes, la verdad.

En fin, que te dejo, que ya te he dado mucho para pensar. Seguro a que a ti se te ocurre algo diferente para vender películas de miedo que salgan un poco del molde de siempre. Sigue nadando. Todo irá bien. Ya queda menos.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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