Crítica de GLOW, temporada 3: en busca de frescura

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En 2017, Netflix hizo llegar a nuestras pantallas una nueva y glamurosa propuesta que hizo las delicias de muchos y se ganó su merecido hueco en las listas de “series a ver”. Basada en parte en hechos reales, GLOW (Gorgeous Ladies of Wresteling) cobró vida de las manos de Liz Flahive y Carly Mensch, junto con la ayuda de Jenji Kohan como productora (creadora de series como Orange is the new black y Weeds).

Netflix ha estrenado recientemente la 3a temporada de GLOW y, tras el amplio éxito y reconocimiento del que gozaba hasta el momento, las expectativas eran sin duda altas, así que es imposible evitar preguntarse: ¿cumple con lo esperado?

Una fórmula universal

Parte de lo que hizo de la serie un éxito fue su universalidad. Partiendo de una fórmula ampliamente trabajada en la pantalla, GLOW nos presenta a un grupo de desgraciadas sin aparentemente mucho talento que ofrecer al mundo pero que, al descubrir una motivación conjunta en crear un espectáculo de lucha libre femenino, ven en sí mismas una chispa oculta hasta el momento y un nuevo y emocionante reto se planta ante ellas: triunfar y llegar a lo más alto haciendo lo que más disfrutan. Hasta aquí todo normal, nada que no hayamos visto antes en películas como School of Rock y sucedáneos, pero si es un concepto tan trillado, ¿por qué su éxito?

La respuesta de esta pregunta es simple: actualidad. GLOW encuentra un gran momento en el que sacar su propuesta al ir acompañada de un formato y plataforma atractiva (ser una serie de Netflix, básicamente), entroncar la historia con una temática vigente y apuntalarlo todo en una época plagada de nostalgia en la que referencias y luces bonitas de neon puedan brillar (curiosamente la para nada explotada EE.UU de los babyboomers). Aunque, todo sea dicho, reducir la serie a eso sería injusto. GLOW, más allá de la conveniencia de su planteamiento, no es el producto medio adolescente que busca llamar la atención sin importar el mensaje o la forma, pues, a parte de su innegable valor de producción, la serie se siente muchas veces auténtica y compuesta con delicadeza e intencionalidad. Pero, un producto de estas características –a nivel teórico– debería sufrir con el paso de las temporadas, mostrando cada vez más sus costuras, así que ¿es el caso?

Tiempos de cambio: la lucha contra la fórmula

Como ya hemos establecido, los encargados de la serie no son unos cualquiera y rara vez una decisión se siente arbitraria. Es por eso que, temiéndose la muchas veces inevitable monotonía de las comedias de fórmula, los creadores decidieron arriesgarse con esta última entrega y cambiar el foco. Lo que en sus previas temporadas había sido una serie de crecimiento personal y la eterna batalla entre sueños y mundo real, se ha convertido ahora en una exploración de sus personajes y de los grandes cambios que han sufrido sus vidas en tan poco tiempo. Una deriva inteligente, puesto que la progresión del ascenso a la fama era cada vez más caduco, ya que la alternativa del eterno estancamiento tan solo terminaría generando frustración en el espectador, así que, otorgándoles la “fama” y cambiando el registro, solucionan gran parte del problema a nivel conceptual, aunque sigue estando el reto del ¿qué pasa y cuál es el objetivo?

Aunque este giro en la dinámica de la serie sea un paso acertado, cierto shock es inevitable y para muchos puede resultar en un inicio algo confuso si tenemos en cuenta a lo que nos habían acostumbrado, pero con el paso de los capítulos la nueva esencia termina asentándose y consigue mantener un buen ritmo y abordar temas distintos o hacerlo con más detenimiento.

¿Mantiene el nivel?

La respuesta rápida es . De hecho, para muchos esta nueva dinámica puede resultar mucho más interesante, pero la realidad es que la serie ha conseguido reinventarse y mantenerse entretenida. Por supuesto que GLOW no va a ser la serie revelación de nadie –tampoco lo pretende–, pero lo que sí es, es un buen entretenimiento. Uno plagado de momentos un tanto azucarados y motivacionales que parecen sacados de un libro de Hannah Montana, uno que tiene una relación ambigua con el cliché, en el que cae inevitablemente por la fórmula de su planteamiento pero al que muchas veces evita dando soplos de frescura. Pero, a pesar de todo, GLOW fue y sigue siendo un buen pasatiempo que ha sabido mantenerse vigente y trascender la fina línea entre entretenimiento ligero y entretenimiento vacío.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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