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Crítica de Peter Pan y Wendy (2023), entre la complacencia y la osadía

Disney+ acaba de estrenar Peter Pan y Wendy, reversión de un clásico inmortal que busca tanto rendir culto a la obra original de J. M. Barrie como a la versión animada de 1953, a la vez que hacer decir a la historia historia algo nuevo. Quizás demasiado para una sola película…

Finalmente y sin paso por los cines, ha llegado a Disney+ la adaptación a live action del clásico animado Peter Pan (1953), basado a su vez en la obra teatral Peter Pan y Wendy, escrita y publicada por J. M. Barrie en 1904 y de la cual, justamente, esta versión recupera, entre otras cosas, el título original.

Las expectativas estaban altas de mi parte y creo que de muchos. No porque sorprendiera ver en live action una historia que Disney ha convertido en clásico, pues eso es lo que viene haciendo desde 1994 a través de una veintena de películas. Pero en el caso particular de la historia de Peter Pan, la novedad no es solo que Disney la haga, sino incluso que pueda hacerla, ya que trabas y vericuetos de escritorio se lo venían impidiendo hasta ahora .

Recordemos que Barrie, al morir en 1937, donó los derechos del personaje y la obra al hospital infantil Great Ormond Street de Londres, lo que acabó deviniendo en que, en 1988 y en fallo sin precedentes en el mundo, un juez dictaminara que los mismos no prescribieran nunca y fueran retenidos a perpetuidad por la institución.

El problema fue que para ese entonces eran ya de dominio público en Estados Unidos y hubo que llegar a un acuerdo de reparto de beneficios entre Disney y el hospital. Contratos firmados en el medio con diversas productoras impidieron que Disney tuviese los derechos para adaptaciones live action y retuviera, por el contrario, los de animadas.

Solucionados los problemas legales en la medida que los contratos fueron expirando, tenemos ya aquí Peter y Wendy, película que llega directamente a Disney+ con la dirección de David Lowery , de quien, habiendo ya dirigido el live action de Peter y el Dragón, cabía esperar una adaptación desprendida de los textos originales y, de hecho, así fue anunciada. ¿Lo consigue? Intentemos determinarlo…

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Una Película Dividida en Dos…

En los últimos tiempos y haciendo repaso de las adaptaciones live action de Disney, vemos que la mayoría han sido transcripciones textuales de las clásicas animadas, solo que con actores y, a lo sumo, con más diversidad. Hay un puñado, no obstante, que buscaron audazmente abrirse camino propio y se atrevieron incluso a que esas icónicas historias dijeran algo nuevo, tales los casos de La Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015), Mulan (Niki Caro, 2020), Cruella (Craig Gillespie, 2021) y, por supuesto, Peter y el Dragón, de 2016 y dirigida por David Lowery, que es también responsable de la que hoy analizamos.

Involucrado él y estando incluso a cargo del guion junto con Toby Halbrooks, todo hacía pensar en una valiente reinterpretación que, vista la película, solo se da a medias. Y es literal, porque el gran problema de Peter Pan y Wendy es que parecen dos películas: una primera mitad que sigue fiel y hasta cobardemente la versión animada y una segunda en la que los personajes cobran otra profundidad y el mensaje final se termina pareciendo más al de la obra original. Pero Lowery debería saber que no se puede quedar bien con Disney, con Barrie y con uno mismo sin sacrificar consistencia…

Mitad Cobardía…

En efecto, la primera hora nos cuenta la historia que ya conocíamos con una literalidad que no beneficia a los personajes, pues al caer los actores en la imitación prácticamente lineal de sus versiones animadas, los terminan estereotipando y quitándoles humanidad. Lo que quedaba bien en tinta no sienta igual en carne y hueso…

De todos modos hay, ya desde esa primera mitad, algunos cambios, siendo de los más notables el origen étnico de Peter (Alexander Molony) y de Tinkerbell (Yara Shahidi): ascendencia india en el primero; afroamericana e iraní en el segundo.

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Wendy (Ever Anderson), asimismo, es más decidida y rebelde: se niega a seguir el destino que parece haberle trazado su madre (Molly Parker) que, pretendiendo que siga sus pasos, quiere meterla en un internado. La niña manifiesta, de hecho, resistencia a crecer, lo cual se advierte en una relación más estrecha con sus hermanos John y Michael (Juan y Miguel como les hemos conocido en el mundo hispanoparlante), al punto de sumarse a sus juegos de combates a espada.

En esa primera hora de película y, al igual que en la obra original y versión animada de Disney, el niño que vuela y se niega a crecer se presenta en el domicilio de los Darling, precedido instantes antes por el hada Tinkerbell (traducida habitualmente como Campanita o Campanilla).

En toda esa secuencia de casa familiar y posterior sobrevuelo grupal de la Londres victoriana, se advierte que Lowery ha optado por una fotografía oscura, lo cual no está mal en la medida en que oscuridad no se confunda con opacidad, como aquí ocurre…

¿Recuerdan aquel capítulo de Juego de Tronos con aquella batalla en que no podía distinguirse casi nada y fuera objeto de críticas y memes por semanas? Bueno, algo así sucede aquí, privando lamentablemente a la historia de la mágica paleta de tonos que, sin prescindir de la oscuridad, presentaba la película animada: es una elección respetable y personal, desde ya, pero que no contribuye a la magia de la historia. Incluso el conflicto de Peter con su sombra queda difuminado y nunca dicho de modo más literal: por momentos se hace difícil saber con quién está lidiando.

Ya una vez en Nunca Jamás, recreado en los paisajes de las Islas Feroe, la luminosidad gana la pantalla, pero tampoco tanto: no se advierte un contraste marcado como el que Victor Fleming diera, por ejemplo, en 1939 a su versión de El Mago de Oz, donde pasaba brutalmente del sepia al Technicolor. Falta ese toque que nos termine de hacer entender que estamos en otro mundo…

Jude Law interpreta a un Capitán Hook (Garfio) menos histriónico que los de otras versiones, pero redundando a su vez ello en que no termine de producirnos el terror que cualquiera de ellos generaba, incluso el de la versión animada, para esta altura uno de los villanos más icónicos de Disney aun sin haber nacido en la compañía.

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No obstante, el actor busca reproducir lo más fielmente posible algunos tips del mismo como el atusarse el bigote o el odio por los relojes, una aversión lamentablemente algo desdibujada en esta versión mientras que en la original metaforizaba a una sociedad que, al ritmo de la industria y los ferrocarriles, sufría la molesta llegada de los horarios: obsesión que compartía el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. Aquí solo vemos a Garfio destruir algún reloj y punto, sin margen para lecturas entre líneas…

Los Niños Perdidos también guardan diferencias, como que algunos no sean tan niños o, la principal que ahora también incluyan niñas.   En cuanto a Tiger Lily (Alyssa Wapanatâhk), la princesa nativa americana cuya tribu había hecho alianza con los anteriores (Tigrilla o Tigrita según las traducciones), tiene un papel mucho más desencadenante y hasta actúa como protectora de Peter Pan cuando en versiones anteriores era al revés. Ese personaje fue uno de los que más acusaciones de racismo hizo caer sobre la historia original, aspecto desde luego corregido en esta versión así como omitida la escena en que el jefe de la tribu fumaba junto a Peter.

Mitad Audacia…

Hasta allí la primera mitad de la película o, lo que es lo mismo, la historia que conocemos, más allá de las diferencias aludidas. Una vez que ha acabado y hemos asistido al triple enfrentamiento de la gruta, cocodrilo incluido, los personajes adquieren más matices y, sobre todo, un cariz más humano en la medida en que, no habiendo ya para esa altura escenas animadas que imitar, los actores logran liberarse de un pesado lastre…

Hay una cierta redefinición de Garfio que se condice con el tratamiento que en los últimos años viene dando el cine a villanos icónicos. No quiero contar demasiado porque ya estamos pisando “zona desconocida” de la película, pero sí decir que el vínculo entre Peter y él viene de bastante atrás y ha sido de fuerte amistad hasta que algo ocurrió. Y ya que hablamos de Peter, no sale aquí tan bien parado: también él ha tenido en el pasado actitudes reprobables que, a fin de cuentas, no lo hacen muy distinto de Garfio…

También con Wendy tiene Peter aquí una relación diferente, más estrecha, pero a la vez conflictiva y por motivos parecidos a los que le llevaron a distanciarse de Garfio. Y en relación a ello, el mensaje final de la historia acaba siendo diferente al de la versión animada y más cercano a la obra original: aceptar el crecer y convertirse en adulto en lugar de buscar, por el contrario, mantenerse niño, una dirección en la cual hasta la versión live action de Spielberg había apuntado…

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Valoración Final

Como ya ha sido dicho, estamos ante dos películas diferentes, cada una de las cuales ocupa una mitad del filme. La primera no consigue (ni tampoco busca) desprenderse de la línea de las últimas adaptaciones live action de Disney como La Bella y la Bestia, Dumbo o Pinocho, es decir copia casi textual…

Cabe, desde ya, preguntarse una vez más con qué sentido se hacen así pero, también una vez más, la respuesta la encontraremos en las cifras de taquilla o las visualizaciones que han obtenido. Quizás, después de todo, y como dicen las corrientes funcionalistas de la comunicación, la empresa solo le esté dando al público lo que este pide.

La segunda mitad de la película es la que más propone y se atreve a algo diferente. Lo bueno de ello es que, como antes señaláramos, los personajes adquieren una mayor humanidad, con sus matices y contradicciones. Lo malo es que el pasaje de una mitad a otra tiene lugar cuando el pico de acción ha pasado y, por más que volvamos a tenerla al final, hay una media hora que puede redundar en pérdida de clima y quizás hasta en sopor para los más pequeños, pues no hay que olvidar que esto es Disney y, como tal, producto para toda la familia que, muy especialmente, debe llegar a ellos.

Las actuaciones están en general bien, aunque con el problema de que, por las razones ya mencionadas, los personajes se vean algo bipolares en el paso de la primera a la segunda mitad. Quizás la única excepción sea Ever Anderson, la hija de Paul W. S. Anderson y Milla Jovovich (por cierto, de enorme parecido físico con su madre): en parte es lógico, ya que es uno de los pocos personajes que, con respecto a los de la película animada, muestra cambios ya desde un principio.

Creo que quien más pierde es Garfio, pues a pesar de que Jude Law le aporta su oficio, nunca puede terminar de afirmarse como el gran villano de la historia al estar concebida la misma de esa forma. En la primera es una caricatura y en la segunda un personaje prácticamente vencido y lleno de dudas e inseguridades que, a lo sumo, arroja manotazos de ahogado.

La pregunta es: ¿no hubiera sido mejor entonces que las escenas que más emulan a la película animada se alternaran con las otras? Me refiero a no contar una historia y luego otra sino superponerlas. No veo razón para que no se hiciera así y el personaje de Garfio, al igual que los demás, pudiera construirse desde un principio.

Tiger Lily ha ganado protagonismo, probablemente para alejar tanta acusación de racismo como recibiera la otra. Lo paradójico es que no ocurre lo mismo con Tinkerbell, sino más bien todo lo contrario. Es cierto que le bajaron lo sexualizado de su imagen (en la película animada había una escena por demás sugerente en que miraba su reflejo en el piso), pero aquella Tinkerbell era todo un personaje: un hada caprichosa y obstinada que jamás sonreía y siempre quería salirse con la suya. Esta sonríe permanentemente, pero más allá de eso, su aporte a la historia es casi nulo.

Y ya que hablamos de Tinkerbell, no podemos dejar de mencionar que por estas horas la cinta está siendo víctima de una nueva tendencia en las redes sociales que es el “review bombing”, lo cual significa que parte del público haga boicot contra películas que vengan con lo que se suele llamar inclusión forzada o corrección política.

Quiero aclarar que soy de los primeros en molestarse cuando, por ejemplo, se incluye gente afro en la Europa Oriental de la Edad Media, lo cual históricamente es bastante improbable e igual de disparatado que si se hubieran incluido personas rubias en El Emperador y sus Locuras. Pero honestamente no veo problema en la ascendencia de Peter Pan o Tinkerbell ya que no altera ningún contexto de la historia. Como tal, no puedo coincidir con ese tipo de campaña destructiva que solo apunta a hundir la película cuando lo ideal es que el público la vea y juzgue por sí mismo.

Aclarado eso, hay una pregunta que siempre es válida: ¿qué hubiera pasado si se cambiaba el origen étnico de Garfio? Allí sí puede haber un problema y es que la cuestión termine siendo que los blancos caucásicos vayan bien para los papeles de villanos, pero no para los de héroes, lo cual sería hacer exactamente lo mismo por lo cual, en su momento y de manera invertida, hacían muchas películas del pasado.

Pero volviendo a Peter Pan y Tinkerbell, el problema no es su color de piel, sino que el primero, al igual que Garfio, tiene dificultades para afirmarse como personaje y la segunda, como hemos dicho, no pinta prácticamente nada. Pero eso no es culpa de los actores ni de quienes hayan realizado el casting: es culpa del guion

En cuanto a los efectos visuales, tengo sensaciones encontradas: se lucen muy bien sobre el último tramo de la película y particularmente en todas las escenas que involucran al barco volante, pero se ven bastante toscos en la primera parte y, particularmente, en el vuelo de los niños sobre Londres y después sobre Nunca Jamás. Se nota que se usan arneses y, quizás, los actores infantiles no se sientan cómodos en ellos, pero la paradoja es que ese toque “artesanal” remite mucho más a la versión original, escrita para ser representada en teatro: arneses y cuerdas terminan siendo una vuelta a la esencia…

Para destacar, los vestuarios y la música de Daniel Hart que, aunque en algunas escenas pueda sonar algo rimbombante o con “épica de más”, remite sanamente a las bandas sonoras del cine de aventuras de los ochenta y noventa o incluso de antes, trayéndonos a la memoria las clásicas historias de piratería. Y no solo ocurre con la música, sino también con la acción, como cuando Peter, a lo Errol Flynn o Douglas Fairbanks, se deja caer hacia la cubierta del barco rasgando una vela con el cuchillo.

En definitiva, Peter Pan y Wendy no encandila y le falta algo de consistencia, pero se deja ver y, sobre todo, aporta humanidad a los personajes ya conocidos. En lo personal y desde mi infancia, siempre me han subyugado las historias de niños que van a parar a mundos de fantasía, como Alicia, El Mago de Oz, La Historia Interminable, Las Crónicas de Narnia y, por supuesto, Peter Pan. Por ello es que siempre voy a volver a Nunca Jamás aun cuando, como en este caso, me hubiera gustado que el director hiciera una película y no dos…

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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6 COMENTARIOS

  1. Aun no la he visto, me echaban para atrás criticas que había visto en youtube donde la ponían a caer de un burro como decimos en españa, comparándola de ser tan mala con la recientemente estrenada en Latinoamerica Los Caballeros del Zodiaco. Ya que tu critica no es tan mala le daré una oportunidad, aunque supongo que son mucho mejores Hook o La gran aventura de Peter Pan.

    • Hola Joseluis: gracias por comentar. Desde ya, gracias por la confianza pero, como siempre, todo es cuestión de opiniones y no olvides que le estoy dando tres estrellas sobre cinco. Digamos que la línea entre que te guste y que no puede ser muy delgada. La crítica no la ha tratado tan mal por lo que he estado viendo, sino más bien el público. Yo creo que en el balance es una buena adaptación, más allá de los problemas que he comentado y de que parezcan dos películas en lugar de una, pero sí, las dos que mencionas son mejores. La de Hogan es realmente buena y la de Spielberg también, aunque es algo muy distinto porque cuenta una historia nueva a partir de un Peter Pan adulto. Y Hoffman compone un gran Garfio aunque, a la vez, termina fagocitándose la película por su propio ego de divo insoportable: no quería actuar a menos que fuera actor principal; tal la razón por la cual el filme se acabó llamando Hook en lugar de Peter Pan.
      Un saludo y gracias por el aporte. No dejes de darme tu opinión cuando la hayas visto.

  2. No la he visto, pero recuerdo que ya hay una live action de Peter Pan que vi en el cine hace mogollón (del 2003 he tenido que buscarla) que me gusto mucho en su momento seguro que no tiene nada que envidiar a esta.

    • Hola, Eddie: gracias por comentar. En efecto, la película que mencionas es de 2003 y fue conocida en español como Peter Pan: La Gran Aventura. Muy buena y en el balance final superior a esta. En algún momento merecería un retro-análisis. Un saludo y que estés bien!

  3. Bueno me parece que Disney se está quedando sin ideas , haciendo remakes que no logran el nivel de sus antecesores. Ahora los personajes malos tratan de ser buenos , me hace recordar ese remake de Ben-hur dónde Mesala se redime .

    • Hola Alfredo: gracias por comentar. Que se están quedando sin ideas es algo que está a la vista porque hoy por hoy sus principales estrenos son remakes. En efecto y como dices, es prácticamente imposible superar a las originales, pero por otra parte los números les dan tan bien con cada uno de estos remakes que, lamentablemente, cuesta creer que vayan a cambiar de estrategia en el corto plazo. Con respecto a los malos transformados en buenos, creo que la idea es hacerlos más humanos y contradictorios: a veces sale bien, a veces no. En el caso de Garfio, pareciera quedarse a mitad de camino, en parte por la falta de cohesión de la película, algo que, por ejemplo, no ocurre con Cruella. Un saludo y gracias por el aporte!

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