Crítica de Richard Jewell (2019), de Clint Eastwood

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Muy buenas. Hace poco más de un año estuve aquí mismo trayendo la crítica de lo último de Eastwood como actor y director hasta la fecha. Se trataba de Mula, cuya crítica tenéis aquí. En ella acababa rezando lo siguiente:

En una época de cine en el que imperan los superhéroes y las sagas protagonizadas por egos masculinos hipertrofiados es digno de admirar que la Warner tenga hueco todavía para uno de los suyos. Si llegara Mula a ser la última película de Eastwood, sea como director o actor, hablaríamos de un gran final para su carrera, un gran legado para la posteridad. Earl Stone se suma a otros grandes personajes que el intérprete nos ha dejado a lo largo de más de seis décadas. No obstante esperemos y deseamos ver a Eastwood una vez más. Disfruténla, esto es cine, una historia que te pone los vellos de punta, que emociona, que llega“.

Pues bien, no pasó ni un año desde el estreno en España y el bueno de Clint se vuelve a sacar otro peliculón. Richard Jewell.

De héroe americano a enemigo público número uno.

Richard Jewell versa sobre la historia real de un guardia de seguridad que pasó de héroe a enemigo público número uno tras un atentado con explosivos ocurrido durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. ¿Y cómo se fragua todo esto para pasar de héroe a villano? No quiero desgranar más allá de lo que os he contado que no deja de ser la sinopsis, pero digamos que Jewell es un hombre bastante peculiar.

Sin duda alguna lo mejor de la película es la narración, marca de la casa como no podía ser de otra manera viniendo de Eastwood. Jewell decíamos que es peculiar, extravagante y charlatán, pero a la vez es muy sencillo. Vive con su madre. Pues todo esto junto a lo que el FBI quiere ver como elementos sospechosos, convierten a un ser humano normal y supuestamente inocente en el epicentro de todos los problemas de una sociedad cambiante que  supone un reflejo de la vida misma, donde hoy es blanco mañana es negro. Acompañamos pues a Jewell en esa travesía de salvador a paria en la mejor de las manos, las de Clint Eastwood, uno de los últimos grandes narradores clásicos.

No sorprende que tras el guion se esconda la firma de Billy Ray, quien ya tratase la mentira en El precio de la verdad (2003),  o una vida al límite, aunque fuese en otras circunstancias, en Capitán Philips (2013). La complejidad del guion fascina de lo bien contada que nos llega a través de ese pulso narrativo del realizador. Te transmite porque te hace ser parte de la historia y te hace dudar si realmente eres un ser humano tan bueno como crees. No es baladí esta última frase, estamos nosotros mismos viviendo una situación límite, confinados desde hace más de cuarenta días. ¿Quién no ha enjuiciado al vecino por hacer una u otra cosa? ¿Quién no crítica la labor del gobierno tras estar viendo lo mismo en la tele una y otra vez? Nos encontramos inmersos en la era de las fake news, de ese periodismo de pandereta (no todos, sino aquellos que por vender más te dan la noticia sin contrastar) y los reality shows. El miedo hace acto de presencia y te hace enjuiciar, criticar y a veces dejarte llevar. Esto es extrapolable en el filme a una sociedad americana que vive con el pánico de que suceda otro atentado. Entonces si el FBI y la prensa te pone el caso en tu casa a través de los medios de comunicación sea prensa, radio o televisión, donde veías a un ser humano altruista y bondadoso, acabas viendo a un gordo homosexual reprimido con problemas psicológicos.

A destacar como queda el periodismo en la película, a la altura del betún, mostrándonos la antesala de esos periódicos vende humos, la cara oscura del periodismo. Nada que ver con el lado luminoso que recientemente nos traía Spielberg en Los archivos del Pentágono.

Unos actores a la altura de la propuesta.

Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Jon Hamm y Olivia Wilde forman el elenco principal. El desconocido Hauser como el guardia de seguridad Richard Jewell, Rockwell como su abogado Watson Bryant, Bates como esa madre abnegada que nunca duda de la inocencia del hijo, Jon Hamm, en un papel quizás más típico como el implacable agente del FBI y una gran Olivia Wilde haciendo de Kathy Scruggs, una rastrera periodista del Atlanta Journal, que publicó la portada que incriminaba a Richard Jewell. Aquí quiero hacer un inciso y es que quizás el retrato que se hace de la periodista es excesivo, máxime cuando el personaje del FBI no responde al de la realidad. Scruggs sale muy mal parada, una mujer arrogante que utilizará el sexo para sonsacar la portada. El trato dado a este personaje es quizás un tanto mezquino y el punto más criticable al filme, ya que se trata de una persona ya fallecida que no puede defenderse y cuya imagen sale bastante mal parada. Esos sollozos al final de la película no arreglan nada desde luego.

Valoración final.

Clint Eastwood nos regala otra magnífica historia. Lo mejor no es lo que cuenta sino como lo cuenta. Una historia de personajes magníficamente sustentada en ese gran elenco que nos regalan sus mejores papeles.

Lo grande de la película radica pues en su sencillez que la eleva a obra de arte. Me parafraseo como hice al principio con lo que dije en la crítica de Mula: “En una época de cine en el que imperan los superhéroes y las sagas protagonizadas por egos masculinos hipertrofiados es digno de admirar que la Warner tenga hueco todavía para uno de los suyos. […] Disfruténla, esto es cine, una historia que te pone los vellos de punta, que emociona, que llega“.

Un saludo y sed felices.



el autor

Community manager, Historiador y documentalista, apasionado del cine, las series, la lectura y el fútbol... en definitiva de las cosas que nos hacen felices.

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