Crítica de The Rain, Temporada 3: el final

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Finalmente, hemos llegado al cierre de The Rain, la serie danesa de Netflix que nos entretuvo pero que dejó un final con muchas dudas y con algo de apresuramiento. Aquí, nuestra reseña y crítica de la temporada 3.

Tal como les anticipara unos días atrás, aquí estamos para repasar y analizar lo ocurrido en esta tercera y última temporada de The Rain. Cumplo en advertir, por si no la han visto, que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA. Y si no han leído la reseña de las temporadas anteriores y desean hacerlo, aquí les dejo el link.

The Rain, reseña de las dos primeras temporadas.

Daños Colaterales

Al final de la temporada anterior de The Rain, habíamos visto que, tras cortar relaciones con el grupo y creyendo que Sarah (Clara Rosager) había muerto, Rasmus (Lucas Lynggaard Tønnesen) se encontraba cara a cara con Sten, jefe de Apollon. Apenas comenzada la tercera, lo vemos en una celda y advertimos que Sten tiene un tipo de relación especial con él por considerarlo prácticamente un hijo.

Una vez más, la serie nos había guiado a una interpretación equivocada: Sten no creó el virus con intenciones destructivas ni como producto de un accidente sino para desarrollar una nueva humanidad más fuerte e inmune ante las enfermedades.

¿Entonces Sten no es un villano? Digamos que sus métodos pueden ser cuestionables pero sus fines, quizás, nobles; Rasmus sería la prueba viviente de ello al ser la personificación de su proyecto original, distinto de la tragedia ocurrida como “daño colateral”: no sorprende entonces que le tenga en tanta consideración, pues Rasmus es su limpieza de conciencia y la oportunidad de mostrar al mundo el resultado final de su experimento.

El Otro Lado

Fuera de la central de Apollon, Simone (Alba August) y el resto han llegado hasta el muro perimetral. Tanto ella como Fie están libres de las nanocápsulas que a los demás les han sido implantadas. Se piensa, por tanto, en que solo ellas traspasen el muro y así no solo tomen nota sobre la situación real más allá del mismo (puesto que aún desconocen las dimensiones del desastre), sino que también consigan algún tipo de ayuda que les permita neutralizar las nanocápsulas y regresar para rescatar al resto.

El plan es que Simone y Fie (embarazada, recordemos) pasen el muro a través de un túnel que lo cruza por debajo pero, al intentarlo, se activa una pared de láseres que las deja separadas.

Fie es capturada por los efectivos de Apollon, en tanto que Simone, con culpa pero también con decisión, sigue su carrera hacia el otro lado. Cuando se encuentra con la realidad del exterior, esta no puede ser más devastadora: ciudades abandonadas y vegetación que muestra idéntico ennegrecimiento que dentro de la zona en cuarentena. Si en algún momento el muro había constituido un límite, está claro que ya no es así y que el desastre es, para esta altura, más global. Desolada, Simone emprende el regreso y prácticamente se resigna a ser capturada por Apollon.

Reencuentro y Fuga

En las instalaciones, Simone se vuelve a encontrar con Rasmus, quien parece haber dejado atrás su resentimiento hacia ella y más bien quiere convencerla de que no hay nada malo en el virus sino que, por el contrario, el mismo puede ser la clave para un nuevo y mejor comienzo en el mundo.

Simone, en cambio, se muestra desconfiada, pues en el lugar se está experimentando con enfermos terminales a los que se inocula con el virus a la búsqueda de lograr el “poder” que exhibe su hermano: todos, invariablemente, terminan muertos. Rasmus, por otra parte, se ha reencontrado con Sarah, a quien creía muerta.

Desde el exterior, Martin y Patrick se han unido con Kira (integrante de la facción rebelde que habíamos conocido en la temporada anterior y que buscaba la eliminación de las nanocápsulas) para introducirse en Apollon y así rescatar a Simone y a Fie, de cuya captura han sido testigos a la distancia. Jean, cuyo personaje se ha ido volviendo cada vez más psicótico e insoportable luego de la muerte de Lea, no los acompaña. Mientras tanto y sin conocimiento de todo ello, Simone intenta huir de la central, pero al ser interceptada en un puente por los guardias, se arroja a un río desde considerable altura, lo cual hace que tanto sus amigos como la gente de Apollon la den por muerta.

La Flor de mi Secreto

La corriente, sin embargo, arrastra en estado de inconsciencia a Simone fuera de la zona de cuarentena, siendo hallada a la vera del río por un joven llamado Daniel y su hermana menor Luna, quienes la auxilian y guían hasta una casa rodante en los bosques, en la cual viven junto a sus padres. Para sorpresa de Simone, el lugar parece ser casi una isla en medio del desastre general: la vegetación no está ennegrecida en las inmediaciones de la vivienda y, por el contrario, se ve fértil y vigorosa. El padre de los hermanos, no obstante, no recibe con agrado a la recién llegada y hasta la persigue cuchillo en mano. Daniel logra detenerlo e, incluso que, a regañadientes, la acepte entre ellos.

Pronto nos enteramos que lo que mantiene al lugar ajeno a los efectos del virus es la presencia de una flor que, de hecho, se alimenta del mismo y produce un néctar amarillo que lo mata. Este es el motivo del paranoico acceso de furia del padre de Daniel ante la llegada de Simone ya que, en las cercanías, hay grupos de supervivientes hambrientos que les acechan permanentemente en busca de comida y de apropiarse de la flor.

Por otra parte y tal como Daniel le muestra a Simone, la extracción del néctar es una tarea muy delicada, pues requiere hacerlo con una jeringa y sin tocar pétalos ni pistilo ya que, en caso de hacerlo, la planta responde agresivamente lanzando algo semejante a dardos. De hecho, un flashback nos pone al tanto de que así había fallecido, en su momento, la novia del propio Daniel, mientras intentaba huir tras robar comida.

Una Nueva Humanidad

En Apollon, en tanto, están experimentando con Rasmus y han descubierto que si en lugar de inyectar a los pacientes con el virus, se les expone directamente a la niebla por él generada, el efecto es el contrario: no solo son curados sino que, además, adquieren su mismo “poder”. Parte del éxito del experimento reside en la eliminación del sistema inmunológico del paciente ya que este genera una reacción negativa con el virus. Por otro lado, da la impresión de que Rasmus es capaz de manipular la niebla oscura, al punto de poder utilizarla a su voluntad para curar o matar según el caso. Tal es así que cuando el propio Sten quiere exponerse al contagio, Rasmus se vale de la misma para matarlo, lo cual significa que, contrariamente a lo que Sten había supuesto, nunca dejó atrás su resentimiento por los hechos que condujeron a la muerte de su padre.

Sin Sten, es Rasmus quien controla Apollon: en un principio, el personal se resiste, pues lo ven casi como un niño sin experiencia, pero el poder de matar del que dispone a su arbitrio no es poca cosa y lo acontecido con Sten es plena prueba de ello, así que no les queda otra opción que someterse a su liderazgo. Rasmus ha pasado entonces a ser prácticamente amo y señor en Apollon y, si bien cree estar haciendo un bien para la humanidad, su poder de decidir quién vive o quién muere lo está convirtiendo casi en un dictador al que, incluso, Sarah ve con preocupación.

Uno de los que se expone al tratamiento por contagio es Martin, a quien, por creer que Simone está muerta, le da lo mismo la posibilidad de morir en el experimento: una conducta depresiva y algo suicida que parece ser una constante en la mayoría de los personajes de la serie. En efecto, pasa a ser afectado por el virus y, casi de inmediato, reciben indicios de que Simone está viva, por lo cual Martin, con la aprobación de Rasmus, se ofrece para salir al exterior a buscarla.

Nada es Gratis

Entretanto, en el exterior, supervivientes que moran en un edificio abandonado en las cercanías y que rondan la zona armados con arcos y flechas, han capturado a Luna y pretenden cambiarla por comida. Simone y Daniel tendrán que hacer el intercambio, pero los captores, en realidad, quieren llegar hasta la flor para obtener el néctar. Dado que no conocen los recaudos que hay que tomar para hacerlo, terminan todos muertos… y la flor también, con lo que la naturaleza circundante, poco a poco, comienza a ennegrecerse nuevamente. “Yo solo quería darle algo de esperanza a mi gente…”, llega a decir, agonizante, el líder de los saqueadores que, al final, nos termina dando pena.

En medio de todo ello, Martin se encuentra con Simone: alegría para ambos pero incomodidad para Daniel, quien llevaba rumbo de iniciar algo con ella; aun así, parece resignarse a la situación y sigue mostrándose servicial y colaborador. Simone, desde ya, desconoce que Martin está contagiado con el virus y él tampoco le dice nada, pero su presencia en el lugar tiene, por ello mismo, un efecto inesperado: la flor revive pero como se alimenta del virus que mantiene a Martin con vida, al hacerlo termina con la vida de este.

La muerte de Martin, momento muy emotivo, provoca, desde ya, una profunda tristeza en Simone, pero también intensa furia en Rasmus, quien sabe de lo ocurrido ya que, recordémoslo, todos los seres contagiados por él están interconectados como un único y gran organismo.

Culpando a su hermana, Rasmus organiza una fuerza para salir a buscarla y eliminarla pues, tal como lo ve, ella pretende matar a todos los contagiados por el virus, él incluido.

Pero Rasmus está experimentando ciertos problemas de los cuales no es consciente o bien no quiere serlo. A medida que sigue generando niebla para contagiar personas y así convertirlos en“superhumanos”, su cuerpo se va llenando de lesiones que evidencian que su poder no es gratis sino que lo está pagando con deterioro físico, destino probablemente común en todos quienes ha contagiado a juzgar por los síntomas que algunos comienzan a experimentar. Sarah es quien más parece darse cuenta de ello e intenta hacerlo entrar en razón para que no siga adelante, pero él se mantiene firme en su plan aferrado a la idea de que está creando un mundo nuevo y que para ello debe morir el anterior.

Un Nuevo Comienzo

La batalla entre hermanos es inevitable ante lo antagónico de sus posturas: ella sostiene que para salvar al mundo hay que destruir el virus mientras que para él hay que expandirlo y contagiar a cada vez más gente. El problema para Simone y su grupo, a los que se han sumado Patrick, Kira y el reaparecido Jean (¿dónde estaba?), es que si bien la planta está viva nuevamente, aún no ha madurado lo suficiente como para producir el néctar. Por tal razón, el padre de Daniel les facilita una dosis que Luna siempre tuvo guardada, por cualquier cosa, en un colgante que llevaba al cuello. Así, impregnan las balas a utilizar con el néctar allí contenido y también se valen del fuego, el cual, si bien no mata al virus, logra mantenerlo a raya.

Luego de un singular combate entre ambas fuerzas, Simone y Rasmus quedan frente a frente junto a la flor. Sarah, luego de muchos y denodados esfuerzos, parece hacerlo entrar en razón y así es como, finalmente y una vez más, Rasmus renuncia a la posibilidad de matar a su hermana. Por el contrario, se abraza a Sarah mientras la flor, en presencia de dos individuos infectados, produce una explosión.

Ambos quedan en el suelo sin vida, mientras la vegetación reverdece a su alrededor. El amor, ya sea entre amantes o entre hermanos, ha terminado derrotando a la muerte y así es como, aun cuando triste y emotivo, el final es, en definitiva, optimista. Con sus respectivos sacrificios, Martin, Rasmus y Sarah han contribuido a que el mundo renazca. Lo último que vemos es a Simone dirigiendo un grupo a la búsqueda de néctar y asistiendo a supervivientes en tanto que Fie ha dado a luz a su hijo, simbolizando con ello un nuevo comienzo por tratarse del primer niño nacido luego de la fatal lluvia.

Balance Final

Creo que las temporadas, lamentablemente, han ido de mayor a menor y, por ende, la primera ha sido claramente la mejor y esta la más floja. Ya casi nadie lo recuerda, pero había una lluvia dando título a la serie, en tanto que ni en la segunda ni en la tercera temporada se ha insinuado siquiera un simple aguacero. Sí, ya lo sabemos: siempre que llovió, paró… pero si iba a ocurrir tan pronto podrían haber buscado otro título.

Estuvo siempre clara, además, la intención de dar a la serie aire de producto juvenil, tal como lo demuestran los romances cruzados, concretados o frustrados, al punto que las escenas de enamorados mirándose a los ojos en silencio durante largo rato llegan a exasperar un poco. Y la muerte de Rasmus y Sarah abrazados mientras todo renace a su alrededor parece agregar un toque de Shakespeare a una tragedia adolescente de corte depresivo pero con mensaje optimista: el amor va a salvar al mundo.

Pareció, asimismo, advirtirse en esta tercera temporada un cierto apresuramiento por cerrar la historia mientras, paradójicamente, se introducían en ella personajes nuevos a los cuales no tendríamos tiempo de conocer en profundidad; una pena, porque Daniel se reveló como un personaje interesante y bien interpretado por Rex Leonard, pero lo vimos poco.

No hemos llegado tampoco a saber mucho sobre Kira (más que por algún flashback) ni sobre la facción rebelde de la cual formaba parte y de la que esperaba más revelaciones y protagonismo en la temporada final. Los grupos de supervivientes también fueron apenas bosquejados, sin que conociésemos en demasía su organización o modo de vida. Y en cuanto a Sten, no llegó a afirmarse ni como villano ni como antihéroe ni como nada.

El protagonismo estuvo puesto, de manera especial, en los dos hermanos y aun cuando parezca simplista que la suerte del mundo se esté, en un momento, definiendo solo entre ellos, hay que decir, sin embargo, que tal aspecto le dio un toque interesante a la historia.

Martin (Mikkel Følsgaard​) fue claramente el tercero en importancia y su personaje también terminó teniendo peso, pues su sacrificio hizo renacer la flor. Jean (Sonny Lindberg) llegó a ser irritante con su depresión crónica y reiterada expresión de ojos desorbitados pero, por suerte, nos libramos de él durante un par de episodios sin que haya quedado claro por qué y tampoco quise preguntar demasiado, no fuera cosa que regresara: a la larga lo hizo… En general, de todos modos, las actuaciones fueron correctas sin ser demasiado destacables.

Es cierto que el último episodio tuvo una alta carga emotiva, pero no lo es menos que lo de la flor no parece cuajar por ningún lado. ¿Qué es esa planta? ¿Siempre existió o surgió luego de la lluvia? ¿Crece, como Simone supone, en otros lados o es única? ¿Fue generada artificialmente? Ninguna de esas preguntas será respondida jamás pues, las respuestas, creo, se perdieron dentro de ese apresuramiento al que antes hacía referencia.

Tampoco hemos terminado de captar la dimensión real del apocalipsis, ni siquiera con las excursiones más allá del muro que, por primera vez, hemos visto en esta temporada. ¿Es Escandinavia o es el mundo lo que ha sido afectado? ¿Qué ha pasado con las instituciones de gobierno? ¿Sobrevive algo de ellas o nada?

The Rain ha sido una serie corta y llevadera que se dejó ver, lo cual no va en desmedro de que, por el camino, se hayan perdido algunas cosas. Todo parece quedar a la mitad: actuaciones correctas, pero ninguna memorable; algunos personajes interesantes, pero poco desarrollados; factura técnica razonable, pero nada que asombre demasiado.

Aun así y aunque no haya tenido un gran final, no deja de ser bueno que al menos haya tenido un final y ojalá ello confirme que Netflix pareciera hoy estar optando por cerrar sus series antes de dejarlas inconclusas como lo venía haciendo hasta hace poco. The Rain fue, en definitiva, una serie entretenida que probablemente guste a quienes amen las historias de amor, muerte y fin del mundo, pero que podría haber sido más que eso.

Hasta la próxima. Cuídense de la lluvia y sean felices…



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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