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Crítica de Viuda Negra: despedida a lo grande de Natasha Romanoff

Después de una larga espera y en paralelo con salas cinematográficas, llegó a Disney+ (con coste adicional) Viuda Negra, que marca el adiós de un personaje que merecía su propia película: como no podía ser de otra manera, el filme tiene un fuerte tono de despedida, pero a la vez sirve para presentar la llegada del relevo.

Desde que apareciera por primera vez en Iron Man, Viuda Negra (Black Widow) se fue convirtiendo en un personaje de cada vez más peso dentro del MCU. Sin embargo, a diferencia de muchos de sus colegas Avengers, Natasha Romanoff carecía de película propia. Tras un largo retraso provocado por la pandemia y con dirección de la australiana Cate Shortland, la misma nos llega finalmente: si tarde o no, es algo que buscaremos determinar. Aclaro, para que no teman, que este es un artículo sin spoilers de la trama; solo se cuenta lo mínimo y básico como para poder hacer un análisis.

Canción de Despedida

Comencemos por aclarar que si bien la película forma parte del MCU y es canónica con el resto, no se ubica, como quizás podría esperarse, tras los acontecimientos de Vengadores: Endgame sino bastante antes, entre Capitán América: Civil War y Vengadores: Infinity War. Ni precuela ni secuela: mediocuela

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Ello, de por sí, conlleva un problema: ya sabemos hacia dónde va la historia y cuál será, a la larga, el destino de Natasha, lo cual quita algo de sorpresa. Aun así, la directora Cate Shortland se las ha apañado para crear interés y hasta atreverse a escapar un poco del tono genérico que suele caracterizar a las películas de Marvel.

A ver si me explico: ¿cambia algo si al director de Ant-Man lo ubicamos en Thor: Ragnarok o al de Iron Man en Capitán América: El Soldado de Invierno? ¿O al revés? En absoluto. Pero si se cambia a Snyder con Nolan o a Burton con Schumacher, lo más probable es que cambie la película por completo y ya tenemos suficiente prueba con la sustición de Snyder por Whedon en la Liga de la Justicia.

Antes de que interpreten que intento abrir una vez más el espurio debate Marvel-DC o de que salgan a empalarme, crucificarme o llevarme a la hoguera, quiero dejar claro que no estoy diciendo que unas películas sean mejores que otras, sino que, simplemente, son distintas y la realidad marca que en el MCU, quizás justamente por la importancia dada a la construcción de un universo completo, suele no verse el sello del director: hasta el personalísimo Kenneth Branagh se diluye y está casi ausente en Thor.

¿A qué voy con esto? Pues a que en Viuda Negra sí se advierte el sello de Shortland, tanto en los diálogos como en la construcción de unos personajes más complejos, enrevesados y que no necesariamente son una colección de virtudes: Natasha, por ejemplo, carga en su pasado con una muerte inocente a la que, en su momento, consideró como “daño colateral”. De hecho y en forma acorde con otros filmes de la realizadora (Lore, Somersault, Berlin Syndrome), el tono es básicamente intimista e introspectivo, aproximándose, en algún punto, al de Logan: no casualmente también una película de despedida.

Fugitiva

La historia comienza con una Natasha apenas adolescente e interpretada por Ever Anderson, quien, además de augurar una ascendente carrera por estar muy bien en el papel, es un calco cada vez más fiel de su madre, Milla Jovovich.

MARVELHEROES — theavengers: Ever Anderson as young Natasha...

En una trepidante escena inicial, la vemos huir junto a su “familia” desde Ohio hacia Cuba tras ser su “padre” descubierto como agente soviético.

Y por qué tantas comillas, se estarán preguntando. Porque en realidad Alexei, el Guardián Rojo (David Harbour, de Stranger Things) no es su padre, ni Melina (Rachel Weisz, de Ágora y Oz: un Mundo de Fantasía) su madre, ni la pequeña Yelena (Violet McGraw) su hermana menor. Se trata de una familia montada por un programa soviético secreto al que se conoce como Habitación Roja, el cual está a cargo del general Dreykov (Ray Winstone), que se especializa en convertir a niñas huérfanas en verdaderas máquinas de matar con voluntad controlada químicamente.  En ese punto, la historia del mentor y la discípula fugitiva puede hacer acordar a filmes de Luc Besson como Nikita o Anna, así como también a la serie Hanna.

Demás está decir que tanto Natasha como Selena son niñas de tal condición, así como que, apenas llegados a Cuba, la “familia” es separada y sus miembros reasignados a nuevos y distintos objetivos.

De allí, el salto temporal nos lleva a Natasha adulta (obviamente Scarlett Johansson), ya alejada de los servicios soviéticos y sirviendo como Avenger aunque, como dijimos, en ese momento intermedio en el cual deambula como prófuga tras el enfrentamiento entre el Capitán América y Iron Man, siendo perseguida por desconocer los Acuerdos de Sokovia, aquellos que buscaron poner las acciones de los Vengadores bajo control y supervisión de la ONU.

Ese confinamiento forzado por su carácter de fugitiva la lleva a replantearse sobre su pasado y, en particular, sobre la Habitación Roja, a la cual quiere destruir por verla como el origen de muchos de sus traumas. Su viaje de búsqueda la lleva a Marruecos, en donde da con una Yelena adulta (Florence Pugh), a quien logra apartar del programa original y sumar a su causa para rescatar a Alexei de una prisión de alta seguridad y así ir en busca de Melina, siempre con la idea de que ello le ayude a dar con su objetivo final, que es la Habitación Roja y, a la postre, también Dreykov, a quien, en principio, cree muerto pero abriga dudas al respecto y más todavía al recordarle Yelena que jamás se halló cuerpo alguno para certificarlo.

Todo en la Familia

El viaje las llevará a Hungría mientras se suceden escenas de acción que, a pesar del tono introspectivo de la película, están muy bien dosificadas y a la altura presupuestaria de Marvel, así que no teman: no faltan grandes coreografías de lucha ni vertiginosas persecuciones.

Tampoco están completamente ausentes los elementos humorísticos habituales en las producciones de la firma, solo que tardan en aparecer (prácticamente ausentes durante los primeros cuarenta minutos) y, cuando lo hacen, es en forma natural, medida y jugando con la ironía: a Alexei, por ejemplo, ya no le entra el traje de Guardián Rojo de lo gordo que está, en tanto que Yelena le critica a Natasha su clásica postura de rodilla flexionada y mano en el piso por ser una pose más efectista que utilitaria; razón no le falta.

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La cuestión es que, poco a poco y de manera casi involuntaria, la “familia” termina viéndose reconstruida y ello no solo les servirá para volverlos a unir en torno a objetivos comunes sino también para revalorizar el pasado que han tenido juntos y que, en definitiva, termina por ser el único pasado entrañable que se puede rescatar. Podía ser una familia inventada, pero era una familia…

Personajes Nuevos pero Conocidos

En cuanto a Yelena Belova, es un personaje que existe en los cómics y que, creado por Devin Grayson, aparece por primera vez en Inhumans en el año 1999. Su devenir en las viñetas, sin embargo, plantea un choque antagónico con Natasha mucho más fuerte que el que aquí se aprecia en la medida en que la autora lo presentaba como metáfora de la confrontación entre los viejos valores de la Unión Soviética y los de la naciente Federación Rusa.

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Quizás sea porque esa discusión haya perdido algo de actualidad con los años, pero en la película se las ve más dispuestas a la colaboración recíproca desde temprano y sus pocos cruces verbales parecen más bien “discusiones entre hermanas”.

Otro personaje que hace su debut en el MCU es Taskmaster, al que, sin embargo, ya le pasaron por encima más de cuarenta años desde que, creado por David Michelinie y George Perez, hiciera su debut en los cómics de Vengadores allá por 1980: se trata de un villano con máscara de calavera, cuyo atributo es copiar fotográficamente los movimientos de sus rivales, incluyendo las técnicas de lucha de los distintos héroes de Marvel.

Aquí le vemos al servicio del “villano detrás del villano”, que es, obviamente, Dreykov y su real identidad encubre, además, un impactante secreto sobre el cual nada revelaré.

A propósito de Dreykov, creo que es el personaje menos desarrollado de la historia; contrariamente al resto, se lo ve demasiado liso y sus apariciones en pantalla no tienen el suficiente metraje para conocerlo más en detalle. Con diferencia, de lo más débil de la película.

Adiós y Bienvenida

Siendo, como es, la despedida de Natasha Romanoff, el filme tiene un inevitable tono elegíaco que se percibe desde el inicio en la medida en que, como antes dijimos, ya conocemos su destino. Pero, por otra parte, funciona como presentación de quien, con seguridad, será su relevo en la nueva fase y que, obviamente, es Yelena.

De hecho, la única escena post-créditos, bien al final, apunta en tal sentido al realizar un nuevo salto temporal hacia el momento posterior a Vengadores: Endgame, en donde ya Natasha ha tenido el destino que, para esta altura (creo) todos conocemos.

Un detalle importante: aparece allí un personaje (no diré quién) al que no hemos visto en las películas del MCU, pero sí en la serie Falcon y el Soldado de Invierno, más específicamente en su quinto episodio titulado La Verdad, del cual tienen en esta web una gran reseña de mi compañero Pedro.

Además de ser este filme el relevo que da la bienvenida a la Fase 4 y (principalmente) despide la anterior, parece también ser el primer nexo para comenzar a unir Vengadores con X-Men, tal como lo revela el guiño del bar en la estación de metro de Budapest, al cual el letrero identifica como  Princess Bar.

El mismo ha tenido reiteradas apariciones en las viñetas desde que fuera creado por Chris Claremont y Jim Lee para Uncanny X-Men e, incluso en algún momento, regenteado por el propio Wolverine.

Al igual que el personaje de la escena post-créditos a que antes hiciéramos referencia, también ese bar ha aparecido en Falcon y el Soldado de Invierno, pero esta sería su primera mención cinematográfica, claro indicador de que el universo de los X-Men y el de los Vengadores llevan camino de unirse como ocurre en los cómics.

Balance Final

Viuda Negra termina siendo un filme altamente recomendable que, a diferencia de muchos de Marvel, presenta marca registrada de autor, pero que, a la vez, conjuga bien permanencias con quiebres y, aun cuando nos produzca un deje de tristeza tener que despedir a Natasha, nos crea la suficiente expectativa por descubrir lo que el futuro traiga.  Lo único malo es que si no se tiene Premier Access, habrá que esperar un par de meses para verla sin coste adicional…

Scarlett Johansson está tan sólida como siempre y, por suerte, los fonoaudiólogos parecen haber hecho un buen trabajo con aquella apagada voz nasal de la cual queda poco. Pero creo que las mayores palmas se las lleva Florence Pugh, joven actriz a quien veníamos viendo, sobre todo, en dramas de época, habiendo interpretado a Lady Macbeth, a Cordelia en El Rey Lear, a Isabel de Burgh en El Rey Proscrito o a Amy March en Mujercitas. Un detalle: hay tres británicos en el elenco principal.

Entre el resto, aunque con apariciones breves, hay que mencionar al legendario William Hurt que vuelve a componer al secretario de estado Thaddeus Ross como ya lo viniera haciendo en otros filmes del MCU, así como a la ucraniana Olga Kurylenko, quien fuera chica Bond en Quantum of Solace y de quien no diré qué personaje interpreta a los efectos de no arruinar parte de la sorpresa.

Y ya que hablamos de Bond, detalle genial el que veamos a Natasha viendo en TV la película Moonraker para luego, ya sobre el final, realizar un salto extremo muy semejante al de Roger Moore en la misma: todo un guiño para fans del 007.

Por último y respondiendo a la pregunta inicial acerca de si Viuda Negra, como película, llega tarde al MCU, la respuesta es no: lo hace en el momento justo para construir puentes entre lo que fue y lo que será. En todo caso, la única demora fue producida por la maldita pandemia…

Hasta pronto y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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