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Crítica de Wormwood, la miniserie documental que la CIA no quiere que veas

La Guerra Fría, siempre ha sido, y sigue siendo, una de las etapas más sombrías y turbias para los Estados Unidos. Una carrera contrarreloj constante plagada de secretismo y paranoia, en busca de estar siempre un paso por delante. Momento histórico que dio pie al inicio de centenares de proyectos encubiertos, que exploraban desde nuevas armas y técnicas militares, hasta modelos alternativos de interrogatorio.

Uno de esos proyectos encubiertos e ilegales, fue el llamado MK-Ultra. Ejecutado por primera vez en el 1950 por la CIA, el MK-Ultra consistía en el desarrollo y experimentación con nuevas sustancias, para descubrir e instaurar nuevos procedimientos de interrogatorio y tortura. Experimentación que muchas veces se llevó a cabo en civiles y sin consentimiento previo.

Una de las víctimas de estas cuestionables iniciativas de la CIA, fue Frank Olson, un bioquímico del ejército de los Estados Unidos, que murió en misteriosas circunstancias tras “caer o saltar” desde la ventana de un hotel. Una historia plagada de incongruencias, y que ha sido resucitada de la mano de Errol Morris bajo el nombre de Wormwood. Prestigioso director y documentalista conocido mayormente por La delgada línea azulRumores de Guerra (con el que ganó el Oscar a mejor documental en 2003).

Modernizando el documental: Un nuevo formato sutil y efectivo

Una de los grandes aciertos de Wormwood, es su formato. Seis capítulos de una duración de 40-45 minutos aproximadamente, hacen del visionado de cualquier historia, por densa que sea, mucho más agradable. Siendo los 40 minutos una medida habitual en el popular mundo de las series (a veces hasta corta), desaparece ese impedimento que muchas veces supone la extensión de la mayoría de documentales. Y siendo solamente seis capítulos, Wormwood se convierte en todo un caramelito para todo aquel que disponga de Netflix, ganas de controversia y una tarde libre.

Otro de los grandes retos a los que se suelen enfrentar la mayoría de documentales, es mantener al espectador pegado al sillón hasta el final. Debido a lo monótono que pueden resultar algunas entrevistas, tratar un tema interesante no siempre es suficiente para todo el mundo, y se requieren de otros métodos para no perder la atención del público. Y aquí es donde brilla Wormwood. Errol Morris apuesta por un fuerte componente estético, con un precioso montaje que ayuda a ilustrar la historia narrada, a la vez que te sumerge de lleno en el universo del documental, respaldado con unas brillantes e innovadoras puestas en escena.

Un relato intrigante y Frank Olson como hilo conductor

A parte de un montaje y puesta en escena interesantes, lo que quizás destaque por encima de todo sea su particular enfoque.  Alejándose de muchos de sus congéneres, la miniserie juega una baza muy interesante, contándonos una historia que no sigue una progresión lineal, donde misterio y paranoia te acompañan hasta el final. Y es que el misterio juega un gran papel en el documental, tanto en las dramatizaciones como en las mismas entrevistas. En parte esto es posible gracias al principal narrador Eric Olson (hijo del despeñado Frank). Su visión es lo que le da a los acontecimientos un tono singular, haciendo paréntesis reflexivos y, en ocasiones, hasta divagando. Y precisamente por estas regresiones, el documental acaba adquiriendo una nueva dimensión.

La información que se da sobre el tema principal (Frank Olson) es más bien poca, y el grueso de los episodios se suele concentrar en ir formando poco a poco una imagen coherente de la época y la familia, aportando contexto para que cuando lleguen las revelaciones sobre la misteriosa muerte, tengan un mayor impacto en el espectador. Ya no es solo el misterioso fallecimiento de un bioquímico, también es la historia de la obsesión de un hijo en busca de respuestas, el estado de paranoia en el que se vio sumergido todo un país, las desmedidas licencias con las que se creían los cuerpos de seguridad… Frank Olson acaba pasando en ocasiones a un segundo plano, y se convierte en un mero hilo conductor en un relato mucho mayor.

Conclusiones

Wormwood me ha gustado mucho más de lo que me esperaba. A pesar de ser un documental, han conseguido hacer un producto muy ameno que utiliza el formato de una manera muy inteligente. Las dramatizaciones distan mucho de ser una mera repetición de lo entrevistado, presentándose como una historia confusa y misteriosa, en el que los personajes se mueven inexorables con motivaciones y objetivos que desconocemos, pero ansiamos comprender.

Una miniserie que juega con el relato hasta el último instante, y te mantiene enganchado con un momento histórico sumamente turbio. Quizás no sea especialmente reveladora en cuanto a hechos fehacientes, pero para todos aquellos fanáticos de opacas operaciones encubiertas y con ganas de descifrar un buen misterio, Wormwood es una opción muy peculiar e interesante a tener en cuenta.

 

Pablo Ferrer
Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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