¿Cuál es el secreto detrás del éxito del anime?

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Buenas queridos lectores, y bienvenidos a esta nueva entrada donde intentaré arrojar un poco de luz sobre el porqué del éxito del anime, que tiene un nicho de seguidores muy marcado y separado de otro tipo de entretenimiento.

Bien es cierto que al final que la respuesta a esta pregunta se puede resumir en lo distinto que es de otros medios, pero, ¿de qué forma? porque a pesar de que en el caso de los occidentales el factor de distancia cultural se pueda sumar, ¿qué hay del propio Japón o de países similares donde goza de gran éxito como Corea del Sur? porque en estos países también tiene muchísimo éxito. Además, la distancia cultural no puede ser la única explicación de su éxito en Occidente. No nos enganchamos a sus Doramas, ni a su cine, ni a su literatura de la misma forma, el fenómeno se da especialmente con el manga/anime.

Esta es una pregunta que me llevo haciendo mucho tiempo, entre otras cosas porque yo misma me encuentro bajo este extraño embrujo y no acabo de identificarlo o de poder ponerlo en palabras. Tras mucho reflexionar y tener numerosas conversaciones sobre el tema creo que he logrado entender sólo algunas cosas, como siempre. Como ya he comentado numerosas ocasiones, una de las razones es que creo que es un medio extraordinariamente concentrado en representar emociones, pensamientos o posturas sumamente complejas, difíciles de describir, de explicar. Representar estos sentimientos requiere de una sinceridad y de una introspección que sinceramente creo que en Occidente no practicamos, y es por una simple razón: nuestra sociedad no se encuentra tan absolutamente reprimida, o por lo menos de otra manera. 

El famoso «podría ser descortés o desconsiderado» y esa obsesión malsana de la sociedad nipona por ser respetuosos y no perturbar jamás a sus congéneres, esa falta de expresión, de discusión, de contraste de opiniones hacen una cosa: que se imponga con menos frecuencia una «opinión general», un «lugar común» en el que los japoneses puedan resguardarse, usar de vigía y crear prejuicios. Esto por supuesto es un precio enorme a pagar si hablamos de salud mental, pero también tiene sus ventajas. Entre otras creo que es conservar la pureza de sus sentimientos, la facilidad que tienen para identificarlos, aunque no nombrarlos. Ellos se pueden permitir pensar y llegar a conclusiones que nosotros no, lejos de nuestros clichés, a lugares que nuestros prejuicios y lugares comunes nos impiden acercarnos por nosotros mismos, pero con los que sin embargo nos identificamos. Un ejemplo de ello es en el anime ahora en emisión Araburu Kisetsu, en el que una de nuestros protagonistas, que debe tener 15 años, quiere acostarse con alguien para poder tener referencias a la hora de escribir una novela erótica. Esta chica decide reunirse con un adulto al que conoce en un chat y que resulta ser su profesor, con el que desarrollará una relación complicada en la que intentará dejar su infancia atrás sin conseguirlo. Sinceramente, este tipo de trama es difícil de encontrar en Occidente, y menos aún con el enfoque y profundidad que se le da aquí. Esto tiene que ver por una parte con lo escandaloso del tema, y por otro que lo llenaríamos de clichés como que él es muy joven, que ella es muy madura y que la cosa se fragua poco a poco y se hace inevitable porque están enamorados. Este no es el caso del manganime.

No deja de ser paradójico cómo es precisamente la represión de una población lo que al final les permite ser más libres y volar más lejos, o por lo menos más profundamente dentro de nosotros mismos. Ese reflejo que nosotros mismos deformamos o directamente negamos es más nítido en el anime, esa obsesión por expresarse, por comunicar a alguien en algún momento y en algún lugar lo que sienten, lo que piensan es precisamente uno de los encantos más grandes del anime; su sinceridad representada de manera tan detallada y visual.

Recuerdo que hace apenas unos días estaba hablando con una amiga italiana sobre manganime, y me dijo que era un medio que le molestaba, y que ella misma no entendía exactamente porqué. Apenas había visto algo de Death Note, Naruto o SNK, pero me c0mentaba que se sentía incómoda viéndolos, porque eran dibujos pero a pesar de todo eran terribles, duros y conseguían representar la realidad de una forma especialmente realista que no le gustaba nada. De esta conversación me llamaron la atención dos cosas: la primera es que el realismo le incomodase, y la segunda que sintiese, a pesar de saber que no es así, que hacer dibujos para adultos estaba mal. Lo primero denotaba un miedo de no mirarse dentro de sí o a la realidad, y los segundo un clarísimo prejuicio que claramente le limitaba tanto a ella como al arte. Con otro amigo, ávido devorador de contenido en todos sus medios, incluyendo al cómic americano y a sus rectos protagonistas el único que se le escapaba y no le convencía era el manganime. Me decía que simplemente no lo entendía, que le parecía mal el fanservice que había, cómo se representaban muchas cosas o temas, y que era algo que simplemente le espantaba de muchas maneras. Pese a este sospechoso rechazo a la forma de ver el mundo de los nipones, él mismo me admitía que le gustaba la manera de humanizar y el protagonismo que se le daba a los villanos propia del medio, y que al mismo tiempo le resultaba extraña. De nuevo, el mismo patrón.

Sin embargo, no podemos olvidarnos de un tipo de serie que triunfa como la que más, y son los shonen clásicos, que intentan inculcar valores universales y que a todos nos gustan y recibimos con los brazos abiertos sin sentimiento de culpa alguno. ¿En éste caso, qué es lo que ocurre? bueno, en este caso creo que el principal factor es de nuevo el mismo, y es que mientras que aquí tendemos a hablar más de «hacer el bien por el hecho de hacer el bien» o del honor y la valentía, con héroes o antihéroes ya fuertes y al fin y al cabo «hechos», en el anime se destacan más el tema de la autosuperación, evolución y el proceso en sí que en los resultados de: yo te derroto. Vemos a niños miedosos y débiles a los que machacan una y otra vez superarse poco a poco y mejorar a base de leñazos hasta ser ya muy hacia el final unos héroes más centrados en sus objetivos- a veces egoístas y desde luego muy pocas veces mártires- o sentimientos, como es querer y atesorar a sus amigos por encima de todas las cosas. Hacer épico lo común y heroico lo humano. ¿Qué héroe o antihéroe quiere ser el rey de los piratas? Porque creo que Luffy no encajaría en ninguna de estas definiciones en sus acepciones clásicas. ¿Y Goku, salvando al mundo por interés propio y no por ser bueno? ¿Naruto, que está dispuesto a morir por salvar a su amigo, el principal causante de todos los males, por encima de todas las cosas?. Por supuesto, dejando de lado todo esto el medio tiene, cómo no, diferencias narrativas con respecto a otros. Se concentra mucho en la acción, en los detalles, y no hay una sola viñeta o escena de relleno que no tenga importancia. Si se lucha, cada puñetazo tiene una importancia en ese preciso momento o algo que decir. Cada segundo en un anime el espectador lo vive como si fuesen horas, porque tiene mil y una cosas asociadas que necesitan y tienen una explicación, una descripción. Nada es casual.

¿Y vosotros, qué creéis que hace al anime ser lo que es? Dejádmelo en comentarios porque me parece un tema apasionante.

Un saludo y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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