Do Not Feed The Monkeys (PC). Cuando no te da la vida para hacerlo todo.

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¿Un juego donde tomamos el papel de un voyeur? ¿Un juego que mezcla elementos de realidad con misteriosas organizaciones secretas, políticos corruptos y economía basura? ¿El Club de la lucha + Gran Hermano + Inside Job? Esto tengo que jugarlo y analizarlo antes de que se me adelante Raúl Sánchez y escriba una tesis sobre el tema.

Observa a los monos

Acabamos de ingresar en el Club de Observación de Primates, una misteriosa organización que nos ha proporcionado el software para, desde nuestra propia casa, observar la vida de otras personas a través de cámaras hackeadas. Mediante el correo electrónico, nos realizarán preguntas sobre los primates (sujetos) que estamos observando y, en caso de responder correctamente, recibiremos una gratificación económica en nuestra cuenta corriente. Pero no todo es tan sencillo: para prosperar dentro de la organización y tener acceso a la jaula del Gran Primate, tendremos que comprar nosotros mismos más jaulas (cámaras) y en caso de no hacerlo en un tiempo estipulado, seremos expulsados de la organización. Así que, mientras ejercemos nuestras dotes para el voyeurismo, tendremos que trabajar no sólo para comprar las jaulas sino también para pagar el alquiler y nuestra sustento alimenticio.

Ese es el argumento de Do Not Feed The Monkeys, el juego exclusivo para PC que ha desarrollado la compañía española Fictiorama Studios. Un argumento que, a primera vista, puede parecer algo simple y carente de interés pero que esconde uno de los juegos más inteligentes que he visto en mucho tiempo. Esa simpleza aparente viene dada por los gráficos y la mecánica del juego: gráficos pixelados y una mecánica de apuntar con el cursor y hacer click en los objetos, seleccionando las opciones adecuadas y funcionando, en algunas partes del juego, como si de una aventura conversacional se tratara. Simple como el mecanismo de un chupete. Sin embargo esa simplicidad salta por los aires en cuanto empezamos a jugar.

Nada más empezar podemos ver que tenemos tan sólo dos pantallas en las que movernos. La principal simula una mesa de escritorio con nuestro ordenador, donde encontramos nuestra aplicación para vigilar a los monos, el correo electrónico, un navegador para hacer búsquedas y un calendario. Según avancemos en el juego se añadirán otras aplicaciones, como un chat o una aplicación para compras. Lo más importante será el reloj del ordenador, que nos indicará en que hora del día nos encontramos. Eso marcará el tiempo en el que tendremos que hacer determinadas cosas y el avance del juego. La otra pantalla nos muestra la puerta del apartamento, una cama y una nevera. Desde allí atenderemos a las visitas, comeremos y dormiremos para recargar nuestro indicador de energía, determinado a su vez por otros dos indicadores, el de sueño y el de hambre. Si los tres llegan a cero, se acabó nuestra vida como voyeures. Observar al prójimo es sencillo, anotar sus acciones en nuestro cuaderno también. Lo complicado es lo otro, lo que enlaza el juego con nuestro día a día diario, es decir obtener dinero para sobrevivir, comer lo adecuado, dormir lo que toca, lidiar con vecinos gorrones,…. Ahí es donde lo han clavado.

Como si la realidad nos hubiese atrapado, los trabajos que podemos desempeñar implican varias horas con sueldos de mierda que apenas nos permitirán comprar comida basura; las cámaras que debemos comprar para subir de nivel y observar a más monos son carísimas; la casera nos cobra un dineral cada dos días (si, reíros de los alquileres de 800 euros o más que aquí pagaremos 90 euros cada dos días por un cuchitril); total, que no nos llegarán las horas del día para todo ya que, si trabajamos, no podremos vigilar a los monos y si vigilamos a los monos no podremos trabajar o dormir para reponer fuerzas. Encima hay jaulas en las que no pasa nada durante horas y justamente pasa algo cuando estamos durmiendo o trabajando o hemos salido a comprar yogures. ¿Cómo podemos aumentar nuestros ingresos? Pues como todo el mundo sabe, trabajando 8 horas al día y siendo buenas personas no nos va a llegar más que lo justo para sobrevivir así que tendremos que decidir: o somos honrados y cumplimos con lo que la sociedad nos pide o nos lo pasamos todo por el forro y elegimos el camino del triunfador, mandando nuestros escrúpulos a paseo.

Pero, ¿acaso no lo hemos hecho ya al dedicar nuestro tiempo a espiar al prójimo de forma totalmente ilegal? Es en este punto cuando el Do Not Feed the Monkeys, el No alimentes a los monos que nos han dicho al ingresar en la organización, entra en acción. Que te digan que no pienses en elefantes rosas es activar un mecanismo por el que, automáticamente, te pones a pensar en ellos. Que te digan que por nada del mundo interactúes con los sujetos que estás observando es una invitación a tratar de sacar provecho de esas situaciones y más cuando te das cuenta que, algunas de esas situaciones, son lo suficientemente indiscretas y/o ilegales como para no sacar tajada. Es el mercado, amigo. Así pues, ya veréis como dormir, comer, comprar e interactuar con los vecinos no sale rentable y es mejor putear al cartero cegato y quedarte con el paquete de otro para revenderlo en el mercado negro y que sale más a cuenta chantajear a una estrella de cine con fotos comprometedoras que cargar cajas durante 4 horas en un almacén, por muy digno que esto último pueda parecernos.

Menos mal que este chute de realidad se mezcla con las historias que observamos en las jaulas, así como con las noticias que, al empezar cada día, vemos en el periódico que tenemos sobre la mesa. Inmersos en plena campaña política donde está en juego la re-elección de un presidente de dudosa moralidad, que puede que sea apoyado (o no) por un gurú de Internet y las rr.ss., veremos como la sociedad vive inmersa en una vorágine de inseguridad y violencia donde la economía ha llegado a un punto en el que un trabajador le debe dinero a su empresa por ir a trabajar. Vamos, lo normal.

Si un cartero cegato llama a tu puerta, quedate con el paquete del vecino

Do Not Feed the Monkeys es, como ya he señalado, un juego muy inteligente y que figura por méritos propios en las listas de los mejores del año, al lado de auténticos pesos pesados. Es imposible no conectar el juego con la realidad circundante. No sólo mira de reojo la vida sino que pone sobre la mesa la moralidad de nuestros actos. Por si fuera poco, la jugabilidad es bastante alta. Al poco de empezar ya te quedas enganchado intentando observar las jaulas y los primates al tiempo que miras el indicador de salud y es entonces cuando todo se te viene encima: tengo que comer, tengo que trabajar, tengo que dormir, tengo que vigilar, trabajar, comer, trabajar, descansar, vigilar, investigar, comer, comprar, café, necesito café. No tengo tiempo para nada y se me va la vida. Menos mal que no hay Netflix en el juego porque ya sería la puntilla definitiva. En mi primera partida acabe en el hospital por agotamiento, donde estuve 5 semanas. Me echaron a patadas del Club de Observación de Primates, la casera me cambió el cerrojo por no pagar el alquiler (aquí no hay derechos que valgan) y la policía me metió entre rejas por voyuer. Lo bueno es que puedo volver a empezar, con nuevas cámaras y nuevas historias, jugando a ser Dios o portándome como un buen mono, sin salirme del camino. Os dejó. Llevo 8 días, me quedan 9 jaulas por comprar, la casera llama a mi puerta, no tengo pasta y en la jaula 8 hay actividad. Un saludo, sed felices y no alimentéis a los monos.



el autor

Toda la vida leyendo cómics. Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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