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Dragon Half, de Ryusuke Mita. El patetismo de los malvados más entrañables del mundo.

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Vengo a hablaros de tiempos pasados, tiempos oscuros, tiempos salvajes. Las cosas del leer de Japón nos llegaban muy poco a poco y con miedo, a pesar de los éxitos en las televisiones de los dibujos animados japoneses. La selección de cosas que nos llegaban a España era extraña. Traían éxitos contrastadísimos como Bola de Dragón con cuentagotas. Se atrevían a traernos el enorme El Puño de la Estrella del Norte, pero no conseguían ventas para poder acabarlo. Traían marcianadas por razones para mí desconocidas.

Hoy hablaremos de una de esas marcianadas: Dragon Half, de Ryusuke Mita (1988-1994). A España nos llegó en 1998 por parte de Planeta. Era un manga más bien corto que pasó un poco de puntillas, la verdad.  Injustísimamente, claro. Pero el tamaño del mercado de gente que leíamos manga era muchísimo más pequeño que el actual. Pero mucho. Y en cosas como esta es una pena.

Dragon Half es una historia que desde el principio deja claro que no se toma nada en serio. Es la historia de un caballero al que el rey manda matar a un dragón rojo. Al encontrarse resulta que es una dragona y se enamoran. Y del fruto de su amor nace la protagonista, Mink, mitad humana mitad dragona, que vuela, es superfuerte y está enamorada de Dick Saucer, un caballero que además de matar dragones es un cantante pop de éxito. La historia es básicamente la búsqueda de Mink de una poción mágica para convertirse en humana y poder casarse con el caballero-cantante.

La historia no deja de ser una parodia desmadrada de los juegos de rol japoneses, de los Dragon Quest y de los tópicos del estilo. Hay torneos de artes marciales, hay un enemigo final, hay transformaciones de los personajes, hay poderes ocultos hasta el último momento…y todo ello es debidamente machacado, ridiculizado y despojado de toda épica, gloria y pretenciosidad. Es delicioso cómo el autor despedaza todos los discursos épicos y trascendentes mil veces vistos en cualquier JRPG o anime de fantasía heroica. Es complicado encontrarse tantos tópicos tirados por el suelo, arrastrados y etiquetados como cosas ridículas sin mucho sentido.

Todo esto se hace, vamos a decirlo, con muchos chistes de juegos de palabras, de erotismo de baja intensidad y con un catálogo de enemigos inolvidable. Puede que sea lo mejor de toda la obra: los enemigos de la protagonista. Prácticamente todos son patéticos. Al principio se presentan como una gran amenaza o de manera imponente, para enseguida mostrar lo chapuceros, metepatas y entrañablemente fracasados que son todos ellos. Quieren ser épicos y terribles pero no pueden dar más pena. Hasta te sientes mal cuando la protagonista los derrota. Especialmente el más fracasado e inútil de todos: el muy estúpido y muy pagado de sí mismo Damaramu (que siempre está cometiendo “el mayor error de su vida”). O el rey Shiva y su patética maldad. Y, sin ser el villano, el personaje que a mí más me hizo reír de todos: el propio padre de Mink, cuya actitud desvergonzada respecto a prácticamente todo no puede ser más punki y sacar alguna sonrisita malsana.

El dibujo no puede ser más clásico de los años 80 japoneses y evoluciona hacia una mayor estilización de los personajes, muy en las formas que tendrían más éxito en los años 90 (puede apreciarse en Alita, ángel de combate, por ejemplo). Se juega mucho con el contraste entre las escenas pretendidamente serias y las imágenes en las que los personajes aparecen deformados para crear situaciones humorísticas, siendo el autor bastante más limitado en cuanto a técnica de dibujo de lo que puede parecer en un vistazo rápido. Pero, claro, sabe tapar bien sus carencias siendo muy efectista en los dos-tres planos que domina para el dibujo más serio y recurriendo al dibujo más caricaturesco en los finales de los gag humorísticos, donde hay alguna licencia gráfica más. Es decir que sin destacar especialmente en la parte de narración o diseño de personajes, tampoco es que podamos decir que sea un total desastre.

En resumen, es una lectura ligerita, sin más pretensiones que sacarnos sonrisitas con gags recurrentes (cosa que hace muy bien) a través de un mundo de dragones, pociones mágicas, villanos patéticos y muchas confusiones absurdas. A su favor pesa que la historia no es muy larga y estira la broma más o menos sin cansar demasiado. Termina del modo inevitable que cualquiera puede imaginar al poco de leer la historia. Y está bien así. Al fin y al cabo lo importante siempre fue llevarnos con Mink a no enterarse de nada de los discursos épico-decadentes de sus villanos, a ver cómo sus villanos se confabulan para hacer el ridículo sin remedio o cómo cada presentación gloriosa va acompañada de desastres sin fin. A veces cosas así son necesarias. Puede que siempre.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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