El gran error de (es)tirar una historia

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Uno de los grandes eventos cinematográficos del año 2018 ha sido el estreno de Animales fantásticos: los crímenes de Grindewald, segunda entrega de la nueva saga con la que J. K. Rowling y Warner esperan alargar la Pottermanía entre los fans. Sin embargo, mientras que la primera entrega sorprendió a crítica y público (francamente, nadie esperaba gran cosa del reinicio) por su calidad, Los crímenes de Grindewald ha recibido el varapalo de la crítica y de buena parte del público. Este artículo no pretende centrarse en los polémicos giros de guión que han llenado Internet de quejas furibundas, defensas a ultranza apoyando a la escritura o múltiples teorías. Más bien se fijará en un mal que está afectando a buena parte de las superproducciones hollywoodienses de los últimos años y que es el principal lastre de esta Anímales Fantásticos: Los crímenes de Grindewald: El guión.

Imaginemos por un momento que la historia es un chicle, en el sentido de que se pueda moldear al antojo del guionista. A medida que el chicle se estira de forma longitudinal, pretendiendo que ocurran muchas cosas, se cae en el riesgo de que se rompa por la debilidad generada. ¿Qué podemos hacer para que no se rompa? Estirar con cuidado, asegurando los pasos, aportando consistencia a las partes más débiles para que la historia se sustente. Esto no ocurre en Los crímenes de Grindewald. Y no hay mejor comparación para mostrarlo que su primera entrega, Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

Menos es más.

En toda trama es preciso un hilo conductor. Da igual el número de subtramas y personajes. Debe haber una trama principal fuerte que aporte cohesión a la película y, por tanto, refleje esa unidad al espectador. En Los Vengadores: Infinity War es la búsqueda de las Gemas del Infinito por parte de Thanos. En Animales Fantásticos y dónde encontrarlos es el viaje interior de Newt Scamander, que muta de un personaje individualista a tomar conciencia de la amenaza de Grindewald.

Si lo pensamos bien, en Los crímenes de Grindewald podríamos afirmar que la trama principal vuelve a enfocarse en Newt y en ese paso de no implicarse a escoger un bando. ¿Pero realmente es así? ¿Podemos decir que Newt es el protagonista de esta segunda entrega? Esto es cuestión de opiniones, y se debe, básicamente, a la gran cantidad de personajes que el guión de J. K. Rowling ha introducido y a la necesidad de la guionista de que todos tengan su arco argumental particular.

Esto nos lleva a la segunda forma de estirar la historia o, mejor dicho, nuestro chicle. Este se puede alargar de forma longitudinal, pero también de forma transversal, pretendiendo que abarque la mayor cantidad de información y mensajes posibles, con el consecuente debilitamiento de nuestro chicle que, una vez más tiene el riesgo de romperse. Esta es la forma más frecuente de estirar una historia, ya que permite dejar señales para futuras películas en una industria que se sustenta en base a las sagas cinematográficas. Y, una vez más, es algo en lo que vuelve a fallar Los crímenes de Grindewald.

¿Cómo conseguimos que una historia tenga suficiente enjundia transversal? Al igual que con la longitudinal, el guionista deberá de estirar lentamente, apuntalando bien para que las zonas más débiles no se rompan pero, y aquí hay una diferencia, es imprescindible no caer en la tentación de dar información o crear personajes inútiles. Al fin y al cabo, los detalles transversales no tienen que ver, a priori, con la trama principal. En todo caso, deben reforzarla.

En Animales fantásticos y donde encontrarlos hay dos subtramas con su propia introducción, nudo y desenlace, pero que jamás se elevan por encima del argumento principal. Una es la búsqueda de las criaturas, cuyo mayor acierto es la incluso del nomag que sirve como un reflejo del espectador y la profundización en la personalidad de Newt. La otra es la subtrama de Credence, que nos ayuda a situarnos en el enfrentamiento nomag-magos y a prepararnos para el conflicto final de la película. Todas ellas convergen en el aparatoso último acto, el más espectacular aunque desluce un poco lo conseguido en los dos tercios anteriores de película.

El fallo de los Crímenes de Grindewald radica principalmente en este hecho. En el guión de J. K. Rowling encontramos el viaje de Newt, Credence, Dumbledore, Grindewald, Queenie y, finalmente, Lita Strange. Demasiadas tramas a las que conceder importancia. ¿El resultado? Muchas subtramas pugnando por ser la principal, sin reforzarse la una a la otra. Como he dicho antes, es cuestión de opiniones, pero yo no sabría decir si el protagonista de Animales fantásticos es Newt o es Grindewald o, por el contrario, Credence. Además, la limitación de tiempo provoca que haya personajes cuyas tramas queden totalmente desdibujadas, como Lita o Queenie. Y, lo que es peor, da la sensación de que la historia, con tanto personaje con su trama, es mucho más simple de lo que se ve en la película. Vamos, que el relleno campa a sus anchas en Los crímenes de Grindewald.

El que mucho abarca…

Algo parecido ocurría en Batman v Superman (ya lo dije en mi crítica por aquel entonces), con la trama política, la de Batman, la de Superman, Lex Luthor, Doomsday, Wonder Woman… la ventaja que tuvo la polémica cinta de superhéroes fue que su larga duración le permitió ahondar en unas tramas más que en otras. Y que pasaban cosas.

Lo que hemos visto en Los crímenes de Grindewald es un fenómeno incipiente que puede convertirse en algo endémico en el futuro cine comercial. La necesidad de convertir todo en sagas implica que los guionistas deban otorgar importancia a personajes y tramas que no deberían tenerlas, con la consiguiente fragmentación del argumento. Es algo que ocurre en dicha película. No vemos unidad temática. Por un lado, el nuevo cambio de Newt. Los traumas de Lita. El origen de Credence. Los secretos de Dumbledore. La visión de Grindewald. Todo demasiado fragmentado. Uno acaba la película sin saber qué ha visto. Y con razón.

¡Sed felices!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

3 comentarios

  1. Sofia Ricarte el

    Que gran artículo, Fernando, y cuánta razón. Estirar la historia suele debilitar el guión, y este es un caso bastante evidente. Pero no el único (ejem Kylo Ten).
    Gran trabajo.

  2. Fernando Vílchez el

    En el caso de Star Wars, creo que el mayor ejemplo de esto que hablamos es la trama de Finn en el episodio VIII. Solo aporta algo de contexto, pero ni refuerza la trama y, lo que es peor, si la omitiéramos la película se quedaría exactamente igual. Incluso mejor, al durar menos.

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