El mundo (friki) de ayer

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

A mí esos libros me relajan. Verlos, quiero decir. Están ahí, en la estantería del final del salón. Son viejos, son azules, huelen al abrirlos como huelen los libros que siguen más o menos íntegros con años encima. Es mi colección completa de libros de Advanced Dungeons & Dragons que publicó Timun Más en España a mediados de los años 90. Eran librojuegos, en los que ibas leyendo y te daban opciones al final del texto. A veces lanzabas dados y decidía la suerte. Eran lo que los de Telltale Games hicieron en los videojuegos, más o menos, muchos años después. En estos libros, además, ambientados en los mundos de Dragones y Mazmorras (con la excepción de uno: La prueba del ninja).

Pero sí, me relajan. Los ojeo. Los leí muchas veces, me absorbían, me llevaban a otros sitios. Algunos terribles, otros maravillosos, pero en todos había peligro y emoción. La parte gráfica sigue siendo estupenda. Tengo muchas cosas, no sólo esos libros. Cómics. Más cómics. Manga. Más manga. Libros. Más libros. Incluso revistas, muchas. Es lo habitual, el clásico complejo de acumulación de papel hasta el absurdo. La falta de espacio. En fin, lo de siempre. Lo de todos los aficionados al comic con 40 o más años.

La acumulación física de cosas hasta lo absurdo es un síntoma de cierta edad y de cierta generación. Lo que viene por detrás mío también compra cómic, pero lee mucho por Tablet, ordenador o móvil. Lo físico es complicado que desaparezca y habría mucho que hablar del tema, seguro, pero es complicado que las nuevas generaciones tengan la acumulación absurda que tenemos los señores entrados en años.

Es complicado que tengan acumulados en estanterías estuches de videojuegos. En vez de eso tienen una acumulación absurda en Steam de videojuegos. Yo cuido y mimo los manuales del primer Fallout (que compré cuando salió) o del primer Resident Evil (en glorioso portugués y español). Ahora eso son más o menos pijadas sin mucho sentido. Casi nunca he comprado un DLC en un videojuego, pero viendo como marcha la industria es evidente que el raro en eso soy yo.

No he descubierto que no soy joven ayer por la tarde. Tampoco que hay que protegerse de dos males igualmente dañinos: la nostalgia y al adanismo. La primera es la tendencia natural a olvidar o hacer de menos las cosas menos bonitas de nuestra infancia y juventud, y nos pasa cuando nos hacemos mayores. La segunda es la tendencia a creer que es nuestra generación a la que le pasa todo por primera vez en la Historia y que los que son mayores no entienden nada del nuevo mundo que viene, y nos pasa cuando somos jóvenes. No tiene nada malo recordar las cosas buenas del pasado, que existieron y siguen siendo buenas. Tampoco es malo sacudir un poco el polvo de las cosas que llevan mucho tiempo sin moverse, equivocarse y hacer chorradas.

Pero yo estoy en la parte en la que el peor peligro es la nostalgia. Es casi tan tentador como tirar todo lo amado y pensar que eran boberías, cosas para niños superadas por cosas posteriores. Es complicado enfrentarse a un hecho terrible: muchísimas de las cosas que tú amas prácticamente nadie más las amará ni las leerá ni las jugará. Ya ha pasado: yo no he jugado a juegos de la Commodore ni creo que en el futuro los juegue mucha gente. Yo no he leído mucho Superman de los años 50, y parece complicado que las nuevas generaciones lo hagan. Habrá cosas inmortales y el Super Mario seguirá jugándose, pero todas esas estanterías de cosas con las que has sobrevivido a tantos días horribles no van a ser un altar para nadie.

Es un mundo que ya casi no existe, es el mundo (friki) de ayer. Como la chica de la canción, como el libro de Zweig. Uno en el que la nostalgia te juega jugarretas para atraparte, diciéndote que tu mundo era lo más alto que llegó la Humanidad y que debes vivir el resto del tiempo hecho polvo. O uno que quiere ser destruido de tu vida para negar que tú estuviste allí. Son formas igual de tristes de olvidar lo que tuvo de bueno tu pasado y de no superar la realidad de la propia mortalidad y del propio ciclo de las cosas. No es más que lo que decía Geralt de Rivia en uno de los relatos de su primer libro, El Último Deseo:

-Me las apaño.- el brujo le miró directamente a los ojos-. De algún modo, consigo apañármelas. Porque tengo que hacerlo. Porque no tengo otra salida. Porque de algún modo expulsé de mi cualquier orgullo y cualquier arrogancia por mi diferencia, porque comprendí que el orgullo y la arrogancia, aunque son una defensa para ser diferente, son una lamentable defensa. Porque comprendí que el sol brilla de otra forma, que algo cambia y yo no soy el eje de estos cambios. El sol brilla de otra forma y seguirá brillando y de nada sirve cazarlo con una red. Hay que aceptar los hechos, elfo, hay que aprender de ellos.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

4 comentarios

  1. Yo tengo una biblioteca de papel que empezó a detener su crecimiento cuando, allá por los 700 u 800 ejemplares, empezaron a llegar los ereaders, los niños y los cambios de casa. Sigo orgulloso de ella y todavía crece gota a gota… aún hay libros que no he leído, que dejé pendientes hace tiempo, y que sé que voy a leer y será un gran placer (sobre todo ciencia-ficción, alguno de fantasía y muchos, muchos clásicos). Como es un gran placer la curiosidad con la que mi niño lee viejos tomos de Zipi y Zape y de Superlópez, aunque claramente no le van a suponer lo que supusieron para mi, pues ahora tienen demasiado de todo. También es un placer ver cómo descubre a Los Cinco y más pronto que tarde a Ende y a Tolkien, y cómo empieza su propio camino hacia la nostalgia dentro de la túnica de Harry Potter…

    Todo lo que dices es cierto y comparto tus sensaciones (excepto para los videojuegos, que nunca me engancharon). Hasta ahora no me ha afectado demasiado la nostalgia, me las voy arreglando para mantener la curiosidad lectora y el sentido de maravilla combinando las buenas cosas que aparecen y las viejas que aún están por leer… además, criar niños no te deja tiempo para esas veleidades, pero sé que ése momento de la nostalgia llegará…

    Espero que nos pille bien agarrados al timón.

  2. Hola a todos.

    Nostalgia, que bonita pero que dura… Hace que puedas revivir momentos fantásticos de nuestra niñez, pero a su vez hace que cuando vuelvas al mundo real… veas que la p… vida te pone aventuras más importantes a las que debes enfrentarte (y no está bien visto enfrentarte a ellas con una espada y un escudo…).

    Leyendo este artículo me veía reflejado. Cuarentón (bueno, casi…, me falta un año), con unos hijos fantásticos, familia unida, trabajo que no falte, y salud. ¿Qué más se puede pedir?. Había una imagen que me pasaron por whatsapp que ponía “De niño, te sobra salud y tiempo, pero no tienes dinero. De adulto, tienes dinero (+/-), salud, pero no tienes tiempo. Y de mayor, tienes unos ahorrillos y tiempo, pero de salud….” Pues bien, creo que estamos en la etapa en la que nos falta “TIEMPO”. Tiempo es lo que no tenemos para disfrutar de esas cosas a las que volvemos de vez en cuando recurriendo a la nostalgia (ya sea de forma voluntaria o inconsciente).

    Antídoto; si no puedes con ellos, únete. Dedicar el tiempo que tenemos para dedicárselo a las cosas que ahora son importantes, pero intentando ajustarlas un poquito… Como Hansel y Gretel, voy dejando miguitas de pan para que mis hijos descubran las bondades de un buen cómic, de una buena peli de aventuras, de juegos de mesa o de videojuegos que realmente te hagan disfrutar. Y por ahora creo que funciona. Esto permite que me pueda unir a ellos para disfrutar de estos hobbies, y sin dejar de disfrutar de mi familia (y vuelvo a decir, siempre que el tiempo y las obligaciones “de un adulto” te permitan.

    Ahora bien, cuando se hagan mayores… seguramente las hormonas harán que cambien la banda sonora de Zelda por el reggetton, o la peli de Los Gonnies por alguna película de neo-adolescentes que se creen que son primeros en enfrentarse a los problemas de la vida.

    Solo confío en que los cimientos que intento dejar, a la larga les sirvan en la vida para no seguir las tendencias como una manada de ovejas, y cuando también sean cuarentones como lo somos nosotros ahora, también instalen en una Retropie “del futuro” un emulador para poder disfrutar de un buen Zelda, o simplemente para poner bombas al Bomerman con sus hijos o amigos con unas buenas pizzas.

    Salud y viva la nostalgia!!!!

    PD: no estamos solos 😉

    • Raúl Sánchez el

      En parte la cosa iba de no amargarse. Es ley de vida tener menos tiempo: es que hay muchísimo más que hacer. Aceptarlo con elegancia es complicado, pero hay que hacer por ello. ¡No queda otra!

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