En clave de western: Crítica de Intemperie (2019) de Benito Zambrano

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El cine español nos ha brindado un genial 2019. Dolor y gloria, Mientras dure la guerra, La trinchera infinita, Quien a hierro mata o Adiós son solo un ejemplo del quizás mejor año de cine español en estas dos décadas. Pues a estas (y otras que no he nombrado por supuesto) hay que añadir esta pequeña joya de Benito Zambrano que es Intemperie. Adaptación de la novela homónima de Jesús Carrasco. Protagonizada por Luis Tosar, Luis Callejo y Jaime López. El libro conoció a su vez una adaptación a otro medio, el cómic, siendo su autor Javi Rey.

Sinopsis

Un niño (Jaime López) huye de su pueblo con la intención de llegar a la ciudad, pero para ello debe atravesar una llanura que se extiende más allá de dónde alcanza la vista. Mientras, el capataz del pueblo (Luis Callejo) organiza unas partidas para encontrarle con la excusa de que éste le ha robado. El niño ve frustrada su oportunidad de marcharse en autobús cuando agazapado entre unas piedras escucha cómo le buscan los hombres del capataz, por lo que continúa vagando a pleno sol por la llanura hasta que su cuerpo no puede más. Por suerte, un pastor (Luis Tosar) lo encuentra y decide ayudarle a escapar y ocultarse de sus perseguidores.

Carrusel de géneros y emociones

Intemperie es un western con esas llanuras yermas, ese sol abrasador, esos jinetes, ese duelo final. Intemperie tiene todos los condicionantes de una road movie, dos personajes totalmente opuestos condenados a entenderse. Intemperie es un thriller en el que hay persecuciones y muertes tras la extenuante búsqueda de un niño fugado por parte del capataz del pueblo. Intemperie es emoción. La relación que se forma entre el niño y el pastor es preciosa. De la desconfianza más atroz (con el niño esgrimiendo su navaja con esvástica hacia el pastor) llegando al desmoronamiento y abrazo casi paternal entre ambos ante tanto dolor y resentimiento acumulados en una alma que debería ser inocente y libre de tanta maldad que le rodea.

Y si hablamos de emociones tenemos que hablar de la música de Mikel Salas y las canciones que impregnan la cinta. Al inicio de la misma suena Gallo rojo de Coetus y en los créditos finales se te erizan los vellos con el tema Intemperie interpretada por Silvia Pérez Cruz y compuesta por Javier Ruibal ganadora del Goya a la Mejor Canción Original.

Benito Zambrano ha vuelto

Es difícil referirse a esta película sin hablar de su director y co-guionista Benito Zambrano. Ocho años ha tardado en estrenar película desde la excelente La voz dormida. Hay directores que habría que pedirle (no tomárselo al pie de la letra) una película cada cinco años como mínimo, demasiado talento y sensibilidad hay en el director lebrijano como para tardar tanto en disfrutar de sus historias. No había mejor director para adaptar la novela de Carrasco. A toda la suciedad y tragedia de un western de posguerra española había que inocularle un halo de sensibilidad y esperanza y Zambrano es perfecto para ello. Cuando el niño encuentra al pastor pese a a todas las adversidades que ha pasado y pasará, estará protegido por ese ángel de la guarda disfrazado en forma de pastor. El dolor, la soledad, la tragedia y la superación (una constante del realizador sevillano) se encuentran impregnadas todas ellas en Intemperie en la figura del niño. El pastor es un elemento clásico del western, recuerda al Predicador de El jinete Pálido.

La historia nos deleita con otros grandes personajes y quiero hacer mención especial al tullido (Manolo Caro) y su encuentro con el niño. Ahí vemos esa España de posguerra reflejada en todo su esplendor en dicho personaje. Olvidado por todos, el tullido malvive a la espera de su final. El encuentro con el niño es de lo mejor de la película, dos parias que se encuentran y, lejos de entenderse, luchan por lo poco o nada que poseen. Maldita España que ni malvivir deja.

Respecto a las escenas de acción cabe destacar la secuencia del pozo por la tensión del degüello de los animales y el posterior clímax con la intervención del niño. Y no hay buen western que se precie sin un duelo final. Aquí podría darle un pero y es que el duelo pedía una secuencia áspera, seca, cuatro disparos rápidos y final, de manual de western y quizás no algo tan meticuloso y orquestado. Pero aun así nada que objetar.

Hay que decir respecto a las escenas de acción, que Benito Zambrano ha afirmado en alguna ocasión que se contrató a un director de acción mientras que el realizador de Solas se centraba sobre todo en el desarrollo de los personajes.

Un reparto a la altura de la historia

¿Y qué decir de los actores? Jaime López sale victorioso de tan complicado papel. El joven desprende talento y naturalidad en una actuación en la que era muy fácil despeñarse. Luis Tosar vuelve a regalarnos otro gran personaje con el pastor. Y mi preferido es Luis Callejo en otro papel complicado, en el que era muy fácil caer en el estereotipo y la sobreactuación. Ni mucho menos, Callejo compone un villano espectacular, un señorito de esa España de posguerra. Justa nominación a Goya a mejor actor secundario. Otros papeles que merecen ser nombrados son los secuaces del capataz, Vicente Romero Sánchez como El Triana y Kandido Uranga como El viejo.

Son muchas cosas las que quería decir de esta película, para mí un gran descubrimiento que podéis ver en Movistar.

Un saludo y sed felices.



el autor

Community manager, Historiador y documentalista, apasionado del cine, las series, la lectura y el fútbol... en definitiva de las cosas que nos hacen felices.

4 comentarios

  1. Buenas, ya me extrañaba que no la mencionaran aquí, de los pocos westerns que se han hecho en España, junto con blackthorn, ambos son estupendos westerns que serán disfrutados por cualquier amante del género. Aunque eso sí, la que nos ocupa tiene el plus de transcurrir íntegramente en España a diferencia de blackthorn, aún así yo recomendaría ambas, las disfrutarán.

  2. José Carlos García el

    Gran crítica para una gran película. Que además se haya rodado en Granada, mi ciudad, es algo que le confiere más encanto todavía. La escena del pozo es dura, tanto por lo que cae al interior, como por la tortura al pastor. Y más duro todavía es esa revelación sin palabras de que el capataz abusaba del niño, hace más repugnante todavía la figura de ese villano. La verdad es que no podría sacarle ningún gran defecto a la obra. La relación del pastor y el niño crece y regala lecciones morales preciosas cuando el pastor recalca que el niño no tiene culpa de la maldad de los hombres. Hasta el fundido final en negro, con la dedicatoria a los que saben perdonar, es enorme. Más westerns a la española así por favor jaja. ¡Un saludo!

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