Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Acababa de leer el cómic “Éramos el enemigo”, con guión de George Takei, Justin Eisinger y Steve Scott y dibujo de Harmony Becker publicado por Planeta en España. Apenas son 200 páginas. En este caso el cómic trata de los recuerdos del protagonista, el actor George Takei (el famoso Sulu de Star Trek), cuando de niño fue internado con su familia en campos de concentración para japoneses que organizaron los Estados Unidos al empezar la Segunda Guerra Mundial.
Los temas de Éramos el enemigo
Fragmentos de sus conferencias como activista ya de mayor, el relato de su infancia, más partes de su vida adulta…”Éramos el enemigo” sigue una estructura lineal para los recuerdos de la infancia en los campos de concentración y otra de saltos diversos por el tiempo cuando hay partes de la vida adulta. A pesar de lo que pueda parecer en un principio es muy fácil de seguir, seguramente porque el peso de la narrativa está en la infancia y el orden concreto de los hechos de la madurez dan más igual. El dibujo es sencillo, sin demasiado detalle y con un acercamiento claro al manga.

Pero, por más que formalmente no es nada del otro mundo, no es eso en lo que pensaba al acabar “Éramos el enemigo”. Es un relato con honestidad sobre cómo lo vivió, con partes de todos los viajes o estancias en campos de concentración que recuerda incluso como si fueran un juego. Lo cual es totalmente creíble y que sabe perfectamente quien haya tenido más contacto con niños: su capacidad de adaptación es altísima y siempre te sorprende.
Aunque “Éramos el enemigo” no es un relato dulce ni quita hierro a lo que es pasar por campos de concentración ni sufrir racismo institucionalizado. Es correctísimo poner, como se hace en el cómic, de antecedente de cada desgracia que pasaron las palabras e iniciativas de políticos que buscaban el voto fácil, el voto del miedo, por más que sus iniciativas contradijesen los principios teóricos del país o su bien común. La política y las declaraciones públicas mueven el mundo. Lo que se hace en política importa, no es sólo peleíta por más o menos votos. Tiene impacto decisivo en miles de vidas.

El padre de George Takei aparece retratado en “Éramos el enemigo” como otra encarnación más de algo que hemos visto no sabemos en cuantas películas, en cuantos cómics o en cuántos libros estadounidenses. Es el hombre educado, terco, optimista a prueba de bomba pero no flipado ni ignorante de las graves injusticias que está sufriendo tanto los suyos como él. Es Superman, es el Capitán América y es el capitán Jean-Luc Picard. Pero aquí debemos ser justos: en realidad era el padre muy real de George Takei. Eran muchos como él. Tantos que eran así que han dejado en innumerables obras toda esa forma de ser, de pensar y de actuar.
El heroísmo en Éramos el enemigo
“Éramos el enemigo” insiste no sólo en recordar cómo el racismo confinó a gente en campos de concentración únicamente por las pintas de asiático más allá de lo que habían hecho o no. Tampoco en poner nombres y apellidos a quienes promocionaron eso. Ni tampoco en traer de vuelta qué tipo de discursos alientan todo ese proceso de convertirte en no-persona (“no hacen nada por integrarse”). Lo normal ahí es hacer lo que hacen algunos en el cómic: renegar del país que te quita lo que tienes y te trata como ganado. Lo heróico es lo que hace el padre de George Takei.
No grita no se da golpes en el pecho ni le dice a su mujer “nena, yo acabaré con esto”. Habla con unos y con otros. Hace por organizarse y tener representación común. Empieza a reclamar cosas apoyado por un grupo organizado que plantea cosas razonables. George Takei siendo adolescente hace en “Éramos el enemigo” lo que hacemos todos, recriminar a su padre que no se enfrentara poco más o menos que a pecho descubierto a los malos y les venciera de modo épico. Él, que siendo mayor es cuando sintió el enfado por haber pasado por todo aquel horror e injusticia.

En una conversación tan breve y sencilla, el padre de George Takei le contesta con calma que la gente puede hacer grandes cosas pero también cosas terribles. Y que en democracia todo eso depende de las personas que defienden qué ideas serán las que guiarán el día a día. Y eso lo lleva a cabo asociándose, organizándose y actuando. Todo el horror, las humillaciones y la enorme herida a la comunidad de origen japonés fue reconocida oficialmente por los Estados Unidos muchas décadas después. Para algunos, como el propio padre de George Takei, muy tarde, cuando ya había muerto.
“Éramos el enemigo” es el relato de una serie de injusticias basadas en el racismo, es una reivindicación de la acción colectiva organizada para combatirlas y también un canto de amor a la esperanza y su representación política en la Tierra, los Estados Unidos. Todo esto puede parecer imposible cuando el tema que guía el cómic es que al protagonista y su familia les pasearon por campos de concentración por tener cara asiática. Sólo en Estados Unidos se reconocen esos horrores y se hace por compensarlos, se viene a decir más o menos. Aunque sea muy tarde.
Cómo decía al principio, acabando el cómic me quedé de aquella manera. No puedo simpatizar más con todo el espíritu terco y optimista, con la idea de que casi todos los problemas auténticos como pueden ser atacados mejor es actuando de manera colectiva y organizada. Pero en parte mi simpatía viene por serme algo ajeno y maravilloso, como de otro planeta, algo que como adulto tengo como los niños tienen a los reyes magos. En España es transversal la idea, casi da igual a quien vote cada uno o si ni lo hace, de que en el país nada puede cambiar, de que está tomado por los Malos (cada uno tiene su versión de quienes son) y que pretender cambiar eso es de pringados.
Conclusiones de Éramos el enemigo
Star Trek siempre fue la ciencia-ficción progresista, inclusiva y optimista que no caía en los excesos apocalípticos, anticientíficos y reaccionarios que tanto abundan en el género. El actor que hace de Sulu en la serie encarna mucho de ese espíritu que hoy parece como de otro universo, de otro mundo y de otra dimensión. “Éramos el enemigo” es una ventana a donde sale parte de ese espíritu, que no sólo es de un actor de una serie de ciencia-ficción famosa, sino de algún momento de un país. Está por discutir si es sigue siendo así hoy…y de si en España puede serlo en algún momento.
Sed felices.




Hola Raúl, perdona no he acabado de entender, el ejemplo que señalas de Sulu en Star Trek, es en negativo porque crees que se da una mala imagen de los asiáticos en esa serie, o quieres decir lo todo lo contrario?
Un saludo y sed felices!!