Jerusalén, de Alan Moore: Visitando Northampton a través del espacio-tiempo

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Para muchos, Alan Moore no necesita presentación: la mente pensante detrás de obras maestras como V de Vendetta o Watchmen destaca sin esfuerzo en el mundo del cómic anglosajón por sus profundos guiones, por el tratamiento revolucionario de los grandes personajes con los que le ha tocado trabajar y, especialmente durante los últimos años, por la excentricidad de su vida personal. Conocido hechicero del caos, nativo de la británica Northampton, este creador se ha ido alejando paulatinamente del Noveno Arte para centrarse en la performance artística y la literatura. Si nos creemos sus siempre dudosas declaraciones, ya le ha dado todo lo que le tenía que dar a la historieta, y la verdad es que le ha dado mucho: aunque ya existían obras maestras de autores como Will Eisner antes de que llegara al mercado, algunos de sus trabajos han contribuido a aportar un barniz de respetabilidad a esta disciplina artística cuyas casas editoriales, por desgracia, no trataron demasiado bien a este escritor.

En 2016 publicó Jerusalén, su gran retorno al mundo literario tras otra incursión desapercibida. Esta novela, que escribió y reescribió durante una década antes de presentarla al mundo, estuvo durante mucho tiempo rodeada de un misticismo muy propio de un aficionado al tarot como es el señor Moore. Se decía que había llegado al millón de palabras, que era el testamento creativo de este prodigioso literato, que podía llegar a ser su obra maestra, que su lectura era farragosa e incomprensible para el común de los mortales… pero, cuatro años después de su publicación, ¿tenían estas afirmaciones algo de verdad o, como siempre con el bardo de Northampton, había algo de exageración? Recemos un rosario a algún dios-reptil y adentrémonos en Jerusalén para descubrir qué esconde este glorioso experimento del británico que cambió el panorama del cómic para siempre.

¿De qué va Jerusalén?

La novela se divide en tres libros distintos que en principio estaban planteados como una trilogía. Todos ellos se sitúan dentro de un distrito obrero de Northampton en cuya historia, iremos descubriendo, han influido una serie de figuras prominentes del Reino Unido y de los territorios más cercanos. Lo más parecido a una trama central que existe en el libro tiene como protagonistas a la pintora Alma Moore… perdón, Alma Warren, y a su hermano Mick. Este último tuvo una extraña visión al atragantarse de pequeño y, tras un accidente laboral que sufre casi cincuenta años después, recuerda este viaje onírico con más viveza que nunca. Al contárselo a su hermana, ésta decide realizar una galería inspirándose en su relato, con un propósito trascendental que las páginas de este sublime tocho irán desentrañando.

Sin embargo, este remedo de sinopsis no le hace justicia al libro: Jerusalén va de muchas cosas más. ¿De qué va Jerusalén? De un fantasma que deambula por las calles de Northampton, de un antiguo esclavo que descubre la inspiración que se oculta detrás de su canción favorita, de un literato fracasado que hace años que no escribe una frase. Aunque la segunda parte de esta novela cuenta con pelos y señales el viaje astral de Mick, tanto su comienzo como su final nos relatan las vidas de los distintos habitantes de este municipio, en una serie de relatos cuyo sentido dentro de esta historia se nos escapa a veces pero que se encuentran íntimamente relacionados los unos con los otros. Y, a través de los protagonistas, esta novela coral nos habla de la evolución de la clase obrera en Inglaterra, de la gentrificación, de la violencia callejera, y hasta de Oliver Cromwell y del poeta John Clare.Pero… ¿lo hace bien?

Un puzzle fascinante

Quien tuvo, retuvo, y Alan Moore sigue reteniendo mucho. A pesar de que muchas veces nos cuestionemos la importancia de determinados individuos dentro de esta telaraña de relatos, siempre puede extraerse algo de los distintos capítulos: una reflexión provocadora, un momento entrañable, algún diálogo ingenioso y desternillante. Sin embargo, Jerusalén es un puzzle, y las diversas tramas que lo conforman van encajando poco a poco como diminutas piezas. Aunque esto exija mucha paciencia al lector, el resultado final acaba teniendo sentido: por ejemplo, hasta que no llevamos un 94% de libro (medido en distancia ebook), no sabemos cuál es el propósito de Freddy Allen, un personaje a quien conocimos en torno al 7%. Y, sin embargo, cuando se descubre, no queda sino aplaudir a Moore por lo loco que está y lo lúcido que se mantiene. En este sentido, los dos últimos capítulos se antojan brillantes por cómo contextualizan todo lo que ha sucedido antes, y suponen un bonito homenaje de este genio a su ciudad natal.

Se ha hablado mucho de la accesibilidad de este libro y de lo exigente que resulta, pero esto también es exagerado: en primer lugar, el manuscrito final es de unas 600.000 palabras, no de un millón. Además, a pesar de que muchos se temían que al británico le diera por copiar a James Joyce durante toda la novela para demostrar su maestría lingüística, a Moore no le queda nada que demostrar y, cuando imita la prosa de otros autores, tiene muy buenos motivos para hacerlo dentro de una narrativa en la que se distingue su propia voz. Quizás la barrera más importante sea cierto capítulo prácticamente ilegible que sigue las reflexiones de Lucia Joyce, narrado mediante el estilo farragoso que popularizó su padre. También es cierto que la reproducción fidedigna de las distintas variedades del inglés según la época y la clase social de los personajes confirman que no se trata de una obra fácil, pero el realismo con el que este recurso impregna los monólogos y los diálogos bien compensa tener que prestar más atención de lo normal a la lectura.

Por último, hay que destacar el extraordinario trabajo que hace Moore con sus personajes: aunque sigue principalmente los pasos de la familia Vernall, una saga de individuos con un historial preocupante de problemas mentales, se las arregla para crear a algunos de los secundarios más entrañables de toda su carrera como escritor. Hay tanta variedad que, si juntáramos a dos lectores de esta novela y les preguntáramos sobre sus personajes y pasajes favoritos, es probable que la respuesta acabara siendo muy distinta. Personalmente, siento especial debilidad por la traviesa Phyllis y por el desgarrador capítulo en que el británico imita el estilo de Samuel Beckett, pero cualquier respuesta es válida ante la calidad abrumadora de este elenco.

Conclusión

Nos dejamos muchas cosas en el tintero, como no puede ser de otro modo con una obra de esta magnitud. Si el lector quiere saber si le compensa hacerse o no con Jerusalén después de haber soportado el análisis que antecede a esta conclusión, diremos que se asemeja más a From Hell que a otras obras más comerciales de Alan Moore, aunque no llegue al extraordinario nivel de ésta. Sin embargo, es fácil seguir el rastro de los distintos trabajos del guionista en sus páginas, a través de sus reflexiones puntuales sobre la industria del cómic o de la concepción que tienen algunos de sus personajes del tiempo y el espacio, similar a la que presenta el Doctor Manhattan.

En mi opinión, a pesar de adolecer de algunos capítulos menos logrados que otros, Jerusalén recompensa la dedicación del lector con una trama inteligente y muy bien hilada, además de con una experimentación supeditada a la transmisión de ideas en lugar de a la mera demostración de músculo literario. No sabemos si Moore volverá a escribir de nuevo pero, después de esto, queda claro que todavía le queda mucho que contar.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

2 comentarios

  1. ¿Pero el libro es leíble por los seres mundanos o es imposible? Es que el From Hell nunca lo acabé de terminar, su único cómic que no pude con él.

    ¿Y la calidad de la novela?

    uf, miedo me da este libro

    • Un saludo.
      El libro es legible, más allá de un capítulo algo más complejo, pero es muy largo y requiere mucha paciencia: aunque se entienda lo que cuenta Moore, el lector puede no saber qué tiene que ver lo que le está contando con la historia principal hasta que pasan 200 o 500 páginas, y es muy fácil perder el hilo. A mí, personalmente, me ha parecido algo más complejo que From Hell.

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