IniciovideojuegosNoticias y novedades de videojuegosLo mejor de los videojuegos en 2016

Lo mejor de los videojuegos en 2016

Dispuestos a enfrentarnos a los amargados y nostálgicos del pasado que nunca existió, aquí nos presentamos con algunos de los mejores videojuegos del año.

Dishonored 2 (PC, PS4, Xbox One)

Ya hablamos en su momento en este sacrosanto sitio del primer Dishonored. El primero es, sin duda, una de las cuatro-cinco mejores cosas que salió para la anterior generación de consolas. No es un juego de andar escondido más. No es otro juego de un asesino con poderes. Dishonored llegó a lo más alto no con graficazos y pantallazos por segundo y texturas ultraHDohsínena. Lo hizo siendo honesto con quien lo jugaba. Si te daba un poder no hacía como el 99% de juegos que le ponía trabas a ese poder, o lo limitaba en el juego. Si puedes teletransportarte el juego no te limita. Es un juego que es vertical y horizontal. Es el juego que cada fase tiene mil maneras de avanzar…no tantas, pero muchísimas. Hablando con diez jugadores de Dishonored te encuentras diez maneras de pasar una fase. Y no sólo eso: el juego está pensado para que avanzar por el lado del Bien sea inmensamente más costoso que recurrir a la vil venganza. Hacer el Bien es difícil, mucho mucho más difícil. El universo de Dishonored es duro, muy duro. Las conspiraciones de gente despreciable son poderosas y funcionan muy bien. Los nobles y las clases sociales altas no pueden despreciar más al vulgo patético de las calles. El vulgo puede dar pena pero no es moralmente superior a los patéticos dirigentes que los oprimen. La suciedad, el dolor, la soledad, la corrupción de la ciudad salpica en cada rincón del juego. Es muy difícil ser recto.

¿Y el segundo? ¿pero no hablábamos del segundo? El segundo sigue siendo exactamente lo mismo. Más bonito, estéticamente más lujoso, con dos formas de jugar. Pero más y mejor de lo mismo que ya era maravilloso.

XCOM 2 (PC, PS4, Xbox One)

En este sacrosantísimo lugar somos muy de XCOM. Somos mucho de juegos por turnos, de rompernos la cabeza con la parte estratégica y rompernos después la cabeza con la parte táctica. Alienígenas, investigaciones, persecuciones de OVNIS, poderes mentales, fluor en el agua, países rindiéndose a los alienígenas: no sé qué más queréis en vuestra vida. Bueno, sí, una segunda parte.

En un alarde de originalidad, se da por supuesto que en la primera parte se perdió. Los alienígenas vencieron y se establecieron en el planeta. No arrasaron todo: se hicieron pasar por benefactores de la humanidad, en el buen samaritano que viene de las estrellas para salvarnos de nuestras simplezas genéticas en esta bola de barro llamada Tierra. Un grupo de rebeldes, al más puro estilo Amanecer Rojo, se rebela contra esta amistad alien-humanos, sospechando que hay algo terrible detrás. Reclutaremos a paletos, imbéciles y todo tipo de frikis para ir en una nave destartalada a desafiar a un imperio que tiene medio tomada la Tierra y medio convencida a la opinión pública mundial. Actos que antes serían considerados terroristas pasan a ser gloriosas incursiones en busca de propaganda, recursos u otros objetivos militares.

Olvidaros de ir con calma: todo está tomado. Casi todas las misiones tienen un ajustadísimo límite de turnos. Los alienígenas son más mortales que nunca. Empezamos aún más precariamente que antes. La carrera contra el tiempo es aún más angustiosa y la pelea final absurdamente más épica, difícil y mavarillosa. He pasado de las 100 horas este año, no sé qué queréis que os diga. Bueno, sí: COMPRAD XCOM 2.

Fire Emblem: Fates (Nintendo 3DS)

Esta vez vamos a un juego de rol táctico por turnos japonés, el mismísimo Fire Emblem. La anterior entrega, Fire Emblem Awakening, fue un éxito de ventas y crítica en Occidente, cosa que me alegró enormemente. Yo al primero que jugué fue al de Gamecube, Fire Emblem Path of Radiance, con el mítico Ike de protagonista. Desde entonces me he jugado a todo lo que nos han sacado por Europa. ¿La razón? La mezcla de estética y temas clásicamente mangas, la jugabilidad a prueba de bomba, la ajustadísima dificultad o el hecho de que cada juego es una especie de ajedrez con estadísticas de las fichas y subidas de niveles. Es rol, es táctica, es un anime, todo junto. Llevan tanto tiempo haciendo Fire Emblem que incluso hay arquetipos de los personajes que suelen salir (y es bueno que aprendas que es “un Jeigan“). El cariño que tomas a esos personajes es tal que es doloroso cuando matan a uno. Los Fire Emblem clásicos son así: te tienen horas encariñandote con los personajes, mueren en una batalla y se acabó. No hay resurrecciones. Eso hace que cada batalla sea, de verdad, un esfuerzo enorme para que nadie muera nunca. Una simple mecánica tonta (¡el que muere lo hace de verdad!) consigue que los personajes no sean iguales ni la gente juegue igual. En los Fire Emblem más recientes dan la opción de no morir, pero es trampa, amigos. Las trampas hacen llorar a Miyamoto. No lo hagáis, en serio.

Fire Emblem: Fates es el mismo molde, con tres posibles caminos a elegir. Uno es el clásico, otro más parecido a la cosa híbrida entre lo de siempre y algo más relajado como el Awakening. El otro no lo sé, no lo he jugado. Han complicado un poco más el clásico “piedra-papel-tijera” que tenían montado con las diferentes armas-magias y hecho más sencillo lo de pelear dos personajes juntos. Sigue siendo durillo, me parece. En definitiva, recomendabilísimo para los neuróticos que aman juegos típicamente japoneses.

 Tyranny (PC)

La nostalgia es mala, la nostalgia es traicionera, cual Sergio Ramos de la vida en el minuto 90 rematando contra tu portería. Uno se temía lo peor cuando varios de los creadores de los clásicos Fallout 1, Planescape Torment o Alpha Protocol decidieron hacer un sucesor espiritual del mítico juego de rol Baldur´s Gate. Salió Pillars of Eternity en 2015 y todos teníamos miedo. Pero lo hicieron. Cogieron todo el aroma de mediados-finales de los 90, tomaron lo que había resistido mejor y mejoraron mucho de lo que ya no se sostenía. Hicieron un señor videojuego, una pequeña maravilla no dirigida al gran público, pero necesaria. Lo hicieron sin guiños tramposos al pasado, mirando haciendo adelante, innovando mucho más de lo esperable. Y haciendo algo divertidísimo. Si no has jugado a Baldur´s Gate en su momento prueba Pillars of Eternity.

Pero Obsidian ha querido dar un paso más allá. Con lo aprendido en Pillars of Eternity han apostado fuerte. En el mundo de Tyranny el Mal se enfrentó al Bien, y el Mal venció. Un caudillo, Kyros, ha conquistado prácticamente todo. Sólo queda por terminar de conquistar una zona. El protagonista es un esbirro de Kyros, un cargo de la administración de Kyros para el nuevo mundo. Va a investigar porqué la conquista del último territorio se está retrasando. Tendrá que verselas con facciones del ejercito del señor supremo, con mercaderes, con bandas de mercenarios que han ayudado a Kyros: el hecho de que la guerra esté cerca del fin no ha tranquilizado los ánimos. Seremos testigos de las intrigas de unos contra otras, de los pequeños grupos de rebeldes que quedan por pacificar, de todo el entramado legal que trata de imponer el nuevo Imperio.

Es una vuelta de tuerca a todo lo que hemos visto en cualquier juego de rol: somos un cargo medio-alto de la administración imperial, y los imperios se levantan con violencia, pero también con leyes, pactos con grupos y alianzas. Aquí subiremos de nivel y tendremos más poderes y más armas y más todo, pero sobre todo tendremos ocho millones de famas distintas con todas las facciones y personajes del juego. Es posible llevarse bien con un personaje y muy mal con su facción, lo que tiene consecuencias en el juego. Todo lo que hagamos nos traerá simpatías y antipatías. Nos facilitará o nos complicará las cosas. Somos parte del Imperio malvado, pero, según lo leas, quizás tal maldad no es tanta…o decididamente sí, trabajas para gente asquerosa.

Es cierto que el juego es apasionante por el tema político, por el tema de la trama y de las posibles alianzas o enemistades que iremos ganando. Se juega bien, es divertido y fácil de seguir. El sistema de magia es estupendo, creativo y delicioso, dejándonos libertad para decidir si la bola de fuego del mago será más potente, más rápida, afectará a más gente o se mezclará con hielo. O varias de esas juntas. Es, vamos a decirlo, más bien sencillo de mitad del juego hasta el final, dejándonos un poco con ganas de más, de mucho más. Hay algo de anticlimático ahí. Es verdad que las batallas son cortas y las mazmorras no son muy largas. Se ha apostado por la rejugabilidad, ya que no es de los videojuegos de rol más largos que hemos visto. Pero todo está aprovechado, cada conversación, cada personaje tiene su sentido. Cada carácter tiene su idiosincrasia propia y su forma de hablar (y pensar) adecuada. Echadle un ojo, que no os arrepentiréis.

The Witcher 3: Blood & Wine (PC, PS4, Xbox One)

Es una expansión. No un “DLC”, no. UNA EXPANSIÓN. Podría ser un juego entero por la duración, los bichos nuevos, las busquedas nuevas y todo lo que tiene. Esto, amigos más jóvenes, es como se funcionaba en los viejos tiempos de los videojuegos, cuando las compañías no sacaban un escudito por aquí a 5 euros o un mapita nuevo a 10 euros. Sacaban casi un juego nuevo que se acoplaba al que ya tenías. Y eso es lo que han hecho los polacos de CD Projekt RED. Es por estas cosas que hay que querer a Geralt, a Polonia y a la madre que los parió a todos.

 

¿Y el juego? Pues lo dicho: más de todo, con nuevas formas de matar a los nuevos bichos, con aún más desafío para enfrentarnos a la cosa. Una historia que no es lo que parece en un principio, consiguiendo sorprendernos otra vez tras las ochocientas mil horas que hemos echado en el juego base. Es la dignísima despedida de un clásico de los videojuegos como es ya The Witcher. Los que tenemos casi cuarenta años recordamos jugar por primera vez a Resident Evil, a Half-Life, a Zelda Ocarina of Time, a Baldur´s Gate o a Civilization. Los que tengan cuarenta dentro de veinte años se acordarán siempre de Geralt de Rivia buscando a Ciri.

Darkest Dungeon (PC, PS4)

Como buenos fans de Lovecraft o Mike Mignola no podemos sino hablar de Darkest Dungeon. El clásico juego de bajar a mazmorras, matar a todos los bichos posibles y llevarnos todo el tesoro que podamos. Con una estética oscurantista y un aroma a todo lo terrible del terror cósmico, incluída la progresiva caída a la locura de nuestros personajes al irse enfrentando con los horrores que les esperan en bosques, cementerios y cuevas.

Como era de esperar, uno no tiene que encariñarse demasiado con los personajes, aquí no hay partidas guardadas que valgan y habrá que salir huyendo en la oscuridad para que a uno no le revienten a ese personaje al que hemos dopado tantísimo y tiene poco más o menos que la cabeza colgando. Personaje al que habrá que meter al convento o al prostíbulo (hay personajes para todo) para que se desestrese lo suficiente como para poder volver a enfrentarse a la locura. Y cuidado con los locos: tendremos personajes que se harán masoquistas queriendo recibir el daño ellos, otros que se convertirán en agonías de cuidado que deprimirán a todo el grupo anunciando la muerte cada dos por tres, etc. Impagables serán los comentarios del resto de compañeros más de una vez a las taraduras de sus teóricos aliados, todo ello mientras las terribles criaturas a las que se enfrentan quieren hacerles filetes.

No sé qué más deciros para que lo compréis. Quizás deberían dar un látigos con pinchos para darse en la espalda mientras juega uno, pero por lo demás todo es casi perfecto.

Orwell (PC)

Unos lo llaman el “Black Mirror” de los videojuegos. Otros, el “1984” de los videojuegos. ¿Es para tanto “Orwell”? Cualquiera puede jugar gratis a su primer episodio (tiene cinco), así que cualquiera puede probarlo. Ojo al argumento:

El Gran Hermano ha llegado – y eres tú. Investigar la vida de los ciudadanos para encontrar a los responsables de una serie de ataques terroristas. Información de internet, comunicaciones personales y archivos privados son accesibles para ti. Pero, ten cuidado, la información que tú suministras tendrá consecuencias…

Orwell es un nuevo programa de seguridad gubernamental que tiene el poder de examinar la presencia en línea de cada persona en The Nation. Puede controlar todas las comunicaciones personales y acceder a cualquier ordenador. Para preservar la privacidad de los ciudadanos, los investigadores humanos examinan los datos hallados por Orwell y deciden qué información se debe transmitir a las fuerzas de seguridad y cuáles deben ser rechazadas.

Seleccionado entre miles de candidatos, usted es el primer investigador humano de Orwell. Y cuando un ataque terrorista roca la ciudad capital de la nación de Bonton, Orwell, y tú, sois puestos inmediatamente a prueba.

Comenzando con una sola persona de interés, ayudarás a las fuerzas de seguridad a construir y perfilar una red de potenciales culpables. Pero ¿son realmente terroristas? ¿Qué dice la información que revela a Orwell sobre ellos? ¿Qué pasa si descubre cosas sobre ellos que ni siquiera sus seres queridos saben? ¿Cuál es el precio real de mantener la seguridad que la Nación está anhelando?

 

Toda forma de comunicación puede ser usada o no en función de lo que estimemos necesario. ¿Es esa información realmente importante para decidir si alguien ha estado implicado en un atentado terrorista? ¿y si saltarse esa otra cosa que parece muy tonta resulta que es trascendental para que las piezas se junten y descubramos que realmente esa inocente y pizpireta personita es realmente un terrorista? ¿y si nuestras subidas de información confidencial de esa persona la condenan y exponen públicamente sus vergüenzas siendo inocente? Todo esto lo decidiremos indagando sin limites por la información de sus comunicaciones y de su vida. Es una idea de juego muy original y magníficamente planteada para que sea tan divertida como inquietante.

Como en “Tyranny”, aquí no eres el rebelde contra el sistema opresor. Eres parte de ese sistema, y poniéndote en el lugar en el que uno nunca se pone, el del opresor, el del tirano, es como piensa en otras terribles cosas. En la terrible y fría lógica detrás del control y la dominación. Tan lógica y real que la mayor parte de las veces hacemos como que no sabemos de qué va. “Orwell” lo expone de modo descarnado. No te deja lugar donde esconderte.

Es por eso que hay que jugarlo.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

ÚLTIMOS ARTÍCULOS