Mary y la flor de la bruja. Yonebashi y el legado de Ghibli.

0

Mary Smith una pequeña niña inglesa, de ojos azules y erizado cabello pelirrojo, se ve obligada a pasar una temporada en un pequeño pueblo campestre de población envejecida. Sus padres están ocupados trabajando y a falta de un par de semanas para que empiece el colegio deberá quedarse junto a su tía abuela. Su creciente aburrimiento cesará cuando descubre a un curioso gato negro deambulando en los alrededores del bosque que hay cerca de su casa. Siguiendo a este pequeño felino descubrirá unas extrañas flores azuladas sobre las que gira toda la trama principal de la película. Si queréis saber que tienen de especial tendréis que verla, aunque os puedo adelantar que algo tiene que ver con la magia.

Pues a grandes rasgos, este sería el argumento de una película que desprende un ligero aroma a Studio Ghibli. La cinta en realidad pertenece a Studio Ponoc, que pese a no ser el gigante que todos conocemos, tiene cierta relación con él. Fue fundado por el productor Yoshiaki Nishimura quien vio la oportunidad de hacerse un hueco en la industria japonesa cuando Ghibli interrumpió su producción de largometrajes. Muchos grandes animadores se encontraban ante un futuro incierto. Uno de estos casos era el de Hiromasa Yonebashi, quien había trabajado en muchas de las grandes obras de Studio Ghibli: La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro o El castillo ambulante son solo unos pocos ejemplos.

Logo del nuevo estudio fundado por Yoshiaki Nishimura.

Nishimura lo vio claro desde el inicio, y en cuanto tuvo la oportunidad fichó a Yonebashi como principal reclamo para su nuevo estudio. El que en su día fue animador de Ghibli ya tenía algún que otro trabajo como director para la compañía de Hayao Miyazaki, en concreto tres largometrajes:

  • Cuentos de terramar (2006) -> Director de animación
  • Arriety y el mundo de los diminutos (2010) -> Director y guionista
  • El recuerdo de Marnie (2014) -> Director

Ya en Cuentos de terramar apuntaba maneras, así que la legendaria compañía decidió darle algo de cancha después del éxito de su segunda obra Arriety y el mundo de los diminutos. Sin embargo, El recuerdo de Marnie no cumplió las expectativas que se cernían sobre ella, quizás por la enorme presión que sufría Yonebashi, ya que muchos lo consideraban el heredero de Miyazaki. Desde luego el creador de Totoro no pensaba de la misma manera, ya que criticó duramente la obra de Yonebashi, alegando que se alejaba bastante de la línea de los trabajos anteriores del estudio.

Así pues, en cuanto recibió la oferta de Nishimura, no se lo pensó dos veces y se lanzó a preparar este nuevo proyecto (que llega a los cines españoles un año después ya que Mary y la flor de la bruja se estrenó en Japón en 2017…)

Los elementos fantásticos siguen estando presentes, pero de una forma completamente distinta.

Pero al lío. ¿Cómo está la película? Creo que la mejor forma de definirlo sería: No está a la altura de los títulos de Ghibli, pero porque no busca estarlo.

Esto es evidente desde un primer momento. El film sucede en Inglaterra, con lo cual toda la ambientación japonesa tradicional desaparece. El aura mística del Japón legendario, con criaturas como los Kodamas o los Susuwataris no está presente en ningún momento. Esto no es casualidad, es un mensaje alto y claro de Hiromasa Yonebashi, una declaración de intenciones: “No necesito vivir de mi pasado, soy capaz de crear algo igual de mágico sin necesidad de recurrir al universo Ghibli.” Y qué puedo decir. Desde la más absoluta subjetividad, creo que lleva razón.

Al igual que su última película, esta está basada en una novela británica. La obra en concreto se titula La pequeña escoba de palo cuya autora es Mary Stewart. Se podría decir que tiene más de Harry Potter que del Viaje de Chihiro, aunque lo más experimentados podrán ver claros guiños a los proyectos de su etapa como animador. Sus personajes no son tan frescos como nos gustaría en un principio, ya que individualmente no destacan más allá de su diseño, pues su personalidad está algo trillada. Por suerte el contexto que los enmarca si es algo más original y por ello logran generar más expectación de lo que consiguen a través de su carisma personal.

Otra diferencia reside en la clara intención de Yonebashi por conseguir una obra para todos los públicos. Hayao Miyazaki se defendía de sus comparaciones con Disney, alegando que sus películas son crudas y violentas y por ende “para adultos” (pero es que en occidente tendemos a pensar que toda animación es para críos. Ponedle Elfen Lied a vuestro primo de 6 años, veréis que divertido). El director novel sin embargo, ha demostrado un carácter más desenfadado, decantándose por la fantasía como diversión, no como abstracción ni crítica de la realidad.

Ambos gatetes, junto con el chico, Peter, tienen un papel secundario que ayuda a que la trama avance.

Entrando en el apartado más técnico. Si bien es cierto que Yonebashi bebe mucho de la compañía de Chihiro, el film tiene su identidad propia. La marca del director empieza a ser reconocible por sí misma. Su estilo de dibujo se distancia cada vez más de sus trabajos más exitosos, para centrarse en las obras en las que tuvo más peso a nivel individual. La paleta de colores recuerda mucho a su obra anterior, ya que en ambas cintas es más clara y viva respecto al resto. Desde luego los avances técnicos son evidentes. La animación es mucho más fluida y natural, lo cual no implica una pérdida de esa esencia artesanal tan característica.

La música es simple y llanamente maravillosa. Takatsugu Muramatsu consigue una BSO que funciona a la perfección. Muy correcta. Genera interés, emoción y diversión cuando se la requiere, ya que su peso no es ni excesivo ni breve.

El doblaje al castellano es… bueno… complicado como siempre. Hay más de una ocasión en la que queda demasiado forzado. Expresiones de sorpresa que se alargan demasiado, reiteraciones, repeticiones, etc, etc. Nada a lo que no estemos acostumbrados. La voz extremadamente aguda de Mary resulta chocante y molesta al principio, porque en castellano tenemos la costumbre de hablar con niveles de decibelios por debajo del ultrasonido, pero si se dobla un anime hay que hacerlo kawaii así que cero dramas.  Sí que es verdad que resulta algo raro las típicas expresiones japonesas en personajes ingleses. Situaciones como el “itadakimasu” (traducido como “qué aproveche”) a la hora de comer, o el “shitsurei shimasu” (traducido como “con permiso”) cuando se entra a una casa ajena. Pero claro, esto es algo general de todos los animes, nada que penalice esta película por encima del resto.

En definitiva. Una buena película para toda la familia. Trepidante, interesante, a lo mejor algo lenta, ideal para enseñar a los más peques a tener algo de paciencia para disfrutar del cine. La emoción no tarda en aparecer, y cuando hace gala de presencia resulta espectacular. Lejos del universo Ghibli, Yonebashi empieza a crear su propio camino con la ayuda de Nishimura y su Studio Ponoc, así que desde Las cosas que nos hacen felices, no puedo sino mandar mis mejores deseos para la nueva compañía.



el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

Deja tu comentario

Recomendado en Las Cosas felices
En apenas dos años ha logrado colocarse entre los diez primeros del mundo y poner de moda el género Battle Royales. Fortnite es el juego…