Otro prestigioso director se nos va: a los 86 años, falleció el realizador británico Hugh Hudson, quien se quedara con el Oscar por la aclamada y laureada Carros de Fuego, a la que siguieron títulos como Greystoke o Revolución.
Deben ser verdaderamente pocos los cineastas que se llevaron el Oscar a mejor película y mejor director con su primer largometraje, pero Hugh Hudson, que nos dejó este viernes, es uno de ellos. Estamos hablando, claro, de Carros de Fuego, la película de 1981 que se alzó con cuatro estatuillas al recrear el momento en que coincidieron las vidas de los atletas Eric Liddell y Harold Abrahams, los cuales, cristiano practicante uno y judío el otro, se quedaron con sendas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París de 1924 a pesar de intercambiar competencias y terminar cada uno de ellos participando de pruebas para las que no se habían preparado.

Previo a ello Hudson, nacido en Londres en 1936, había sido responsable de varios documentales e incluso fundado una compañía dedicada a ellos. También pasó por el rodaje de avisos publicitarios, actividad en la cual trabajó asociado a otro británico que lograría posiciones en Hollywood: Ridley Scott. Trabajó como ayudante de dirección para Alan Parker en El Expreso de Medianoche y ese espaldarazo le permitió dar el gran salto hacia su primer largometraje argumental.
Carros de Fuego (Chariots of Fire), conocida en algunos países latinoamericanos como Carrozas de Fuego, tomaba su título del célebre poema Jerusalem, del poeta William Blake y se convertiría en ícono entre las películas deportivas y particularmente olímpicas. Nada desdeñable el aporte de la banda sonora de Vangelis (aquí nota de un servidor sobre vida, obra y muerte del compositor griego), cuyo tema principal sonó en aquellos días por todos lados y adquirió también carácter de ícono en lo que a juegos olímpicos se refería.
Después de Carros de Fuego, su siguiente película sería, tres años después, Greystoke, La Leyenda de Tarzán el Rey de los Monos, a mi juicio la mejor adaptación que se haya hecho sobre el personaje creado por Edgar Rice Burroughs.

Con una fotografía maravillosa y logrando sacarle su mejor interpretación a un actor limitadísimo como Christopher Lambert, el filme logra recrear de manera convincente el contraste entre dos mundos incluyendo en su elenco a Andie McDowell (su debut cinematográfico), Ian Holm y Ralph Richardson, quien falleció a poco de terminada la película y ni siquiera llegó a verla estrenada, pero obtuvo de manera póstuma una nominación al Oscar como mejor actor de reparto.
Le siguió Revolución, un filme que, maltratado en exceso por la crítica, no funcionó bien en taquilla a pesar de contar con las presencias de Al Pacino, Donald Sutherland y Nastassja Kinski. Una verdadera pena, pues es una más que digna reconstrucción histórica y a mi juicio está entre las mejores películas que se hayan hecho sobre la guerra de independencia norteamericana.
A partir de allí, su carrera se volvería más intermitente, con títulos como Soñé con África, drama biográfico basado en la vida de la escritora italiana Kuki Gallmann y protagonizado por Kim Basinger.
Su última película fue Altamira, de 2016, que, rodada en Cantabria y con música de Mark Knopfler, se basa en la historia de María Sanz de Santuola, la niña de nueve años a quien se atribuyera el descubrimiento de las famosas pinturas rupestres que cambiarían la perspectiva sobre los pueblos prehistóricos.

La historia, ambientada a finales del siglo XIX, tiene como eje el enfrentamiento de la familia de la niña (interpretado su padre por Antonio Banderas) con una Iglesia Católica que se niega a dar veracidad al descubrimiento por considerarlo contrario a las Sagradas Escrituras, así como con los círculos científicos que desconfían de la validez del hallazgo.
En general, la mayoría de sus filmes tratan sobre personas de algún modo apartadas de la sociedad que, sin embargo, luchan contra los prejuicios y preconceptos hasta conseguir su cometido. El Tarzán que elige regresar al África tras conocer la civilización y renegar de ella no es tan diferente a la escritora italiana que renuncia a las comodidades y se marcha con su hijo a vivir en dicho continente. Y el hombre ninguneado por defender el hallazgo arqueológico de su hija tampoco lo es del atleta que, por ser judío, no es bien visto para representar a Inglaterra en los Juegos Olímpicos.
Este viernes y a los 86 años, en un hospital de su Londres natal, Hugh Hudson nos dejó, según el comunicado de su familia, debido a una “corta enfermedad”. Le sobreviven su esposa, su hijo y, por supuesto, su obra, con varias películas que quedarán en el recuerdo por habernos hecho felices. Algunas, de hecho merecen retro-análisis en esta web. Ya lo tendrán…

Gracias por todo, Hugh. Y hasta siempre…



