En Las cosas que nos hacen felices aprovechamos tanto el tiempo que, cuando nos dedicamos a repasar lo mejor del año, también nos acordamos de aquellas películas de las que tanto esperábamos y, al final, por una cosa u otra, no fueron para tanto. Este no es un ranking con las peores obras del año. De hecho, veréis grandes películas que no cumplieron mis expectativas. Comenzamos.
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Misión Imposible: sentencia final, de Christopher McQuarrie.
Parto de la base de que considero a Tom Cruise casi como un dios cinematográfico en vida. Y que Misión Imposible puede ser una de las mejores sagas de la historia del cine con sus continuos cambios de directores y rumbo, sobre todo en sus primeras entregas.
Teniendo en cuenta todo esto y tras su espectacular entrega previa, reconozco que Sentencia Final no llega a la calidad de películas como Protocolo fantasma, Nación secreta o Fallout.
Y creo que esto se debe a un consciente cambio en la narrativa de la película que arriesga y no gana del todo. En primer lugar, no vemos a un Tom Cruise tan entregado físicamente a la lucha como en anteriores entregas de la saga. Y, en segundo lugar, la película se lo juega todo a dos cartas: la escena submarina y la de los dos aeroplanos.
Ambas tan espectaculares que lastran un poco el resto de segmentos de la película. Es cierto que son dos secuencias absolutamente únicas en la historia del cine pero una película es mucho más que su escena más mítica.

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Frankenstein, de Guillermo del toro.
No soy muy afín al cine de Guillermo del toro. Ya me gustaría, porque me interesan todos los proyectos que intenta sacar adelante, desde la gótica La cumbre escarlata al cine negro de El callejón de las almas perdidas. El problema es que Del toro se deja llevar por la forma y siempre descuida el fondo. Salvo una excepción, la magistral El laberinto del fauno.
Quería pensar que Frankenstein era la excepción. La novela original es una mis favoritas y me atraen tanto las versiones más clásicas como la reciente de Kenneth Branagh con Robert de Niro como el monstruo. Así que la película partía con la remora de que algo distinto debía buscar Guillermo del Toro para adaptar lo más que adaptado. Y confiaba que fuera así.
Pero no, Del Toro no añade absolutamente nada (no como Robert Eggers y su Nosferatu). De hecho, lo poco que añade enlentece la película, con esa voz en off que se dedica a sobreexplicar lo que las imágenes dicen tan claramente como Mary Shelley escribió en su novela. Que el monstruo es el creador y no la criatura.
Nuestra crítica de Frankenstein

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El abismo secreto, de Scott Derrickson.
Mucho ha cambiado la industria del cine para que una película dirigida por Scott Derrickson (Sinister, Black Phone, Doctor Extraño) y protagonizada por dos estrellas en alza como Miles Teller (Whiplash, Top Gun: Maverick) y Anya Taylor Joy (Gambito de Dama, La cena, Última noche en el Soho) se estrenara directamente en Apple TV sin ruido mediático.
El abismo secreto es un lujoso producto de plataforma con una premisa bien sencilla y muchos monstruos imaginativos. Ni el carisma de sus protagonistas libran a la película del poco fondo de la propuesta y de lo previsible que es la historia. Ni me acuerdo de cómo acababa.

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Jay Kelly, de Noah Baumbach.
A esta sí le tenía ganas. El esperado regreso de George Clooney al cine más reputado tras años apartado de la actuación salvo películas muy ligeras (la fallida Wolfs con su amigo Brad Pitt). Encima, con Noah Baumbach, director de Historias de un matrimonio, en otra producción para Netflix.
Y lo que nos queda es una producción tan suave y condescendiente que ni acaricia. Jay Kelly es una película más sobre los problemas de las estrellas de cine. Ese mantra de “tengo mucho dinero pero nadie me quiere” que en Jay Kelly se repite hasta la extenuación. Al final, por mucho repartazo que tenga la película (el mejor es Adam Sandler), Jay Kelly no deja de ser una lujosa versión de telefilm de domingo por la tarde.

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Del cielo al infierno, de Spike Lee.
Todo un ídolo en la industria cinematográfica por su capacidad de no callarse nada, hay que reconocer que Spike Lee lleva casi veinte años sin rodar nada sorprendente. La última vez fue esa joya titulada Plan oculto, su anterior colaboración con Denzel Washington hasta esta Del cielo al infierno.
Remake de ese tótem de Akira Kurosawa titulada El infierno del odio, la película de Spike Lee es infumable. Aburrida, con un cambio de foco que lastra la película y con un Denzel Washington que jamás ha estado peor. De hecho, aunque sea la sexta en mi lista de decepciones, Del cielo al infierno es la peor película del año. Solo se salva su excelente música, aunque esta no acompañe a lo que va ocurriendo en la película de secuestros menos de secuestros de la historia.

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Capitán América: Brave new world, de Julius Onah.
Lo del cine de superhéroes es otra historia. Con la certeza de que Marvel había traído de nuevo a los hermanos Russo y al actor Robert Downey Jr. para corregir la deriva de las películas posteriores a Vengadores: Endgame, pensaba que iba a cuidar más sus producciones de 2025. Y si Thunderbolts ha sorprendido y Los cuatro fantásticos ni fu ni fa, Capitán América: Brave New World ha sido un fracaso, tanto de taquilla como de calidad.
Y ha sido inesperado. No solo por la elección de un mito como Harrison Ford para sustituir al fallecido William Hurt como el coronel Ross. La saga del Capitán América, enmarcada más en el cine de espionaje que en el de superhéroes, era el eje vertebrador de la calidad del Universo Cinematográfico de Marvel hasta Endgame. Y duele ver como la película da la sensación de haberse rodado con desinterés, deseando que pase el tiempo para la nueva película de Vengadores. No hay carisma ni suspense, hasta el punto de que parece más una parodia del personaje que una nueva entrega destinada a aupar al actor que tiene que interpretar al personaje bajo la sombra de Chris Evans.
Nuestra crítica de Capitán América: Brave new world.

4.La fuente de la eterna juventud, de Guy Ritchie
A Guy Ritchie no hay quien lo entienda. Compro lo de que tiene una carrera lastrada porque sus mejores películas las rodó al principio (Lock & Stock, Snatch, cerdos y diamantes). Pero es que lleva una década estrenando cada pestiño con buena pinta y mejor reparto que solo se justifica por el salario que les pagaran a los actores. Eso sí, se libra Despierta la furia, con el enorme Jason Statham.
La fuente de la eterna juventud es un Uncharted versión marca blanca. Dado que, de por sí, la película de Uncharted es la marca blanca de Indiana Jones, imaginaros la calidad de esta película que cuenta con John Krasinski, Natalie Portman, Eiza González o Domhall Gleeson. Aquí sí que me alegro de que fuera directamente para Apple.
Nuestra crítica de La fuente de la eterna juventud.

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Puñales por la espalda: de entre los muertos, de Rian Johnson.
Llegamos a la medalla de bronce. En un año en el que no sabemos que va a pasar, podíamos confiar en Rian Johnson, que no ha estrenado una película mala en toda su carrera. Y encima, una nueva entrega del whodunit Puñales por la espalda, con el que lleva enfrascado desde 2019.
Desgraciadamente, esta tercera entrega comienza a dar muestras de agotamiento. Las dos primeras películas habían subvertido la esencia de la intriga clásica con distintos trucos narrativos que en esta película no aparecen. Queda una trama con un asesinato, varios sospechosos y distintos giros, pero lejos de la brillantez de las otras Puñales por la espalda. Y encima, se va a las dos horas y medio, que cayeron unos cuantos bostezos.

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Estragos, de Gareth Evans.
Otra que dolió. Siempre hay ganas de lo nuevo de Gareth Evans desde que aplaudiera cada uno de los golpes y disparos que se dan en Redada asesina y en su secuela. Encima, tenía a Tom Hardy, que se sacó el grado experto en molar desde la Origen de Christopher Nolan.
Pues tremenda decepción. Estragos había sido retrasada varias veces por Netflix y entemos por qué. Un sinsentido narrativo que únicamente se sostiene por escenas de acción que son una sombra de las mejores obras de Gareth Evans. Otra de las películas más flojas del año.

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Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson.
Exceptuando Misión Imposible: sentencia final, Una batalla tras otras puede ser la mejor película de esta lista. Pero tengo claro que la firme candidata a los Oscar de 2026 ha sacado a la luz el grave problema con las críticas profesionales en la actualidad.
Que Paul Thomas Anderson es un director adorado por la crítica se sabe desde Boogie Nights, allá por 1997. Que había ganas de un thriller político con este director con Leonardo Di Caprio y Sean Penn, también.
Imaginaros mi expectación cuando, de 54 críticas, prácticamente todas son excepcionales. Un consenso crítico como hacía años que no recordaba (diría que La la land fue la última que alcanzó dicho estatus).
Y resulta que la película no es para tanto. En el cine, se puede entender que a unos nos gusten unas películas y a otros otras, pero me cuesta muchísimo asumir que Una batalla tras otra sea una película que haya gustado absolutamente a todo el mundo, a la altura de películas como El padrino, Sin Perdón o la mismísima Magnolia de su director.
Porque puede que Una batalla tras otra maneje ciertos aspectos con interés, como el desencanto con las ideologías a medida que avanza la vida o el extraño papel que cumplen los héroes Leonardo Di Caprio y Benicio del toro, meros espectadores del viaje del héroe que realiza el personaje de Chase Infinity, pero no es ni por asomo una película para todo el mundo, como tampoco lo es Anora, Todo a la vez en todas partes o Nomadland, otras películas de tremendo consenso crítico que no se extrapola a los espectadores que vamos al cine.
Por ello, sorprende que los que se dedican a esto de analizar películas aborden las virtudes de la película y que prácticamente a nadie le pese la larga duración, el que se disperse sin profundizar en alguna de las interesantes temáticas que aborda o lo sobreactuados que están sus actores protagonistas. En su lugar, leemos artículos prácticamente calcados que huelen mucho a promoción y con los que algunos no nos sentimos identificados.

¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



