Prison School de Akira Hiramoto: estamos condenados

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Hace tiempo que escribió Valquirieta en esta sacrosanta casa acerca de Prison School. También nuestro compañero Vlackstar, hablando bien de la serie. En España hemos podido leer hace nada el último tomo publicado por Ivrea. El manga y la serie han tenido múltiples análisis, incluyendo el de su muy sorprendente y poco convencional final. Se ha escrito sobre si el manga es una crítica a la represión sexual japonesa, sobre si incluso es una obra feminista o simplemente una excusa disparatada para que el autor dibuje muchos culos y tetas en primer plano. No ha sido un manga indiferente, vaya. De la historia inicial, ya conocida, no hay mucho que decir: un grupo de chicos entra en un instituto en el que solo hay chicas. La más que previsible actitud pervertida de los protagonistas les llevará a ser pillados mientras intentan espiar a las chicas mientras se desnudan. Aquí hay un salto lógico y en vez de ser expulsados y ya está un grupo de tres estudiantes, con la autorización del centro, les encierra en una especie de cárcel dentro del instituto y les castiga de modo sádico. Les pegan, les humillan y demás, ante la satisfacción de alguno de ellos que descubre su vena masoquista. Pero el protagonista no se conforma: está enamorado de una de las chicas del instituto y hará lo imposible para huir y poder verse con ella.

La historia empieza disparatada desde el principio, pero contrasta y mucho con otros mangas de humor o parodia en el dibujo. El autor, Akira Hiramoto, intenta casi siempre mantener las proporciones anatómicas y no deformar casi nada a los personajes, con la excepción de la rubia con gafas y tetona vicepresidenta, la dominatrix por excelencia del manga. Este contraste ayuda a aumentar lo absurdo de tantas y tantas tramas de la historia, es algo claramente buscado. Aún más cuando muchas viñetas o páginas aisladas están dibujadas para dar la impresión equivocada y sugerir cosas sexuales que prácticamente nunca se dan (ver tercera viñeta del pantallazo de justo abajo). En las tramas pasa igual: hay múltiples enredos, malos entendidos siempre en relación a cosas sexuales o derivadas (como esa obsesión por ver mear a otros que tantas veces vemos en cosas japonesas), pero en un tono ridiculamente solemne de prácticamente todos los personajes en lo que dicen, hacen y planean. El segundo contraste humorístico viene de ahí.

Hay dos mil planos de tetas, de culos, de entrepiernas de todos los ángulos posibles. Hay escenas con malentendidos, forzadas hasta el absurdo, constantemente. El problema con este tipo de historias tiene que ver con lo explosivas que son en sus inicios, cómo se convierten en un placer culpable, y cómo es complicado que mantengan el mismo nivel más allá de unos pocos tomos. Es decir, que mantener el nivel de cosas ridículamente forzadas una y otra vez puede llegar a aburrirnos: es muy fácil que la historia pierda consistencia. Es decir, que leyendo lleguemos a ese punto de “madre mía, esto ya no tiene pies ni cabeza”. Al fin y al cabo son muchos contrastes tanto en dibujo como en argumento y el autor estira a partir de ahí. ¿Sufre Prison School conforme pasa la historia? Pues sí, es el caso. Quizás antes de la mitad de la historia el pescado está un poco vendido, cada oveja empieza a tener su pareja en el horizonte y por más que haya cambios entre los que sufren castigos y los castigadores la sensación es que los increíbles inicios no van a volver. Pero bueno, es que en obras de este tipo es complicado que sea de otro modo.

El nivel de dibujo nunca decae ni hay una progresiva caída en la dejadez. Tampoco en hacer el manga más caricaturesco. Y ni mucho menos los protagonistas dejan de ser patéticos, cada uno en su estilo. No dejan de ser unos pervertidos que no saben relacionarse con mujeres (¿quién sabe siendo adolescente?) y ellas no dejan de ser o absurdamente inocentes o tienen un resentimiento infantil hacia los hombres (¿quién no cae en estas cosas siendo adolescente?). Que el manga tenga tanta aceptación occidental se debe, entre otras cosas, a que no es verdad que el tema de la incomprensión entre géneros o la represión sexual sea una cosa muy japonesa. Es posible que empiece o sea ya un asunto de la juventud occidental. Hay quien ve en la trama una proclamación feminista, por aquello de que las mujeres castigan a los hombres por su invasión de la privacidad, por ser ellas las poderosas y ellos los débiles o incluso por su final. Creo que es hilar demasiado fino y que el autor ha ido más por la comedia erótico-festiva de enredos, malos entendidos y sacar jugo erótico y humorístico de todo aquello.

El universo desquiciado, lleno de casualidades y de trampas dentro de trampas de Prison School es irregular y no igualmente brillante en todos los personajes, pero es que son demasiados. Es muy evidente que el autor disfruta con el gigantón, la vicepresidenta o el friki con gafas, y que algunos de los otros personajes los hace más con desgana, como puede verse en la parte final del manga, en la que más o menos se deshace de casi todos ellos dándoles un final más o menos previsible para centrarse en el trío amoroso principal de la historia. Y es ese último tomo, esa última parte, la que hace que valga la pena haberse leído, no nos engañemos, unos cuanto tomos que ya eran casi de relleno o más que flojos.

La portada la podéis ver abajo de este párrafo e intentaré no destripar nada a nadie. Simplemente decir que la historia de la última parte, el tomo previo e incluso la portada son un juego estupendo del autor. Te está haciendo a ti como lector lo que ha hecho con la historia o el dibujo durante absolutamente toda la serie. Ha renunciando a tener un final convencional, previsible o aburrido. Es un final tipo “puñetazo en el estómago”. Todo el tomo es una pelea entre dos formas de entender el mundo, entre dos formas de ser desde la adolescencia. Una parece la finalmente vencedora, pero en un arrebato de honestidad el autor nos recuerda de qué iba el manga en sus inicios. De provocarte sonrisas con los equívocos. Con los malos entendidos. Con la inmadurez emocional de absolutamente todos los personajes. Nadie evoluciona, al final, a mejor. Nadie. Todos estamos condenados. No hay posibilidad de redención alguna. Sólo caos, casualidades, carambolas y patetismo. Más que un manifiesto feminista yo veo un profundo ateísmo en el fondo de las páginas de tetas, de culos, de viñetas equívocas y demás.  

El manga al final es fiel a sus inicios, por más que el tono de ese mismo final sea claramente diferente a lo festivo, erótico blandito y de placer culpable al ver chicas estupendas humillando a chicos adefesio pervertidos. No es el final lo criticable sino más bien buena parte del camino para llegar hasta él, cosa que hará, me temo, que muchos no lleguen a disfrutarlo nunca.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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