Reseña de Castle Rock: Nostálgica celebración del universo de Stephen King

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Stephen King está de moda. No es una opinión, es un hecho. Si bien es cierto que el maestro del terror no se encuentra en el apogeo de su carrera literaria, su obra va mucho más allá del blanco sobre negro y en los últimos años hemos podido ver una auténtica expansión de su universo a través de los diferentes ámbitos del mundo del entretenimiento.

Últimamente sus clásicos están acaparando la pantalla grande, desde la ‘IT’ de 2017 o la futurible Cementerio de Animales hasta adaptaciones de corte más modesto en plataformas de streaming como ‘El Juego de Gerald’ o ‘1922’, pero es en el ámbito televisivo donde la influencia del ‘Rey’ ha dejado su mayor impronta, con más de una docena de proyectos en diferentes fases de desarrollo y brindándonos temporada tras temporada productos de diversa índole, algunos moderadamente acertados como ‘11.22.63’ o ‘Bajo la Cúpula’ y otros tirando más hacia el desastre absoluto como la última adaptación de su clásico ‘La Niebla’.

Pero no queda ahí la cosa, series punteras como ‘Stranger Things’ no existirían sin la influencia ochentera del señor King y viendo el éxito abrumador de este revival no es de extrañar que el bueno de J.J. Abrams, que tiene el dedo metido en todos los pasteles, decidiera probar suerte con una idea más o menos innovadora: Una serie ambientada en el universo de King, que utilizase localizaciones y personajes de su obra, pero que no adaptase ninguna historia en concreto, algo así como una celebración de la nostalgia que hiciera las delicias tanto de fans irredentos del autor como del público más mainstream. De ahí nace esta Castle Rock, serie ambientada en el pueblo más infame del universo ‘Kingniano’. La pregunta es ¿consigue lo que pretende? Bueno, en parte sí y en parte no.

Como pasa con Fargo, Castle Rock pretende abordar el formato antológico y contarnos temporada a temporada diferentes historias, unidas a las demás por el hilo conductor del universo King. Como el productor y escritor de la serie Dustin Thomason declaraba en una entrevista: “Stephen King estaba creando un universo compartido en las páginas de sus libros mucho antes que Marvel y DC”, una afirmación cuestionable si tenemos en cuenta los comics, pero acertada en el sentido de que es precisamente esa interconexión la baza que han jugado los creativos de la serie para darle ese ‘algo especial’ a este producto televisivo.

Castle Rock rebosa de guiños y huevos de pascua. Desde la propia ciudad, población donde se desarrollaban historias míticas como ‘Cuenta Conmigo’ o ‘Cujo’ hasta la infame prisión de Shawnshank que os sonará por ‘Cadena Perpetua’ así como referencias al Resplandor, ‘Carrie’, ‘La Zona Muerta’ y otra docena de obras que no cito porque no acabaríamos nunca. Se trata de una celebración absoluta del universo clásico (o mainstream) de King, no de ese multiverso cósmico de la ‘Torre Oscura’ sino del oscuro mundillo de Maine donde pequeñas comunidades como Salem’s Lot, rodeadas por esos profundos e inquietantes bosques, se empapan de un realismo mágico y donde lo sobrenatural acecha siempre al otro lado de la esquina.

La serie se centra en la historia de Henry Matthew Deaver (André Holland), un abogado del corredor de la muerte que se ve arrastrado hasta su pueblo natal cuando un misterioso joven (Bill Skarsgard) es descubierto encerrado en una jaula dentro de los niveles inferiores de la prisión de Shawnshank. Sería bastante injusto afirmar que Deaver es el protagonista absoluto de la serie ya que, si bien es cierto que su relación con este misterioso joven (cuya naturaleza como presencia maligna resulta ambigua) es el elemento que vertebra la trama principal, nos encontramos sin lugar a duda ante una serie coral, un estudio de personajes que hace de la caracterización y evolución de estos su piedra angular. Y es que como en toda buena historia del escritor el peligro no viene siempre de afuera, sino que son las propias sombras de los protagonistas, sus miedos, debilidades, envidias y prejuicios los que conspiran contra ellos.

Por suerte Castle Rock cuenta con un elenco de actores que hace justicia a sus personajes. André Holland viene de Moonlight con el motor en marcha, pero es solo una pieza más del puzle. Sissy Spacek, la mítica protagonista de la inolvidable ‘Carrie’ del 76, interpreta a Ruth, la madre de Henry que sufre de demencia senil, mientras que Scott Glenn que hace muy poco se marcaba un papelón de cuidado en otra serie de Abrams, The Leftovers’, da vida a un envejecido sheriff Alan Pangborn, personaje recurrente de King que podíamos ver en historias como ‘La Tienda’ o ‘La Mitad Oscura’. Melanie Lynskey por su parte, que a muchos sonará tristemente por su papel como Rose en la malograda ‘Dos Hombres y Medio’, despliega aquí toda su potencia actoral en el rol de Molly Strand, conocida de infancia de Henry que vive atormentada por un ‘don’ de empatía sobrenatural. Y para cerrar el circulo tenemos al joven sin nombre al que da vida un Bill Skarsgard que viene directo de IT para retomar el papel de un ser con tintes sobrenaturales que trae de cabeza a una pequeña comunidad. Puede que su papel no conlleve grandes diálogos, pero su aspecto y actuación corporal resultan encomiables (el actor tuvo que perder más de 12 kilos para el papel).

Tenemos por lo tanto un reparto de gran talento actoral y química envidiable que sabe dar vida a unos personajes muy, muy grises con claroscuros sumamente marcados, y hay que decir que es gracias a ellos que Castle Rock consigue salir al paso de esta primera temporada con la cabeza bien alta porque no, no es ni mucho menos una serie perfecta.

Si bien la serie es sobresaliente en su caracterización, es en la forma de donde cojea. Alguno encontrará irónico mi próximo argumento, ya que King es uno de los adalides de este tópico, pero volvemos a tener en nuestro haber la premisa del ‘forastero en su propio pueblo’, ese pueblerino tornado urbanita con un pasado oscuro que tiene que volver a su lugar natal y afrontar los demonios de su infancia. Un elemento narrativo siempre efectivo, pero algo manido a estas alturas. Hay que admitir, sin embargo, que los guionistas son conscientes de ello y saben sacarle provecho gracias a uno de los temas más candentes en el panorama sociopolítico actual: el racismo. Henry Deaver es un personaje afroamericano en uno de los estados más blancos de Norteamérica, y el realismo de su situación social resulta descorazonador. El color de piel es algo que no solo afectará al personaje de forma anecdótica, sino que se conviertirá en uno de los elementos integrales de la trama dentro de esa dualidad simbólica del bien contra el mal presente en las historias del rey del terror.

A parte de eso Castle Rock es, lamentablemente, una serie tremendamente irregular. Si bien un servidor no comparte la opinión de algunos otros que la tachan como falta de dirección, ya que la trama principal y los arcos de los personajes se encuentran perfectamente bien definidos, si que es un producto que quiere abarcar demasiado y acaba diluido, dando la impresión de que había que cumplir con esa cuota de los diez episodios reglamentarios. Tenemos una serie que dependiendo del episodio puede llevar un ritmo glacial, dedicar otro capítulo al thriller de acción o perderse metafórica y literalmente en los bosques, destinando una de sus horas a una subtrama completamente derivativa que si bien sirve para darle algo de colorido al pueblo, acaba siendo redundante, especialmente si tenemos en cuenta que el final de temporada si bien efectivo, da la impresión de ser algo apresurado.

Un reflejo perfecto de esta irregular dirección son los capítulos séptimo y octavo, ‘La Reina’ y ‘Pasado Perfecto’ respectivamente. Mientras que el primero es, y digo esto sin caer en la hipérbole, uno de los mejores capítulos de una serie de TV que he visto en mi vida, una dolorosa historia en la que el personaje de Sissy Spacek ha de luchar contra su propia condición, desembocando en un desenlace tan tierno como desgarrador, el capítulo siguiente es una nota disonante que no aporta nada nuevo a la trama y que choca en ritmo y forma con el resto de episodios de la temporada, una rara avis que no es que moleste demasiado, pero cuya ausencia quizá hubiese ayudado a la serie a conseguir un mejor pulso narrativo.

En conclusión, estamos ante un producto de muy buena factura. Un estudio de personajes bastante notable que lamentable no llega a dar el Do de pecho debido a un ritmo irregular. Hay hambre y ambición en Castle Rock, un impulso creativo que no ha llegado a la altura de sus actores durante el transcurso de esta primera temporada, pero que cuenta con una promesa implícita de mejorar en el futuro. Estamos, por lo tanto, ante una serie de obligado visionado para los fans de Stephen King a los que en aras de la verdad no tiene porque gustarles, pero que se deben a si mismos darle una oportunidad aunque sea para disfrutar de los mil guiños y huevos de pascua entretejidos en su trama. Para el público más ‘mainstream’, estamos ante otra de esas series que exploran el fascinante mundo de la Norteamérica profunda, con ecos a productos como True Detective o la más reciente Heridas Abiertas que hará las delicias de aquellos embelesados con esas pequeñas comunidades situadas en paisajes rurales, dominados por la vegetación y el decaimiento urbano donde lo sobrenatural acecha en cada rincón y esquina y donde los personajes, en la más pura tradición del maestro King, tienen que luchar constantemente contra el enemigo más duro, su propia sombra.



el autor

Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

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