¿Se acerca el fin de Harry Potter?

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Bienvenidos a este nuevo post queridos lectores, en el que aprovechando el reciente estreno de Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald, cuya reseña se hizo ya en el post y podéis encontrar aquí, he decidido dar rienda suelta a nuestra imaginación para ver a qué parajes se dirige el lore del mago más famoso de todos los tiempos.

Debo agradecer la idea de este artículo a dos colectivos míticos que normalmente se aúnan en uno sólo para llevar a cabo su inquebrantable objetivo de hundir a un producto y no dejar la fiesta en paz: los haters y los más fervientes fanboys, que aunque se nieguen a aceptarlo son lo que Voldemort a Harry Potter, seres de naturaleza innegablemente parecida y que de hecho son inseparables, sin que uno pueda vivir sin el otro. Y aunque no nos guste ni a ti ni a mí, querido lector, no somos una excepción y te lo aclaro aquí. Pero dejando aparte mi patológica tendencia a dejarme en mal lugar llevándome al resto de la humanidad conmigo, si así se nos puede llamar, prosigamos con el artículo.

Encontrábame en una agradable conversación con un grupo de colegas en el momento en el que ya la conversación comenzó a virar a rumbos tormentosos y poco -con razón- explorados, aunque no por ello menos divertidos: comparando sagas de fantasía que habían supuesto un antes y un después en el mundo, en concreto Harry Potter y LOTR. Aquí es cuando uno de los implicados decidió poner las cartas sobre la mesa diciéndome (válgamente Dios) que la segunda podía defecar sobre el figurado (espero) pecho de la primera. Y sí, lectores, sí; el mundo ardió y no voy a decir que no participase. A esto que le pregunté al susodicho que porqué afirmaba de manera tan tajante esto y la respuesta no me sorprendió: que JK Rowling había desvirtuado tanto su propia obra con sus numerosas y poco agraciadas intervenciones, entre ellas las 5 películas de Animales Fantásticos, el octavo libro, aclaraciones sobre sus obras o historietas en Pottermore que la saga se iba a hundir irremediablemente en el mar de manera patética, encima. Y de esto es de lo que vamos a hablar.

En primer lugar, y algo que ya le contesté al valiente canalla es que una gran parte de lo que decía, una muy importante y por la que me parecía una irresponsabilidad moral su intervención era que tenía razón. Pero vayamos por partes. Que el innombrable octavo libro es como una patada en el hígado, ni siquiera atestada por JK enteramente, sino con dos acompañantes de desconocida identidad, que las películas de Animales Fantásticos son para sacar los cuartos y que es bastante vergonzoso que un librito que te explica qué son las ovejitas y vaquitas mágicas haya dado pie a 5 películas o que la autora de una de las mejores sagas de todos los tiempos sea una siesa pesadísima que no deja de poner puntos sobre íes inexistentes pero por las que siente responsabilidad es innegable. Pero quien haya dicho todo eso no entiende nada de la metafísica del universo que lo mueve todo, nada. Es uno de los grandes placeres de todo verdadero fan de HP (o de cualquier cosa) y por el que duerme a gusto, es la comida basura de los fans, el pienso que los mantiene felices. SABEMOS que es una mierda, que es un reclamo en el que se ha puesto una falta de esfuerzo registrable en la historia, que quien hace las películas sigue sin entender cómo es posible que lo que está haciendo funcione, LO SABEMOS. Pero no estamos viendo una grandísima obra de arte en la que busquemos el sentido de la vida, estamos buscando miguitas de lo que en su día nos lo hizo pasarnos como enanos, nos hizo pedir por reyes un palo y corretear enfurecidos por el colegio, o qué diablos, la oficina. Nos gusta gastarnos 8 euros en una entrada que en realidad es equivalente a que digan el nombre de alguien que conocemos, y luego poder salir diciendo que es una mierda mientras planeamos ir el año que viene a la siguiente entrega a escuchar probablemente el mismo nombre. Y eso es lo importante, leñe.

Y bueno, ahora viene la razón más racional pero no más sincera que la anterior; y es que yo sigo sin comprender, aunque sinceramente no creo que la hayan hecho tanto, lo que importa que la pifien una y otra vez con el lore de lo que sea. Que comprendo que dentro de una misma historia si la fastidian los puristas pongan el grito en el cielo, de hecho mirad, hasta lo apoyo. Que arda el mundo. Pero cuando una historia se ha cerrado con éxito, siendo una maravilla que ha conmovido a millones de personas en el mundo y que ha creado algo que jamás se había hecho y que ni se sabía que se podía hacer pues es que es tan sencillo como que es inamovible. Harry Potter es Harry Potter, no Animales Fantásticos, ni el libro que vino años después y que ni cuenta esa historia ni está escrito por la misma persona. Está libre de pecado, de manchas, es inalterable y permanecerá así para siempre, no tiene fin porque no puede tenerlo, sin importar lo que digan los pesados de los fanboys  y de los haters. Las miguitas que buscamos con ansia son secundarias, y tan sólo una especie de transbordador a esa historia que nos hizo crecer y creer. Y por eso mismo es por lo que le partí la cara al canalla ese, coño.

Era broma.

Sed felices.

 

 

¿O no lo era?



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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