Territorial es la nueva serie de Netflix que dicen se parece a Yellowstone. Y algo de eso hay. Resulta obvio que tienen bastantes puntos en común pero Territorial tiene la suficiente entidad propia como para desbancarse de la serie de Taylor Sheridan y Kevin Costner y resultar interesante por sí sola. Vamos al lío y ojo que hay spoilers.
Erase una vez en Australia
Territorial nos lleva al rancho Marianne, el más grande no sólo de Australia sino del mundo entero (o eso dicen). La acción se inicia con la muerte de Daniel Lawson, el hijo predilecto de Colin Lawson (Robert Taylor), patriarca del clan y un auténtico hijo de puta que hace que Kevin Costner parezca un angelito en Yellowstone.
Descubrimos pronto que el rancho Marianne está agobiado por las deudas y Colin no tiene un sucesor claro, alguien a quien poner al mando tras la muerte de Daniel. Su primogénito, Graham Lawson (Michael Dorman), es un alcohólico que no sirve para nada (ríete tú de Jamie Dutton) y Marshall (Sam Corlett), el primogénito de Graham, hace tiempo que abandonó el nido familiar, harto de ver cómo su abuelo le daba unas palizas de muerte a su padre.

Tan solo dos figuras parecen resistir entre tanto alcohol y testosterona. Por un lado, la mujer de Graham y madrastra de Marshall, Emily Lawson, interpretada por la gran Anna Torv; por el otro la hija de Graham y Emily, Susie Lawson (Philippa Northeast), quien tras la muerte de su tío abandona sus estudios y regresa al rancho dispuesta a hacerse con el control.
Aparte de sus problemas internos, los Lawson tienen que lidiar con toda una jauría de buitres que quieren robarles su rancho, entre los que destaca Sandra Kirby (Sara Wiseman), la multimillonaria dueña de una mina que quiere hacerse con el control del Marianne ayudada por el presidente de la asociación de ganaderos Campbell Miller (Jay Ryan), quien a su vez anda liado con Emily.

Por allí andan también Nolan Brannock (Clarence Ryan), un aspirante a ganadero de ascendencia aborigen que es el mejor amigo de Graham; Hank Hodge (Dan Willye) el hermano de Emily, quien ha hecho fortuna robando ganado; más Rick Petrakis (Sam Delich) y Sharnie Kennedy (Kylah Day), una pareja de delincuentes que intentan aprovecharse de Marshall en cuanto se enteran de su apellido.
Como en Yellowstone y Dallas pero más brutos
Mencionamos continuamente la serie de Kevin Costner pero es que la comparación es inevitable. Las dos están ambientadas en un rancho y en las dos hay una familia donde la palabra disfuncional es quedarse corto, pero en Territorial parecen haberlo llevado más lejos. Menos sexo y más muertes parece ser la consigna que han seguido en la serie australiana, con un par de giros de guion impactantes que implican a las dos protagonistas principales.
Y es que Territorial apuesta fuerte tanto por el protagonismo de Anna Torv como por el de Philippa Northeast, siendo Emily y Susie quienes hacen avanzar la trama arrinconando a la parte masculina de la familia Lawson.

Otro aspecto a tener en cuenta es que Territorial cuenta tan solo con seis episodios (sin segunda temporada confirmada por el momento) y eso hace que la historia avance a toda velocidad, sin tiempo para el aburrimiento ni espacios muertos. Que la serie engancha es un hecho pero también lo es que, en algunas ocasiones, parece precipitarse en el desenlace de los acontecimientos sin pensar demasiado en lo que vendrá después (y es que a ver cómo se las apañan para continuar tras la muerte de una de las protagonistas).
Pero como no solo de Yellostone vive la serie, hay que mencionar otro culebrón del que Territorial se apropia sin disimulo como es la legendaria serie Dallas, donde también teníamos un rancho de ganado y una familia que estaba más p’allá que p’acá.
Así, la relación de los Hodge con los Lawson parece la de los Barnes con los Ewing e incluso Daniel Lawson se revela en un flashback como un auténtico sucesor de J.R. Ewing. Incluso Susie parece recordar a Lucy Ewing en más de una ocasión.
En resumen, que Territorial toma elementos de aquí y de allá, los agita un poco y pone a Anna Torv al frente pero, pese a todo, el resultado funciona. A su favor juega su ambientación en Australia y su rodaje casi siempre en exteriores, aprovechando muy bien el paisaje y la fotografía, así como un ritmo vertiginoso, con escenas muy bien rodadas (en especial las que implican algún rodeo) y la asunción de que es un culebrón sin disimulo y sin complejos.
Si la hay, que esperemos que sí, nos leemos en la siguiente temporada. Un saludo, sed felices.



