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Tigre blanco (2021): las dos castas de la India

Las películas de Netflix nos suelen dar una de cal y otra de arena… y, a veces, mucha cal. Sin embargo, es cierto que permite experimentos interesantes como Tigre blanco, filme basado en la novela homónima de Aravind Adiga y dirigida por Ramin Bahrani, al que conocemos principalmente por otra adaptación literaria: el infausto remake de Fahrenheit 451. En esta ocasión, aunque no podemos evaluar la fidelidad al material original, sí nos congratulamos de confirmar que esta es una cinta mucho más lograda y que consigue introducir de manera amena un tema tan ignoto para nosotros como las diferencias sociales en la India.

Un tigre blanco por cada generación

El protagonista nos habla desde una posición de éxito, narrando en una voz en off una carta que le envía al primer ministro de China (de visita en el país vecino), en la que le explica al político cómo ha llegado a su situación actual. Balram, en sus comienzos, era un joven sencillo pero despierto de una humilde aldea de la India que siempre había soñado con una vida mejor. Sus mayores, en ocasiones, le llegan a comparar con un tigre blanco: un animal que, según cuentan, solo surge una vez por generación. Sin embargo, su brillantez le sirve de poco en el empobrecido entorno donde se encuentra, y la prematura muerte de su padre le enseñará lo que les sucede a los que se quedan en el pueblo.

Tigre Blanco

Un día, por suerte o por desgracia, se encontrará con la ocasión perfecta para salir de la pobreza: el hijo del cacique local ha vuelto al país después de una larga estancia en Estados Unidos, por lo que Balram decide convertirse en su chófer tras haber dado unas pocas clases de conducción. Será aceptado en la casa como sirviente, y tendrá que llevar a cabo distintas estratagemas para ganarse la confianza de sus amos. Pero pronto se encontrará con una tragedia inesperada que le hará conocer el verdadero rostro de sus señores.

La mentira de la meritocracia

La premisa inicial de Tigre Blanco y algunos elementos de su desarrollo nos recuerdan a la oscarizada Parásitos: se trata de una sátira contra las desigualdades sociales en el país donde se sitúa la trama, con una primera mitad más ligera y una segunda parte mucho más oscura. En este sentido, esta estructura es muy útil para seguir la evolución de su protagonista, que comienza su andadura como un joven con buenas intenciones y que realmente aprecia a sus amos. Así, el hijo menor del cacique y la mujer de este, muy influidos por la cultura occidental, le ayudarán a adaptarse a su nuevo trabajo y le pedirán que olvide el estricto protocolo que caracteriza a la servidumbre en la India. El primer acto es relativamente ligero y esperanzador, y el largometraje nos hace creer por momentos que este joven emprendedor podrá prosperar en este entorno.

Sin embargo, en cuanto llegamos al punto de inflexión de esta película, se nos deja claro que este hijo tan moderno y su mujer son tan despreciables o más que el duro patriarca, y comprobamos que el barniz de amabilidad y protocolo escondía una despreocupación completa hacia el sirviente, que será abandonado a su suerte cuando más ayuda necesita. Estas diferencias tan radicales entre una clase social y otra se endurecen precisamente en la India de las viejas castas, cuyo injusto sistema tradicional parece haberse adaptado brillantemente a la era del libre comercio. Démosle la palabra a Balram, mucho más elocuente que nosotros, que sostiene que en la India actual hay únicamente dos castas: la de aquellos con vientres grandes y aquellos con vientres pequeños.

Tigre Blanco

Estas reflexiones, presentes a través de rápidas reflexiones en off, no deben hacernos pensar que nos encontramos ante un soporífero drama social. Por el contrario, independientemente de la realidad que esta cinta de Netflix refleja, cuenta con los recursos humorísticos que hicieron grande a nuestra literatura picaresca y que consiguen que nos olvidemos por momentos de la triste situación en la que se encuentra el personaje principal, sacándonos una risa de la miseria. Esto, naturalmente, hace que los momentos dramáticos golpeen con más fuerza en las escenas cruciales, aunque hay que destacar que Tigre blanco no se regodea excesivamente en sus giros lacrimógenos.

Conclusión

Esta película ha supuesto una sorpresa más que grata, y demuestra que las plataformas de vídeo bajo demanda ofrecen posibilidades muy interesantes fuera de los manidos Estados Unidos. Ha cosechado críticas bastante positivas y resulta muy recomendable no solo para los que gusten de una buena sátira social, sino también para quienes quieran pasar un buen rato. Tigre blanco nos cuenta una historia local que, en consecuencia, no podría ser más universal.

Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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