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Análisis de El Eternauta, Temporada 1: Netflix y una lograda adaptación acorde a los tiempos

Finalmente y tras larga espera, Netflix ha estrenado este pasado miércoles la primera temporada de El Eternauta que, creada y dirigida por Bruno Stagnaro, cumple la difícil tarea de llevar a la pantalla el legendario cómic creado por H.G. Oesterheld y F. Solano López. Vistos los seis episodios que la componen, te damos nuestra opinión…

Cuando hace algo más de cinco años publiqué por primera vez en esta web, mi artículo debut fue justamente uno que anunciaba que Netflix realizaría la serie basada en El Eternauta, emblemático cómic argentino de ciencia ficción publicado en los años cincuenta con guion de H.G. Oesterheld y dibujo de F. Solano López. Mucho ha pasado en el medio, pero hemos estado siempre al pie del cañón ante cada nueva noticia sobre una realización que se fue atrasando por diversas razones, pandemia entre ellas.

Y el día, finalmente, ha llegado. La serie El Eternauta acaba de ser estrenada y aquí estamos para analizarla. Mucho me había preguntado si para estas horas estaría llorando mi decepción por ver destruida mi adolescencia o aullando de felicidad por tener a la vista una adaptación a la altura que tamaña historia merece. No sé si ha sido para tanto como eso último pero, vistos los seis episodios de esta primera temporada, las sensaciones se acercan más a lo segundo que a lo primero, siendo el balance altamente positivo e incluso sorprendente en varios aspectos.

El Eternauta está dirigida por Bruno Stagnaro, prestigioso realizador argentino responsable del premiado filme Pizza, Birra, Faso (1998) y de la aclamada miniserie Okupas (2000). El papel principal corre a cargo de Ricardo Darín (El Hijo de la Novia, El Secreto de sus Ojos, Argentina 1985), lo cual, a pesar de haber sido cuestionado por algunos fans debido a la edad del personaje, es una gran jugada de Netflix para dar al producto proyección internacional, pues ninguna duda cabe de que Darín es, hoy por hoy, el actor argentino más conocido en el mundo.

La Nevada

La historia, tal como es presentada en la serie (ya hablaremos puntualmente de las diferencias con el cómic) comienza con tres muchachas adolescentes que, en una escapada clandestina de cigarros y alcohol, navegan en la noche a bordo de un velero por el Río de la Plata cuando ven de pronto encenderse en el cielo nocturno una especie de aurora boreal y apagarse las luces de la ciudad a lo lejos, en la costa. El oleaje comienza a sacudir violentamente la embarcación y una de las jóvenes, que queda encerrada en la cabina, ve con espanto cómo sus amigas caen sin vida sobre la cubierta…

De allí nos vamos a las cercanías de la ciudad de Buenos Aires (Vicente López, unos pocos kilómetros al norte), donde vecinos golpean cacerolas en protesta por la falta de energía eléctrica, trampa argumental para hacernos creer que se trata del mismo apagón que las chicas vieron desde el río, pero ya sabremos que el mismo no se ha producido aún…

Esquivando con sus amigos los cortes de tránsito, Juan Salvo (Ricardo Darín) llega al apartamento de Alfredo “tano” Favalli (César Troncoso), donde ambos se trenzan en una partida de truco junto a Lucas Herbert (Marcelo Subiotto) y el “rusoPolski (Claudio Martínez Bel) mientras Omar (Ariel Staltari) se mantiene al margen. Súbitamente se corta la luz y no pueden evitar relacionarlo con las protestas en las cercanías, pero la cosa se pone extraña cuando (inusual en la zona y más en pleno verano) comienza a nevar…

Pronto descubren que hay algo raro en la nevada, pues todo lo que la misma toca, humano o animal, cae muerto allá afuera, como lo testimonia la cadena de choques que se producen al morir los conductores de los autos que están en ese momento en circulación.

Es obvio que no se puede salir afuera, así que, junto a Ana (Andrea Pietra), esposa de Favalli, quedan aislados e incomunicados, entrando Juan en desesperación por no saber nada de su hija Clara (Mora Fisz), de la cual caemos en la cuenta que es la muchacha del velero y que él supone en casa de su ex esposa Elena (Carla Peterson), pero no tiene forma de confirmarlo a menos que vaya.

A Favalli le gusta coleccionar cosas antiguas (dice que son las que funcionan) y entre ellas tiene una máscara antigas traída de Europa que, acompañada por un traje aislante improvisado, sirven a Juan para salir al exterior y evitar el contacto de su piel con la nevada mortal que, según puede con espanto comprobar, ha causado estragos y dejado un desolador panorama por todas partes.

Después de un altercado con los vecinos del edificio en que vive Elena y tras enterarse que Clara no está allí por haberse ido con una compañera de colegio, la situación se vuelve harto angustiante para ambos padres, que salen desesperadamente a buscarla.

A la par de ello y sin ánimo de contar mucho más, vamos viendo cómo, poco a poco y a pesar de las presunciones pseudo-científicas de Favalli (magnetismo, caída de los polos), se va revelando que detrás de la nevada hay algo más y tiene que ver con una invasión alienígena, sin perjuicio de tensos encuentros con otros sobrevivientes que se traducen en individualismo feroz y falta de solidaridad.  Pero también hay quienes buscan aunar voluntades para resistir y enfrentar lo que sea que se haya cernido sobre la Tierra…

El Héroe Colectivo

Tuve sensaciones encontradas mientras veía los tres primeros episodios y hasta diría un deje de decepción. No solo por los cambios con respecto al material de origen (en definitiva esperables), sino porque la serie exhibe hasta allí cierta lentitud en la trama y una fotografía demasiado oscura (especialmente en interiores), además de dar excesivo lugar al drama familiar por encima del problema principal (la nevada y las progresivas revelaciones en torno a la misma).

Desde el cuarto episodio es todo diferente: la historia se acerca mucho más al cómic (con el combate de la General Paz como momento de quiebre) y los giros, aun cuando conocidos para los lectores, van acercando la serie a lo que El Eternauta verdaderamente es: una historia de ciencia ficción sobre una invasión alienígena que apunta a la unidad y el esfuerzo colectivo como medios de superación ante cualquier crisis, incluso la peor.

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No hay que olvidar que el material de origen está escrito en los cincuenta y llevarlo a la pantalla implicaba sus riesgos, pues había quien, por desconocimiento, pudiera tomar al producto como mero remedo de la serie Falling Skies o la franquicia Metro que, por el contrario, habrán probablemente abrevado en El Eternauta (en el caso de Falling Skies, las similitudes son descaradas).

O que se pareciera a una serie postapocalíptica en el estilo The Walking Dead, The 100, Snowpiercer, The Last of Us, Hacia el Lago o tantas otras del género y de las que pueden leer nuestros análisis pinchando en los correspondientes links. Y en los primeros episodios, justamente, la impresión es que se hubiera buscado deliberadamente acercar el producto a tales propuestas, adosándole además una historia de padre que  busca a su hija en medio del apocalipsis y que podría remitir peligrosamente a San Andrés (2015), solo por nombrar un caso.

Vista la temporada al completo, sin embargo, nos damos cuenta que la serie ha buscado deliberadamente engañarnos en su primera mitad. No solo por las pistas falsas del magnetismo y demás, sino también por el protagonismo dado a los propios conflictos entre sobrevivientes que derivan en un sálvese quien pueda salvaje, caníbal y ajeno a toda solidaridad.

Esos conflictos no serán luego la trama principal de la serie sino su punto de despegue para mostrarnos cómo la unidad ante un enemigo en común que hasta allí no vemos (y que terminada la temporada seguimos sin ver) es lo que, en definitiva, lleva a superar cualquier lucha entre individuos o facciones. El peligro, claro, es que el espectador pudiera bajarse de la propuesta antes de llegar a eso: ojalá que no…

No hay que olvidar que El Eternauta fue originalmente escrito en un contexto político especial tras el golpe de estado que despojara del poder al presidente Juan Domingo Perón y en coincidencia con la efervescencia de movimientos rebeldes que, a cargo de sindicalistas o militares leales al mandatario depuesto, intentaron sin éxito desbancar al gobierno de facto que le había sucedido.

No es cierto, como se lee hoy en algún sitio español, que El Eternauta haya estado prohibido en Argentina: jamás fue así. Su tono de historia de ciencia ficción lo hizo suficientemente impermeable a los censores, habitualmente poco duchos para leer entre líneas. En cambio, y ya en los setenta, su autor H.G. Oesterheld fue perseguido, detenido y desaparecido por la última dictadura debido a su militancia política, para ese entonces más acentuada y corrida a la izquierda.

A lo que voy con todo esto es a que es un gran desafío rescatar ese sentido original, pero a la vez adecuarlo a una nueva realidad en la cual, por ejemplo, Argentina lleva más de cuatro décadas en democracia como la mayoría de las naciones latinoamericanas. La historia no se ubica en este caso en los cincuenta (de haberlo hecho, estaríamos ante una ucronía o universo alternativo) sino que ha sido llevada a la actualidad y ello torna imprescindible darle otro contexto sin perder la idea guía: que nadie sobrevive solo y que el único héroe verdadero es el héroe colectivo.

No es que no haya referencias a la dictadura: las hay pero bastante indirectas. Uno de los giros más interesantes al respecto es que Juan Salvo ha sido en el pasado combatiente en la guerra de Malvinas de 1982, teniendo que ver ello con los traumas que arrastra en relación con las armas o la nieve y justificando la tan cuestionada edad del personaje (en el cómic, obviamente y por ser muy anterior, no había referencia a tal conflicto).

Un Sólido Elenco

Ricardo Darín hace un gran trabajo como nos tiene acostumbrados, siendo por cierto la primera vez que le vemos en un papel de este tipo y en contexto de ciencia ficción, género en el cual, por cuestiones presupuestarias, rara vez recalan las ficciones nacionales o latinoamericanas. Su expresividad compensa con creces lo que pintaba como gran problema al llevar el cómic a la pantalla y es que, en el mismo, Juan Salvo expresa mucho en nubes o globos de pensamiento. Darín se las arregla, precisamente, para traducir esos pensamientos a gestos y que no hagan falta palabras.

El resto del elenco cumple y secunda con corrección, tanto Marcelo Subiotto como Andrea Pietra, Carla Peterson o César Troncoso, más allá de que este último, a mi gusto, se repita demasiado en un permanente gesto de susto y ojos desorbitados.

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También Orianna Cárdenas en el papel de Inga, inmigrante venezolana y muchacha repartidora de delivery que no está en el cómic y que termina impensadamente sumándose a la resistencia. O Mora Fisz, a quien viéramos en Tierra Incógnita (aquí los análisis de quien suscribe) y que compone de manera creíble a una adolescente conflictuada en medio del apocalipsis .

Una Producción Acorde

Los efectos son de primer nivel y, desde luego, inusuales en producciones latinoamericanas, por lo que se nota que Netflix le puso realmente ganas (y billetes).  Toman especial relevancia a partir del cuarto episodio, que es cuando conocemos a los primeros alienígenas, en el cómic llamados “cascarudos”. Hasta la fotografía pareciera mejorar ostensiblemente en la segunda mitad de temporada.

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Y si digo que los cascarudos son “los primeros” alienígenas en aparecer es porque no son los únicos ni los definitivos y el propio Favalli acierta en su intuición al decir que no los imagina manejando naves espaciales. Hay algo detrás y la escena final de la temporada dice bastante al respecto, pero no quiero espoilear por si no han leído el cómic. Solo decir que quizás tampoco esté allí la respuesta final a la pregunta sobre quién controla todo…

La referencia a los “ellos”, por cierto, no ha aparecido todavía, como tampoco la justificación del título de “eternauta” que se ganará Juan Salvo, de momento solo débilmente esbozado en las visiones que tiene y de las que nada dice.

Quienes estén familiarizados con los lugares reconocerán muchas localizaciones a las que impacta ver cubiertas por la nevada mortal, lo mismo que nos ocurriera años atrás a muchos al leer el cómic por primera vez. Hay, de hecho, algo fuertemente local y muy argentino en la serie, siendo digno de mención que no se haya buscado despojar al producto de ello para hacerlo más global y fácilmente consumible. Juro que en un momento volví atrás para poner el audio en inglés y oír cómo se las apañaban para decir “el burro no la pone por hermoso, sino por cargoso”…

El truco, en tanto y como juego de naipes, no solo está presente (como en el cómic) por su fuerte arraigo en el medio local, sino que además representa a la perfección la idea de jugar en equipo y, de hecho, hay en la serie una segunda partida (no en el cómic) en la cual se aprecia cómo Lucas, ya controlado por los alienígenas, pasa a comportarse de manera puramente individual durante el juego en perfecta analogía con lo que está ocurriendo en su interior.

Llama la atención, eso sí, la particular convivencia de elementos actuales con otros más retro. No lo digo solo por Favalli, que tiene discos de vinilo, un equipo de radioaficionado y una Estanciera (probablemente uno de los vehículos más argentinos que hayan existido), sino por todo en general. Algunos autos de última gama conviven con otros de los setenta u ochenta que hasta tienen reproductores a cassette.  Y los locales comerciales parecieran lucir carteles de estilo setentero, al igual que los escaparates en su interior.

La banda sonora se presta al toque retro y no hablo de la música compuesta por Federico Jusid que, sin ningún leitmotiv épico o memorable (tampoco creo que lo busque), sabe adaptarse a las distintas situaciones y volverse, por ejemplo, experimental, disonante y con violines chirriantes durante los combates con los cascarudos.

Hablo más bien del cancionero, que transita clásicos del rock argentino de los sesenta, setenta y ochenta como El Reloj (madre mía, qué banda), Soda Stereo, Billy Bond o Manal, y me atrevo a aventurar que se volverá icónica la escena en que Juan Salvo y su grupo se dan ánimos entonando (bueno, más o menos) la canción Jugo de Tomate mientras van en un tren a toda velocidad directo a la muralla de chatarra que cerca la ciudad.

Hay también piezas clásicas del folklore argentino en la voz de Mercedes Sosa o del tango en la de Carlos Gardel, único de los artistas musicales incluidos que es anterior a la publicación del cómic original. De hecho, y a excepción del primero (Noche de Truco), todos los capítulos llevan por título el de alguna canción argentina y hasta italiana, como Paisaje (Paesaggio), popularizada por Franco Simone.

Y no faltan sutiles homenajes al cómic casi exclusivos para fans, como la presentación de Ruperto Mosca (Leandro Sansonato) como periodista que se ha unido a la resistencia, el antebrazo repleto de dedos del “mano” (especie que seguramente tendrá alto protagonismo en la segunda temporada) o los nidos de hornero que se ven en algún momento coronar los postes de luz y que no encajan con lo urbanizado de las zonas en que la serie transcurre (el hornero construye su nido con barro y mal puede allí encontrarlo), pero que son claro homenaje a la segunda parte de El Eternauta publicada en los setenta.

Diferencias entre el Cómic y la Serie

. En el cómic, la partida de truco tiene lugar en casa de Juan Salvo y Favalli es uno de los invitados. En la serie, ocurre en el apartamento de este último.

. En el cómic, Salvo no está separado y la suya es casi una familia pin-up modelo cincuenta sin conflictos internos.

. En el cómic, la hija de Salvo no es adolescente, sino niña y se llama Martita en lugar de Clara (Marta era el segundo nombre de Beatriz Oesterheld, hija del autor que tenía apenas un año de edad al publicarse El Eternauta y que, al igual que su padre, sería en los setenta secuestrada y desaparecida por la dictadura). Es cierto que el nombre Marta ha caído bastante en desuso y no cuadraría en una adolescente argentina de hoy en día, pero no hubiera venido mal llamarla quizás Martina.

. En el cómic, la hija de Salvo estaba en la casa al comenzar la nevada, lo mismo que su madre. En la serie, los tres están en lugares separados.

. En el cómic, la máscara con que Salvo sale hacia la nevada es hecha a partir de una escafandra que, al igual que el resto del equipo, tiene en su casa por ser aficionado al buceo. En la serie, es una antigua máscara antigas traída por Favalli de Europa.

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. En el cómic no hay tantas referencias a los conflictos entre sobrevivientes ni tampoco tanto protagonismo femenino. En la serie, las esposas e hijas de los protagonistas tienen un rol mucho más marcado y hasta se introduce algún personaje nuevo, como Inga.

. En el cómic, la base de la resistencia está en el estadio de Ríver Plate y la de los alienígenas en Plaza Congreso mientras que en la serie (al menos por lo que hasta aquí pareciera), son los alienígenas quienes la tienen en dicho estadio y la resistencia en Campo de Mayo. Habrá que ver si en algún momento aparece de todas formas Plaza Congreso, pero me da la impresión de que el cambio puede tener relación con lo imposible de cerrar y filmar allí considerando lo transitado del lugar.

 

Balance de Temporada

En definitiva y después de tanta espera, El Eternauta ha dejado buen sabor de boca más allá del ritmo algo lento de los tres primeros capítulos. La producción marca un antes y un después en la parte visual para las realizaciones locales y las actuaciones, especialmente la de Ricardo Darín, ayudan a hacer creíble una historia en la cual se cuida que los personajes tengan el suficiente desarrollo para verse bien humanos y como “héroes comunes”, tal como sucede en el cómic original.

El único problema es que la temporada concluye sin responder ninguna de las grandes preguntas que ha planteado, como el origen y sentido de la invasión, el porqué de la nevada o la relación entre los responsables de la invasión y las demás especies. Quienes hemos leído el cómic podemos saber algunas respuestas de antemano, pero no todas y permanece aún en la nebulosa, por ejemplo, el camino seguido por Clara después del velero.

Los episodios duran cuarenta y cinco minutos promedio cada uno y el último algo más de una hora, siendo la historia particularmente atrapante a partir del cuarto en la medida en que la trama va presentando giros que no sorprenden a quien ha leído el material original, pero sí a quien no lo ha hecho.

¿Habrá segunda temporada? La buena noticia es que sí. El aviso aparece apenas concluido el último capítulo y no deja de sorprender que Netflix (que habitualmente se toma su tiempo para las renovaciones), haya dado luz verde tan pronto y casi sin estrenarse todavía la serie. Sospecho que ya tendrían halagüeñas proyecciones que, según parece, quedan confirmadas por las buenas cifras de audiencia que la serie estaría teniendo para estas horas.

Ojalá que no sea una espera demasiado larga y ni falta hace decir que nos encontraremos aquí cuando llegue. Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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11 COMENTARIOS

  1. Muy bueno como siempre el análisis Rodolfo. También estoy gratamente conforme con esta primera temporada de la serie, la cual va claramente de menos a más. El primer capítulo me había dejado con mucha incertidumbre con los varios cambios y que terminara siendo una serie genérica más, pero conforme va avanzando la serie, las similitudes con el cómic, si bien tiene las diferencias que marcaste, van apareciendo en su mayoría.

    La conversión de Juan en El Eternauta, además de las visiones que va teniendo, se ve un poco sobre el final de la temporada, cuando se da cuenta de donde conocía al maquinista, que creo que es Franco, y que le dice que él ya había estado ahí. Ni hablar de la emoción que me dio cuando aparece entre la glorieta el «mano».

    El saldo de esta primera temporada me parece bastante favorable y también espero que no falte tanto para la segunda temporada, de la cual creo haber visto en algún lado que no faltaba mucho para que se comience a grabar. Saludos, Rodolfo, te sigo leyendo en tus análisis de series o películas.

  2. Hola Diego: gracias por comentar y por la amabilidad de siempre. Me alegra que te haya gustado y coincido en que la serie va de menos a más. El momento final con el «mano» es muy fuerte. No quise decir demasiado para no espoilear al público que no leyó el cómic, pero quienes sí lo hemos hecho sabemos que cuando Salvo dice que ahí está el «verdadero enemigo», no es así, sino que los «manos» son un engranaje más. Y espero (por favor) que no omitan la icónica frase «ellos son el odio cósmico». ¡Hasta Grant Morrison la homenajeó! ¿Cómo dejarla afuera?… Y desde luego, no puede faltar el combate de Ríver, aun cuando (por lo que pinta) va a ser redefinido de alguna forma.
    Ojalá llegue pronto la segunda temporada. Tengo mucha ansiedad por verla y, además, esta dejó prácticamente todas las preguntas sin resolver, lo que hace que el público no lector del cómic esté necesitado urgentemente de respuestas.
    Gracias una vez más, Diego, por leer, por tus palabras y por tu aporte. Un saludo!

  3. Excelente artículo. Para quienes no la leímos (aunque conozcamos la historia) la serie está muy bien. Ahora toca leer. Gracias.

    • Hola Emma: gracias por comentar y siempre es bueno tener la perspectiva de quien no ha leído para terminar de tener una opinión sobre la serie, ya que el haber leído puede a veces nublar un poco la percepción, como a mí me ocurre. Un saludo y que estés bien!

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  5. Excelente tu comentario Rodolfo!! No leí el cómics, conozco la historia y la serie me gustó mucho. Especialmente me enganchó a partir del cuarto capítulo. Darin la rompe como siempre y están muy bien los efectos y los paisajes. Abrazo grande!!

    • Hola Javier: muchas gracias por comentar y por el concepto! Y coincidimos en que es a partir del cuarto capítulo cuando la cosa se pone diferente. Un abrazo!

  6. Buenas y santas (vamos reivindicando frases viejas, jejeje)
    No soy conocedor del comic, mas allá de las referencias que hay en internet o alguna nota.
    La serie me gusta bastante, hay que sacarse el chip de la parafernalia yankee en este tipo de producciones nada mas. Podría decirse que pasaría mas como una producción europea (si sacamos los argentinismo), incluso mas cercana a Dark (sin tanto criptomensaje) que a Fallin Skies (de la que se presume un casi plagio, según dicen por ahi).
    Lo que le da mas atractivo es justamente ese argentinismo en varias escenas, que le dan un carácter mas especial y no algo tan lavado si la hubieran despojado de todo eso para hacerla mas internacional. De hecho las series de este tipo suelen tener una impronta pro-EEUU (si son de allí) así que no estamos exentos de los nacionalismos habituales pero de otras latitudes.
    La producción esta muy cuidada, lo de la pared de autos es impresionante y la escena del tren también.
    Algunas actuaciones no se si me convencen mucho (perdón pero no veo en Carla Peterson lo que me quieren vender), pero tampoco es grave.
    Esperemos a la segunda temporada entonces a ver como sigue.

  7. Hola Diego: gracias por comentar. En efecto, tiene sus diferencias con las producciones habituales norteamericanas, sobre todo en el ritmo que, quizás y como dices, es más europeo. No sé si tanto como Dark, que es mucho más existencialista, enrevesada y contemplativa, pero puede haber algún punto de contacto y por algo la serie está primera en Alemania, lo cual fue para mí una sorpresa. En cuanto a Falling Skies, sí, es casi un abierto plagio de El Eternauta (creo que fue eso lo que quisiste decir, ¿verdad?; leí la frase varias veces porque se puede entender como que sería al revés).
    Con respecto a las actuaciones, yo creo que sacando la de Darín, que claramente sobresale, las del resto son correctas. Hay mucha gente a la que no le gusta Carla Peterson; no eres el único. A mí me parece simplemente correcta, pero hay quienes la acusan de sobreactuar, misma acusación que, por ejemplo, yo le hago siempre a Rodrigo de la Serna, a quien sin embargo muchos tienen como gran actor. Aquí, el que me pareció algo sobreactuado aquí fue Cesar Troncoso, más allá de que su personaje pueda resultar carismático y hasta querible.
    Gracias por el aporte y estaremos a la espera de la segunda temporada. Ojalá no nos hagan esperar dos años. Un saludo!

  8. Hola Rodolfo, hace años que sigo a LCQNAF, hacía tiempo que no comentaba nada, y he de decir que sin haber leído el cómic, pero sabiendo que tenía mucho prestigio, la serie me ha encantado.

    Un saludo a todos y disfrutemos de las cosas que nos hacen felices!!

  9. Hola Jordi: gracias por comentar y… es verdad! Se te extrañaba, jaja… Gracias por dejarnos tu impresión sobre la serie y me alegro que te haya gustado. Un saludo!!

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