Con su tercera temporada, ha concluido El Internado: Las Cumbres, serie de Prime Video que creada por Laura Belloso y Asier Andueza, nació como spin-off de El Internado: Laguna Negra pero que, desde un inicio, se ha distanciado claramente de ella. Analizamos lo ocurrido en esta temporada final y buscamos establecer qué tan satisfechos nos ha dejado el cierre…
Hemos llegado al final de El Internado: Las Cumbres, serie de Prime Video que, a lo largo de sus tres temporadas, hemos analizado al completo en esta web. A diferencia de las anteriores, que constaban de ocho episodios, esta ha tenido dos menos y es una lástima, ya que el desenlace se nota apresurado y muy especialmente el último capítulo, donde parecieran haber querido meter a presión lo que estaba pensado para tres.
Otra gran diferencia y una pena es que Asia Ortega, quien da vida a Amaia, aparezca tan poco en pantalla cuando en temporadas anteriores era el alma de la serie: ha pasado de primera protagonista a “con la participación especial de…” . Pero bueno, parece que la joven actriz viene en ascenso y con agenda cargada, lo que lamentablemente ha redundado en que no pudiera estar a tiempo completo para esta temporada final: algunos minutos en el primer episodio, última escena en el quinto y un poco más en el sexto; no saqué la cuenta, pero no sé si sumarán cuarenta minutos.
También es cierto que, con veintisiete años, el uniforme colegial ya no le sienta tanto. Bueno, a varios en realidad: problema clásico de las series juveniles al ir pasando las temporadas…
Y si Amaia aparece poco, algunos personajes importantes de temporadas anteriores ni siquiera lo hacen y el guion hasta muestra pereza en explicar su ausencia. Es el caso de Darío (Ramiro Blas), que venía siendo el villano principal, o los estudiantes Eric, Julio y, muy especialmente Eva (Clara Galle), cuyo fichaje había sido de lo mejor en la temporada anterior. Inversamente, hay personajes nuevos y si bien ello nunca es aconsejable en una temporada final, hay que reconocer que su aporte es interesante.
Pasemos ya mismo a ver qué nos ha dejado esta tercera y última temporada de El Internado: Las Cumbres, advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recomendándoles nuestros análisis anteriores:
Análisis de El Internado: Las Cumbres. Temporada 1
Análisis de El Internado: Las Cumbres. Temporada 2
Cambio de Ropa
Han pasado tres meses de de los terribles sucesos que llevaran a la muerte de Paz. Cuesta creer que tras semejante jaleo, el internado continúe funcionando como si nada, la directora siga en el cargo y los padres no hayan retirado a sus hijos, pero es así…
Hay alumna nueva y su nombre es Zoe (Lydia Pavón): su legajo dice que ha nacido en un prostíbulo y pasado por un instituto de acogida, así como que sufre trastorno de personalidad límite y tiene tendencia a fantasear. Castigada a poco de llegar por fumar marihuana (a decir verdad, no muy escondida), la envían a las neveras y después a barrer el patio, donde se cruza por primera vez con Amaia.
Esta sigue convencida de que tras los horrendos crímenes del internado hay más de lo que la policía encontró en su momento y no todo se agota en Pelayo. Sigue, por lo tanto, abocada a investigar, pero ahora en soledad y sin decir palabra a Paul (Albert Salazar) ni a Manu (Carlos Alcaide). Espera obtener respuestas en el monasterio, pero no puede llegar al mismo pues la tienen vigilada y no es para menos…
Por tal razón, pide a Zoe cambiar ropas para hacerse pasar por personal de limpieza y quedan así con el uniforme invertido: prácticamente un anuncio de lo que se viene, pues el atuendo colegial de Amaia convierte a Zoe en virtual reemplazo durante la mayor parte de la temporada.

Apenas instantes después, y en claro homenaje al filme Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock, Zoe ve con estupor caer a Amaia desde lo alto y corre en su auxilio. Sobre las losas del patio y posiblemente fracturada, Amaia le ruega desesperadamente que no la deje sola porque vendrán por ella. Zoe parte igualmente en busca de ayuda y cuando vuelve, ya no hay nadie en el piso…
Dios y el Diablo
La desaparición de Amaia se convierte prácticamente en el eje de la temporada y suscita tensión entre Manu y Paul, antigua y actual pareja de ella: el primero recrimina al segundo no haberla cuidado lo suficiente.
Zoe les acompaña en la pesquisa y aunque en un principio parece una incorporación forzada para conformar un nuevo trío, su personaje se vuelve interesante en la medida en que su tendencia a fantasear hace que sus compinches nunca sepan hasta qué punto creerle; ni siquiera cuando dice la verdad, como le pasaba a aquel pastorcito del cuento. A la vez, esa característica suya les ayuda cada vez que son sorprendidos donde no deben y ella inventa la excusa justa para sacarlos del apuro.
Una Biblia en el lecho de Amaia e identificada con las iniciales de Fray Jeremías les da la pauta de que seguramente buscaba encontrarse con él al momento de su desaparición. “ A veces Dios se vale del diablo para castigar a los que desobedecen”, reza una cita especialmente destacada que adquirirá sentido con la trama.
Van a buscar a Jeremías y tras un primer momento de tensión en el que pone un cuchillo al cuello de Zoe, se compromete a ayudarles en la búsqueda de Amaia cuando den las diez campanadas. No llega a hacerlo; le encuentran cabeza abajo y ahogado en un barril: otra referencia fílmica (y en este caso también literaria), pues un monje muere de idéntica forma en El Nombre de la Rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986).
No será el último fraile en morir. Una lista con letra suya en el casillero de Amaia da el nombre del fallecido seguido de otros tres que irán siendo asesinados uno tras otro. Los métodos, que van desde el desangrado hasta el empalamiento, recuerdan a los de la Santa Inquisición, que siglos atrás operara en el monasterio bajo auspicio de su fundador Malaquías.
Olvidar o morir
Inés (Claudia Riera), que desde que recuperó los recuerdos sabe que su verdadero nombre es Alicia Bernal, ha revivido una vez más a León (Joel Bosqued) por conocer la fuente a la cual recurrían las mujeres de la Logia del Nido del Cuervo. Pero aquella vez él había retenido sus recuerdos gracias al conocimiento ancestral del Códice, al que ahora es imposible echar mano por hallarse perdido el tercer tomo del Draco Musca.

No tiene más remedio entonces que recurrir a los experimentos del proyecto Q-27, con los cuales Darío ha tenido buenos resultados haciendo recuperar la memoria, pero los sujetos morían invarablemente a los diez días. En otras palabras, recordar les condena…
Si bien en un principio Alicia manifiesta que prefiere vivir diez días de amor en plena conciencia de ello antes que una eternidad de olvido, el recordar la termina haciendo añorar su pasado con León y ahora se niega a verlo morir: necesita, por ende, el tercer tomo…
Mientras tanto, no hay noticias de Darío, de quien se dice que se halla en Argentina. Quien llega para tomar su lugar al frente del internado es Marcel Uribe, el inescrupuloso tío de Adéle y Paul que, como socio mayoritario de los laboratorios Corax, anda tras la fórmula de la juventud eterna. Apenas llegado, presiona a Elvira (Mina El Hammani) para someter a Alicia a tratamiento especial y hacerla recuperar los recuerdos que, claro, ignora que ya ha recuperado.
Alicia, desde luego, se niega a colaborar, por lo que Uribe hace secuestrar a León para extorsionarla y así le termina dando la ubicación de la fuente en que las integrantes de la Logia obtenían la juventud eterna sin perder recuerdos. En Corax empiezan a celebrar, pero la información que les ha dado Alicia es incompleta al no mencionar el Draco Musca…
Uribe encarga a Elvira que pruebe en algún estudiante el compuesto obtenido. Está a punto de hacerlo en Martina pero la culpa la detiene y acaba probándolo ella misma. Será lo último que haga….
Topo en el Internado
Además de Zoe, la otra muchacha llegada al internado es Martina (Mia Lardner), nuevo interés amoroso de Adéle (Daniela Rubio): al principio no parece interesada, pero su frustración sexual y represión familiar irán saliendo a la luz y terminarán juntas; o bien habrá que concluir que Adéle tiene el poder de volver gay a quien se le acerque. A propósito de ella, roba pastillas que vende entre los estudiantes y ha logrado rescatar su móvil, que le permite estar comunicada con su madre Patricia.

Esta, desde prisión, contacta a la policía para ponerles al tanto de que Corax usa el internado como reserva de carne joven para sus macabros experimentos. El inspector con el que habla nada puede hacer sin pruebas concretas, por lo que recurre a un contacto dentro de la institución que, para nuestra sorpresa, es Mario, el profesor de educación física que, jugando a dos puntas para salvarse, niega cualquier participación suya en los hechos que se investigan. Me había propuesto no hablar más de él por lo mal actuado que está, pero le han dado (lamentablemente) tanto papel en esta temporada final que se hace imposible…
Es él quien, tras quitarle a Adéle su móvil por sorprenderla tomándose selfies con Martina, descubre allí datos para mandar a Uribe a prisión de por vida…
Luna de Sangre
Zoe parece experimentar visiones o tal vez recuerdos. El prior Arturo (Kandido Uranga) la ha puesto al tanto de que su madre ha estado en el internado e incluso ella misma de pequeña, aunque no lo recuerde. En todo caso, lo que allí le haya ocurrido parece haberla traumado.
Buscando a Amaia, Paul encuentra hojas de libro arrancadas que podrían corresponderse con el tercer tomo que Alicia tanto busca y, en efecto, ella y León logran confirmarlo. Sabiendo entonces que el libro se halla en el monasterio, Alicia sugiere buscar en la parte más antigua, lo cual lleva a la biblioteca del priorato. No hay allí rastro del prior (ya sabremos por qué), pero sí del tan buscado libro que hay que ver con qué facilidad encuentran…
Adéle, mientras tanto, viene desarrollando amistad con Ismael, el mudo hermano de la gobernanta, pero, para su horror, descubre que es quien viene matando a los sacerdotes, siendo tanto él como su hermana únicos sobrevivientes de una matanza de niños llevada a cabo años atrás por frailes fundamentalistas.
Vamos así entendiendo que hay más de un bando en el internado: la Logia del Nido del Cuervo consiguió en su momento el secreto de la juventud eterna, pero una cofradía de frailes se formó para salir a cazarles por burlar los designios de Dios. Entre sus acciones intimidatorias, mataron a niños inocentes, con lo que los asesinatos de frailes no terminan siendo obra de la Logia (ya extinta) sino de dos víctimas que, ya crecidas, buscan venganza. La pérdida de habla en Samuel es, de hecho, producto de una herida recibida aquella noche…
Paul, por fin, da con Amaia, a quien tienen encerrada en una oxidada jaula bajo el monasterio. Está viva, pero van a sacrificarla esa noche al producirse la “luna de sangre”, ritual con el que alguien ha logrado sobrevivir por siglos para seguir persiguiendo a los miembros de la Logia o a quienes pretendan reflotar su legado.
Paul no consigue abrir el candado y va en busca de ayuda mientras Amaia, por segunda vez, pide no ser abandonada. Cuando él llega con Manu y Zoe… déjà vu: ella no está. Paul no tiene consuelo porque sabe que la han llevado a sacrificio y no hay forma de saber adónde. Pero los recuerdos acuden de pronto a la memoria de Zoe: su madre fue sacrificada en el monasterio y a ella le tocó de pequeña presenciarlo, lo cual le dejó un trauma de por vida. Lo importante es que recuerda dónde ocurrió eso…
Santo y Demonio
La policía irrumpe en el lugar por las pruebas que el inspector ha recibido de su informante. No logran dar con la directora Mara (Natalia Dicenta) que, en aparente connivencia con Mario, ha escapado con el dinero. Todo es una trampa, pues en el lugar de encuentro este la entrega para salvarse y otra vez hay homenaje a Hitchcock: toda la secuencia del dinero y la huida en auto con movimiento de limpiaparabrisas incluido, remite claramente a Psicosis (1960).
Paul, Manu y Zoe pretenden ir por Amaia, pero la policía exige que dejen el asunto en sus manos. Haciendo caso omiso y consiguiendo armas en un depósito, los jóvenes parten hacia las catacumbas y, guiados por Zoe, logran llegar al lugar del sacrificio para encontrarse con que quien, puñal en mano, tiene a Amaia desfalleciente y atada contra una cruz no es otro que el prior Arturo…

Zoe le reconoce como el asesino de su madre, pero en una distracción él le pone el cuchillo al cuello (segunda vez, niña) y, con ella como rehén, intenta escapar, pero es sosprendido y capturado por León y Alicia quien, tras liberar a Zoe, lo identifica como Malaquías…
Es decir, el fundador del monasterio se valió de los métodos de las mujeres de la Logia para combatir su legado durante siglos, así como de los sacrificios de “luna de sangre” para mantener sus recuerdos en un presunto pacto con fuerzas oscuras que no queda del todo claro, pero que da sentido a aquella frase sobre Dios y el diablo. Alicia y León acaban encerrándolo en las catacumbas donde, no habiendo podido llevar a cabo el sacrificio, perderá sus recuerdos para siempre e irá muriendo en vida.
La policía ha tomado control del lugar (deberían haberlo hecho tres meses antes) y allí está Patricia, ya liberada (vaya que fue rápido el proceso judicial para retirarle los cargos). El inspector informa a Adéle que deberán retener su móvil por contener las pruebas contra el internado (como si no alcanzara con las muertes y un intento de sacrificio). Amaia es llevada a la ambulancia y se abraza con Paul, lo mismo que Manu con Zoe.
Un cuervo llega con una nota de Alicia para Amaia: por su lectura en off nos enteramos que, finalmente, ella y León han decidido devolver el Draco Musca adonde pertenece, que es la naturaleza y, como tal, lo han arrojado al río. En otras palabras, han decidido renunciar a la vida eterna y les vemos marchar tomados de la mano hacia un acantilado para que, instantes después, dos cuervos en vuelo crucen el cielo hacia el amanecer. Corren los créditos finales mientras Paula del Río, es decir Paz, interpreta la canción “What You expected”…
Balance Final
Aun con sus incongruencias y detalles poco creíbles como que usen antorchas en estos tiempos o que un trío de niños pueda escapar de la policía armados con escopetas, El Internado: Las Cumbres ha sido una serie entretenida y por ser más corta y oscura, me terminó gustando más que su serie madre El Internado: Laguna Negra, con la cual los nexos fueron muy mínimos.
Lo paradójico es que así como la brevedad la beneficia al comparar series, no ocurre lo mismo con las temporadas y, como hemos dicho, la reducción de episodios le ha ido en desmedro a esta última. La sensación es que ya la tenían pensada para ocho cuando recibieron la noticia de que serían seis y se advierte en el último un intento por comprimir que roza el desorden.
Paradójicamente, hay situaciones estiradas de suspenso inconducente:
. Una cinta con un mensaje de Amaia se engancha en el cabezal antes de que el trío pueda terminar de escucharla, pero logran repararla y ya…
. Un tubo se rompe y el gas casi les asfixia, pero logran escapar rompiendo el mismo ventanuco que instantes antes no habían podido…
. Dos odiosos estudiantes dejan a Adéle sin móvil por no entregarles las drogas que le habían pedido, pero su hermano Paul logra recuperarlo…
. Alicia y Paul exploran el laberinto gracias a un «hilo de Ariadna» que se corta, pero terminan encontrando la otra parte…
Todas situaciones que no van a ningún lado y, de haberse evitado, habrían quizás dejado más tiempo para el desarrollo final…
Lo mejor han sido las actuaciones, sobre todo femeninas, como los casos de Natalia Dicenta en el rol de Mara (aunque su personaje fue mejor explotado en la segunda temporada), Daniela Rubio en el de Adéle, Clara Galle en el de Eva (lamentable baja para la temporada final), Lydia Pavón en el de Zoe y, por supuesto, Asia Ortega en el de Amaia, aun cuando la última temporada la haya tenido poco en pantalla.
Decía sobre el principio que hay pereza del guion en explicar ausencias y, por cierto, no sé qué sentido tiene que Darío se haya refugiado en Argentina para que al final y sin haberlo visto un solo minuto, nos enteremos que se suicidó. Si iba a terminar así, ¿por qué no lo “suicidaron” al cierre de la temporada anterior o al inicio de esta?
Otro tanto ocurre con las ausencias adolescentes: se nos dice que tanto Eva, como Julio o Eric, han sido derivados a otros institutos porque sabían demasiado. ¿Más que Amaia, Paul o Manu, que siguieron en el internado? No tiene sentido…
Las relaciones entre magia y ciencia han transitado un terreno bastante impreciso, al punto de costarnos determinar dónde acababa una y empezaba la otra. Y al cabo había más de un método para vivir eternamente o retener recuerdos.
Gran acierto la ambigüedad de Arturo/Malaquías, capaz de apelar a artes del propio diablo para preservar lo que es derecho exclusivo de Dios y hasta invoca a Jesucristo mientras prepara el sacrificio de Amaia entre símbolos que aluden tanto al satanismo como a la liturgia cristiana.
Quizás en el balance final haya que tomar El Internado: Las Cumbres como lo que es: una serie de misterio juvenil con buen suspenso e intriga, a la que incluso en esta temporada final se hace difícil soltar después del cuarto episodio. Solo nos deja la sensación de que, si se hubiera mantenido el esquema de ocho entregas, podría haber tenido un mejor final o, al menos, no tan apresurado…
Eso sí, no sé ustedes, pero yo voy a extrañar mucho el tema musical de apertura. Y el título susurrado…
Gracias por leer. Hasta la próxima y sean felices…



