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Análisis de Star Trek: Discovery. Temporada 3. Episodio 11

Star Trek: Discovery se va acercando al final de su tercera temporada y aquí estamos para analizar el episodio 11 de la serie de CBS y Netflix.

Eeeey, sorpresa… no soy Mario. En efecto, mi compañero ha seguido teniendo problemas de tiempo y disponibilidad para cubrir la serie y, a los efectos de que no se nos sigan retrasando los análisis, me toca una vez más suplirlo en tan exigente tarea. Según tengo entendido, ya los dos últimos volverán a estar en sus manos. Mientras tanto, aquí estamos para analizar el episodio 11 de la tercera temporada de Star Trek: Discovery, que lleva por título Su´Kal. Cumplo en advertir que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA y les recuerdo que si quieren leer los análisis anteriores, pueden hacerlo aquí.

En la Nebulosa

Tal como habíamos quedado al final del doble episodio anterior, la Discovery se apresta a partir hacia la nebulosa Verubin en respuesta a la señal de auxilio que relacionan con el origen de la Quema. Saru anoticia al resto de que las marcas que la doctora Issa, en el mensaje grabado, luce sobre su cabeza no son producto de radiación, como el resto de la tripulación cree, sino de embarazo, implicando ello que podría aún estar vivo y en estado adulto el niño a la postre nacido. No recuerdo si en algún momento se especificó algo sobre la longevidad de los kelpianos y el asunto del vahar’ai me confunde un poco ya que los hace (o los hacía) morir antes de tiempo, pero vamos a confiar en Saru aun cuando hayan pasado más de cien años.

Al llegar a la nebulosa, encuentran serios problemas de inestabilidad como para acercarse a la fuente de la señal, razón por la cual Booker se ofrece a hacerlo con su propia nave, más pequeña y manejable entre la turbulencia. Así, entre sacudidas y radiación, consigue datos que determinan que la señal se origina en un planeta que es prácticamente dilitio puro.

De regreso en la Discovery, Booker es sometido a un tratamiento de recomposición celular para neutralizar los efectos de la radiación, al igual que su gata, a la que no sé por qué llevó en su incursión en la nebulosa.

Una Holocubierta Planetaria

Michael, Saru y Culber deciden transportarse hacia el planeta haciéndolo desde la nave de Booker. Ello significa que la Discovery queda acéfala, por lo cual el mando, en un gran voto de confianza, es delegado en la alférez Tilly: merecidísimo, desde ya, pero pronto veremos que a la pobre no le ha tocado en suerte el mejor día para debutar en tal responsabilidad.

Cuando llegan al planeta, se encuentran con un paisaje nevado y semiboscoso que no pareciera encajar con la constitución química y geológica del mismo. Más sorprendente aún es que ellos luzcan con las especies cambiadas: Culber como bajorano, Michael como trill y Saru… como humano, lo cual nos permite ver por fin a Doug Jones sin su maquillaje.

Houston, tenemos un problema: ¿cómo hace Michael para reconocer el aspecto de los bajoranos cuando en su época de origen aún no se había establecido contacto con ellos? (recordemos que el primer encuentro entre los bajoranos y la humanidad se produce en Star Trek: the Next Generation, es decir varios años después de la línea principal de esta serie). Tendremos que suponer que en los días que lleva en el siglo XXXII y no teniendo nada para hacer, Michael se dedicó a ponerse al día consultando archivos sobre razas alienígenas que habitan los distintos cuadrantes de la galaxia. O que, más probable y como suele pasar en franquicias muy vastas, los guionistas pierdan datos por el camino y sino, pregúntenle a los de las películas del MCU.

Pronto descubrirán que todo lo que les rodea es un gran holograma montado por los padres del niño para que este crezca sano, vigoroso y muy kelpiano. En conversaciones con los hologramas que lo han estado cuidando durante todo ese tiempo, se enteran que el cambio de aspecto en ellos se debe justamente a no provocar conflictos en el niño ubicándolo en presencia de razas desconocidas o, cuando menos, diferentes a las que ha visto a su alrededor.

Houston, tenemos otro problema: ¿y por qué entonces no dejar que, siendo Saru kelpiano al igual que el niño, no se presentara en su verdadero aspecto? ¿No sería mejor que se encontrara con uno de los suyos? Si hasta tiene el holograma de un anciano kelpiano que le cuenta historias de su mundo de origen.

El niño ya es adulto pero, claro, vive en una especie de infancia eterna. Se llama Su’Kal (algo así como “regalo amado“), lo que en realidad es una especie de nombre genérico dado por los kelpianos a todo niño nacido después de una tragedia o catástrofe.

Michael intenta establecer algún vínculo con él y parcialmente lo logra, pero la cosa se complica cuando quiere indagar sobre el pasado o saber cómo suspender o reiniciar el mundo holográfico que le rodea.

Cada vez que la conversación va por ese camino, Su´Kal se pone tenso y como si ese no fuera el único problema, deben además enfrentarse a una oscura criatura lovecraftiana que es puro humo y tentáculos: una representación de tradiciones infantiles con que los padres asustaban a los niños en Kaminar.

Más Tentáculos

Entretanto, Osyraa, la líder de la Cadena Esmeralda, ha llegado a la nebulosa. Tal como temiera Vance, ha ido tras el motor de esporas cual abeja a la miel. Al establecer contacto con la Discovery, se comunica, obviamente con Tilly, que es quien tiene el puente de mando a su cargo. Esta finge mantenerse segura durante la conversación, pero Osyraa demuestra inteligencia y sabe que por alguna razón la nave no se marcha de allí: es evidente que esperan a alguien que entró a la nebulosa y a quien no quieren dejar atrás.

Los tentáculos de la nave de Osyraa, en efecto, capturan a la Discovery que, instantes después es abordada por sus efectivos sin que Tilly llegue siquiera a accionar el botón de pánico para saltar hacia algún otro punto de la galaxia: les dije que no era para ella un buen día para estrenar mando…

Por otra parte, colocan a Stamets la tiara para conducir la nave lejos de allí: no me queda del todo claro cómo saben que es él quien puede hacerlo.

Los Custodios del Niño

Mientras tanto, en el planeta de dilitio, han logrado determinar que Su’Kal ha sido el origen de la Quema. Radiación, dilitio y conducta infantil se han combinado de tal modo que, en presencia de un episodio de crisis o “rabieta”, desde su mundo holográfico genera una explosión que se transmite a todo punto de la galaxia en que exista dilitio. De algún modo, no es algo nuevo en la franquicia: la historia del niño con efectos cósmicos catastróficos ha sido vista, por ejemplo, en Star Trek: la Película, de 1979 (V’ger, ¿se acuerdan?) y también, prácticamente, en cada una de las series.

La cuestión es que si las rabietas se repiten, la galaxia vuelve a estar en peligro y, de hecho, Saru logra evitar una nueva crisis cantándole un canción de cuna de su planeta. La situación, de todos modos, es delicada, ya que se está a merced del humor de un “niño grande” y, por otra parte, Booker no puede permanecer con su nave durante mucho tiempo más en el interior de la nebulosa.

Michael propone que Saru se quede allí con Su’ Kal ya que está visto que es quien mejor puede calmarlo si sus episodios se repiten. Pero Culber se ofrece para quedarse a acompañarlo, conocedor de lo que significa para alguien quedarse solo en un mundo extraño.  La despedida es, desde ya, altamente emotiva.

De ese modo Michael, prometiendo volver a buscarlos, es la única que regresa a bordo de la nave de Booker y ya se está haciendo costumbre que vuelva en soledad luego de transportarse a un planeta. No sé cómo no comienza a generar sospechas en el resto… Por lo pronto, salen de allí pero, claro, llegan a la Discovery en el preciso momento en que esta salta acoplada a la nave de la Cadena Esmeralda.

Balance del Episodio

Al compararlo con el episodio doble anterior, este ha tenido más incongruencias, las que he ido señalando a lo largo del artículo. No deja, sin embargo, de ser una entrega con buen suspenso y trama atrapante en la que, además, el cliffhanger final nos coloca claramente ante un episodio doble aun cuando no esté anunciado como tal: triple, quizás, considerando que vamos hacia el final de la temporada.

Lo que no puede decirse es que no haya sido un episodio clásico de la franquicia. De hecho y paradójicamente, es al tratar de ajustarse a ella cuando comete algunos de sus fallos. Pero la historia de la criatura inocente que pone en peligro a todo un planeta o incluso a una galaxia es una constante a la que siempre se vuelve en Star Trek y que, por cierto, suele ser efectiva.

Como dije antes, no entendí el motivo por el cual Saru no podía presentarse como kelpiano ante Su’Kal pero, a la vez, ese detalle nos permitió valorar más el trabajo de Doug Jones, a quien estamos acostumbrados a ver tras toneladas de maquillaje y no hablo solo de su personaje en esta serie sino incluso de los personajes cinematográficos que ha representado en filmes tales como El Laberinto del Fauno, La Forma del Agua o Hellboy.

A propósito, ¿ lo de Saru fue una despedida definitiva? Michael dijo tener el plan de regresar por él, pero tengo la sensación de que, quizás, solo termine volviendo con Culber, más aún después de la promesa que le hizo a Stamets y del momento de tensión vivido cuando este se enteró que iba con ellos.

Ya desde hacía varios episodios (diría que durante toda la tercera temporada) veíamos a Saru dubitativo acerca de su rol y su liderazgo y ahora que se ha encontrado con un “niño adulto” kelpiano, puede ello ser un buen aliciente para iniciar una nueva vida más ligada a esos orígenes que siempre le llaman.  Hasta la propia Georgiou, si hacemos memoria, había llegado a plantear la posibilidad de que las riendas fueran tomadas por alguien más.  Si lo suyo fue una despedida, eso le da algún sentido a que lo hayamos visto bajo su aspecto humano en este episodio.

Sería una pena perderlo, desde ya, pues la franquicia Star Trek funciona bien cuando hay a bordo un alienígena bien icónico, como Spock, Worf, Tuvok, Neelix, T´Pol o quien sea.

Por otra parte, ¿quién quedará a cargo de la Discovery una vez superada la crisis con la Cadena Esmeralda? Tilly ha tenido su bautismo de fuego al mando de la nave y, por cierto, no le ha ido muy bien pero difícil es creer que no la vayan a reivindicar, así que, seguramente, terminará saliendo airosa por sus propios medios de la embarazosa situación. De ser así, ¿la convertirá ello en líder natural o habrá algún choque con Michael?

En cualquiera de los dos casos, esta es la serie en la que más cambios de mando ha habido, así como la única en la cual el personaje principal no es el capitán de la nave (o el director de la estación, como el caso de Benjamin Sisko). Ello, por supuesto, no es necesariamente malo, como tampoco lo es que Star Trek Picard se haya salido del formato de episodios autoconclusivos que siempre caracterizó a la franquicia.

Por último, Cleveland Booker (por alguna razón, los personajes interpretados por David Ajala tienden a llamarse como ciudades; fue Manchester Black en Supergirl) o simplemente Book, como se lo quiera llamar, va pasando de marginal buscavidas a colaborador cada vez más importante dentro de la tripulación de la Discovery, lo cual da la pauta de que, quizás, le esperen grandes cosas.  Sin ir más lejos, se perfila como la pareja ideal para Michael. Y pensar que todo comenzó con un choque fortuito y poco probable.

En fin, no ha sido, a mi entender, un mal episodio a pesar de algunos puntos señalados y, de todos modos, insisto en que es casi un episodio doble o triple, por lo cual quizás lo mejor sea dar una opinión definitiva cuando veamos cómo se cierra una historia que, al menos de momento, se presenta interesante.

Les agradezco el haber leído y tengo entendido que, esta vez sí, se encontrarán con Mario en el análisis del episodio doce, penúltimo de la temporada. Ya sea como autor o como lector, estaré sin duda alguna allí con todos ustedes. Larga vida y prosperidad. Sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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