InicioSeriesAnálisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 8

Análisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 8

Continuamos analizando Star Trek: Starfleet Academy (Academia de la Flota Estelar), la serie que, creada por Gaia Violo, es la duodécima (novena en live action) de una franquicia que en este 2026 cumple sesenta años, El octavo episodio, que hoy nos ocupa y que viene con una carga emotiva muy especial, se titula La Vida de las Estrellas y puede ser visto por Skyshowtime para España y Paramount+ para América Latina.

Como no sabemos cuándo moriremos, llegamos a pensar en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo ocurre un cierto número de veces… ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de tu infancia? Quizás cuatro o cinco veces más. Quizás ni siquiera eso. Y sin embargo, todo parece infinito”… La cita no corresponde al capítulo que hoy analizamos de Star Trek: Starfleet Academy, sino que está extraída de la novela El Cielo Protector, de Paul Bowles, y soy yo mismo quien se toma el atrevimiento de traerla a colación porque creo que tiene bastante que ver…

Y así como el quinto conectaba argumental y emocionalmente con Star Trek: Deep Space 9, el octavo, que hoy nos ocupa, lo hace con uno de los capítulos más recordados y en mi opinión más emotivos de Star Trek: Voyager, lo que hace lógico que el Doctor tenga un lugar central.

No salgo del alivio ni de la sorpresa con lo bien que se ha encaminado esta serie después de parecer naufragar casi de comienzo. La Vida de las Estrellas es Star Trek en su más pura esencia y ya para esta altura podemos decir que estamos viendo una muy buen temporada que espero no arruinen las dos entregas que restan.

Vayamos pues a ver qué nos ha dejado este capítulo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en esta web los análisis previos tanto de esta como de otras series o películas de la franquicia.

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La Vida y el Teatro

El episodio comienza con bitácora personal a cargo del Doctor, quien reflexiona acerca de cuántos amaneceres habrá visto en soledad mientras a su alrededor los humanos despertaban de un sueño reparador y cuántos momentos vividos en su larga existencia holográfica se convierten ahora en nostalgia, pues el tiempo, dice, es su bestia…

Nos cuenta además que Tarima, recuperada del coma que sufriera tras los sucesos de la Miyazaki, está ya de regreso, pero los betazoides le han colocado unos neuroinhibidores para impedir que pueda en el futuro volver a hacer daño a otros o a sí misma. Tanto el Doctor como Ake le comunican que de todos modos no volverá a la Escuela de Guerra, sino que ha sido reasignada a la Academia porque allí existe la posibilidad de derivarla a labores científicas menos peligrosas para su integridad.

Tarima acepta la decisión, pero se la nota distante y siente que todos la miran como bicho raro a excepción de Sam, a quien percibe como la única que realmente la comprende. Caleb, por su parte, hace un intento por acercársele, pero ella lo evita.

Las heridas psicológicas de la Miyazaki han dejado mal a los cadetes que, en desastrosa simulación, pierden nave y tripulación mientras Reno los felicita irónicamente. Nahla considera que las terapias convencionales no están dando resultados y llama a alguien que podría ayudarles…

Pues resulta que no es otra que Sylvia Tilly (Mary Wiseman), a quien nos produce gran emoción volver a ver y, para ser sincero, esperaba antes su presencia en esta serie teniendo en cuenta el rol de instructora que ejerció en Star Trek: Discovery a partir de la cuarta temporada.

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Pero los cadetes quedan anonadados cuando anuncia que viene a enseñar teatro sin siquiera dejar lugar a cuestionamiento. Por el contrario, y para empezar, pide a cada uno que lleve algún fragmento de obra teatral para ser representada y el momento cómico, desde luego, lo aporta Jay con una escena de ópera klingon que versa sobre cuadri-testículos.

Sam, la única que está encantada con las clases de teatro y la llegada de Tilly, lleva una obra de Thornton Wilder (Mi Pueblo) y quiere para el personaje de Emily a Tarima. Sin embargo, esta se muestra renuente y Sam debe representar el personaje ella misma, con particular énfasis en una frase que Tilly les pone a analizar y que habla de “la vida de la aldea contra la vida de las estrellas”.

Pero Sam no está del todo recompuesta y, en plena exposición, comienza a fallar para alarma y preocupación del resto. En enfermería llegan a la conclusión de que los ingenieros holográficos han hecho cuanto pudieron pero no fue suficiente y no queda más remedio que llevarla a Kasq para ser reparada por sus Creadores.

La idea, desde luego, no gusta a la propia Sam, pero Ake y el Doctor la convencen al comprometerse a viajar con ella en representación de la Federación para que su sola presencia disuada a los fotónicos de hacer algo en su contra o incluso desactivarla.

Pequeños Momentos

Durante una borrachera, Tarima manifiesta que no se siente ella misma si no puede tomar sus propias decisiones y Genesis busca consolarla con que quizás sea porque está naciendo una nueva persona. Sonriente, Tarima agradece sus palabras y dice entender por qué Caleb se fijó en ella, dejando así entrever que algo surgió entre ambos mientras no estuvo. Genesis, también sonriendo, responde con el clásico “somos amigos”.

La noticia del estado de salud de Sam es otro golpe duro para los cadetes, pero Tilly considera que lo mejor es seguir con las clases de teatro y, en todo caso, rendirle homenaje con la obra que ella quería recrear. Argumentando que ese era su deseo, convence a Tarima de hacer finalmente el personaje de Emily, aunque lo incómodo es que a Caleb le toca el de su esposo George y estamos hablando de una obra en que la protagonista fallece y regresa como fantasma, exactamente como dice sentirse Tarima…

Tilly objeta que la diferencia entre ella y Emily es que todavía está viva y aún a tiempo de construir algo nuevo con su vida (según pude investigar, dado que no leí la obra, Emily revive como fantasma su cumpleaños número doce y se lamenta de lo poco que uno aprovecha y valora en vida los momentos cotidianos).

De esta manera, entendemos que Sam no eligió esa obra porque sí, sino porque tanto los personajes como la historia tienen mucho que ver con los cadetes y lo que les ha ocurrido. La idea, y la enseñanza que sacan, es que los momentos grandes (la vida de las estrellas) no deben eclipsar los más pequeños y cotidianos (la vida de la aldea) porque es de estos últimos que en definitiva está compuesta la vida. Un llamado a la resiliencia a partir de valorar la belleza de lo simple…

Volver a amar…

Resulta que el planeta Kasq es no solo muy particular por su forma (recuerda más al Cubo Borg que a un cuerpo celeste), ni por estar habitado por seres fotónicos o porque todo allí se vea como si estuviéramos en una película en blanco y negro, sino también por presentar un gradiente gravitacional tan extremo que provoca un efecto relativista sobre el paso del tiempo, de tal modo que lo que en otro lado serían días allí pueden ser años: un recurso argumental, ya veremos, muy conveniente a la trama…

Al llevar pues a Sam ante los Creadores, es sometida a chequeo sobre una camilla y, antes de ello, pide al Doctor que le tome la mano, lo cual, sin embargo y a su pesar, este se niega a hacer, del mismo modo que antes a ser su mentor en la Academia.

El diagnóstico es fatal: echando en cara a la Federación el haber destruido en doscientos nueve días lo que les llevó años construir, los Creadores dicen que el daño en Sam es irreparable y no queda más que cancelar su programa y reiniciarla sin ninguno de los recuerdos adquiridos. Cuando el Doctor es anoticiado de que jamás se incluyeron justamente en su matriz holográfica recuerdos o experiencias que le sirvieran para hacer frente a las adversidades, entiende por qué colapsó ante las mismas: no le dieron capacidad de resiliencia…

La solución, pues, sería entonces hacerla pasar por lo que no tuvo: una infancia. Y para ello necesita a su lado un padre, con lo cual es obvio que todo apunta al Doctor. Es entonces cuando la trama, para nuestra emoción, se conecta con Vida Real, aquel inolvidable episodio de Star Trek: Voyager (03×22), confesando el Doctor que la razón por la cual no quiso tomar la mano de Sam fue para no revivir el dolor de la pérdida de Belle, la hija holográfica que alguna vez tuvo y a la cual debió despedir…

Su escudo para sobrevivir a la infinitud fue a partir de ello el no amar o, como replica Nahla, “el no volver a amar”. Comprendiendo que ya es hora de cambiar eso y superar el dolor pasado, acepta quedarse junto a Sam, de quien los Creadores dicen que tendrá de aquí en más dos conjuntos de recuerdos: los que viva durante su crecimiento como niña y los que trajo de su paso por la Academia.

En ese momento recordamos lo del gradiente extremo de Kasq y, en efecto, diecisiete años allí serán solo quince días para los compañeros de Sam en la Academia que, por lo tanto, no deberán esperar tanto para verla nuevamente con ellos. Una sucesión de imágenes nos la muestra desde la cuna misma y su desarrollo posterior. Ahora, Sam tiene un padre, una infancia… y capacidad de resiliencia. Y así como la obra de teatro por ella escogida hizo que sus compañeros supieran en sus vidas valorar los pequeños momentos, ahora también tiene ella los suyos propios que antes no tenía…

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Balance del Episodio

Qué maravilla de capítulo. Es tanta la emoción que uno termina perdonando detalles incongruentes de la trama como que tengan que traer un profesor de teatro desde el Cuadrante Beta (se ve que escasean en el siglo XXXII), pero bienvenido sea el disparate si sirve para tener con nosotros otra vez a Tilly (increíble cómo la franquicia nos crea nostalgia cada vez más reciente) y, sobre todo, como excusa para una historia tan conmovedora como la que a partir de ello tiene lugar.

Antes que nada, debo ser sincero y admitir que nunca leí a Thornton Wilder. Sí conozco su obra (mayormente por alguna adaptación cinematográfica), como también que ganó tres premios Pulitzer y fue el autor de Los Idus de Marzo, la famosa novela sobre los últimos días de Julio César. Pero este capítulo me ha hecho entrar ganar de leerlo y, si consideramos que esta es la serie juvenil de la franquicia, nada puede ser mayor motivo de celebración que el que pueda quizás haberle ocurrido lo mismo a alguien en esa franja de edad a la cual apunta.

Una de las cosas que me entero sobre Mi Pueblo es que tanto al principio como al final de la obra existe un narrador omnisciente que incluso interactúa con el público y al que se conoce como “director de escena”. En la puesta armada por Tilly con los cadetes, ese lugar es ocupado por Ocam, el hermano de Tarima, pero si vemos el episodio de modo amplio e integral, está claro que el equivalente es el Doctor, quien también y de algún modo se halla por fuera del tiempo de los personajes de la historia. Él es su propia metahistoria…

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Y conmueve hasta lo más íntimo que ello haya servido para volvernos a conectar con Vida Real. Si no recuerdan o no han visto ese capítulo de Star Trek: Voyager, trataba de que el Doctor, en su búsqueda de entender las reacciones y el sentir de los humanos, se había creado para sí mismo una familia holográfica…

Pero cuando le cuestionaron (B’Elanna Torres si mal no recuerdo) hacerla demasiado perfecta e irreal, agregó tragedia a su historia y ello terminó llevando a que Belle, su hija holográfica, acabara muriendo. Era tanto el dolor del Doctor que quería simplemente cesar la recreación, pero la capitana Janeway logró convencerlo de que si quería realmente saber qué se siente ser humano, tenía que conocer el dolor de la pérdida y saber despedirse, lo cual terminó finalmente haciendo…

El episodio que acabamos de ver de Starfleet: Academy nos ilustra sobre lo que ocurrió con el Doctor a partir de ello y, especialmente, durante los ochocientos años en los que le perdimos el rastro. Él explica que el no amar fue su coraza, la única que le permitió sobrevivir en un universo en el cual veía como todo alrededor iba muriendo mientras él quedaba. Pero ello, justamente, le privó de la vida y de los pequeños momentos cotidianos que la misma implica…

Allí es donde se tocan genialmente las dos tramas del capítulo, pues lo que él descubre es lo mismo que descubre Sam y también los cadetes de la Academia gracias a la puesta teatral llevada a cabo por Tilly. Y es esa construcción del episodio como un todo coherente lo que nos hace olvidar alguna que otra incoherencia o cuestión no explicada…

El planeta Kasq, por ejemplo. ¿Por qué tiene esa forma y por qué todo se ve en blanco y negro? La sensación que nos queda, aunque no esté dicho, es que se trata de un mundo artificial construido por los propios fotónicos, pero en definitiva no importa, pues el hecho de que todo pase a color una vez que Sam ha ganado una infancia y capacidad de resiliencia es de una belleza tan poética que nos hace tomarlo todo como una maravillosa licencia que hasta nos retrotrae a El Mago de Oz en su versión fílmica de 1939.

¿Ha sido La Vida de las Estrellas el mejor episodio de Starfleet: Academy hasta aquí? Pues en mi opinión ni siquiera tiene sentido preguntárselo: lo fue con diferencia. El descomunal trabajo del impagable Robert Picardo ha contribuido a ello, como también las vinculaciones con STV y STD o que la voz de los Creadores sea en idioma original interpretada por el bueno de Chiwetel Ejiofor.

Pero, amén de todo eso, lo más difícil de definir es la sensación que nos deja al comenzar a correr los créditos finales. Y cuando uno no logra explicar con palabras lo que el episodio de una serie le ha producido es porque definitivamente ha sido bueno, en este caso con un tono agridulce e introspectivo que, a diferencia del devastador y depresivo que tuviera el sexto, termina por ser esperanzador e incluso aleccionador. ¿O me van a negar que, como yo, se quedaron pensando en tanto momento pequeño de sus vidas que quizás no hayan valorado lo suficiente al vivirlo?

Porque, en definitiva, La Vida de las Estrellas ha sido una reflexión sobre la finitud y lo importante de vivir antes de que sea tarde. Y si eso, amigo trekkie o amigo lector, es algo que no te llega o no te produce nada, es hora entonces de que salgas a la calle para que la vida te golpee

Les espero para analizar el noveno episodio, ya penúltimo de la temporada. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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