Cerebus, de Dave Sim, es uno de los hitos indiscutibles del cómic independiente americano, y una obra destacada del cómic en general. Laureado por autores como Alan Moore o Neil Gaiman, este tebeo conformado por trescientos números comenzó como una parodia de Conan el Bárbaro, pero evolucionó hasta tratar temas de mayor calado y experimentar con el lenguaje formal del medio. En esta ocasión comentaremos el primero de los “libros” o arcos en los que está dividida la historia del personaje, es decir, los veinticinco primeros números de su colección regular. Pero para eso primero hay que hablar de su autor.
La odisea de Dave Sim
El autor canadiense detrás de la creación de Cerebus es una personalidad de lo más polémica, pero también muy interesante. Hay quien ve en el protagonista de su obra maestra a un alter ego de sí mismo, y se le ha acusado de numerosos defectos personales y de imponer su ideología a su trabajo. Independientemente de la veracidad de estas afirmaciones, lo que nos interesa aquí es su faceta de guionista y dibujante.
A los veintiún años, siendo empleado de una tienda de cómics, a Dave se le ocurrió crear su propio tebeo con los escasos medios que tenía a su disposición. Tras el boom del underground a finales de la década pasada, y a pesar de las limitaciones que le dejaban en desventaja contra las dos grandes, un autor independiente podía crear su propio cómic si estaba dispuesto a invertir el tiempo y esfuerzo adecuados. Y, como veremos a continuación, el esfuerzo no es precisamente el punto débil de Sim.
El autor completo de esta historieta creó al personaje de Cerebus, un oso hormiguero con muy malas pulgas en un mundo de espada y brujería, como una serie cómica sin demasiada trascendencia que fue ganando popularidad en el mercado independiente. Sin embargo, tras ser ingresado por un mal viaje de LSD, experimentó una epifanía: usaría a esa parodia de Conan para contar la historia coherente de una vida hasta su muerte, produciendo un conjunto de 300 números con periodicidad mensual, y reflejando sus inquietudes sociales y políticas. Durante los veintisiete años que dura esta colección, dedicaría sus esfuerzos a contar las desventuras de este carismático animal.
Cerebus el Bárbaro
No fue ese el nombre que tenía la colección en un principio, sino Cerebus el Oso Hormiguero, pero bien podría haberlo sido. Cabalgando en un caballo a pesar de su baja estatura, la primera página nos muestra a un curioso personaje con cara de mala leche, una especie de antihéroe reminiscente de iconos como Conan o Kull, aunque sin los elevados principios que caracterizan a estos personajes. Inspirándose en Howard el Pato de Steve Gerber, y elevando hasta niveles estratosféricos su cinismo, este protagonista es un guerrero pero no un héroe ni un conquistador. Se trata de un pícaro en el sentido más amplio de la palabra, robando y timando a sus semejantes para subsistir y enriquecerse en un mundo despiadado.

Sin ser nada del otro mundo, los primeros números constituyen una parodia más que correcta del género de espada y brujería, muy de moda durante la época gracias a Roy Thomas, John Buscema y un Barry Windsor-Smith que el primerizo Sim parece querer imitar. Personajes como Elrod, pastiche del antihéroe literario Elric de Melniboné, proporcionan a la obra un tono humorístico y agradable, pero los temas serios ya empiezan a tomar su lugar. La primera aparición de Jaka, bailarina exótica que se convierte en el amor platónico del protagonista, supone la primera historia con un final más o menos serio, en contraste con la comedia habitual. También es uno de los números más redondos de la primera decena.

El dibujo, al igual que los guiones, va evolucionando desde un estilo algo rudimentario a uno más logrado, con un especial énfasis en los personajes cómicos. La historia comenzará a adquirir un mayor peso cuando nuestro protagonista llegue a la ciudad de Palnu, controlada por un tal Lord Julius que parece un homenaje poco disimulado a Groucho Marx, y que convierte al bárbaro en su mano derecha cuando le salva de un complot. Nuestro protagonista irá pasando de señor en señor, y se irá encontrando con personajes pintorescos como el fracasado superhéroe “Cucaracha” o el presidente Weisshaupt, que sirve a Sim para introducir la crítica social que hará famosa a la obra en su siguiente tomo, Alta Sociedad.
Al final de estos primeros veinticinco números, Cerebus sigue siendo una parodia de los cómics más populares de la época, que cuenta con la aparición de sosías de personajes como el profesor Charles Xavier o la Cosa del Pantano. Sin embargo, el autor ya empieza a destacar por su ácida crítica social, así como por composiciones de página peculiares y experimentos gráficos que culminará en posteriores arcos argumentales. Aunque todavía está aclimatándose al medio durante la primera parte de la historia, es capaz de producir números impresionantes como este, cuyas páginas forman un mural en conjunto:

Conclusión
Muchos lectores de esta gigantesca obra recomiendan ignorar estos veinticinco primeros números y comenzar con Alta Sociedad, en la que el cómic evoluciona y encuentra su propia identidad. El propio Dave Sim pidió expresamente que esta primera parte de Cerebus no se tradujera al español, aunque también hay que destacar que fue reticente en un principio a cualquier intento de traducción de este tebeo, que no se encuentra completo en nuestro idioma. En cualquier caso, estos veinticinco números parecen prescindibles en un principio.
Sin embargo, quien quiera leerlos se encontrará con una parodia más que correcta de distintos géneros del cómic y con una historia que, al final, comienza a desarrollar su potencial. Además, se introducen datos sobre este mundo ficticio y personajes que serán muy importantes durante el resto de la historia. Por eso, estas primeras historietas son fundamentales para entender el modesto origen del personaje y apreciar los logros posteriores del autor.



