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Crítica de Atlanta, el valor de lo anodino

Durante estos últimos años, hemos podido apreciar un paulatino crecimiento en la asiduidad de las apariciones y relevancia de un tal Donald Glover. Hay veces que se reúnen en un mismo individuo muchas ambiciones al mismo tiempo y, gracias a su facilidad y adaptabilidad, Glover ha sido capaz de ya no solo combinarlas, sino de triunfar en todas y cada una de las metas que se ha propuesto: como músico ha estado nominado y ganado prestigiosos premios como los Grammy y goza de videoclips tan relevantes y polémicos como el de This is America; en su labor de guionista ha sido premiado por su trabajo en series como 30 Rock Atlanta; como actor ha destacado en Solo y sido nominado en la serie Community; y la lista sigue…

Pero para entender mejor su éxito, quizás sea mejor centrarse en una de sus últimas creaciones: Atlanta. La serie creada, escrita y dirigida por él, que causó sensación en los Emmys del año pasado y que, con el permiso de Curb Your Enthusiasm, promete hacer lo mismo en la siguiente entrega. Pero, ¿Qué es Atlanta y qué la hace tan especial?

The Wire y la continuidad como herramienta narrativa

La serie nos sitúa, para sorpresa de todos, en Atlanta y nos presenta la vida de Earn, un joven de clase humilde interpretado por Donald Glover que no puede andar más perdido en la vida. Sin apenas dinero ni gente a la que acudir, se aferra a su primo, un rapero malhumorado que acaba de convertirse en un fenómeno viral, en busca de cobijo y, con suerte, trabajo como su representante. Pero el argumento en Atlanta no es lo realmente importante, la historia en este caso cumple la función de elemento unificador. Aquí el grueso de la acción no surge de la progresión de una historia, sino de las situaciones a la que esta termina dando pie. Lo importante no es la continuidad, sino la emotividad y esta se obtiene con la variedad de escenarios y temáticas. Como ya hizo en su día The wire, Atlanta antepone la exploración de su universo y personajes a una progresión argumental más clásica.

Pero una serie planteada bajo esas bases, necesita de un núcleo de protagonistas sólido y carismático con el que poder sustentar divagaciones acerca de lo que se supone que debería ser una línea recta sin tangentes al narrar una historia. Y Atlanta consigue eso a la perfección. El triángulo creado entre Earn, Darius y Alfred (Paper Boi); es lo suficientemente atractivo como para crear unas interacciones divertidas y entretenidas, pero también son lo bastante raros y atípicos como para no hacerlos estereotipados. Son imperfectos y reales, consiguiendo a través de sus rarezas y peculiaridades convertirlos en personas extrañamente cercanas.

El carisma de lo corriente

Al restarle relevancia a una continuidad más férrea o clásica, Atlanta también se abre muchas puertas a la exploración narrativa. Desde el primer capítulo, la serie tiene un andar distinto, el tempo en el que se mueve y hasta su misma dirección, están enfocados para acentuar y enriquecer su temática. Atlanta pretende mostrar la realidad, pero no una realidad adulterada y pasada de vueltas, sino una más cercana y en todo momento plausible. Ninguno de los sucesos que acontecen en la serie, por muy descabellados que parezcan, pueden ser tildados de exagerados o poco creíbles. Y es que gracias a su cercanía y verosimilitud, Atlanta es capaz de exponernos uno de los retratos más hilarantemente ciertos de la realidad que hoy vivimos.

Y es por este peculiar estilo, que la serie puede permitirse largos paréntesis en los que profundizar en sus personajes y contar, sin desentonar, historias independientes al arco de temporada, cambiando temporalidades y registros, rompiendo así la dinámica de la serie y manteniendo la sensación de frescura más tiempo. El hablar sobre lo mundano, contra todo pronóstico, lo único que hace es abrir puertas en la ficción y Atlanta demuestra con creces que la voz que más se oye no es siempre la que habla más fuerte. Prueba de ello son las muchas críticas que hace sobre nuestra sociedad, ya sean las incongruencias en nuestro comportamiento, el racismo o el machismo. Críticas que, al estar despojadas de todo glamour o excesivamente recalcadas, pillan al espectador completamente desprevenido y al haber este cambio en la predisposición ante determinadas cuestiones, la serie termina facilitando la entrada y la comprensión de lo que, por norma general, suelen ser considerados temas tabú o muy densos, como la cultura negra en los guetos de Estados Unidos y determinados estilos de vida.

Porqué ver Atlanta

Hay pocos productos en pantalla que se parezcan a Atlanta. Desde sus personajes hasta la misma estructura y ritmo de la serie, desprenden un aire distinto. Es una comedia especial, que a momentos recuerda a Louie por su ritmo y manera de reivindicar, muy cuidada y bien dirigida, capaz de mostrar el lado más despreciable y más tierno del ser humano. Atlanta no es la típica sitcom y no siempre garantizará una buena carcajada, pero el encanto y cercanía que desarrolla, no se encuentra todos los días.

Una serie de la que nunca sabes qué esperar, capaz de romper dinámicas ya consolidadas en la narrativa serial y crear algo nuevo y distinto. Una historia simple sobre la vida misma, capaz de hablar con una voz que pocos poseen. Atlanta es la silenciosa reivindicación de lo mundano, una experiencia que ha renovado la comedia en la televisión y que acerca mundos muy distintos y los pone al alcance de todos. 

Pablo Ferrer
Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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