Crítica de Castlevania temporada 2. Intrigas palaciegas y sangre a borbotones

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Castlevania vuelve a Netflix con una segunda temporada de ocho episodios de 25 minutos que los aficionados estábamos esperando como agua de mayo ya que los cuatro de la primera se quedaron muy cortos. Más que una temporada propiamente dicha, la primera tanda de capítulos supuso un prólogo en el que se nos presentaron los protagonistas: Trevor Belmont, el último de una legendaria estirpe de cazavampiros; la maga Sypha Belnades y Alucard, ni más ni menos que el propio hijo de Drácula, el enemigo principal en el universo Castlevania.

Trevor Belmont, Sypha Belnades y Alucard, los protagonistas de Castlevania

El guionista de la serie es Warren Ellis, famoso escritor de comics, conocido por su ácida visión del mundo y sus ideas muchas veces trasgresoras. En principio es una  buena elección ya que gran parte de su obra se basa en la plasmación de sus ideas sobre el poder y las figuras que lo detentan. En este sentido podemos recomendar Stormwatch y su continuación, The Authority, donde Ellis nos muestra que no es buena idea dar el poder absoluto a nadie y cómo se necesitan individuos decididos para combatir a las grandes amenazas de la humanidad.

Y algo de todo esto nos podemos encontrar en Castlevania. El guionista nos muestra una visión de Drácula que se aleja un poco de los mitos más comunes sobre el vampiro. Aparece como una criatura de conocimiento y muy muy poderosa pero que al enamorarse de una humana no duda en poner todo su saber al servicio de su amada y por extensión de su especie. El problema viene cuando su mujer es asesinada por representantes de la Iglesia (retratada como una institución arcaica y bárbara) y Drácula vuelve a ser el monstruo vampiro que todos conocemos (y amamos) y declara la guerra a la humanidad buscando su total extinción (un genocidio en toda regla).

La segunda temporada de la serie nos ofrece el esperado enfrentamiento de nuestros héroes contra Drácula, pero el problema es el peaje que debemos superar hasta llegar a ese momento. Los cinco primeros episodios se centran sobre todo en mostrarnos la Corte de Drácula, con varios nobles vampiros y dos humanos que le ayudan tratando todos ellos de influir en su jefe. Son capítulos centrados sobre todo en las intrigas palaciegas al más puro estilo Juego de Tronos.

La Corte de Drácula en todo su oscuro esplendor

Esto hace que el ritmo de la narración sea muy pausado, centrado en múltiples conversaciones entre los personajes. A su favor juega que se nos permite conocer a tres nuevos personajes que se antojan muy importantes de cara al futuro (ya está confirmada la tercera temporada de la serie).

La principal noble vampira es Carmilla, personaje que se acabará llevando el gato al agua (nunca mejor dicho) y que es la principal instigadora de todas las intrigas y traiciones que veremos en el palacio. Los otros personajes importantes son los dos humanos aliados con Drácula por su desencanto personal con su propia especie. Hector e Isaac son unos forjadores (magos que pueden resucitar a los muertos para convertirlos en criaturas de la noche a sus órdenes) que se tendrán que plantear qué papel quieren jugar en esta telaraña de intrigas forjada por Carmilla.

Carmilla, una vampira intrigante y feminista

Por otro lado Trevor, Sypha y Alucard acuden a las ruinas de la mansión de los Belmont buscando algo que les pueda ayudar en su lucha contra Drácula. El guionista aprovecha estos momentos de tranquilidad para cimentar las relaciones entre ellos y de paso hacer que maduren como personas. Trevor asumirá su herencia y se volverá un fiero cazavampiros, Sypha ganará seguridad en sí misma y aprenderá a no ser tan seria y Alucard se establece como el contrapunto perfecto a su padre, abrazando sin dudar la causa de la humanidad.

Todo esto desemboca en unos episodios seis y siete que son una delicia desde el punto de vista de la acción. Después de tanto hablar y hablar la serie se desmelena y ofrece dos capítulos frenéticos en los que los enfrentamientos entre los vampiros y entre estos y el trio de cazadores son espectaculares. Hasta llegar al definitivo enfrentamiento de Trevor, Sypha y Alucard contra Drácula.

Una batalla que al final se decide de una forma un tanto anticlimática (me ha recordado un poco al “momento Martha” de Superman vs Batman). Y donde por supuesto la clave está en la relación paterno-filial entre Drácula y Alucard. Una vez eliminada la gran amenaza el último capítulo sirve de epílogo mostrando la situación de los personajes supervivientes de cara a la tercera temporada.

Drácula a punto de caer derrotado.

En cuanto a la animación creo que se podía esperar algo mejor de una producción de Netflix. Sin ser mala, teniendo en cuenta los medios disponibles, podría haber sido mucho mejor. Aunque sin duda en lo que la serie destaca es la ambientación y el diseño de personajes, tomando lo bueno de la primera temporada para llevarlo mucho más allá. El castillo de Drácula se nos muestra en todo su esplendor y vemos varios tipos de vampiros y de criaturas de la noche distintas. La serie sabe sacar partido de la atmosfera sobrenatural del relato.

Por su parte las escenas de acción son soberbias, con unas batallas muy bien coreografiadas. El uso de la magia por parte de Sypha está muy logrado y ver a Trevor usando el látigo Lucero del Alba para machacar vampiros despierta la emoción de cualquier fan de la saga. Y como firma de la serie tenemos el uso de escenas gores, sangre y decapitaciones a malsalva.

Tervor Belmont con el mítico Lucero del Alba

En definitiva, esta segunda temporada de Castlevania no es un producto de sobresaliente ya que ofrece problemas de ritmo que la perjudican, sobre todo en esos primeros episodios centrados en la Corte de Drácula. Pero aun así, es una serie entretenida que se ve rápido (ocho episodios de 25 minutos no son nada) y que ofrece un correcto desarrollo de personajes y unas espectaculares batallas.



el autor

Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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