Crítica de CURON, Temporada 1: Terror italiano en Netflix

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Hace escasos días, Netflix acaba de subir Curon, serie italiana mezcla de horror, fantasía y thriller sobrenatural, creada por Ezio Abate, Ivano Fachin, Giovanno Galassi y Tomasso Matano. Balance altamente positivo para una propuesta muy interesante con algunos elementos que remiten a la alemana Dark, pero también con notables diferencias.

Italia nos vuelve a sorprender con una propuesta no habitual de su parte. Ya hace algunos meses, también por intermedio de Netflix, conocimos Luna Nera, serie de corte fantástico sobre brujas que ha sido también comentada en este sitio. En una veta más ligada al horror o al thriller sobrenatural nos llega ahora Curon, por cierto mejor lograda que la anterior.

Cuando uno habla del género del terror en Italia, inevitablemente aparece como referencia Darío Argento y, de manera más general, todo el subgénero habitualmente conocido como giallo. Claro, eso hablando de cine, pero si pasamos al terreno de las series, ya de por sí llega a nosotros poco producto italiano del género que sea y de horror, menos que menos. Es válido aclarar, de todos modos, que el terror en sí no se lleva del todo bien con las series, provengan de donde provengan, ya que buena parte de la esencia y magia del género radican en la sorpresa, la cual, por definición, se pierde si se continúa demasiado una historia en el tiempo (algo que tampoco entendieron quienes, desde el cine, hicieron secuela tras secuela de títulos de horror exitosos). Ello suele devenir en dos consecuencias: por un lado, en que el género termine adaptándose mejor a series de antología o del tipo autoconclusivo (en donde hay más probabilidades de que los protagonistas principales mueran, por ejemplo); en segundo lugar, en que muchas veces el horror termine, más bien, decantando hacia la fantasía y, particularmente, como ocurre en este caso y en tantos otros, hacia el suspenso sobrenatural.

Curon Existe.

La serie se ambienta en el norte de Italia, en una pequeña ciudad… ups, estaba a punto de decir ficticia solo por inercia, pero la realidad es que no: se trata de una localidad que figura en los mapas y que puede ser visitada (obviamente no en estos tiempos de pandemia). Su topónimo completo es Curon Venosta: se halla en la provincia de Bolzano a solo un par de kilómetros de la frontera con Austria (por lo que ha cambiado de manos en más de una oportunidad) y tiene una población de poco más de dos mil habitantes. Se encuentra a orillas del lago de Resia (para los austríacos, de Reschen), pero hasta allí no hay mucho que la diferencie de otras tantas villas desparramadas por la región.

Lo que hace verdaderamente particular a Curon Venosta es la presencia de un campanario del siglo XIV que sobresale de las aguas en pleno lago. ¿Cómo se llegó a eso? Pues durante la puesta en marcha de la construcción de una presa en la década de 1950 se decidió inundar toda un área a los efectos de unir dos lagos naturales, lo cual implicó dejar bajo el agua a una población completa llamada Graun, cuyos habitantes, aun a pesar de haber recurrido hasta al Papa para evitarlo, terminaron por ser reubicados.

La cuestión es que el campanario quedó allí, emergiendo de entre las aguas casi como un recordatorio del pasado o un siniestro dedo de advertencia hacia los cultores del progreso y la modernización. En invierno, cuando el lago se congela, es incluso posible llegar caminando hasta el mismo.

Como no podía ser de otra forma, el lugar se pobló de leyendas pues, ya sea por motivos turísticos o por genuina creencia, muchos pobladores afirman que en ciertas noches se pueden escuchar tañer las campanas aun a pesar de que las mismas fueron retiradas antes de inundar el lugar. Los más agoreros hasta suelen afirmar que cuando ello ocurre, es presagio de muerte.

Tenemos entonces que la serie se basa en una leyenda real (como sintagma suena contradictorio, lo sé), pero no solo de ella se nutre sino también del mito de los llamados doppelgänger: especies de fantasmas propios de las tradiciones alemana y nórdica que se presentan como dobles de nosotros mismos, pero que encarnan únicamente nuestra parte malvada. Tal leyenda ha inspirado en fuerte modo a la literatura, tal como puede apreciarse en la novela El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Robert Louis Stevenson, 1886) o en el relato El Horla (Guy de Maupassant, 1887) y, de algún modo, hasta puede ser vinculada con la génesis de las teorías de Sigmund Freud sobre personalidades disociadas.

¿De qué trata Curon?

Vamos a la serie en sí. La historia comienza con lo que bien puede ser considerado un lugar común: la persona que regresa al pueblo después de muchos años. Es el caso de Anna Raina (Valeria Bilello), quien llega a Curon trayendo consigo a sus hijos adolescentes Mauro y Daria (Federico Russo y Margherita Morchio), quienes son mellizos.

En el lugar vive su padre Thomas (Luca Lionello), sujeto huraño que regentea un hotel venido a menos y que tiene como mascota a un lobo enjaulado. Lo del hotel casi abandonado trae reminiscencias de El Resplandor y, en efecto, hay una escena que es un obvio homenaje.

Al igual que ocurre en la vida real, allí está el campanario asomando por sobre las aguas del lago y también existe la leyenda local acerca de los oscuros presagios que trae oír el tañer de las campanas. La familia Raina, por su parte, carga con una traumática historia del pasado que ha quedado en el recuerdo de los pobladores y que tiene que ver con el trágico final de la esposa de Thomas.

Los jóvenes Daria traban relación con otra dupla de hermanos, Micki y Giulio (Juju Di Domenico y Giulio Brizzi) y en el medio habrá amoríos que, incluso, van a cruzarse, lo cual, si bien es cierto que constituye un buen gancho para adolescentes, en modo alguno termina por devorar la serie sino que todo está puesto en su justa medida como para entender mejor la trama principal y no para suplirla.

Micky y Giulio son, a su vez, hijos de Albert Asper (Alessandro Tedeschi), quien ha tenido, en el pasado, una fuerte relación con Anna y guarda un pasado escabroso que tiene que ver con ambos y, ya lo habrán imaginado, con los doppelgänger.

Apenas llegados al lugar los Raina, comienzan a ocurrir otra vez cosas extrañas al punto de la súbita desaparición de Anna, lo cual viene a revivir entre los moradores estremecedoras historias del pasado ligadas a apariciones, desapariciones y reapariciones en un pueblo cuyas viviendas se caracterizan por la profusa presencia de símbolos religiosos y, muy particularmente, de crucifijos que pueblan a granel los muros, calles y habitaciones. Todo indica que se teme a algo que está en el lago.

También anda por allí dando vueltas Lukas (Luca Castellano), el despechado enamorado de Micki, quien no solo no puede tolerar ver a ésta en relación con la recién llegada Daria, sino que además se ve perseguido por su propio doble. Todo ello, por supuesto, después de escuchar las campanas.

No quiero agregar mucho más porque la historia depara varias sorpresas y se hace imposible seguir hablando de ella sin revelar parte de una trama que es enteramente disfrutable. Aun cuando en el primer episodio, los encuadres y la estética nos hacen pensar que estamos ante una serie italiana con molde americano, es solo una sensación pasajera que se va diluyendo en la medida en que vamos reconociendo toques inequívocamente europeos.

A propósito de ello, hay puntos de contacto con Dark, pero a no confundirse: no es Dark. No lo digo por la calidad (no le anda muy lejos) sino por el estilo: aquí no hay personajes fríos ni de aire ausente sino, por el contrario, temperamentales y muy apasionados. Es lógico: estamos en Italia. Bien al norte, pero aún en Italia.

Balance Final de Temporada.

Creo que estamos ante una gran serie y el hecho de clasificarla como de terror o no es solo una mera cuestión de encasillamiento. No hay siquiera escenas demasiado sangrientas ni elementos gore y no está mal recordar que se puede desarrollar una historia sin una compulsiva necesidad de los mismos.

El elenco es solvente en su totalidad y ello ayuda, sobre todo considerando que a algunos la historia los obliga a disociarse debido al asunto de los Doppelgänger. Un detalle digno de resaltar es la cantidad de personajes, que es la justa: todo se desenvuelve en torno a dos familias y sus relaciones; de haber más, quitaría cohesión a la trama principal. La factura visual también es para destacar, viéndose realzada por el entorno natural.

Tal como dije antes, lo que predomina aquí es un suspenso sobrenatural que, quizás, tenga una base menos racional y más fantástica que la de Dark, pero que funciona y entretiene. No sé si decir que asusta: no es la palabra adecuada y, como señalé antes, no es esa una sensación fácil de lograr en una serie, pero sí les puedo asegurar que puede llegar a ponerlos muy nerviosos y, en particular, el último episodio no da tregua alguna en un trepidante camino que nos arroja a un final lleno de interrogantes de frente a una segunda temporada que, espero, exista. Hasta donde sé, la serie arrancó con bastante éxito en la plataforma pero hoy nada puede asegurarse cuando ya hemos visto en estos últimos años una reiterada tendencia a la cancelación de series aun exitosas en virtud de cuestiones empresariales ajenas a los niveles de audiencia. Esperemos que no sea el caso…

Sean felices y hasta la próxima…

 



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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