Crítica de Ramy: La búsqueda de uno mismo

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Por razones más que obvias, últimamente es muy complejo salir de la tónica en el vasto y creciente mundo de las plataformas a nuestra disposición. Netflix, HBO y quizás un poco Amazon, se reparten y comparten la gran mayoría del público seriéfilo contemporáneo. Pero eso no quiere decir que no se produzcan cosas interesantes más allá y una de estas emergentes plataformas que está empezando a dar mucho de que hablar es Hulu. La creadora de series ya afamadas como The handmaid’s tale y de interesantes nuevas propuestas como Castle Rock, Future Man o la aquí analizada Marvel’s Runaways, sigue apostando fuerte por las series y promete plantar batalla –o al menos intentarlo– en un futuro.

Uno de sus estrenos más recientes ha sido Ramy, una dramedia muy vigente aunque poco conocida que pone en evidencia sin ninguna clase de tapujos los dilemas existenciales de toda una generación.

La eterna contradicción millennial

No es novedad que la generación millennial está en boca de todos –quizás demasiado– y son muchos los que se quieren sumar al carro. Pero como pasa con todo lo que vende, los temas se terminan banalizando y diluyendo en el eterno frenesí competitivo del marketing. Es precisamente por este fenómeno que cuando sale a la luz un producto que trata verdaderamente bien el tema, brilla con una luz especial.

Ramy es un joven que, como todo millennial, se encuentra atascado en una etapa de su vida en la que sigue viviendo con sus padres, a duras penas encuentra un trabajo y no sabe quién es. Pero hay un factor que lo distingue del resto: es egipcio y vive en Estados Unidos. Si el momento en el que se encuentra ya es particularmente sensible y convulso, el sentirse atrapado entre dos culturas diametralmente opuestas ensalza ese desamparo existencial que siente y complica más su solución. Ramy se encuentra en un período plagado de contradicciones y como tal, la serie retrata con gran habilidad las incongruencias características de ese momento sin perder un ápice de comedia, explotando el tremendo contraste de la férrea tradición religiosa de su familia y entorno cercano con la loca vida de la noche y la actitud de la sus coetáneos estadounidenses.

El escaparate de la realidad

La serie, como ya he mencionado antes, hace especial hincapié en el contraste entre dos estilos de vida completamente distintos. Pero lejos de buscar imponer una determinada visión sobre ambos, se presentan como algo confuso y turbulento, huyendo de los blancos y negros al centrarse en establecer una imagen transversal gris en la cual es imposible reducir nada a un estereotipo. La realidad rara vez se rige por absolutos y esa es la eterna tortura a la que estamos condenados si queremos encontrarnos a nosotros mismos.

Precisamente por los temas que busca exponer y el tratamiento que estos tienen, muchas veces camina por las delgadas líneas de lo políticamente correcto. Una de las grandes virtudes de la serie es, a mi parecer, la amplia paleta de grises que muestra en su argumentario ya que el recurso fácil tiende a ser demonizar por completo alguna de las partes implicadas. Alejándose del discurso panfletario, Ramy se arriesga al exponer determinados aspectos de la realidad sin blanquearlos ya que, aunque es necesario tratarlos y normalizarlos, son habitualmente obviados y es probable que generen rechazo a más de uno.

¿Deberías ver Ramy?

Ramy es un afilado ejercicio de autocrítica, una introspección en uno de los momentos de más cambio para la sociedad. Las nuevas tecnologías y la globalización han propiciado un encontronazo ideológico en el mundo entero, generando nuevos debates éticos, morales y existenciales que nunca antes habíamos tenido que contemplar de este modo. Ramy es un gran ejemplo de este fenómeno y lo retrata haciendo una comedia sin remilgos y atrevida que sin duda dará mucho de que hablar a aquellos que la vean.

Desmitificadora y a mi parecer necesaria, la serie brilla por la terapia de choque que en ocasiones ofrece sin afán de ser aleccionadora. Una comedia distinta en la que los personajes se revelan hipócritas y cargados de defectos, pues en realidad se hallan perdidos. Una gran propuesta que sorprenderá a más de uno y promete un viaje cargado de interrogantes.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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