(Des)encanto Parte 2: Matt Groening en la era del streaming

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Matt Groening es, sin duda alguna, uno de los creadores más importantes que han pasado por la caja tonta. Con Los Simpson en su currículum, revolucionó las series de animación gracias a un producto que ha entrado en una larga y agónica decadencia pero que trató numerosos temas sociales con un humor que los adultos apreciaban tanto como los pequeños o, como atestigua su continuado éxito, incluso más. Con Futurama, dio vida a una obra menos exitosa pero que con el tiempo ha acabado desarrollando una amplia y fiel base de seguidores, parodiando con cariño y mala leche a los clásicos de la ciencia ficción.

Cuando Groening anunció una tercera serie para Netflix, muchos creyeron que (Des)encanto haría lo mismo con el género de fantasía y, efectivamente, esa era su intención: desde el comienzo, sus diseños cercanos a aquellos de la casa Disney confirmaron que buscaban parodiar las aventuras medievales… pero, por desgracia, a la tercera no fue la vencida. Tras dos obras maestras que conciliaron sin fisuras la comedia y el desarrollo de personajes, la nueva criatura del creador de Homer Simpson pasó desapercibida para el público, y la crítica hizo descender sobre ella el hacha del verdugo. Muchos no sabían qué esperar de la inminente segunda parte y, por ello, ahora que ha llegado, ¿supera a la primera? ¿Está a la altura de las expectativas o la decadencia de Matt Groening ha quedado confirmada? La respuesta, aunque esto parezca clickbait, te sorprenderá.

La segunda parte

Cabe aclarar que la nueva tanda de episodios se ha promocionado como la segunda parte de la primera temporada, producida a la vez que los primeros y decepcionantes capítulos. Por lo tanto, se sigue la misma narrativa, y se comienza donde lo dejamos hace un año… o, ya metidos de lleno en la ficción, hace más de un milenio: con los habitantes del reino de Dreamland convertidos en piedra por la malvada madre de Bean. Esta, desconociendo todavía las intenciones de su progenitora, acabará descubriendo los secretos de un cónclave secreto de brujos, y tendrá que enfrentarse a ellos con la ayuda del diablillo Luci. Juntos, intentarán resucitar a su diminuto colega Elfo.

A partir de este momento, (Des)encanto irá oscilando entre una historia que continúa capítulo por capítulo y una serie de episodios autoconclusivos. Los protagonistas no solo descubrirán algunos secretos sobre los villanos de esta temporada, sino que volverán a Dreamland, donde tendrán que seguir combatiendo los prejuicios de los habitantes de este reino y se verán envueltos en diversas aventuras. En ocasiones parece que estemos ante dos series distintas, dependiendo de su relación con la historia principal y quizás aquí se encuentre aquel elemento de (Des)encanto que tanto ha decepcionado a los seguidores de Groening.

El problema del streaming

Los primeros tres episodios, que resuelven el nudo en el que terminó la primera mitad, son insoportablemente soporíferos, tanto que incluso me planteé dejar la serie después de haber aguantado un comienzo ya flojo. Los creadores de estos personajes intentan darle una dimensión épica a sus aventuras que no casa con sus diseños ni con la narrativa que habían estado siguiendo hasta el momento. Se nota que Groening no está acostumbrado a las largas historias televisivas que el público demanda en la era del streaming, donde no es necesario limitarse a las tramas autoconclusivas con el objetivo de no alienar a los nuevos espectadores. El concepto del binge-watching propiciado por plataformas como Netflix ofrece posibilidades de desarrollo mucho más complicadas de llevar a cabo en la televisión. Y el creador de Futurama, por desgracia, está demasiado acostumbrado a la industria televisiva de antaño, e intenta imitar lo que no comprende.

Sus defectos se acentúan en la trama principal, bastante insulsa: los intentos de la serie de crear una sensación de peligro o de terror, así como el intento de convertir a la protagonista en una heroína fuerte, independiente e icónica como demandan los tiempos, acaban cayendo en saco roto con una alarmante frecuencia. Cuando los guionistas se centran en la historia propiamente dicha, dividen su atención entre el humor y la aventura, desatendiendo ambas facetas de esta serie y quedándose en una peligrosa e insípida tierra de nadie. Además, la idea del humor que tiene (Des)encanto parece consistir, durante la mayor parte de su metraje, en señalar un cliché de la fantasía heroica y señalar de forma nada sutil cómo lo están subvirtiendo, como si Shrek no se hubiera estrenado ya hace casi veinte años y no hubiera ya cientos de parodias que se mofan de la damisela en apuros. Cualquiera podría pensar que Matt Groening es una vieja gloria que no ha sabido adaptarse a los tiempos de las nuevas plataformas, y llevaría algo de razón…

…y, sin embargo, los episodios que se limitan a contar una historia de media hora logran arrancar alguna carcajada que otra. Groening y los colaboradores de los que se ha rodeado a lo largo de los años han sido y siguen siendo unos maestros de la narrativa breve, y las tramas autoconclusivas son una muestra incontestable de ello. Los capítulos centrados en las reivindicaciones sociales de los elfos, en los amoríos del monarca o en los intentos de nuestra protagonista de convertirse en escritora no alcanzan el nivel de sus dos famosas predecesoras, porque el listón estaba altísimo, pero sí ofrecen un entretenimiento más que digno, gracias a unos personajes a los que se les acaba cogiendo cariño. Entre estos destacan el adorable Elfo, cuya inocencia le hace destacar entre los endurecidos protagonistas con los que comparte escenario, y el rey Zog, que recuerda a Robert Baratheon y acaba resultando un extraño cruce entre el famoso Homer y el robot amoral Bender, cuyo intérprete le presta la voz. Aunque el final de temporada promete volver a la aburrida historia principal, personajes como estos justifican la existencia de esta serie… por lo menos, de momento.

Conclusión

Los primeros capítulos de esta segunda tanda no son mediocres, no son mejorables, no son flojos: son, sencillamente, malos, y la trama principal está tan descuidada que se dejan a un lado desarrollos importantes que solo se recuerdan al final de temporada. Sin embargo, los capítulos autoconclusivos suponen una mejora considerable, aunque todavía a años luz de Futurama o Los Simpson, y hay que reconocer que el episodio 10 de esta segunda parte utiliza de manera inteligente la continuidad de la serie y acaba en un cliffhanger bastante más interesante que el anterior.

¿Merece la pena (Des)encanto? Se trata de una serie tan irregular que esa pregunta sigue sin una respuesta clara más de un año después de su estreno. Sin embargo, dada su escasa duración, no cuesta nada darle una oportunidad a este nuevo retoño de Matt Groening, aunque las comparaciones sean odiosas. Por lo menos, yo volveré a darle una oportunidad a la tercera parte cuando llegue a nuestras pantallas. Un monólogo de la protagonista en uno de los capítulos finales despierta recuerdos del Philip J. Fry que llegó a Marte, de aquel collage con fotos de su hija que un empleado de la central nuclear de Springfield mantiene en su lugar de trabajo… y nos sirve para tener en cuenta que, quien tuvo, retuvo.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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