El joven Sheldon: The Big Bang Theory pierde su esencia

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The Big Bang Theory, una de las sitcoms más longevas e influyentes de la televisión, ha llegado a su fin. Tras la decisión de Jim Parsons de abandonar la serie y un final emotivo en el que se despidió adecuadamente a todos los personajes, solo queda una pregunta. ¿Cómo va a conseguir la CBS seguir exprimiendo una comedia que lleva años manteniéndose en una segura y rentable irrelevancia? Quizás apelando a la nostalgia (la serie comenzó hace ya más de una década) consigan vender más camisetas y tazas, pero no durará demasiado. Por ello, las cadenas suelen tratar de extender la vida útil de sus productos más exitosos a través de secuelas, de remakes… y de spin-offs.

Desde fracasos estrepitosos como Joey hasta series que amplían el universo de ficción como Torchwood o que, como Ángel, incluso logran superar a su predecesora, los spin-offs llevan entre nosotros prácticamente desde el nacimiento de la televisión, remontándose incluso a la época de oro de la radio. En plena fiebre por los universos cinematográficos y televisivos dentro de lo que podríamos llamar “cultura friki”, la serie que popularizó este mundillo no podía ser menos. Por eso, el incombustible Chuck Lorre ya se aseguró de poder seguir ganándose el pan tras la cancelación de su retoño cuando, en 2017, creó El joven Sheldon, que nos contará las aventuras del pequeño Sheldon Cooper y de su familia en el pequeño pueblo de Texas donde se crió, y las dificultades con las que se encuentra en su vida cotidiana un chico tan especial como este. Una vez hechas las presentaciones, solo cabe hacerse una pregunta.

¿Era esto necesario?

Una comedia familiar

El experto en guión de este blog ya habló de la comfort tv, es decir, de aquellas series que buscan ofrecer un producto inofensivo y predecible, que no revolucione el mercado pero consiga la suficiente audiencia como para seguir adelante. Dentro de los ejemplos que cita bien podría haberse incluido a El joven Sheldon, una comedia poco arriesgada desde su origen. No solo se aferra a la popularidad decadente pero todavía millonaria de The Big Bang Theory, sino a una tendencia mucho más transversal: la nostalgia por décadas pasadas, en esta ocasión, los omnipresentes ochenta que no solo están viviendo una segunda etapa de gloria a través de productos originales sino que también producen secuelas tardías de otras sagas… e incluso se extienden al universo de The Big Bang Theory, que tanto se sirvió de la nostalgia friki para sus chistes. Ahora, el círculo se ha cerrado por completo.

Iain Armitage, que recoge sorprendentemente bien el testigo de Jim Parsons, es el protagonista de esta comedia en la que una familia de clase media-baja norteamericana tendrá que pasar su día a día mediando entre sus dos revoltosos hijos y ese tercer niño superdotado que acabará convirtiéndose en el Sheldon que conocemos. A pesar de que es la voz del propio Parsons la que introduce cada capítulo, la batuta la llevan a partes iguales todos los miembros de la familia, destacando los padres y la macarra abuela, todos con buenos intérpretes que logran sacar a sus personajes algunos momentos bastante memorables. Al final de cada episodio, tras una serie de desavenencias, todo volverá a la normalidad y, por lo general, el episodio terminará con un momento emotivo seguido de una última broma. Como si fuera una sitcom de los 80 o 90 (pensemos en El show de Bill Cosby o en Horsin’ Around) que llega más de veinte años tarde y no ofrece nada nuevo. Por no haber, no hay ni risas enlatadas que nos ayuden a sobrellevar el empacho de azúcar que nos provocan los protagonistas. Protagonistas que, por cierto, no se parecen ni por asomo a la familia disfuncional que nos describe Sheldon en la serie original.

Al contrario que Stranger Things, coge lo peor de los ochenta en lugar de sus aspectos más positivos para acabar dando forma a una serie en la que apenas hay referencias a videojuegos, a cómics ni a películas, y casi nunca forman parte de la trama principal. The Big Bang Theory comenzó suponiendo un soplo de aire fresco por tratar estos temas de forma creativa, pero ha muerto de éxito, y seguramente esta serie tenga una muerte mucho menos dulce: en un mercado cada vez más de nicho, no ofrece nada único a un público que ya está cansado de comedias familiares. No le auguro un buen futuro sin el manto protector de su serie madre, por mucho empeño que pongan los responsables.

Conclusión

El joven Sheldon es una serie que no mantiene nada del encanto del material original. Se trata de un sacacuartos formulaico con personajes tópicos y argumentos previsibles… y, sin embargo, uno acaba cogiéndole cariño a ese chico superdotado, a sus padres, a sus hermanos y hasta a algún que otro secundario. Aunque racionalmente podamos rechazar el cinismo con el que se concibió esta ficción, hay que reconocer una cosa: si esa fórmula se sigue utilizando es porque funciona en el aspecto emocional. Esto, junto al carisma de un actor protagonista al que deseamos ver en una serie mejor, consigue que los veinte minutos de cada capítulo sean no solo soportables sino incluso entretenidos. Eso sí, hay cosas mucho mejores que ver y hacer.

 



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

6 comentarios

  1. No coincido en casi nada de lo que dices. No es para nada necesaria, como el 99% de los productos de entretenimiento, que si no los hacen, pues tampoco pasa nada, pero, para eso están, para entretener (aunque sí es verdad que es la sitcom típica de acaba el capítulo y todo vuelve a la normalidad).
    Lo de la risas enlatadas, cuando hay, que si se creen que somos tontos y no sabemos cúando reírnos, y si no hay, que si no ayuda a no sé qué del azúcar del argumento.
    La serie, para los fans de TBBT, da detallitos y respuestas a algunas preguntas que rodeaban a Sheldon y entretiene con humor blanco.
    No comparto tu opinión, pero la respeto; no hay que olvidarlo.

    • Un saludo y gracias por comentar.
      Efectivamente, nadie habría perdido nada si no se hubiera estrenado “The Big Bang Theory” (más allá de productores, actores…), pero esa era una serie que tenía algo distinto que contar y logró alcanzar su propia identidad. Aunque, como digo, puedo disfrutar de “Young Sheldon”, es algo triste que no hayan sabido aprovechar el potencial de un producto como este.

  2. Alfonso López el

    Hola chicos, pues sí como se ha apuntado, esta serie es para entretener, cuando se estrenó no pasé del capítulo dos, luego la retome (hace unos días) a instancias de una amiga, empecé a verla desde otro ángulo ya que al principio la estaba comparando con TBBT y allí estuvo mi error. Ahora me relajé y empecé a disfrutarla un poco más, y como mencionas, terminé tomándole cariño a los personajes, aunque que como dices no encajan para nada con lo descrito por Sheldon en TBBT, lo cual es extraño si tomamos en cuenta su memoria fotográfica. Bueno entre otras cosas, ahora tengo un segundo motivo para continuar viéndola y es que a mi hijo de 7 años le encantó, y pues nada, ¿qué mejor oportunidad para compartir con tu hijo que ver una serie familiar donde le puedes enseñar un par de cosillas? Saludos de este lado del Charco.

  3. Carme Guasch el

    A mi me encanta, realmente estoy viendi ahira the big band theory por lo mucho que. Me ha gustado Young Sheldon, voy por la novena temporada
    Por cierto, odio las risas enlatadas

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