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John McTiernan visita Madrid para el Festival Sombra: “La última película que de verdad me gustó fue Oppenheimer”

El pasado lunes 17 a las 12:00h, solo unas horas después de haber asistido a la imborrable proyección de Jungla de cristal (1988) con presentación y coloquio de John McTiernan, los responsables del Festival Sombra Madrid 2025 nos citaron en el Palacio de Longoria (sede de la SGAE) para asistir a una inolvidable rueda de prensa con uno de los más grandes del cine de acción moderno: sir John McTiernan, director de obras de la talla de Depredador (1987) y La caza del Octubre Rojo (1990), además de la mencionada Jungla de cristal. Durante más de media hora, el mítico director estadounidense respondió con entusiasmo a nuestras preguntas. 

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“La mayoría de películas son muy serias, pero yo nunca he hecho películas serias”

El estadounidense no dirige una película desde Basic en 2003, más de dos décadas de inactividad que han elevado aún más si cabe su figura al estatus de leyenda en vida. Todo el mundo recuerda con pasión esas maravillosas cintas que nos entregó en los 80 y 90, y la manera en que cambiaron la forma de rodar el cine de acción, para lo que el director de fotografía holandés Jan de Bont ─habitual de Paul Verhoeven─ fue fundamental. A pesar de su impacto, McTiernan recuerda con humildad esa época dorada: “Nosotros no inventamos nada, solo tuvimos una gran educación cinematográfica. Sabíamos lo que otros estaban haciendo“.

Los movimientos de cámara tan característicos y la delicadeza en la puesta en escena del de Nueva York nunca fueron casuales: “lo que estábamos haciendo era convertir la cámara en un narrador activo”, comenta defendiendo la figura del autor cinematográfico, para diferenciarse de “la forma industrial estándar de hacer películas en los años 50 (…) se rodaban exactamente igual (…) el narrador era invisible. Era el estudio de cine”.

El cineasta siempre ha tenido clara su posición como narrador a través de la cámara: “tenía que decirle al público (sobre Jungla de cristal) que eso era un poco tonto y divertido. Que no era una historia seria de terrorismo (…) No es la realidad, es una historia”. Aunque eso no signifique que no sea una película exenta de política: “en realidad es bastante política (…) los héroes son hombres comunes, que son los inteligentes; los oficiales son un grupo de idiotas. Eso fue deliberado”.

Cómo se convirtió "La Jungla de Cristal" en un clásico navideño? - HIGHXTAR.

Jan de Bont (izquierda), John McTiernan (en medio) y Bruce Willis (derecha) durante el rodaje de Jungla de cristal (1988)

“La última película que de verdad me gustó fue Oppenheimer. Fui a verla cuatro o cinco veces”

Su defensa del autor y del buen cine le llevó a hablar con cierto pesimismo del presente y futuro del panorama general: “Tengo esperanza en el futuro, pero lo que ves en las películas es solo una parte de algo más grande”, “Los grandes estudios ya no están dirigidos por cineastas”. Además, afirmó no conocer demasiado el cine de Marvel y superhéroes, “muchas películas independientes son mejores”.

Poco después, para no incidir demasiado en la crítica directa a los estudios, se cubrió las espaldas estableciendo un símil con la industria automovilística y una experiencia personal: “Cuando era pequeño solía sentarme con mi abuelo en el porche, y cuando oscurecía, tratábamos de identificar los automóviles por las luces traseras. Ya no puedes hacer eso. En Estados Unidos todos los coches son idénticos“. Esta extrapolación condujo su discurso hacia un territorio más general en que se explayó sobre la influencia del dinero en la cultura y la sociedad, apoyándose en sus estudios de antropología previos al cine.

“La cultura está siendo determinada por la economía”

Las “prácticas económicas perversas” no solo atañen al cine o a los automóviles, es un patrón constante en las grandes industrias que a McTiernan le parece de gran relevancia recalcar: “Los supermercados estadounidenses tienen un 30 o 40% de comida basura (…) Tienes a todas estas personas corriendo por EEUU con el pelo en llamas hablando de una epidemia de personas obesas. No es una epidemia de personas obesas, es una industria que está ganando dinero haciendo comida basura adictiva“.

Mediante esta mirada antropológica heredada de su aprendizaje académico, el cineasta afiló aún más su crítica de los poderosos: “Es justo como el modelo del tabaco, lo hacen gerentes inmorales y personas de dinero (…) Seguramente hay personas muriendo de sobrepeso igual que hace cuarenta años de cáncer”, incluso relacionándolo con las redes sociales: “En los Estados Unidos hay debate sobre todo, y mucho de eso proviene del diseño de Facebook. Intentan deliberadamente hacer que la gente se pelee para ganar más dinero“.

John McTiernan: "Las películas de superhéroes están hechas por fascistas"

“Si hubiera gente ganando dinero disparando a extraños por la calle, lo pararíamos, ¿por qué no lo paramos cuando estas personas están haciendo, en efecto, lo mismo?”

John McTiernan, por mucha sangre y armas que abarroten sus películas, tiene una visión humanista muy conciliadora del mundo: “Nosotros creamos el entorno en el que todos vivimos (…) de los que vendrán después, y por eso somos responsables de lo que producimos”, y no soporta que se transmitan valores negativos en las películas: “Muchas películas de acción son muy malas (…) Están llenas de odio (…) Muchas de estas personas están generando montones de odio… contaminando el entorno humano, el mundo en que todos vivimos (…) Mucha gente gana dinero hiriendo a sus semejantes”.

El estadounidense comulga con muchas de las ideas de las familias calvinistas del norte de Estados Unidos que abrazan el humanismo: “si vas a ser salvado, si alguna vez vas a ver la cara de Dios, tomarás medidas para detener que otras personas hagan el mal. No es solo que no lo harás, sino que tratarás de detener a los demás de hacerlo”.

Para continuar con su análisis sociocultural y antropológico, hizo especial énfasis en la importancia de la labor periodística: “Vosotros sois importantes. Nos enseñáis a los demás (…) Ser periodista es muy difícil, no te pagan mucho y las personas para las que trabajas son despectivas e irrespetuosas, pero hay una razón para lo que haces: transmites ideas. Eres parte de la cultura, estás haciendo cultura. Espero que lo veáis y recordéis”. Un alegato en defensa de los medios de comunicación y la prensa que declamó con mucho ímpetu.

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John McTiernan en el centro. Fotografía cedida por Sombra Madrid

“Sabes cómo hacer una película de la mejor manera el último día que trabajas en ella. Aprendes durante todo el proceso y el día que más sabes es el que terminas”

Cuando le preguntan por su cine da la sensación de que recuerda con nostalgia aquellos días, deteniéndose a pensar con la mirada perdida escrutando muy lejos del presente. Sobre su no tan reconocida Los últimos días del edén (1992) se lamenta algo triste: “no salió como lo había planeado“; y deja entender que el actor protagonista no aceptó alguna propuesta: “Tenía a Lena Olin, y la llevé a cenar con Sean Connery para que se conocieran (…) Sean había aprendido algo al hacer todas las películas de James Bond, y era nunca dejar que una actriz fuera más importante que él (…) Dijo que no”. Pero no todo fue decepción: “Me gusta el final”.

Mientras Fernando Colomo nos decía hace poco en una entrevista que él sí era autocrítico con su cine, McTiernan tiene otra visión en este punto de su vida: “Eso es para otra gente. No soy tan mayor. A mis ochenta seré mi propio crítico, pero ahora se lo dejo a otras personas“.

habló con una sonrisa y el rostro iluminado sobre Depredador (1987) y la manera en que se convirtió en su primer gran éxito después de su ópera prima menos reconocida, Nómadas (1986): “Sabía que si no era buena a nadie le iba a importar, porque es una aventura tonta de chicos”. Tenía muy claro por qué decidió hacer la película: “No acepté el trabajo porque pensara que sería un gran éxito ni nada por el estilo, simplemente traté de hacer una aventura honesta para chicos”. Aún así, no esperaba el éxito que llegó a ser: “No tenía ni idea, pero sabía que era seguro (…) ¡Arnold Schwarzennegger se enfrenta a monstruos del espacio exterior! ¿Cómo se puede perder?”.

“La manera de saltar una valla en un caballo es lanzar tu corazón sobre ella, y el caballo lo seguirá. Eso era esa película”

Depredador (1987) - Filmaffinity

Muchas gracias por leerme y ¡larga vida al Sombra!

Darío Serrano Gómez
Darío Serrano Gómez
Apasionado del cine en constante aprendizaje. Me gusta ver películas y escribir sobre ellas.
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