Debo reconocer que no soy un lector habitual de cómic europeo (ni de manga). Mis gustos personales se inclinan más al mundo de las viñetas de EEUU. Pero de vez en cuando picoteo alguna obra europea y me he llevado a veces unas muy agradables sorpresas (por poner un ejemplo, El Paciente de Timothé Le Boucher me parece el mejor cómic que leí el año pasado). Así que he dado una oportunidad a Saint-Elme, publicado en España por Astiberri en un volumen integral que recoge los dos primeros álbumes de los cinco de los que va a constar la serie. Y tengo que reconocer que he vuelto a quedar gratamente sorprendido, ya que la historia que nos presentan Serge Lehman y Frederik Peeters me ha gustado mucho.

Sain-Elme, lugar que da título al álbum, es un pueblecito aparentemente idílico. Un sitio tranquilo y famoso por sus manantiales de agua dulce y perfecto para disfrutar de la montaña y sus lagos. Pero nada más lejos de la realidad. Como vamos a ir descubriendo, el lugar está plagado de corrupción y crimen y parece que todo el mundo esconde algún oscuro secreto.
A este pueblo llegan Frank Sangaré y su socia, la Señora Dombra, contratados para localizar a Arno Cavalieri, un joven de una familia adinerada que lleva tres meses desaparecido. Un caso sencillo para unos competentes detectives que se acaba convirtiendo en todo un dolor de cabeza según nuestros protagonistas profundicen en su investigación. Sobre todo porque la sus pesquisas cada vez van implicando a más habitantes del pueblo, cada cual más extraño y misterioso, sobre todo los miembros de la familia que dirige el lugar.
Aunque en principio podríamos pensar que estamos ante una obra noir de las que últimamente parecen estar tan de moda, nada más lejos de la realidad. Y es que Sain-Elme se esconden algunos elementos paranormales que le dan un toque de originalidad perfecto. Desde la misteriosa plaga de ranas al extraño comportamiento de algunos personajes, pasando por el aura de misterio que envuelve todo el lugar, todo resulta extraño y surrealista. Pero los autores se las apañan para que ese tono místico no se descontrole y embarulle la historia que quieren contar, de manera que nunca pierden el control de la trama de investigación que se va salpicando con sus convenientes dosis de violencia. Aunque es muy probable que el elemento sobrenatural cobre más importancia en los volúmenes que están por venir.

Otro de los elementos que hacen brillar esta historia es su reparto coral. Aunque Frank Sangaré y la Señora Dombra parezcan a simple vista los protagonistas, Serge Lehman y Frederik Peeters se esfuerzan en presentar un nutrido grupo de habitantes de Sain-Elme, a cada cual más interesante y todos con un secreto que parece afectar a la historia de un modo que es imposible anticipar. Los personajes están tan bien construidos y tratados que es imposible no sentir atracción por cada uno de ellos y no querer conocer más de su pasado y de las circunstancias que los han llevado a Sain-Elme.
Es de admirar como Lehman va introduciendo poco a poco a esos personajes en los momentos justos, haciendo que el ritmo de la historia no decaiga nunca, lo que se ve favorecido también por la habilidad del guionista para ir presentando esas tramas en los momentos oportunos y luego ir entremezclándolas de manera que la trama principal nunca pierda fuerza ni interés. A lo que también ayuda la dosificación de la información que se nos va descubriendo poco a poco y que siempre nos deja con la miel en los labios, sin descubrir todas las cartas y presentado cada vez preguntas más interesantes.

De esta manera es muy fácil que leyendo esta obra se nos venga a la memoria la genial Twin Peaks de David Lynch con la que comparte ese tono mezcla de género negro y elementos sobrenaturales y el reparto coral que hace que la historia no deje de atraparnos.
Y si la historia es interesante y atrayente, que no podemos decir del arte. Frederik Peeters es uno de los mejores dibujantes europeos del momento y en aquí ofrece uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. A su consabido dominio de la narrativa añade un uso del color que resulta todo un acierto para la historia que estamos leyendo. Llama mucho la atención el uso de unos colores muy vivos que contrastan de manera perfecta con una trama tan densa y oscura. En muchas ocasiones el dibujante va usando diferentes tonos según el personaje o la escena que nos está mostrando, haciendo que la historia gane en dinamismo e interés y nos mantenga siempre pegados a sus viñetas sin poder quitar el ojo de esos personajes tan interesantes.

La edición de Astiberri es correcta. El integral encuadernado en tapa dura recoge los dos primeros volúmenes de la serie en 160 páginas y tiene un tamaño perfecto para disfrutar de los dibujos de Peeters (22 x 29 cm). Se echa en falta algún extra como la portada del tomo dos o alguna pequeña biografía de los autores. El precio de venta es de 30 euros.
En resumen, este primer volumen de Saint-Elme es un cómic maravilloso que es imposible dejar de leer. Ofrece una historia negra que va más allá de los tópicos del género gracias a unos pequeños detalles sobrenaturales y a un reparto coral que hacen que la trama gane en interés página a página, unas páginas con un dibujo perfecto que queda como un guante a la historia que los autores nos quieren contar. La única pega es que habrá que esperar un tiempo para ver como termina (en Francia solo hay publicado un volumen más, el tercero de cinco) y poder hacernos una idea definitiva de su valor.



