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Retro-Análisis: 10.000 a.C. (2008), prehistoria con clichés y extensiones capilares

En el primer retro-análisis del año hacemos repaso de 10.000 a.C. (2008), aventura prehistórica dirigida por Roland Emmerich que se pierde en su propio viaje y termina por no llegar a destino ni dar lo que propone.

Bienvenidos sean a un nuevo retro-análisis, primero de 2025. Y dado que el año pasado iniciamos con una película ambientada en la prehistoria, este año comenzamos con otra en la misma línea, como lo es 10.000 a.C. (2008), dirigida por Roland Emmerich. Y aunque no soy supersticioso ni creo en cábalas, espero que sirva de buen augurio ya que 2024 ha sido un gran año para esta sección a la que hemos logrado dar continuidad y regularidad, siendo publicados cuarenta y nueve retro-análisis en el transcurso del mismo, lo que significa casi uno por domingo y, por lo tanto, nos pone felices.

Roland Emmerich es un director alemán que, aunque formado en su país, siempre se caracterizó, por rodar en inglés para llegar a más gente. Gracias a su éxito en video hogareño, Estación Lunar 44 le permitió ser conocido por la industria de Hollywood y, primero bajo auspicios de Mario Kassar y luego de Michael Bay, desarrollar allí una carrera con resonantes éxitos de taquilla como Soldado Universal (1992), Stargate (1994), Independence Day (1996), El Patriota (2000), El Día de Mañana (2004) o la que hoy nos ocupa: 10.000 a.C.

Por lo general, sus películas transitan la ciencia ficción, el cine catástrofe o el drama histórico, casi siempre con personajes bien lineales y un empalagoso discurso patriótico (o más bien patriotero), difícil de entender cuando ni siquiera nació en Estados Unidos. Pero bueno: por algo será amigo de Michael Bay…

Emmerich gusta mucho de poner la bandera en primer plano o de dar al presidente de Estados Unidos un importante y activo rol ante invasiones o desastres naturales. Pero claro: 10.000 a.C es una película que versa sobre la prehistoria y allí no puede hacer nada de eso…

La idea de hacer una película que transcurriera en esa etapa de la humanidad cuadraba en el amor que Emmerich decía sentir por En Busca del Fuego (Jean-Jacques Annaud, 1981), filme referente si los hay dentro de lo que podríamos llamar “cine prehistórico”. En un principio fue Columbia Pictures quien dio luz verde pero se desligó luego por problemas de agenda y el proyecto acabó en manos de Warner.

El guion corrió por cuenta del propio Emmerich en colaboración con Harald Kloser, compositor austríaco también migrado a Hollywood que además tenía a su cargo la banda sonora, como antes había tenido la de El Día de Mañana. Si Emmerich le invitó a coescribir el guion fue porque justamente le gustaron algunos de sus aportes y sugerencias para dicho filme.

En cuanto a los actores, el director (muy afecto a los elencos corales) no quería en esta oportunidad nombres demasiado conocidos para que no distrajeran al público o lo sacasen de época.

Steven Strait no era, de hecho, ninguna celebridad a pesar de tener una cierta carrera en teatro y haber trabajado como modelo publicitario para prestigiosas marcas como Dolce & Gabbana. En cine, había hecho su debut en la película de Disney Sky High (2005) y tenido papeles en la cinta de terror La Alianza del Mal (2006) o en el drama policial Asuntos de Familia (2009). Pero no era alguien demasiado conocido para el gran público y a lo sumo estaba sindicado como muchacho guapo y atractivo.

En cuanto a Camilla Belle, su camino previo al filme tiene muchos puntos de contacto con el de Strait. No solo había nacido en el mismo año (1986), sino que además había sido modelo publicitaria, tenido su debut cinematográfico en una película de Disney (en su caso Volver a Hawaii, de 2000) y pasado por el cine de terror (Cuando un Extraño llama, de 2006), pero su actuación más elogiada la tuvo componiendo a una chica sordomuda en El Silencio (2006). No obstante ello, tampoco era una figura de renombre…

La fotografía corrió a cargo de otro europeo emigrado como lo es el suizo Ueli Steiger, quien ya tenía reputación por sus trabajos en la comedia juvenil Some Girls (1988) o en el thriller Labios Ardientes (1990), e incluso a las órdenes del propio Emmerich en la antes mencionada El Día después de Mañana o en el remake de Godzilla (1998).

El rodaje se realizó en cuatro países y tres continentes diferentes. La idea de Emmerich era filmar todo en África, particularmente en Namibia y Sudáfrica, pero ciertos problemas con los permisos para las tomas aéreas desde helicópteros hicieron que algunas partes debieran ser rodadas en Nueva Zelanda y Tailandia. La película llegó a los cines estadounidenses el 5 de marzo de 2008.

Pero en fin, veamos de qué iba la historia y, por si les interesa, les dejo link con otros retro-análisis a cargo de un servidor sobre filmes ambientados en la prehistoria…

Retro-Análisis: Hace un Millón de Años (1966), el absurdo atractivo de una prehistoria imaginaria

Retro-Análisis: El Clan del Oso Cavernario (1986), la prehistoria del feminismo

 

La Historia

Solo el tiempo puede separar la verdad de la leyenda”. Con esa frase en off a cargo de Omar Sharif (que, contrariamente, nos deja pensando si no será al revés), se inicia una película que nos cuenta la historia de los Yagahl, tribu de cazadores-recolectores nómades liderados por un tal Tic’Tic (Cliff Curtis), a quien cabe el honor de portar la Lanza Blanca por ostentar el título de “gran cazador”.

Una anciana a la que identifican como Vieja Madre (Mona Hammond) tiene una visión profética en la cual, después de la Última Cacería (sí, suena a Spider-Man, pero viene a ser algo así como la jubilación de Tic’Tic), habrá un nuevo líder que guiará a la tribu hacia otras tierras, ayudándoles a escapar del hambre que, por ausencia de mamuts, vienen sufriendo (no se nota demasiado)…

También dice que este les guiará en la lucha contra los “demonios de cuatro patas”, a quienes aún nadie ha visto, pero son responsables de haber masacrado completa a una tribu, cuya única sobreviviente es una niña de intensos ojos azules que ha sido criada por los yagahl y que está, según la anciana, destinada a ser esposa del nuevo líder.

Vemos luego a la niña ya siendo toda una muchacha y respondiendo al nombre de Evolet (Camilla Belle). Desde la infancia se atraen mutuamente con un joven cazador llamado D’Leh (Steven Strait), quien, de cara a la Última Cacería, compite con Ka’ren (Mo Zinal) por ser el nuevo portador de la Lanza Blanca, aunque a decir verdad parece más interesado el segundo que el primero.

Básicamente se trata de dar caza a una manada de mamuts, los cuales han vuelto a aparecer, pero básicamente a su “manak” o líder. D´Leh es quien logra esto último, ganándose así el respeto de la tribu, como también la Lanza Blanca y el derecho a tomar por esposa a quien quiera, aunque está descontado que será Evolet.

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Internamente, sin embargo, sabe que no le cupo gran hazaña porque el animal, simplemente, cayó sobre su lanza. Sintiendo culpa, decide pues en la noche regresar a Tic´Tic la Lanza Blanca mientras Evolet, enterada, lo toma como desprecio porque de ese modo no solo renuncia a su liderazgo, sino también a ella.

La profecía parece haberse roto y los Yagahl estar a merced de la inminente llegada de los “demonios de cuatro patas”, básicamente jinetes que lucen mezcla de cosacos, tártaros y mongoles, los cuales asolan el campamento dejando un tendal de muertos, capturando esclavos y muy especialmente a Evolet, a quien el líder se lleva atada a su caballo ante la mortificada mirada de D´Leh, que nada puede hacer.

Sin embargo y una vez que los atacantes se han ido, D´Leh se une con Tic´Tic, Ka´ren y un niño llamado Baku para iniciar un viaje en pos de encontrar y rescatar a Evolet, lo cual hacen siguiendo pistas que, cual Gretel, ella les va dejando (¿no era más fácil seguir las pisadas o las bostas de los caballos?). De ese modo, recorrerán los más variados paisajes (literal) entrando en contacto con peligrosas criaturas prehistóricas y extrañas tribus por ellos desconocidas…

Un Viaje Anacrónico y a Puro Cliché

Por regla general no escrita, las películas sobre la prehistoria lo son también de viajes. Y si bien es cierto que en ese tipo de sociedades era muy poco probable que individuos o pequeños grupos se separasen del resto (cuando lo hacían, era en grupos de aproximadamente treinta), todo se puede dar con una buena excusa argumental: en la ya mencionada En Busca del Fuego, el trío principal era desterrado por (supuestamente) haber dejado apagar la llama del clan. En Hace un Millón de Años, el protagonista quedaba aislado por un terremoto. Y en Alpha (2018) , un joven cazador corría idéntica suerte tras caer por un barranco y darle los suyos por muerto.

Aquí no hay ninguna buena excusa. Que un puñado de personas se desprendiera del resto como grupo comando en misión de rescate es tan inverosímil que mueve a risa. Y aun si su objetivo final fuera restablecer la profecía, se termina pareciendo a una de esas historias de viajes en el tiempo en que hay que restablecer la línea temporal, lo cual, sin subestimar a nadie, suena a ejercicio de lógica algo complejo para nómadas del mesolítico.

El viaje es en sí mismo muy extraño y cuesta delinearlo en un mapa. Los paisajes van desde montañas nevadas hasta junglas, sabanas y desiertos, todo sin solución de continuidad y cambiando abruptamente de uno a otro. La sensación final es que el grupo de cazadores hubiera viajado a pie desde los Montes Urales hasta el Kalahari, ¿pero cuántos meses o años de caminata requiere eso y qué tan probable sería encontrar a Evolet entera y aún virgen transcurrido ese tiempo?

La fauna, con sus infaltables mamuts y tigres dientes de sable, luce en general bastante acorde al período. Más dudosos son los emúes gigantes y carnívoros que atacan al grupo en los pantanos y que parecen lucir como forusrácidos que, según tengo entendido, solo habitaron en el continente americano y llevarían siete u ocho mil años de extinguidos para el tiempo en que se desarrolla la película.

Y ya que estamos con los anacronismos, las viviendas de los yagahl se ven demasiado evolucionadas y poco prácticas para un pueblo nómade que acampa hoy aquí y mañana allá. Tampoco sus vestimentas cuadran demasiado y mucho menos los peinados, con esos dreadlocks y extensiones tan cool. Eso sin hablar de los rasgos suaves y delicados, los cuerpos lustrosos o los lampiños pectorales de gimnasio.

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A diferencia de la mayoría de las películas de género prehistórico, aquí nadie se tomó el trabajo de inventar un idioma, aunque más no sea uno simple y gutural: los yagahl hablan un inglés tan perfecto que deleitaría a cualquier profesora añosa y doctorada en Shakespeare. Y ni hablar de sus giros y expresiones: esa frase tan poética en off del principio está dicha supuestamente por uno de ellos sin olvidar que D´Leh es capaz de decir con absoluta naturalidad “soy más viejo de lo que parezco”…

Los caballos que montan los esclavistas lucen bastante actuales (además de que faltaban siete mil años para la domesticación de dicho animal) y tampoco cuadran mucho sus embarcaciones a vela con aparejos y jarcias. Para quitarse el problema de encima, se nos dice que hay quienes afirman que vinieron de las estrellas o de una tierra que se hundió allende el mar.

Son además constructores de pirámides y esclavizan a los pueblos que subyugan (¿eso no lo vimos ya en Stargate?), por lo cual D´Leh unirá a los oprimidos de diferentes etnias en contra de ellos, lugar común manido si los hay y muy querido por el director, que echó mano de ese recurso no solo en Stargate, sino también en los bodrios patrioteros Independence Day o (valga la redundancia) El Patriota. Y como hemos dicho antes, si no nos pone esta vez la bandera de Estados Unidos en la cara es porque el contexto de época no se lo permite (estoy seguro que habrá buscado la forma sin encontrarla).

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Ahora bien, ¿no están también plagadas de anacronismos e imprecisiones geográficas las otras películas sobre la prehistoria? Sí, todas y cada una: incluso En Busca del Fuego, en menor medida, tiene sus baches al respecto. Pero tanto en esa película como en Hace un Millón de Años (1966), El Clan del Oso Cavernario (1986), Alpha (2018) o Entre las Sombras (2022), hay de fondo una historia que en mayor o menor medida divierte y entretiene. Y los anacronismos de Hace un Millón de Años tenían como únicos objetivos hacer convivir a humanos con dinosaurios y mostrar a Raquel Welch en bikini de cuero. Misión cumplida…

Aquí nada conduce a nada y la historia peca de lo que nunca debería pecar una película que pretende combinar épica, romance y aventura: ser aburrida. Los personajes están toscamente delineados, siendo lisos y sin desarrollo, a lo que tampoco contribuye lo acartonado de las actuaciones, incluidos Camila Belle, que tiene un potencial mucho mayor, o Steven Strait, a quien veremos bastante mejor años después en la excelente serie The Expanse, de la cual pueden leer aquí nuestros análisis.

Los diálogos son igualmente inconducentes. Quien piense que una película ambientada en la prehistoria no requiere de buenos diálogos está equivocado; muy por el contrario, esa etapa de la humanidad constituye todo un desafío para un guionista, pues el público debe captar y entender los sentimientos, móviles y conflictos de los protagonistas sin entender palabra del idioma que hablan. Y en este caso, encima, hablan inglés pero no conducen a nada. Emmerich manifestó quererlo así para que el espectador asumiera un mayor compromiso emocional, pero nada más lejano…

Y si los diálogos no conducen a nada, ciertas situaciones de la trama tampoco. Sobre el comienzo se plantea una competencia o conflicto entre D’ Leh y Ka´ren que pinta importante, pero no se vuelve a explorar. Y hacia la mitad hay un momento algo bíblico en el que D’ Leh libera y salva la vida a un tigre dientes de sable que, en devolución de favor, le perdona la suya propia…

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Tiene algo de parábola del León de San Marcos y parece haber cierta conexión entre humano y felino, pero de todos modos no importa porque ese vínculo queda al poco tiempo prácticamente olvidado en la trama, salvo porque una tribu llamada Naku tiene una profecía (aquí todos tienen una) sobre alguien que llegaría un día para salvarlos y sería capaz de comunicarse con “diente de lanza”, tal el nombre que dan al tigre dientes de sable.

En Conclusión

A pesar de haber tenido un buen desempeño en taquilla, 10.000 a. C tuvo una pobre recepción por parte de los críticos, algo casi inherente a toda la carrera de Roland Emmerich, quien siempre tuvo perfectamente en claro que no hace las películas ni para ellos ni para los científicos.

Pero no deja de ser válido preguntarse cuál era el sentido de ubicar esta historia en el tiempo a que hace referencia el título y si no hubiera sido mucho mejor llevarla algunos miles de años adelante, pues lo único que justifica el contexto prehistórico es la presencia de mamuts y tigres dientes de sable que ni siquiera terminan siendo sustanciales a la trama.

Por mucho que Emmerich diga amar En Busca del Fuego, su película es más bien un pastiche que puede remitir a Conan el Bárbaro, a El Guerrero Número Trece o incluso a El Señor de los Anillos, pero sin tener las virtudes de ninguna (y si les sorprende mi alusión a la trilogía de Peter Jackson, presten atención a las prácticamente idénticas tomas aéreas del grupo caminando por las montañas).

Sumémosle diálogos sin sentido, personajes sin profundidad, actuaciones que no quedan en la memoria y los típicos clichés del director repetidos hasta el hartazgo, como la arenga “emotiva” con música de fondo o las cámaras lentas en contexto de batalla. En los papeles, 10.000 a. C. era una propuesta que prometía, pero a la larga termina fallando en lo principal, que es entretener y divertir, dos requisitos absolutamente esenciales en cualquier aventura prehistórica que se precie.

Y si le pongo dos estrellas en lugar de una, es por la bella fotografía de Steiger, por la hermosa música de Kloser (superior en épica y emoción a las escenas a las que hace fondo) y por el conmovedor plus de escuchar en off la voz de una leyenda como el ya desaparecido Omar Sharif.

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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