Los años ochenta trajeron un cierto revival de la aventura exótica y especialmente africana, lo que abrió la posibilidad de llevar por primera vez al cine a un icónico personaje del cómic. Sheena, Reina de la Selva (1984) tenía en la dirección al británico John Guillermin y en el papel principal a Tanya Roberts, por ese entonces ex ángel de Charlie y futura chica Bond. Filmada en escenarios naturales y con un presupuesto respetable, el resultado, tristemente, no estuvo a la altura…
Bienvenidos a un nuevo retro-análisis, hoy para hablar de Sheena, Reina de la Selva (1984), película dirigida por John Guillermin que, con Tanya Roberts en su rol principal, vino en su momento a rescatar para el cine a la jungle girl más famosa del cómic.
Los tarzánidos, por cierto, constituyen casi un género aparte ( y las jungle girls un subgénero): tomando como referencia al inmortal personaje creado en la literatura por Edgar Rice Burroughs y muy especialmente a la estética que en los cómics le diera Harold Foster, integraron una legión de personajes que, con características similares a Tarzán, poblaron tanto la literatura como el cómic, cine, tv y videojuegos. Si no me creen, les invito a echar un vistazo a la guía de tarzánidos que este mismo redactor publicó en esta web hace cosa de año y medio.
Creada en 1937 por Will Eisner (quien hoy día presta nombre a uno de los más importantes premios en cómic) y con dibujo de Jerry Iger, Sheena fue no solo la primera jungle girl, sino también el primer personaje femenino con revista propia (antes que Wonder Woman).
Originalmente es una niña blanca que, quedando húerfana en las junglas del Congo, acaba criada por la shamana de una tribu que, entre otras habilidades, le enseña a comunicarse telepáticamente con los animales, lo cual, a diferencia de otros tarzánidos, acerca a Sheena al concepto de superheroína por tener habilidades especiales.
Largo Camino a la Gran Pantalla
Si bien el personaje ya había tenido en los cincuenta una serie televisiva, el cine no se enteraba. Pero en 1974 el productor Paul Aratow tomó conocimiento del cómic por un documentalista amigo y quedó fascinado con la idea de llevar a Sheena a la pantalla grande. La idea era que fuera interpretada por Raquel Welch, quien ya sabía algo de bikinis salvajes, pero cuando todo estaba arreglado para comenzar, Universal se bajó sorpresivamente aun habiendo ya desembolsado dinero. Aratow, en cambio, no bajó los brazos y llevó la idea a varias compañías hasta que Columbia aceptó.
Estábamos en los ochenta y había un revival del continente africano, no solo como representación de lo exótico, sino también de la pureza de un paraíso perdido al cual era bueno regresar. Diversos artistas musicales se reunían en estudios o en vivo para recaudar fondos a beneficio de África mientras Peter Gabriel y Phil Collins exploraban sonidos tribales y la banda Toto rendía tributo al continente con una canción que sonaba en todas las radios. Todo ello mientras el cine volvía a la aventura en escenarios exóticos de décadas anteriores: momento justo para Sheena…

La idea era darle al personaje un contexto más realista y menos fantástico, tal la razón por la cual fue rechazado un primer guion de Leslie Stevens que incluía alienígenas ancestrales. Se encargó uno nuevo a David Newman (quien paradójicamente venía de Superman), el cual no solo dotó a la historia de un mayor realismo (sobreviviendo únicamente la telepatía como elemento fantástico), sino también de connotaciones ecológicas o en contra del racismo, aunque para evitar conflictos se reemplazó Congo por el ficticio reino de Tigora.
Para la dirección se contrató a John Guillermin, quien algo sabía del tema por haber dirigido un par de películas de Tarzán entre los cincuenta y sesenta, como también de escenarios y animales exóticos por ser responsable del remake de King Kong de 1976 protagonizado por Jessica Lange. Fue él quien justamente trajo para colaborar en el guion a Lorenzo Semple Jr., que había escrito dicho filme.
Para ese entonces ya Raquel Welch estaba descartada por su edad y se pensaba en Bo Derek, que vivía sus quince minutos de gloria y había tenido su experiencia africana con Tarzán, el Hombre Mono (1981), adaptación pretendidamente erótica que daba vergüenza ajena (prometo reseña basura).
Sandahl Bergman, Sybil Danning, Christie Brinkley, Farrah Fawcett y Cheryl Ladd fueron también consideradas, pero finalmente se eligió por casting a Tanya Roberts que, irónicamente, había en su momento reemplazado a Ladd en la serie Los Ángeles de Charlie (y esta antes a su vez a Fawcett). Además, acreditaba haber coprotagonizado con Marc Singer El Señor de las Bestias (1982) y, quizás más importante a los ojos de los productores, una figura y un rostro que encandilaban la vista.
La película tuvo un costo de veinticinco millones de dólares y el rodaje, mayormente en Kenia y en menor medida en Guinea, demandó siete meses. Uno de los mayores problemas fue que había que incluir tanto animales salvajes como entrenados, por lo que, en impensado regreso al África, se transportaron leones, leopardos, chimpancés y hasta un rinoceronte desde el otro lado del Atlántico. Ello implicó permisos especiales para cada traslado, sumado a la difícil convivencia entre leones salvajes y entrenados.
En cuanto a la cebra que monta Sheena , es en realidad un caballo pintado, pues la cebra no es animal fácil de domesticar y menos de montar, algo que pudieron constatar los alemanes que intentaron hacerlo en la primera guerra mundial.
La Historia
Haciendo trabajo médico humanitario en África, una pareja descubre que una tribu local, los zambouli, recurren a tierras curativas para sanar a sus enfermos con sorprendente éxito aun en los casos más graves.
Investigando, van a parar a una cueva y mueren bajo un derrumbe, dejando así huérfana a su pequeña hija que es recogida por la shamana de los zambouli (Elizabeth of Toro) y presentada al resto como la niña blanca que, según cierta profecía, saldría un día de la cueva para liderarlos.
Es ella quien la cría y le da el nombre Sheena, además de enseñarle a utilizar el arco y comunicarse telepáticamente con los animales, lo cual consigue estrujándose la frente como si tuviera jaqueca. Recién hacia los quince minutos y con los créditos corriendo, vemos a Sheena adulta y en la piel de Tanya Roberts mientras monta a lomo de la falsa cebra.

El reino de Tigora está gobernado por el soberano Jabalani (Clifton Jones), quien tiene un acuerdo con los zambouli para respetar sus tierras, pero también un “hermano malo” como Otwani (Trevor Thomas), que viene de ser estrella de fútbol americano en Estados Unidos y tiene turbios acuerdos con empresarios inescrupulosos para explotar el titanio presente en dichas tierras.
Es él quien trama y lleva adelante un golpe de estado que, en connivencia con la prometida de su hermano (France Zobda), desemboca en la muerte de este por una flecha zambouli de la cual acusan falsamente a la shamana.
Pero dos reporteros americanos llamados Vic y Fletch (Ted Wass y Donovan Scott) han captado una fotografía en la cual se aprecia que la flecha fue disparada por una ballesta de acero que poco encaja con los armamentos zambouli.
Sus destinos, muy especialmente el de Vic, se acabarán cruzando con Sheena, quien organiza con los animales una operación de rescate para liberar a la shamana y no quiero contar más, pero ya está claro que Sheena, Vic, los zambouli y la fauna local harán causa común contra el pérfido Otwani para proteger las tierras de los nativos cuyos recursos ambiciona.
Indefiniciones y Lugares Comunes
No es que John Guillermin hubiera hecho antes obras de arte, pero sí películas entretenidas y superiores a esta. En su descargo hay que decir que su hijo murió en un accidente mientras se rodaba el filme y desde ese momento anduvo errático y ausente. De hecho, solo filmaría de allí en más la fallida secuela de King Kong (1986) para ya no volver a dirigir.
Sheena, Reina de la Selva es una colección de lugares comunes y personajes estereotipados hasta la caricatura, pero no le caigamos solo al director por ello: la trama previsible y los diálogos insulsos son también responsabilidad de una dupla de guionistas que, por separado, habían estado detrás de Bonnie y Clyde (1967), Papillon (1973), Tres Días del Cóndor (1975) o Superman (1978). No se nota…
El marco africano, siempre atractivo, está poco aprovechado por la fotografía del italiano Pasqualino De Santis, que es correcta pero lejos de sus trabajos para Federico Fellini, Luchino Visconti, Ettore Scola o Robert Bresson, habiendo incluso ganado un Oscar por la Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli (1968). Abundan imágenes clicheras, como Sheena cabalgando cabello al viento en cámara lenta o besando a Vic con fondo de flamencos levantando vuelo.

Ello además de la ironía de que la jungle girl más famosa no aparezca casi en la jungla sino mayormente en la sabana, la ciudad o rodeada de unos pocos árboles que podrían estar en cualquier parque. Eso sí: la cámara no pierde oportunidad de exhibir en su esplendor la belleza de Tanya con un enamoramiento que no deja dudas de la relación que, se dice, sostenía con el director en ese momento.
De hecho, la película está claramente armada en torno a ella y enfocada a un salto a la gran pantalla que solo conseguiría parcialmente como chica bond en Panorama para Matar (En la Mira de los Asesinos para América Latina), para luego quedar confinada a thrillers eróticos clase B (y recordemos que falleció en 2021 a causa de una infección del tracto urinario que se extendió al torrente sanguíneo).
Sheena lleva siempre el cabello terso y radiante, pero dice que lo mantiene con “bayas zam zam” (tomen nota,chicas), aunque no hay explicación para el perfecto maquillaje y sí un par de escenas que, exponiendo su escultural figura en total desnudez, le valieron al filme una restricción de edad.
Y allí está uno de los mayores problemas de la cinta: ni director, ni guionistas, ni productores dan impresión de tener en claro si quieren hacer una aventura para toda la familia o un fetiche cinematográfico.
Basta con ver el primer plano del pie que Sheena extiende a Vic para que no ruede barranca abajo y que debe haber gustado a Tarantino. O los quince minutos en que la vemos encadenada y con el malvado Otwani soltándole frases como: “Soy tu rey; puedo hacer contigo lo que quiera…”. Y cada vez que trepa un árbol o barranco, por supuesto, la cámara se ubica estratégicamente…
Pero la ambigüedad se hace evidente cuando vemos a Sheena bambolearse al ritmo de la cabalgata y no terminamos de decidir si nos remite al acto sexual o a un niño en un tiovivo.
Que Tanya no era buena actriz era algo ya sabido antes de esta película, pero lo venía disimulando más o menos bien por sus roles secundarios o por compartir protagonismo, mientras que aquí queda mucho más en evidencia al girar todo en torno a ella.
Y de todas formas no es que quienes la secundan estén demasiado felices pues, salvo Ted Wass (que venía de saltar al estrellato con la sitcom Soap ) y, en menor medida, Donovan Scott y Elizabeth of Toro, el resto, muy especialmente los villanos, transitan entre la inexpresividad y la sobreactuación.
En cuanto a la banda sonora, compuesta por Richard Hartley, copia con bastante obviedad y casi descaro a Vangelis, quien sonaba mucho por ese entonces y venía del Oscar por la música de Carros de Fuego. De hecho, el leitmotiv principal, bello pero poco original y repetido de manera cargosa, remite demasiado al de la película de Hugh Hudson con la casi única diferencia de una guitarra acústica al frente.
Valoración Final
Tal como he expresado en el título, la jungle girl por excelencia merecía algo mejor. Sheena es uno de los personajes más clásicos de la edad de oro del cómic y para mí de los más entrañables, del mismo modo que Tanya Roberts (me hago cargo) es la de más “ángel” de todas las que pasaron por Los Ángeles de Charlie (que no es lo mismo que decir mejor actriz). Si a ello sumábamos la promesa de aventura y el siempre atractivo marco africano, la combinación estaba perfectamente dada y sin embargo… no funcionó.
De hecho, ese mismo día me tocó sufrir la decepción de la secuela de Conan, otro de mis personajes favoritos y que en su caso venía de una primera película magnífica: sí, entré a un cine y después al otro para salir de ambos con el mismo desencanto, así que no fue una gran tarde…
Con un costo de veinticinco millones de dólares, Sheena Reina de la Selva recaudó algo menos de seis, lo que habla de un fracaso importante. Y las razones de un fracaso comercial no necesariamente coinciden con las que hacen que una película no sea buena: desde esta sección, de hecho, hemos reivindicado varias que no funcionaron en taquilla, pero claramente no es este el caso.

Uno de los principales problemas en Sheena, Reina de la Selva es la indefinición. Ni director ni productor parecen tener en claro qué película quieren hacer. De hecho, Aratow había manifestado que quería darle una heroína a las niñas, pero ello se contradice con los generosos planos del físico de Tanya Roberts o las escenas de desnudez. La película no termina de decidir si quiere ser una aventura familiar, una historia de amor para quinceañeras o un espectáculo fetichista para hombres adultos.
Lo peor es que en el medio se perdió la esencia del personaje. Al querer recrear una Sheena más acorde a los tiempos (menos violenta y más ingenua o romántica) e intentar darle un tono más realista que en los cómics, se acabó en que perdiera magia y encanto.
Sheena, Reina de la Selva naufraga en un guion torpe y a puro cliché que no hace justicia a los antecedentes de director ni guionistas, pero tampoco a Tanya ni, fundamentalmente, a Sheena. Y es una pena porque las condiciones de producción estaban dadas para que así fuera.
Tras el fracaso, el personaje no volvió a ser reseteado para cine, pero sí para una serie televisiva (la segunda después de la de los cincuenta) que, creada por Douglas Schwartz e interpretada por Gena Lee Nolin, fue emitida durante dos temporadas entre 2000 y 2001. La actriz venía de Baywatch (Los Vigilantes de la Playa) y ello garantizaba busto generoso, aunque también un nombre fonéticamente semejante al del personaje y alguna confusión deliberada con Xena, la Princesa Guerrera.
Básicamente, repetía la historia de la niña huérfana criada por una shamana y, al igual que la película, ubicaba a la blonda muchacha en un país ficticio gobernado por un dictador y le daba un interés amoroso blanco y americano.
Pero mientras que el filme buscó quitarle elementos fantásticos a Sheena, la serie los exageró y no para bien, otorgándole incluso la habilidad de cambiar de forma al fusionarse mentalmente con animales (ojo: el cgi no estaba mal), algo que no ocurría en los cómics. Además, y algo fuera de época o contexto, la hacían enfrentarse con la KGB y hasta con la “marabunta”: hormiga carnívora que por alguna razón tomaba prestado un nombre inventado de una famosa película con Charlton Heston que, además, transcurría en Sudamérica y no en África.
En fin, Sheena sigue esperando una buena adaptación en pantalla. Quizás llegue en algún momento, pero ojalá no en el contexto actual, porque la paranoia sexista de hoy en día terminaría de desvirtuar a un personaje que ya ha sufrido mucho. Lo mejor sería permitirle descansar en las viñetas hasta que el contexto esté dado…
Hasta la próxima y sean felices…



