Dirigida por Chris Columbus y con un elenco infantil que quedaría para siempre en el recuerdo, el 4 de noviembre de 2001 llegaba a los cines Harry Potter y la Piedra Filosofal, inaugurándose con la misma una saga de ocho películas dedicadas al célebre mago creado por J.K. Rowling. Al cumplirse pues en pocos días el 25° aniversario y en espera de la serie a ser estrenada por HBO Max hacia fin de año, hacemos revisión…
Bienvenidos sean a un nuevo retro-análisis, hoy para hablar de Harry Potter y la Piedra Filosofal (2001), película que, ni falta hace decirlo, se ha instalado de manera icónica en la cultura popular y la identidad juvenil, además de haber iniciado una de las sagas más exitosas de la historia del cine y lanzado al estrellato a sus tres niños protagonistas. Con dirección de Chris Columbus, el filme adapta no solo la primera novela del universo de Harry Potter, sino también la primera de la autora en ser publicada.
La historia de J.K. Rowling, por cierto, ha sido contada muchas veces y puesta como ejemplo de resiliencia y entereza para convertir la adversidad en inspiración, pues al momento de conseguir vender y publicar su primera novela venía, en lo personal, de una serie de experiencias frustrantes y negativas. A un fallido matrimonio con violencia incluida le habían seguido el desempleo, las permanentes mudanzas, los préstamos de amistades para solventar sus estudios y la ayuda social para sostener a su hija Jessica.
Sí, parece casi la historia de la Cenicienta, pero es real. Rowling venía escribiendo la novela desde 1990 cuando, según contó, tuvo la idea de Harry Potter a bordo de un tren mientras viajaba entre Londres y Manchester. En ese momento, dice, los tres personajes principales ya estaban delineados en su mente.
Entre todas las dificultades que le tocó vivir, nunca dejó de escribirla hasta que, después de doce rechazos editoriales, consiguió en 1995 venderla por un monto modesto a Bloomsbury después de que su director Nigel Newton viera a su hija de ocho años exigir el segundo capítulo tras leer el primero.
La novela, como es bien sabido, fue un arrasador éxito editorial al igual que las seis que le siguieron, constituyéndose de hecho la saga en la serie de libros más vendida de la historia. Impensable, desde luego, que a nadie se le ocurriera la posibilidad de llevarla al cine cuando era un éxito asegurado en el largo plazo, pues ya había cuatro libros publicados al momento de llegar la primera adaptación.
Fue el productor David Heyman quien, a la búsqueda de alguna buena historia infantil, se enamoró de la novela al leerla aun a pesar de que no le gustaba el título. Se la presentó a Warner junto con las tres que siguieron y así fue como Rowling vendió a la misma los derechos de los primeros cuatro libros por un millón de libras esterlinas. La condición que impuso fue que todo el elenco debía ser británico o irlandés.
Se encomendó el guion a Steve Kloves, responsable de Los Fabulosos Baker Boys (1989), y se barajaron distintos directores. Steven Spielberg fue uno de los primeros en mostrar interés, aunque su idea era hacer una película animada con la voz de Harry Potter a cargo de Haley Joel Osment, actor infantil que venía de impactar en El Sexto Sentido (1999), pero que rompía la condición impuesta por Rowling al ser estadounidense. Spielberg abandonó el proyecto y se abocó a la realización de Inteligencia Artificial (2001), la película que dejara pendiente Stanley Kubrick.
Otros nombres fueron considerados: Jonathan Demme, Baz Luhrmann, David Fincher, Alan Parker, Rob Reiner, Wolfgang Petersen, Ivan Reitman, M. Night Shyamalan y Terry Gilliam, que era la preferencia inicial de Rowling. Pero el elegido terminó siendo Chris Columbus, responsable de éxitos como Solo en Casa (1990) o Señora Doubtfire (1993), además de declarado fan de las novelas tras ser prácticamente obligado por su hija a leerlas. Se dice que pidió ser el último en la rueda de entrevistas a fin de dejar, entre todos los candidatos, una impresión más final y duradera.
Para los papeles principales se realizaron sesiones abiertas y así quedaron seleccionados Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint en los respectivos papeles de Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley. De los tres, únicamente el primero tenía algo de experiencia en pantalla, mientras que los otros dos solo en obras escolares o a lo sumo grupos de teatro locales.
Pero lo desconocido del trío principal se compensaba por detrás con una impresionante constelación de glorias británicas como Richard Harris, quien se quedó con el papel de Albus Dumbledore tras ser rechazado el mismo por Christopher Lee (que se decidió por Saruman en El Señor de los Anillos) y por Sean Connery. Alan Rickman terminó siendo el del profesor Snape después de que Tim Roth lo desechara por preferir El Planeta de los Simios (2001).
Maggie Smith, en tanto, fue la elegida para dar vida a Minerva McGonagall y Robbie Coltrane a Hagrid, papel en el que había manifestado interés Robin Williams pero, una vez más, jugaba en contra la nacionalidad.
En septiembre de 2000 comenzó el rodaje en localizaciones británicas especialmente elegidas como el Castillo de Alnwick o la Catedral de Gloucester. Inicialmente se había pensado también en la Catedral de Canterbury, pero las autoridades eclesiásticas a cargo de la misma se negaron por el “tema pagano” de la historia.
La fotografía quedó a cargo de John Seale (Rain Man, El Paciente Inglés) y la banda sonora de John Williams, de quien espero que no me pidan ejemplos de filmes que musicalizó. El rodaje concluyó en marzo de 2001 y la película llegó a los cines en noviembre del mismo año.

La Historia
En las tierras altas de Escocia y oculto a la vista de los muggles (personas corrientes como tú y como yo), se halla el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería en el que, a partir de los once años, son entrenados en dichas artes niños de Gran Bretaña o Irlanda con aptitud para las mismas. Algunos son magos de sangre pura que descienden de prestigiosos linajes y otros pueden ser hijos de muggles o bien mestizos, como el pequeño Harry…
Luego de quedar este huérfano tras morir sus padres en un supuesto accidente, el profesor Albus Dumbledore (Richard Harris) y la profesora Minerva McGonagall (Maggie Smith), respectivamente director y vicedirectora de la institución, deciden dejarlo al cuidado de sus tíos maternos (Richard Griffiths y Fiona Shaw) hasta que cumpla los once y sea convocado a Hogwarts.
Luciendo en su frente una misteriosa cicatriz en forma de rayo, Harry crece con ellos, pero su familia adoptiva no es ninguna maravilla. Lo menosprecian y relegan todo el tiempo en favor de su tan odioso como imbécil primo Dudley (Harry Melling) y, como si con eso no bastara, le esconden las cartas que las lechuzas traen desde Hogwarts convocándolo por haber alcanzado la edad requerida.
Hagrid (Robbie Coltrane), guardabosques de la institución, va pues personalmente a buscarlo y, por poco que guste a sus tíos, se lo termina llevando. En el Callejón Diacon, del Londres oculto, le ayuda a conseguir los insumos necesarios, previo paso por una entidad bancaria atendida por duendes en la cual el niño retira el dinero que sus padres le han legado. Con el mismo, adquiere lo que le hace falta y, muy especialmente, la varita mágica, que en realidad lo elige a él.
En la estación, aborda el Expreso Hogwarts en la platorma 9 ¾, a la cual se accede literalmente atravesando la pared, y conoce arriba a Ron Weasley (Rupert Grind) y Hermione Granger (Emma Watson), trabando primeras conversaciones con quienes serán de allí en más no solo sus compañeros, sino también sus amigos inseparables.

McGonagall les da la bienvenida en Hogwarts y se enteran que los estudiantes son divididos en cuatro casas designadas respectivamente Gryffindor, Happlepuff, Ravelcrow y Slytherin, siendo los magos de esta última los de carácter más oscuro.
El Sombrero Seleccionador (literalmente un sombrero parlante) decide cuál toca a cada uno y tanto Harry como sus dos nuevos amigos son asignados a Gryffindor, aunque con bastantes dudas en su caso personal. El arrogante Draco Malfoy (Tom Felton), de quien ya se intuye que será su gran rival allí dentro, va a parar en cambio a Slytherin. El sentido de la selección y división es que las casas compitan entre sí sumando o restando puntos a lo largo del año lectivo para ganar un trofeo que se entrega al final del mismo.
Pronto conocen a los demás personajes del instituto como el profesor Snape (Alan Rickman), especialista en pociones y venenos, o el tartamudo Quirrell (Ian Hart), quien imparte clases de Defensa contra las Artes Oscuras. También al malhumorado celador Filch (Adrian Bradley) e incluso a Nick Casi Decapitado (John Cleese), fantasma que se pasea por el edificio como si tal cosa.
Los niños son entrenados en el uso de la escoba voladora y en el particular juego del quidditch mientras van conociendo oscuros secretos sobre el pasado del instituto y, particularmente, sobre los padres de Harry, quien se anoticia de que fueron en realidad asesinados por un mago malvado llamado Voldemort, mismo que le dejara la cicatriz.
A medida que vayan explorando el lugar y empapándose en sus misterios, se cruzarán con criaturas fantásticas como unicornios, centauros, hombres lobo, crías de dragón, pozos con tentáculos, un enorme troll y un perro de tres cabezas que resguarda una puerta trampa con un secreto oculto del cual no quiero contar demasiado, pero solo diré que tiene que ver con el título de la película y el pasado de Harry…
La Magia de la Inocencia
Esta es una película que no se puede mirar con ojos de adulto, pero lejos de ser ello un defecto, es más bien su virtud principal. Inútil buscar en ella ironías o dobles sentidos como puede ocurrir con tantas producciones infantiles de las útimas décadas. No nos guiña el ojo todo el tiempo para hacernos saber que nos reconoce como adultos al otro lado de la pantalla, sino que más bien busca y consigue llevarnos a una época de nuestras vidas en que todo nos fascinaba y estaba por ser descubierto.
Es probable incluso que Harry Potter y la Piedra Filosofal no sea la mejor película de la saga ni aparezca alto en las preferencias de los fans que, en líneas generales, prefieren el tono más oscuro que tomó la saga a partir de su tercera entrega y de la dirección de Alfonso Cuarón. Pero tiene algo que no tienen las demás y es ese espíritu de descubrimiento único e irrepetible que nos hace ir conociendo Hogwarts a la par de los protagonistas.
Porque, después de todo, ¿cuántos adultos habíamos leído la novela al momento de estrenarse en su momento la película? Diría que muy pocos y admito pertenecer a la gran mayoría neófita que cayó al cine sin saber de qué iba la cosa, salvo que había detrás un fenómeno editorial de ventas que era garantía segura de franquicia y, en el centro de todo, un maguito de lentes que volaba en escoba.
De hecho, quizás allí esté el mayor problema de la película, que es el tener que dar al espectador demasiada información, sobre todo en su primera mitad. Pero es no solo lógico sino también necesario que así sea, pues Hogwarts es un universo en sí mismo que responde a reglas propias y el filme se toma su tiempo para que podamos internalizarlo como la cosa más natural del mundo. Como si tuviéramos once años, bah…
Es posible que por eso mismo no nos enganche tanto la primera mitad, pues el esfuerzo del guion por hacernos captar ese particular universo y el nuestro por comprenderlo provocan que la historia vaya hasta entonces a ritmo algo lento y le cueste arrancar. Pero cuando la intriga acaba por tomar forma, ya no para de crecer de manera sostenida hasta el final en una segunda mitad repleta de giros que es puro suspenso, aventura y, por supuesto, fantasía. Y después de quejarse de la ausencia de guiños para adultos, se da entonces uno cuenta de que no hacían falta…
Y buena parte del encanto, por cierto, reside en que se trata de una fantasía que puede ser extraña y alocada, pero a la vez cercana y reconocible, a lo cual contribuye sin duda la preponderancia de efectos físicos por sobre los de ordenador, primando más bien las maquetas, animatrónicos, brazos mecánicos, cables y trucos de cámara de los más tradicionales. Hasta se usaron aves reales especialmente entrenadas para representar a las lechuzas Hedwig en lugar de hacerlo digitalmente.
No es que el CGI esté por completo ausente, sino que se reserva para las escenas visualmente más exigentes como el partido de quidditch, por cierto una de las más icónicas de la película e incluso de la saga. Pero durante la mayor parte del metraje, insisto, se recurre preferentemente a ingeniosos efectos prácticos de set de filmación.

No todos vuelan, desde ya (y valga la redundancia), a la misma altura y alcanza para comprobarlo el momento de la cena en que la cabeza del fantasma hace presencia en la mesa e interactúa con los integrantes del trío principal mientras los ojos de estos parecieran mirar a cualquier lado. Supongo que ha de ser un problema de edición, pues la escena se rodó con el propio Cleese asomándose por un agujero y superponiéndolo después con otra toma de la mesa en la que estaba ausente él, pero no los niños.
Y, sin embargo, nada de ello desluce a la película sino que contribuye a darle un delicioso carácter artesanal y artificioso que, ayudado por la maravillosa paleta de colores cálidos a que recurre la fotografía de John Seale, acaba remitiendo a las ilustraciones de los libros de cuentos o a los murales que adornaban aquellos corredores de nuestras escuelas de primer ciclo.
Un Elenco con Carisma
Desde ya que la película no sería lo que es sin su trío principal, cuyos integrantes muestran una química a todas luces magnífica que se percibe desde el primer momento en que se conocen. Es cierto, no obstante, que en ese entonces Daniel Radcliffe era de los tres el que más limitaciones mostraba y menos recursos tenía, lo cual queda especialmente en evidencia por la desafortunada frecuencia con que se exhibe su rostro en primer plano.
Mucho más convincentes están Rupert Grint, que aporta una comicidad fresca y espontánea a su interpretación de Ron, o Emma Watson, que transmite la suficiente seguridad y energía como para que Hermione se devore prácticamente la segunda mitad de la película, en la que es principalmente ella quien hace avanzar la trama con sus acertadas decisiones y astutas deducciones.
Pero repito que, a pesar de las diferentes capacidades actorales, es el trío lo que funciona y, de hecho, allí está el principal desafío para los actores infantiles que les dan vida en la serie que está a punto de estrenarse. En la cultura iconográfica masiva, hoy por hoy, los rostros de Radcliffe, Grint y Watson están ya mimetizados con los de Potter, Weasley y Granger al punto que parece casi no haber diferencia entre unos y otros. Y no está fácil luchar contra eso para quienes tengan la pesada tarea de volver a dar vida a esos personajes…

Y si hablamos de elenco, por supuesto, no hay que olvidar a los secundarios, que de secundarios tienen solo el nombre porque descollan por allí grandes y rutilantes glorias del cine y teatro británicos. Alan Rickman, el actor de las pausas y la voz inconfundible, da por ejemplo a su profesor Snape una magnética ambigüedad que hace difícil apartar nuestra atención de él cuando está en pantalla.
Maggie Smith, por su parte, es la imagen misma de la autoridad en su composición de McGonagall, personaje al que la prestigiosa actriz impone su propio sello. Y a no olvidar ese increíble Dumbledore encarnado por Richard Harris o el maravilloso vendedor de varitas mágicas al que el siempre impagable John Hurt da vida en una escena tan breve como inolvidable. Me duele en el alma, eso sí que ninguno de ellos esté ya con nosotros…
Por último, pero obviamente no menor, no se puede dejar de mencionar la eficaz dirección de Chris Columbus, realizador que no tiene una impronta visual reconocible como la que puedan tener, por ejemplo, Tim Burton o los previamente considerados Steven Spielberg y Terry Gilliam, pero que siempre supo, sin embargo, estar al servicio de lo que sus filmes requerían a la hora de hacerlos divertidos, amenos y accesibles a todos los públicos.
También hay que subrayar, desde luego, el guion de Steve Kloves, quien repetiría luego en otras seis películas de Harry Potter y que, en este caso en particular, recibió el visto bueno tanto de los fans como de la propia autora de los libros por su fidelidad a los mismos. Y párrafo aparte para la icónica música de John Williams, quien suma el habitual aporte emocional que suele caracterizar a sus bandas sonoras.
Valoracion y Legado
Harry Potter y la Piedra Filosofal fue un éxito de taquilla al recaudar casi mil millones de dólares con un costo de ciento veinticinco y las críticas fueron en general elogiosas al momento de estrenarse. Le siguieron siete películas, siendo Las Reliquias de la Muerte: parte 2 (2011) la que daría cierre final a la historia, más las tres de Animales Fantásticos que, aunque fueron de mayor a menor, ayudaron a expandir también el universo. Y como esto es retroalimentación, los ya exitosos libros pasaron a serlo aún más en la medida en que nuevos lectores llegaban a los mismos tras visionar los filmes.
Como antes he dicho, puede que Harry Potter y la Piedra Filosofal no sea en el balance final la mejor de la saga (ya habrá tiempo de ordenarlas en un top), pero la experiencia de entrar en ese mundo por primera vez es única, inmersiva e irrepetible. Para algunos será la más infantil de todas, pero allí está la gracia. No está pensada para niños y adultos por separado, sino para un público de niños y adultos que quieran volver a ser niños, tal la invitación que nos hace con su fascinante mundo de magia por más que el bombardeo de información pueda, en la primera mitad, abrumar un poco a los no conocedores de la saga literaria.
Ahora es el turno de la serie, que llega esta navidad y que, como fue señalado, no la tiene fácil, no solo porque haya nuevos rostros infantiles detrás de los personajes principales, sino porque ahora la historia es demasiado conocida por todos y serán muy pocos los que lleguen sin haber pasado previamente por los libros o las películas. Los que en 2001 podían ser giros sorpresivos hoy ya no lo son.
Pero así como Harry Potter y la Piedra Filosofal hizo en algún momento caer nuestros prejuicios de adulto, habrá que ser lo suficientemente abiertos para librarse ahora de los del fan y dejar que la cosa simplemente fluya para evaluar con criterio. Ya estaremos seguramente hablando de la serie en esta web cuando. Mientras tanto, a disfrutar de lo que tenemos. Y de la magia…
Hasta la próxima y sean felices…



