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Análisis de 30 monedas. Capítulo 4. Recuerdos

Bienvenidos todos y todas al análisis del cuarto capítulo de 30 monedas, el que marca el ecuador de esta temporada y que sirve para poner en contexto todo lo que hemos visto hasta ahora gracias a una visita por el pasado del Padre Vergara.

Aquí puedes ver los análisis de los episodios anteriores

El arranque del episodio está en consonancia con el de los anteriores, con la búsqueda de una nueva moneda. Aunque esta vez nada de un golem matando a diestro y siniestro. Vemos una de las secuencias más impresionantes de la serie cuando un grupo de sacerdotes en plan Indiana Jones encuentran el tesoro que van buscando en una catedral derrumbada bajo tierra. Las imágenes son de una belleza tétrica magnífica. Y no hay que obviar el simbolismo del enorme crucifijo descolgado que está cabeza abajo o que para recuperar las monedas haya que dar la vuelta a los ojos de ese Cristo poniéndolos en blanco, tal y como aparecen los ojos de los romanos en los títulos de crédito de la serie.

Ya en la actualidad este capítulo recoge todo lo que hemos ido viendo en los anteriores para ir dando forma a trama. En el pueblo no quieren asumir las consecuencias de sus acciones al quemar la clínica de Elena, como mucho quieren quitarse sus remordimientos de la manera más fácil y mezquina: con dinero. Además, para el pueblo el verdadero culpable de todo es el Padre Vergara, así que Merche se pone al frente para entre todos decidir que hay que echar al cura de la manera que sea.

El Padre Vergara de joven

Todas estas escenas recuerdan mucho a otras películas de Álex de la Iglesia, sobre todo La Comunidad. Esta claro que el bilbaíno no tiene demasiada fe en las personas sobre todo cuando están actúan en rebaño.

La personalidad de Merche queda trazada en este capítulo de manera perfecta. Es la verdadera líder del pueblo, a cuya gente sabe manejar con soltura. No es una mala mujer, pero como le dice Paco, está acostumbrada a salirse siempre con suya machando y machacando hasta que los demás ceden. Por eso el alcalde parece tan sumiso a su lado, pero sus sentimientos por Elena (a la que Merche detesta por razones claras y por algunas que solo podemos intuir) le están dando más fuerzas  y aplomo.

En cuanto a Elena, la pobre no puede más. No aguanta estar en un pueblo en el que la gente es tan cínica e hipócrita, que le ponen buena cara y le dan dinero pero que en realidad no la soportan. Así que toma la decisión más lógica, marcharse de Pedraza con Roque ya que Paco no se atreve a dar ningún paso adelante.

Pero la chicha del capítulo está en el Padre Vergara. El cura viaja a Italia para aclarar sus ideas y buscar aliados en el conflicto que se avecina. Pero este viaje también le servirá para recordar el pasado. Así que tendremos una narración en dos líneas temporales que servirán para ahondar en el pasado del personaje a la vez que le vemos encarar los problemas del presente.

El Padre Vergara rumbo a Italia

Conoceremos a nuestro buen padre de joven, cuando cursaba estudios superiores en el Vaticano junto a dos amigos Fabio Santoro (Manolo Solo) y Sandro (Leonardo Nigro). Entre Fabio y Vergara pronto se establece una fuerte relación de respeto ya que ambos jóvenes tienen una idea revolucionaria: hay que conocer el diablo para poder luchar contra él y la mejor manera de hacerlo es interrogarlo cuando se va a hacer un exorcismo.

Esta idea choca frontalmente con el dogma de la iglesia. Normal, el diablo es el más inteligente y manipulador de los seres, la única manera de enfrentarse a él es seguir las normal y protegerse con la palabra de Dios.

Pero Santoro tiene un as en la manga. Cita a sus amigos en un almacén solitario donde tiene prisionero a un elegante hombre maduro de modales exquisitos llamado Angelo (Cosimo Fusco) que dice que es el mismísimo demonio (o uno de los muchos diablos que pueden existir, que tampoco queda claro, como debe ser). Sandro se escandaliza y les pide a sus amigos salir de allí cuanto antes, pero Vergara está tan fascinado como Santoro.

Este diablo habla de la lucha del bien y el mal en los términos que conocimos en el capítulo anterior al saber de los cainitas. El mal es necesario, es simplemente otra cara del plan de Dios. Sandro no le cree y acaba pagando el precio cuando le quema la cara para demostrar su poder. Y a la vez ofrece el conocimiento del verdadero plan divino a los tres jóvenes allí presentes. Santoro no duda en aceptar esa oferta mientras que Vergara se echa atrás porque se da cuenta del peligro que se corre al tratar con el diablo.

Desde ese momento Santoro desaparece y queda establecido el conflicto entre los dos curas con ideas totalmente distintas, uno convencido de que hay poder en el conocimiento venga de donde venga mientras que otro queda como el campeón de idea de la bondad y del humanismo como herramientas para luchar contra el diablo. Un diablo que persigue a Vergara a lo largo del capítulo siempre con el mismo rostro, inmutable con el paso del tiempo.

En el presente, Vergara se reúne con su mentor, la persona que le había enviado a España, el padre Lombardi (Luigi Diberti). Este le concierta una reunión con el mismísimo Papa, alertado por todo lo que Vergara le ha contado sobre las 30 monedas. El Santo Padre se toma las advertencias de Vergara muy en serio, sabe que hay serpientes dentro de la propia iglesia. Así que le va a prestar toda la ayuda que pueda, siempre a través de su hombre de confianza, el Cardenal Petruccelli, que no es otro que Fabio Santoro. Toma golpe de efecto (aunque la verdad es que se veía venir).

El marido de Elena vuelve a Pedraza

Mientras, en Pedraza, una misteriosa anciana (la que come cucarachas según Antonio) realiza un conjuro para convertir un espantapájaros en el desaparecido marido de Elena, que retorna al pueblo ante el asombro de sus habitantes. Es genial la última escena del capítulo, con la veterinaria esperando la cola para embarcar en un avión junto a Roque y ve llegar a Paco a lo lejos pensado que ha venido para decirle que no se vaya, que la quiere y que quiere estar con ella. Esos castillos en el aire se derrumban cuando el alcalde le dice que su marido ha vuelto a casa. Ya no se puede marchar, pero no por la razón que ella pensaba.

Valoración del capítulo

Hacía falta tomarse un pequeño respiro y eso es lo que nos ofrecen los responsables de la serie con un capítulo que sirve para cargar pilas y conocer el origen del Padre Vergara y su conflicto con los cainitas y el Cardenal Santoro. Como en muchas historias, la rivalidad entre Vergara y Santoro nace de una amistad rota hace tiempo por una visión compartida del mundo que acaba dividiéndose en dos posturas irreconciliables, al más puro estilo Profesor Xavier y Magneto.

De todas maneras, aunque sea un episodio más pausado, tiene momentos brillantes como ese principio en la catedral subterránea o la visita a la cárcel de Vergara donde vemos sus dotes como boxeador.

30 monedas
El Padre Vergara no es un cura convencional

Y aunque nos ofrecen algunas respuestas quedan algunas cosas en el aire. La que más me llama la atención es que Vergara fue enviado a Pedraza con una misión (por eso tiene allí ese almacén oculto de armas y de reliquias sagradas). Pero no sabemos por qué. No puede ser por la moneda ya que fue el propio padre el que la llevó al pueblo. ¿Cuál es su misión allí?¿Qué se oculta realmente en ese apacible pueblo de la sierra? ¿Tiene algo que ver esa anciana misteriosa que muestras unos poderes terribles?

Y una cosa más. ¿Qué ocurrió realmente con el marido de Elena? La mujer contó a Paco que su esposo desapareció de buenas a primeras sin más explicaciones. Pero puede ser que este muerto y que la anciana maligna le saque del infierno con sus poderes. En este caso ¿Sabe Elena que su marido estaba muerto?¿Tuvo algo que ver en su muerte? Su mirada cuando Paco le cuenta que ha vuelto puede darnos alguna pista en este sentido.

Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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