Bienvenidos al análisis del décimo capítulo de la temporada diez de The Walking Dead, un episodio realmente bueno en el que no falta nada: violencia, sangre, peleas a cara de perro, intriga y misterio. Y por si fuera poco, parece que el enfrentamiento final con los Susurradores cada vez está más cerca.
Aquí puedes ver los análisis de los episodios anteriores
Lo primero a reseñar es que vemos a Daryl buscar en solitario a Connie y Magna después del derrumbe de la cueva donde estaban atrapados. Al final parece que se ha separado de sus compañeros y ha partido en una misión casi suicida. Daryl tiene un golpe de suerte (o no, depende de cómo se mire) y encuentra un grupo de Susurradores encabezados por Alpha que conducían un grupo de zombies no sabemos dónde. El bravo guerrero logra acabar con todos ellos para quedarse en un mano a mano contra la peligrosa Alpha.

El combate es sangriento, no podía ser de otra manera, y acaba quedando en tablas, con los muy malheridos en un viejo taller. La violencia de la pelea es casi palpable, está rodada con muy buen pulso y es todo un acierto el uso de algunos planos subjetivos. Así podemos ver a Daryl luchando casi a ciegas por una herida que le llena de sangre los ojos. Cómo nos tiene acostumbrados últimamente la serie, las escenas de acción han recuperado mucho protagonismo y lucen bastante bien.
Mientras, Gamma llega a Alexandria para avisar de que el grupo de Daryl puede estar en peligro. Parece que sí que era una traidora después de todo. El padre Gabriel la cree, aunque Rosita no se fía demasiado, pero una vez que Gamma reconoce que ella fue la responsable de la muerte de su propia hermana (la hija del bebe abandonado que vimos en la temporada anterior), parece ganarse la confianza de todos. Va a ser que Negan tenía razón cuando la señalo como la traidora. La muchacha acaba en una celda, la misma en la que estaba Negan, y habla a través de la ventana con Judith, estableciéndose el comienzo de un vínculo entre las dos jóvenes.

Los puestos de avanzada de Alexandria ven que la Horda se dirige hacia ellos, lo que apremia aún más la misión de rescate. Gabriel será el que encabece el grupo mientras que Rosita decide quedarse atrás. Ya he señalado en alguna ocasión que la evolución del cura es uno de los puntos fuertes de la serie y aquí vemos un paso más. Gabriel les dice a sus compañeros que deben torturar y matar a los Susurradores ya que son unas personas rotas por dentro. Pero no hay rastro de la piedad que antes envolvía al personaje, ahora solo quiere luchar y buscar venganza, tal vez sea él el que se ha roto. Rosita por su parte, sigue atrapada en sus pensamientos sobre lo que ella cree que debe ser su papel de madre. Le da muchísimo miedo lo que le pueda pasar a Coco, incluso sueña con que los Susurradores entran en Alexandria y matan al bebé. De esta manera no puede ser de ayuda a los demás en la misión de rescate y se queda atrás.

Ese movimiento de la Horda acaba siendo una distracción. El plan de los Susurradores es mucho más macabro. Beta usa unos viejos túneles para infiltrarse por la noche en Alexandria con la intención de recuperar a Gamma. Lo que me parece genial es la manera de actuar de Beta una vez se ha infiltrado. Mata a unas cuantas personas y se queda tranquilamente esperando a que se conviertan en zombies para tener su propio rebaño. Una actuación que nos muestra la especial manera de actuar de los Susurradores. El único pero que se le puede poner es que esa trasformación llega muy rápidamente. De todas maneras, ya hemos visto varios ejemplos de que dicho efecto tarda más o menos según las necesidades de los guionistas, un pequeño borrón a tener en cuenta. Por otro lado, toda la secuencia de Beta, llegando al Alexandria saliendo de una tumba y moviéndose con sigilo por las casas recuerda muy mucho a las películas de terror de los ochenta, hay escenas que parecen sacadas por ejemplo de la película Halloween. Muy buena idea que en una serie de zombies no se olviden de dar un poco de miedo aunque para ello se tengan que beber de otras fuentes.

En el caos que los zombies producen, Beta logra llegar a la celda de Gamma, que escapa de milagro para acabar ocultándose en casa de Judith. Ya hemos visto que la niña es de armas tomar y logra disparar al Susurrador para escapar con su hermano pequeño, pero Beta atrapa en el último momento a Gamma ya que llevaba un chaleco antibalas.
La que llega para salvar la situación es Rosita. Se enfrenta mano a mano con la bestia parda de Beta en un tratamiento express contra su trauma que no puede acabar de otra manera que con la joven tirada por el suelo a punto de morir. En el último momento Gamma se la juega a la desesperada amenazando con quitarse la vida. Sabe que Alpha la quiere viva, así que Beta no tiene más remedio que llevársela de allí sin matar a nadie más. Pero Gamma (o Mary, cómo realmente se llama) lo lleva por el camino por el que se marchó el grupo de Gabriel. Al cruzarse con ellos Beta no tiene más remedio que marcharse dejando atrás a la chica, una nueva Mary que parece decidida a vivir la vida lo más lejos posible de los Susurradores y su credo.

Mientras, en el taller donde Alpha y Daryl están casi muertos aparece Lydia, de la que no sabíamos nada desde hace varios capítulos. Alpha pide a su hija que acabe con ella, que termine con su vida y tome su lugar al frente de los Susurradores, pero la muchacha se niega y la deja allí para marcharse con Daryl. A nuestro protagonista le cura y atiende hasta que se recupera y le acaba confesando que llevaba algún tiempo observando a ambos grupos para decidirse por uno de ellos. Está claro cuál ha sido su elección.

Es importante señalar que tanto Gamma como Lydia llegan en este episodio a la misma conclusión. La vida merece la pena ser vivida, no quieren ser “muertos vivientes” dentro del grupo de los Susurradores. Ven que hay algo más que sobrevivir. Los supervivientes creen que se puede llevar una buena vida (o lo mejor posible al menos) sin dejar atrás valores tales como la felicidad o la familia. Y esta idea es la gran arma de nuestros protagonistas frente a los Susurradores.
Al final del capítulo los Susurradores encuentra a una Alpha muy malherida y muy cabreada. Les dice a sus seguidores que la Horda consumirá a sus enemigos, se bañarán en sangre y sus gritos serán música para sus oídos. Todo parece listo para el enfrentamiento final.



