Aquella vez que me reencarné en Yamcha, de Dragon Garow Lee. O la victoria de los mediocres como nosotros

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Tras leer muchas veces Bola de Dragón uno está igual que después de leer muchos superhéroes. Todo el mundo quiere ser Lobezno, el malote con buen corazón, eh, nena. O Iron Man, filántropo, millonario, listo, exitoso con las mujeres e insoportable. O Batman, oscuro, que da miedico a los malos y siempre tiene un plan. Aquí todo el mundo ha querido ser Goku o Vegeta, que se le ponga el pelo rubio y en punta y molar. Molar mucho. No nos engañemos: todas estas fantasías suelen ser algo típicamente masculino. Ser los que dan las yoyas, los que se llevan las muchachas al camastro, los que son la voz cantante, todo ello además haciendo el bien. La gente se disfrazada del Joker o el Doctor Muerte, pero nadie del Conmocionador, por favor. Quien va a ser Chaoz pudiendo ser Vegeta.

Al final el éxito un tanto inexplicable aún a día de hoy de Bola de Dragón ha eclipsado cualquier manga posterior. Muchos mejores. Incluso en su género. Pero la saga original ha originado dios sabe cuantos videojuegos, juegos de cartas y dos millones de ediciones del manga (yo creo que lo he comprado entero como cuatro veces). Hay también historias alternativas basadas en la creación de Akira Toriyama por la red, por cientos. Como en toda cosa de aficionado la calidad es muy irregular, pero alguna ha llegado a ser más o menos divertida y lograda, como ésta en la que es Vegeta y no Goku el que llega a la Tierra de niño. Es graciosa, aunque como han sido respetuosos con el canon la historia es realmente un paseo para Vegeta hasta la saga de Freezer, alargando más tiempo la comedia que en el manga original.

La editorial Planeta sacó en España hace nada un pequeño tomito de 137 páginas con una de las mejores historias alternativas del universo de Bola de Dragón: Dragon Ball Tensei Shitara Yamcha Datta Ken. Y lo hace saltándose todas las ensoñaciones clásicas de las que venimos hablando desde el principio del post. Es decir, que nada de regodearnos en la historia de un ser superpoderoso que está en lo alto de la pirámide alimenticia. No. El protagonista es un chico normal al que le gusta Bola de Dragón y se mata intentando ver la falda corta de una chica. En el momento de su muerte se reencarna en Yamcha. No en Son Gohan, Goku o Trunks. Se reencarna en un personaje humorístico y totalmente olvidado conforme avanza la serie. En uno que no pinta nada en cuanto las cosas se vuelven serias. En el primer novio de Bulma…hasta que apareció el malote definitivo de toda la historia del manga: el príncipe Vegeta. Pero nuestro reencarnado protagonista aparece cuando Goku es niño…y Bulma aún está enamorada de él.

El autor clava toda la estética dragonbolera por la sencilla razón de que es muy fácil de imitar. A estas alturas de la historia no deberíamos descubrir que Akira Toriyama venía del mundo del humor y que nunca tuvo una técnica de dibujo muy compleja. Como todo buen dibujante de humor, dio siempre prioridad a la claridad de las acciones sobre otra cosa, tendiendo a lo caricaturesco. Siempre tapó más o menos sus muchas limitaciones técnicas, especialmente por su estupendo diseño de viñetas, también con lo muy dinámicas y claras que fueron. Es por eso que hay tantos intentos de tirar de sus historias que no se resienten demasiado a poco que el dibujante sea medianamente digno. Es decir, que por la parte visual de la historia nadie tiene que temer porque es más de lo mismo de siempre.

Lo bonito y precioso de cómo está montada la historia es lo inocentona y sencilla que es. Y necesaria. Yamcha ha sido humillado a más no poder en el relato oficial. Apaleado, asesinado, dado de lado, ignorado. Es un pelele que hace de acompañante y mira pasivo en la distancia cómo otros tienen el protagonismo en las peleas y el amor. Como mucho da para hacer unas risas. El chico reencarnado lo sabe y al no haber estado nunca con una chica usará todo lo que sabe del universo de Bola de Dragón para no morir en las batallas que sabe que vendrán y conseguir salir con Bulma…y que no le deje por Vegeta. En todo un ejercicio de frikismo el reencarnado en Yamcha hará cosas incomprensibles para el resto de personajes, pero, claro, ¡es que ellos no han leído Bola de Dragón!. La cosa podría quedar como algo más o menos original u ocurrente, pero en todo momento tras su inicial muerte y reencarnación el protagonista se ve imbuído por el espíritu claramente Jump: nobleza, sencillez y camaradería.

Al fin y al cabo es una pelea contra el tiempo y el destino de un personaje poco viril, menor. Pelea enfocada desde el cariño y la reivindicación, desde la cercanía a un luchador mediocre que prometía mucho al inicio. Uno que no tenía la genética de su lado, como los saiyajin. El trabajo y el conocimiento están de su lado, y aunque la historia oficial de Bola de Dragón no cambia en lo esencial sí que podemos decir que la pelea contra el destino de un predestinado a fracasar es más que satisfactoria…aunque no plena. Y siempre hay cosas que uno no se espera y que están ahí, esperando para fastidiarte el día. El final de la historia nos reconcilia de manera amable con el personaje, dándole más gloria de la original con justicia pero sin caer en tentaciones gloriosas como final de todo. Al fin y al cabo es Yamcha. No viene de otro planeta, no tiene transformaciones, no se casa con nadie y es dudoso que haya conseguido firmar una hipoteca o tener un contrato estable en algún lado. Es uno de nosotros, uno de esa abrumadora masa gris y mediocre que pelea y lucha por al menos ser feliz de modo sencillo. Aunque su final no pueda ser, de ningún modo, la gloria. Aunque su final sea, como mucho, acabar con dignidad. Todo eso está en este tomo pequeño que se lee rapidísimo y que con su sencillez saca más de una sonrisa boba al acabar.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

2 comentarios

  1. Este manga me encantó desde el momento en que lo descubrí. Lo único malo que le encuentro es que se hace muy, muy corto… Si por mí fuera, habría durado mucho más, explayándose a gusto en cada saga, pero por lo visto el autor no es un profesional ni mucho menos (el proyecto empezó como fanfic gratuito) y tardó varios meses en dibujar cada uno de los tres capítulos, así que supongo que tenemos que dar gracias de al menos tener esta joyita tal y como se publicó.

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