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Crítica de El vecino: segunda temporada

Ya publicamos un artículo sobre la primera temporada de El vecino, la serie de Netflix basada en el cómic homónimo de Santiago García y Pepo Pérez. En su momento, nos pareció un producto mejorable pero divertido, un exponente de un género superheroico que no solemos ver en nuestro país. Ahora nos ha llegado la segunda temporada, que será también la última, según ha anunciado la plataforma. ¿Qué cambios trae la nueva entrega de esta serie de Nacho Vigalondo? ¿Mejora a su predecesora? Compruébalo en este artículo donde nos colgamos la capa para seguir los pasos de Titán.

El vecino y la vecina

A Javi no le habían dicho que ser un superhéroe sería tan complicado. Después de toda una temporada tratando de ocultarle sus poderes a su exnovia Lola, ella no solo ha descubierto su secreto, sino que ha desarrollado las mismas habilidades. A pesar de los intentos de disuadirla por parte de Titán y de su amigo José Ramón, su compañera de piso la convence de que se convierta en una vigilante enmascarada por su propia cuenta, dándole una nueva dimensión a la “policía del karma” que vimos nacer en la entrega anterior.

Por si esto fuera poco, la alcaldesa de Madrid está obsesionada con los Juegos Olímpicos, y querrá utilizar a Titán como mascota para que el Comité escoja a esta ciudad como sede. Sin embargo, los actos vandálicos de la “policía del karma” están dando una mala imagen de la capital, lo que hará que la pareja entre en conflicto. Por si eso fuera poco, un misterioso visitante tratará de localizar al guardián de la Tierra.

Una mejora notable

Nos alegramos de que, sin ser una obra maestra, esta entrega de El vecino supere con mucho a su antecesora. Una vez abandonados los cansinos enredos y el absurdo empeño en mantener la identidad secreta que criticamos al hablar de la primera temporada, la trama principal se centra en la confrontación entre Javi y Lola para convertirse en el portador del traje. Los intentos de superar al otro competidor en el terreno superheroico resultarán en una serie de desencuentros que nos parecen mucho más entretenidos que los que aparecían en su predecesora, escalando hasta provocar auténticos desastres.

El vecino

Pero el verdadero desastre es la alcaldesa de la capital, interpretada por una Gracia Olayo que devora sin piedad a sus compañeros de reparto en cada una de sus escenas. Su personaje es un vehículo para una sátira mucho más atinada que la crítica a las casas de apuestas de la temporada anterior, tan poco sutil que llegaba a dar vergüenza ajena. Como todo buen animal político, puede pasar de la amabilidad más cortés a la agresividad más incisiva en un segundo, y sus diálogos pasivo-agresivos parecen escritos por el mismísimo Belcebú. Es mejor villana e intimida más, por ejemplo, que el Malekith de Thor: El mundo oscuro o el Darkseid de Zack Snyder.

El extraño visitante

Otra de las nuevas caras del reparto es la del actor y cantante Fran Perea interpretándose a sí mismo, que protagoniza una delirante subtrama con un gran final. Por su parte, Javier Botet da vida a Tucker, el visitante alienígena que tendrá que evaluar a los dos superhéroes. Este actor, conocido por papeles más siniestros, consigue aportarle una gran personalidad a un secundario que acaba resultando muy simpático y que se convertirá en una pesadilla para el bueno de José Ramón. Sobre todo en la segunda mitad de la temporada, el choque cultural entre los humanos y este extraterrestre serán objeto de algunos gags bastante entretenidos. Destacamos de entre todos ellos la simulación virtual a la que somete a los protagonistas.

Por último, los arcos de los personajes avanzan adecuadamente, tal y como cabría esperar. Javi se volverá a meter en aprietos y a cometer errores, pero la mayor parte de sus problemas surgen por su empeño en proteger a los suyos, e interiorizará por fin la consabida lección: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Lola y Julia aprenderán que su enfoque radical de la justicia no siempre resulta productivo y José Ramón tendrá que hacer frente a sus malas decisiones vitales. Aunque el punto fuerte de esta temporada es el humor, los escasos momentos dramáticos también funcionan.

Conclusión

Es una pena que El vecino haya sido cancelada justo cuando comenzaba a abrazar el potencial de locura que escondía su premisa: da la sensación de que los guionistas no se han guardado ningún chiste en el cargador y de que Vigalondo se lo ha pasado en grande con esta parodia del género superheroico. La serie acaba con un final abierto que homenajea a productos como Están vivos o V y que supone una conclusión decente, pero permite retomar la historia en cualquier momento. El vecino queda como una pequeña rareza muy entretenida que nos demuestra que nosotros también sabemos crear superhéroes.

Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista. Redactor en esta página y, antes, en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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