Crítica de Gigantes, el nuevo referente

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Ya no es novedad la más que vitoreada decisión de Movistar + por apostar fuerte en la creación de ficción original de calidad. Pero la realidad fue que ésta, cuando llegó, dejó con el cuerpo frío a más de uno. Sí que era apreciable un cambio de intencionalidad con respecto a la tónica previa en el producto medio, pero la realidad distaba mucho de lo que se esperaba. Tanto La Zona como La Peste, fueron series agridulces que, a pesar de su holgado presupuesto y caché tras las cámaras, se sentían prematuras y dubitativas, ninguna parecía encontrarse del todo cómoda el formato serial.

Más tarde, irrumpieron las primeras comedias con Vergüenza y Mira lo que has hecho, siendo ambas un éxito tanto de crítica como del público y arrojando algo de esperanza en las posibilidades de que la nueva etapa de Movistar + llegara a buen puerto. Y, en cierto modo, sí que empezaron a salir mejores dramas con Félix o Matar al padre pero, a pesar de las muchas virtudes de ésta última, ninguna albergaba ni la calidad ni la presencia como para ser un estandarte y servir como abanderada del nuevo periplo. Pero esta larga espera parece haber terminado con la llegada de Gigantes, el último estreno de Movistar + tras las manos de Enrique Urbizu (No habrá paz para los malvados).

Originalidad y subversión

Como muchos otros productos han hecho antes ya, Gigantes explora las relaciones y trapicheos de la familia mafiosa. En este caso los Guerrero, un clan mafioso que controla una de las principales vías de narcotráfico en España. Pero lo que diferencia la serie de las muchas otras que ya han tratado el tema de manera exitosa, como bien podrían ser Peaky Blinders, Los Soprano o Gomorra; es la subversión de uno de los principales valores sobre los que se suelen sustentar estos productos: la familia.

En Gigantes la familia es el mayor mal. Todos los problemas a los que se enfrentan los personajes y sus carencias como seres humanos, proceden directamente de la familia -del patriarca Abraham Guerrero (José Coronado) si somos más concisos-. Lejos de presentarse si quiera como un elemento ambivalente o generador de dudas, desde el primer capítulo es apreciable el veneno que el patriarca impregna sobre toda su prole, haciendo así del resto de situaciones familiares de la serie momentos incómodos y tensos que, a pesar del más que conocido desprecio que comparten hacia el cabeza de familia, resultan en amarguras ineludibles con las que tendrán que cargar toda su vida.

Una verdadera serie de autor

Otro aspecto que prometía la nueva etapa de Movistar + era la autoría de buena parte de estos nuevos productos. Pero a pesar de la aparente uniformidad que pudiesen presentar La Zona o La Peste, nunca se terminó de dar el salto cualitativo necesario como para que esa autoría pasase a un primer plano. Era tal la incomodidad que se desprendía en este nuevo formato serial, que cualquier virtud que pudiese aportar el tener las mismas manos detrás de toda la serie se veía eclipsada por completo. Pero este no es el caso de Gigantes, que presenta una temporada mucho mejor estructurada que sus predecesoras, siendo así capaz de sentar rápida y eficazmente sus bases, generando de este modo un buen balance entre lo interesante de su historia y lo atractivo de su presentación.

Y es que la dirección de la serie es fantástica, el mimo que hay puesto detrás de cada plano y su composición es más que notable. Las actuaciones resultan mucho más fluidas que en otros productos de la casa y el trabajo en las labores de iluminación y banda sonora, es también digno de mención. Elementos que, al estar a tan buen nivel y ser tan distintivos, contribuyen a la creación de una atmósfera casi mágica. A pesar de estar rodada en lugares típicos del día a día, las ciudades y paisajes adquieren un cariz distinto, como si albergaran un misticismo perturbador y atrayente. Hecho que, sumado a la impecable violencia marca de la casa Urbizu, consigue la anhelada personalidad y presencia que solo los gigantes del sector albergan.

El ansiado referente

Gigantes es la serie que Movistar + necesitaba. Un referente sobre el que contrastar, un espejo al que los nuevos productos puedan mirarse. La serie, como ya dijimos en los artículos de La Peste o La Zona, da el paso que tanto se ansiaba desde el pistoletazo de salida en esta mueva etapa, pues recoge los aciertos en la tonalidad de los primeros y construye sobre ellos, mostrando aprendizaje y resultados.

Urbizu nos trae una auténtica sorpresa, una serie con calidad suficiente como para ser equiparada a los grandes referentes internacionales. El paso correcto y necesario para la ficción española y para los dramas de Movistar +. Esperemos que sirva como un punto y seguido y no quede como un espejismo de lo que podría haber sido.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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