Crítica de Justo antes de Cristo: el absurdo en tiempos de Roma

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Más allá de los claroscuros que haya podido tener esta nueva etapa de Movistar +, la ficción española ha agradecido sin duda la ventana de oportunidades que ha supuesto su apuesta, que ha demostrado ser flexible y variada en el más que competitivo panorama de la ficción televisiva contemporánea. Gran parte de estas series originales que se han producido, las hemos cubierto ya en la web por lo que dejo por aquí unos links:

La más reciente de estas nuevas ficciones, ha sido el estreno del pasado viernes Justo antes de Cristo, una serie creada Juan Maidagán y Pepón Montero (Camera café) que cuenta también con la dirección de Borja Cobeaga (Ocho apellidos vascos).

La Roma más absurda

Justo antes de Cristo nos remonta al 31 A.C a través de su protagonista Manio Sempronio (Julián Lopez), un perezoso y neurótico hombre que tratará de limpiar el honor de su familia y regresar a Roma tras haber sido desterrado a un campamento militar en Tracia. Con su llegada viviremos el particular y surrealista panorama del día a día de una época retratada al más puro estilo Cuerda, lo que termina siendo uno de sus mayores riesgos y virtudes.

La serie apuesta claramente por un humor absurdo y surrealista bien conseguido, que en sus mejores momentos recuerda al gran Jose Luís Cuerda y a La vida de Brian. Sus excéntricos personajes y situaciones dan lugar a brillantes momentos que reflejan el potencial de la arena con la que da la serie, pero que a su vez los termina sumergiendo en una dinámica peligrosa al establecer demasiada dependencia de sus gags y no hacer el debido hincapié en la historia y arco de temporada.

Brillante e intrascendente

Con mano hábil y con un poco de descaro, Justo antes de Cristo hace fácil lo más difícil al conseguir personalidad y un estilo distintivo que la desmarque del resto pero se olvida de la parte más fundamental: darle un motivo al espectador para seguir. Quizás venga en parte del trabajo previo de sus creadores en Camera Café –serie la cual podía permitirse una continuidad más laxa al basarse en su mayor parte en la sucesión de gags de oficina–, pero Justo antes de Cristo adolece de intrascendencia y falta de un gran conflicto de temporada.

Se entiende que parte de esto se debe a la crítica de la pereza del ser humano moderno que pretenden claramente plasmar con la dinámica de su protagonista y del mismo campamento, pero sin un caramelo para el espectador que lo motive a seguir y dar esa sensación de clausura o progresión argumental, una serie como la que aquí plantean termina corriendo el peligro de caer en la desidia y lo cansino.

¿Deberías ver Justo antes de Cristo?

La serie plantea sin duda conceptos muy interesantes y consigue crear una base con muchas posibilidades. El sentido del humor cercano a Cuerda y Berlanga tiene momentos de delirio geniales que van acompañados de buenas actuaciones y excéntricos personajes. Lamentablemente, la dependencia en la dinámica de la consecución de gags termina por sabotear parte de la potencia de los mismos, ya que el impacto decae y al no haber una progresión bien definida en la primera temporada, puede terminar resultando monótona.

Hay aquí mucho potencial y se han conseguido auténticos logros. Justo antes de Cristo es sin duda un buen intento y un paso en la dirección correcta, pero es precisamente por todo lo que tiene a ofrecer que ese regusto a decepción es difícil evitarlo. En definitiva, una propuesta interesante que promete surrealismo y situaciones delirantes que satisfará a aquellos adeptos del humor absurdo, pero que para aquellos que busquen algo más es probable que los deje fríos.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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