Las Crónicas desde CutreCon siguen con este segundo y último artículo en el que repasaré las catorce películas que he podido ver durante el viernes, sábado y domingo del festival. Seis películas diarias los dos últimos días y absoluto «sufrimiento» con algunas de las sesiones de castigo más exasperantes. Fuera dolores lo he pasado en grande en mi primer año de festival trash y estoy seguro que volveré a CutreCon XV, que ya anunciaron tendrá temática de… ¡explosiones!
Si en el anterior hablé de Conansploitation, hoy toca hablar de «Espadas y bigotones», una sesión doble de películas turca e indonesia de bajísimo presupuesto con temática medieval, además de la sesión doble de cine asiático trash del domingo de la mano de Trash-O-Rama, y el cierre del festival con la irrepetible «Gokutón», un maratón de tres películas (realmente cuatro contando la anterior Dragonball Evolution) hechas sin derechos sobre el archiconocido manga Dragon Ball que a más de uno le costó los ojos e incluso la vida; entre otras muchas propuestas descabelladas de toda índole.
Póster de CutreCon XIV
Sakura Tournament (Sakura Tournament, 2021) de Vick Campbell
Como penúltima película de la sección oficial, el director Vick Campbell, junto a su mujer, presentó la película Sakura Tournament y regaló algunos DVD´s de la misma a los asistentes.
Con una realización de bajísimo presupuesto y completamente amateur, Campbell se recrea en su propia naturaleza trash (él mismo dijo que hacía cine de este tipo) para celebrar con humor un torneo de artes marciales femenino que parece ocultar una perversa conspiración.
Peleas, peleas y más peleas durante todo el tiempo, que si en principio divierten terminan cansando por repetitivas y algo liosas para reconocer a los personajes implicados. Los chistes políticos, en especial los dirigidos a las representantes de Andorra y Cataluña, merecen la pena absolutamente.

The Old Man and the Demon Sword (O Velho e a Espada, 2024) de Fábio Powers
En el remoto pueblo Pé da Serra, en las montañas de Portugal, un joven monje aparece combatiendo el mal con una espada demoníaca, pero tras un desafortunado incidente el arma acaba parando en manos del borracho lugareño António da Luz. Juntos aprenden a luchar contra el mal.
Como última de las cinco películas de la sección oficial de esta CutreCon XIV, pudimos ver una entretenidísima cinta de bajo presupuesto repleta de acción sobrenatural y momentos de reflexión existencialista. Ni António ni su entorno son actores profesionales, sino lugareños reales a los que Powers y su equipo dieron los papeles, haciendo de The Old Man and the Demon Sword una película mucho más natural y tierna. La extraña relación que la espada y el viejo traban está al nivel del exquisito guion que la construye, pues si la de Powers es una película cutre, no por ello es ni mucho menos mala.
Al final se acobarda, pero sigue resultando efectiva y emocionante. No me sorprende que ganase el premio de la sección oficial. Fábio Powers lo recogió en persona y llevó para mostrar a todos el ejemplar original de la espada protagonista, además de dedicar el premio a António da Luz, que falleció en 2022, poco después de rodar la película.

La venganza de Sansón (Samson Dan Delilah, 1987) de Sisworo Gautama Putra
El joven Sansón (Paul Hay) es testigo del asesinato de su madre y adquiere poderes sobrenaturales. Cuando crece busca venganza enfrentándose a fuerzas oscuras que intentan pararle los pies. A su vez, despierta el deseo de Dalila (Suzzanna).
La mañana del sábado comenzaba con la sesión doble especial de «Espadas y bigotones», que abría la rareza protagonizada por la reina del terror indonesio Suzzanna, La venganza de Sansón, una película descabellada donde las haya que combina el relato bíblico de Sansón con el colonialismo holandés en Indonesia, cuyos fuertes son un cíclope mercenario de sombrero explosivo y una sugerente escena en que en vez de practicar el sexo, los protagonistas se cubren de miel y mastican frutas de forma sugerente. Dantesco. Es entretenida a más no poder, pero más cutre todavía, y no puedo asegurar que sobreviviese a un visionado fuera del ecosistema del festival.

Tarkan contra los vikingos (Tarkan: Viking Kani, 1971) de Mehmet Aslan
Tarkan (Kartal Tibet) es un poderoso guerrero huno que mientras sirve de guardaespaldas a Yonca (Fatma Belgen), la hija de Atila, es atacado por Toro (Bilal Inci) y sus vikingos, quienes secuestran a la mujer y matan a uno de sus dos lobos, ambos llamados Kurt. Entonces Tarkan jura venganza.
En una encarnizada batalla en la que los vikingos asesinan explícitamente a varios niños pequeños (escenas de gran impacto por su gratuidad), uno de los lobos de Tarkan es también masacrado provocando la rabia del huno. Hemos asistido al nacimiento del John Wick turco/huno. De ahora en adelante todo va hacia arriba.
Tarkan contra los vikingos es cutre a más no poder, desde su horripilante vestuario al pulpo hinchable que cuanto más avanza la película más se nota que ha pinchado, pero es súper divertida y hace honor a la ferocidad con que se presenta el protagonista. Acción trepidante y, sobre todo, un lobo Kurt que merecería un puesto en el título de la película como escuché decir a alguien: Tarkan y Kurt contra los vikingos; pues todo el tiempo se le echa de menos en la pantalla, y cuando aparece lo da todo al estilo de los perros de Halle Berry en John Wick: Capítulo 3 – Parabellum (2019).

Robot Holocaust (Robot Holocaust, 1986) de Tim Kincaid
En un futuro próximo y en una Nueva York en ruinas, la humanidad trata de sobrevivir tras la rebelión de los robots, que ahora controlan el planeta. Neo (Norris Culf) y su robot Klyton (J. Buzz Von Ornsteiner) se enfrentan con más compañeros al poder de la mente controladora de Dark One para traer la paz a la Tierra.
Antes de la proyección ya se nos avisó de que Robot Holocaust era sesión de castigo y que la colaboración ciudadana era necesaria para poder sobrevivir a la barbarie audiovisual. Después de verla lo entendimos.
La película, patrocinada en CutreCon por la tienda de cómics La Mansión del Terror, es una mezcla de personajes que actúan en círculos sin gracia ni propósito, rodeados de unos enemigos sin alma y una escenografía ridícula. Realmente, todo esto es pasable porque sabemos el tipo de película que vamos a ver, pero lo peor es que es increíblemente tediosa; no avanza, ni entretiene, fruto del guion escrito por un cineasta que, según dicen algunos, dirigía mejor cine porno homosexual que ciencia ficción. Esta no os la perdonaremos.

Dragones y mazmorras (Dungeons & Dragons, 2000) de Courtney Solomon
El malvado mago Profion (Jeremy Irons) trama destronar a la nueva emperatriz de su país, por lo que ella une a un grupo de aventureros para encontrar la Barra del Control del Dragón, un objeto mágico que sirve para controlar dragones y poder vencer al hechicero. Sin embargo, Profion también reúne a sus ayudantes para buscar la Barra.
En la segunda sesión patrocinada del día, los amigos de Moviementarios (Fran y Vicky), presentaron una de las que siempre se menciona cuando toca hablar de pelis malas malas. Basada en el juego de rol creado por Gary Gygax y Dave Arneson, Dragones y mazmorras solo se salva por lo risible que alcanza el ridículo de cada una de sus situaciones.
Jeremy Irons, un buen actor al que habíamos podido ver en grandísimas películas como Inseparables (1988) o La misión (1986), está sobreactuadísimo y cada vez que sale la cinta pierde en seriedad pero gana en risa fácil ─»My destiny!!!»─, y Marlon Wayans parece estar en uno de sus papeles habituales de la saga Scary Movie. Pero lo más sorprendente de todo es lo cutre que resulta la producción con un presupuesto de 45 millones de dólares, la mitad de lo que costó El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001), realizada tan solo un año después y casi con el doble de duración. Lo mejor fueron las aportaciones de Moviementarios al metraje con esas tiradas de juego de rol tan bien traídas.

El guerrero rojo (Red Sonja, 1985) de Richard Fleischer
La guerrera Red Sonja (Brigitte Nielsen) junto a un misterioso guerrero (Arnold Schwarzenegger) deberán enfrentarse a la malvada princesa Gerden (Sandahl Bergman) y a los poderes de su talismán para que la paz domine en un mundo de barbarie y crueldad.
Tras el éxito de las películas de Conan protagonizadas por Schwarzenneger ─Conan el Bárbaro (1982) y Conan el Destructor (1984)─, se estrenó en 1985 El guerrero rojo, un título bastante capcioso, igual que el póster original, para llamar la atención del público con la presencia del musculoso actor. Sin embargo, y aunque finalmente sí tenga más protagonismo del que iba a tener en principio Arnold, la protagonista es Red Sonja, en una película de fantasía medieval femenina con una gran producción que se agradeció después de todo lo que habíamos visto en el festival.
Los vestuarios, cada cual más rimbombante, son un espectáculo, así como la fotografía y los escenarios naturales hermosos que nuestros bárbaros recorren, y, aunque no se acerque para nada a la grandilocuencia de las películas de Conan, es un buen respiro después de Robot Holocaust y Dragones y mazmorras. La web Con C de Cultura patrocinó esta sesión y debemos agradecérselo, porque ver a Brigitte Nielsen y a «Chuache» repartiendo en pantalla no está pagado.

Sukeban Boy (Oira sukeban, 2006) de Noboru Iguchi
Sukeban (Asami) es un adolescente peleón hijo de un motero que siempre ha parecido físicamente una chica. Buscando cambiar la actitud violenta de su hijo, su padre decide matricularlo en una escuela femenina, pero entonces descubre que las mujeres no tienen por qué ser más tranquilas que los hombres.
Qué grotesco resultó el visionado de Sukeban Boy siendo además virgen en el cine del retorcido Noboru Iguchi (Dead Sushi, The Machine Girl), una película en que la moralidad no tiene cabida, que se disfruta con incomodidad y culpa. Fuera de aquí no me preguntéis qué estaba haciendo entre las 23:20 y las 00:20 la noche del 8 al 9 de febrero, por favor. Es innegable que tiene un ritmo y un nivel de perturbación que impiden apartar la mirada y la película pasa volando, pero por otra parte es la mayoría del tiempo tan asquerosa que no sabes muy bien por dónde cogerla.
La relación del padre con su hijo es repulsiva ─hay una escena en la que tuve que contener una arcada─, y el constante uso del desnudo, además suponiendo que los personajes son adolescentes, es un continuo ¡basta ya! en toda regla. Por no mencionar la milagrosa sustancia ─se parece bastante a la de la película de Fargeat─ que cambia de sexo. Uf qué de cosas cuestionables. El gore y mutaciones corporales a lo Cronenberg que despliega en el tramo final se echan de menos durante el resto de la película. Personalmente habría preferido ese camino. En fin, como decía, que nadie me pregunte qué hice aquella noche.

Thrilling Bloody Sword (Shen jian dong shan he, 1981) de Chang Hsin-Yi
Tras ser repudiado por el rey y lanzado al río, el demoníaco huevo que surgió del vientre de la difunta reina va a convertirse en una linda princesa a la que adoptarán siete enanitos. Su vida será tranquila hasta que se enamore de un príncipe y un par de malvados brujos pongan en peligro la paz del reino.
En sesión doble de cine asiático loco junto a la posterior La furia de Satán, nos presentaba esta película la distribuidora Trash-O-Rama. Una mezcla descabellada entre los siete enanitos de Blancanieves, artes marciales y reminiscencias de anime, que se recrea en su falta de medios y tiene un hada al estilo de El mago de Oz que ayuda a los protagonistas lo justo y casi toda la película se ve en 144p. Un cóctel extraño pero también efectivo en cierta forma, que divierte por su locura sin dejar de ser cine cutre puro y duro.

La furia de Satán (Lumaban ka Satanas, 1983) de Efren C. Piñon
Lando (Ramón Revilla), un padre de familia de lo más normal, es el sobrino de un superhombre al que Dios eligió para luchar contra el mal. Como él se va haciendo mayor, dona sus poderes a Lando, quien tendrá que vérselas con hombres serpiente, mujeres invisibles, e incluso con el mismísimo Satanás
Otra de las películas que podríamos considerar «de castigo» junto a, por ejemplo, Robot Holocaust, es esta tediosa cinta filipina protagonizada por Ramón Revilla que sería impensable ver en la soledad del hogar. Como un extraño culebrón religioso de bajísimo presupuesto se va desarrollando La furia de Satán ─ el cual, por cierto, apenas aparece en la parte final─, que tiene una historia de aventuras repleta de personajes amenazantes y pintorescos como hombres serpiente o mujeres invisibles ─ahora que escribo sobre ellas, creo que me está gustando más de lo que recordaba─ y un lío familiar que parece solo puede resolver la fuerza cristiana del tío San Miguel, al que, por alguna razón, Dios otorgó poderes mágicos.
Es un despropósito absoluto, pero fue gracioso verla en CutreCon; por ejemplo, la mujer del protagonista le insiste varias veces al principio de la película sobre si quiere un café. Durante toda la película el chiste a viva voz del público fue: «¡Dadle un café! y cosas similares.

Dragonball Evolution (Dragonball Evolution, 2009) de James Wong
Como regalo de cumpleaños el joven Goku (Justin Chatwin) recibe una Bola de Dragón. Existen seis más y a quien sea capaz de reunir todas le será concedido el deseo que pida. Con ayuda de Bulma (Emmy Rossum) y su radar del dragón emprenderá una aventura para encontrar las bolas y vencer el mal.
De antemano he de decir que antes de aventurarme en este maratón de cuatro películas de adaptaciones de Dragonball no tenía ni idea del «canon» del manga y su universo. Apenas sabía que un chico llamado Goku tenía que buscar unas bolas de dragón ─¡¿para qué?!─. Ahora, gracias a las películas y las explicaciones de mis compañeros de CutreCon, entiendo algo más del lore, pero dudo mucho si tengo ganas de volverme a adentrar en él.
Aunque Dragonball Evolution es una película nefasta, es posible que no me resultara un sufrimiento mayor por no conocer todos los axiomas de la obra original que rompía en cada secuencia, eso lo sé por los fans de Dragonball con los que fui a verla. Ellos lo sufrieron mucho más.
Pero, aún sin conocer el universo, nada tiene demasiado sentido en Dragonball Evolution. Las interpretaciones son terribles, las situaciones cada cual más ridícula ─quizá las conductas de los personajes del anime/manga no quedan muy bien en la acción real─ y todo es muy cutre. Da la sensación de que la película se hizo sin ganas para llamar a los fans y ganar dinero.
Por cierto, nuestro compañero de web Mario Losada la incluye en el listado de las que son a su juicio las cinco peores películas de la historia del cine.

Bola de Dragón: Comienza la Magia (Xin qi long zhu, 1991) de Chen Chun-Liang
Un malvado rey roba las místicas «Perlas Dragón» para poseerlo todo. Pero cuando una de las perlas ha sido robada, los guardianes de las joyas mágicas deberán entrar en acción. Un hechicero llamado Goku y un hombre mitad tortuga maestro de artes marciales, harán equipo para derrotar a la armada del rey en un desesperado intento por recuperar las perlas.
Se supone que Bola de Dragón: Comienza la magia es un remake de la película animada Dragon Ball: La Leyenda del Dragón Shenron (1986), pero como no la he visto no lo sé. Tampoco creo que sea importante. Lo que hace a esta película carne de CutreCon es que se hizo sin ningún tipo de derechos de Toriyama y se rodó enteramente en China con un presupuesto bajísimo.
El resultado, por lo visto, es una adaptación mucho más fiel a la obra original que la de Dragonball Evolution (2009), pero muchísimo más cutre y tediosa. Si la de Wong era al menos entretenida, el camino aquí se hace difícil, tanto por ser más ridícula aún en su despliegue interpretativo y escenográfico como por una ausencia total de sentido del ritmo. Fue difícil verla, pero las dos siguientes aún más.

Dragon Ball Zero (Deuraegon Bol: Ssawora Son O-gong, igyeora Son O-gong, 1990) de Wang Ryong
El joven Goku (Heo Sung-tae) va en busca de las siete bolas de dragón con ayuda de algunos compañeros y teniendo que vencer a las fuerzas del mal en su camino.
En este punto del festival, siendo el último día y con dos películas para sacarte los ojos de Dragonball a las espaldas, era difícil caer más bajo, pero aun así CutreCon se superó. Dragon Ball Zero es la tercera adaptación consecutiva que vi y ya estaba un poco harto de la misma historia. Sin embargo, esta era, por lo que me dijeron los que sabían, más fiel aun al relato de Toriyama. Por lo visto, prácticamente reproduce viñeta a viñeta el primer tomo del manga, aunque para concluir la película terminase desvariando inevitablemente.
Esta es otra de las versiones sin derechos que se hicieron en Asia en los 90, concretamente en Corea del Sur, y que protagoniza un jovencísimo e irreconocible Heo Sung-tae, ahora mundialmente conocido por su importante papel en la primera temporada de El juego del calamar (2021). Aquí sí que no existe ningún tipo de ritmo narrativo; es aburrida a más no poder incluso viéndola en el amparo del festival. Todo sucede en pocas ubicaciones en las que los personajes se detienen a charlar con intrascendencia durante minutos y minutos. Pero, en fin, al menos aprendí algunas cosas importantes sobre Dragonball.

Son Goku Súper Detective (Kkangdagu hwaiteo, 1992) de Wang Ryong
Son Goku (Heo Sung-tae) trabaja de detective en el momento en que unos malvados alienígenas conocidos como «saiyans» llegan a la Tierra para destruirla. El pequeño y sus compañeros de oficio buscan el mal para erradicarlo.
Alcanzamos la última película de CutreCon XIV casi sin aliento. En este punto casi todo el mundo se marchó y solo unos pocos valientes nos decidimos quedar a presenciar el final ─nuestro final─.
Según nos dijeron, esta es la secuela directa de la anterior Dragon Ball Zero (1990), pues dirige el mismo y la protagoniza también el pequeño Sung-tae. Pero de continuidad no tiene nada. Más bien daba la sensación de ser el capítulo piloto de una serie sin derechos de acción real sobre Dragonball que no llegó a culminar; razones no faltan.
Saliendo completamente de cualquier canon ─nuevamente, me dijeron─, Son Goku Súper Detective consiste en una ristra interminable de minutos de conversaciones infantiles y estúpidas, alternadas por combates eternos entre Goku, los demás detectives y supuestos extraterrestres amenazantes.
Toda la acción ocurre en monótonos descampados y llega un punto en que incluso la música desaparece. Supongo que el cansancio acumulado sumó al sufrimiento pero, sin duda, esta fue la película más difícil de ver de todo el festival; y eso que, según tengo entendido, ¡recortaron unos 40 minutos a la cinta para aliviar nuestro dolor! A pesar de estas palabras, no me arrepiento en absoluto de haber visto las películas que he mencionado. Fue una experiencia increíble.

Catorce películas trash después concluyo el segundo y último artículo sobre CutreCon XIV. Ha sido mi primera incursión en este festival y no me arrepiento en absoluto. De hecho, el año que viene estaré sin duda por sus sedes y volveré a hablar de sus maravillosas ─je, je─ películas.
Muchas gracias por leerme e ¡id al cine!



