Qué esperamos del The Witcher hecho por Netflix

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

En el fondo la culpa de esto es de Juego de Tronos. Que ha sido algo marcianísimo, digámoslo. Una serie de libros de dragones, zombis, gente con poderes que cuando salió se leyeron dos y el del tambor: básicamente los inadaptados sociales que leíamos libros de fantasía similares o que incluso caíamos en lo más bajo del género: las dos millones de novelas infumables de Dragonlance. La HBO pone montañas de dinero, generalmente acierta con los actores (quitando ejemplos sangrantes de no saber actuar, como la rubia de los dragones y el Jar Jar Binks guapito de cara), nos vende el producto como “culebrón venezolano pero con más tetas y con dragones” y, en general, hace un producto muy divertido. Intrigas palaciegas, teóricos conspiradores que les vería venir un niño de 10 años (¿cómo es posible que alguien crea a Meñique a partir del fin de la primera temporada?), muchos personajes muy diferentes en los que es complicado no simpatizar con alguno, una factura técnica impecable por lo general y un ejército de secundarios muy poco estereotipado con mucha personalidad propia (más los que nos hemos perdido de los libros). El declive de la formula que lo hacía divertido viene más o menos cuando se acaban los libros, momento a partir del cual todo decae progresivamente hasta caer prácticamente en las dos últimas y muy ridículas temporadas, ya analizadas fantásticamente por el canal “Te lo resumo así no más”, cuyo resúmen del segundo capítulo de la última temporada (abajo enlazado) dice todo lo que hay que decir al respecto.

Pero todo el movimiento social organizado alrededor de la serie, de la que ha habido videojuegos (que varían desde lo malo a lo espantoso), cómics (que peché), camisetas, algún juego de mesa medio bien hecho y etc no ha desaparecido. Es decir: es gente que espera dar su dinero y su tiempo. Es algo muy serio. Netflix, la competencia de HBO, decidió antes de que el show de los dragones y los zombis acabara ponerse a tirar de la otra saga de literatura fantástica más importante de las últimas décadas: The Witcher. O más bien, la saga de libros de Geralt de Rivia escrita por el polaco Andrzej Sapkowski, que son siete libros que escribió en los años 90 del pasado siglo, con su inicio y su fin cerrado. Es quizás, junto a Juego de Tronos, una de las sagas de libros del género más vendida desde los años 90, lo cual antes de la llegada de los videojuegos o las series de televisión no es decir gran cosa, pero ahí queda. Sobre los detalles de cómo están haciendo la serie se saben unas cuantas cosas ya, pero vamos a centrarnos, como dice el título, en qué sabemos de las cosas previas del personaje, que son en las que se van a basar para la serie de televisión. Bienaventurados los productores y sus ansias de ganar lo que es inhumanamente posible, pues sin ellos la gente debería leer para enterarse de las aventuras de Geralt. Y leer es cansadísimo. Menos mal que hicieron videojuegos.

En primer lugar, parece que la serie tendrá más que ver con los libros que con los videojuegos (algo de ello hablamos aquí). Vamos, que empezará la historia del protagonista, Geralt, desde el principio. Estamos ante un mundo de fantasía medieval con magia, monstruos, conspiraciones de poder, escenas de sexo hetero, homo y bisexual, peleas crudísimas, incestos y demás. Es, como en el caso de Juego de Tronos, una vuelta de tuerca a los lugares comunes del género fantástico que podemos considerar establecidos durante décadas por El Señor de los Anillos y la Dragonlance. Quizás en lo que se distancian las aventuras literarias de Geralt de todo lo demás es en que su autor no es anglosajón y no tira tanto de los bestiarios y recursos anglosajones. Sapkowski usa el folclore eslavo para presentarnos a monstruos a los que no estamos acostumbrados como la estrige. Pero no solo es lo de siempre con monstruos menos anglosajones. En vez de revivir la Guerra de las Dos Rosas como, más o menos, en Juego de Tronos aquí Sapkoswki nos trae la pelea de los pueblos al oeste de Rusia por seguir sobreviviendo, entre ellos Polonia. Un enorme imperio con aspiraciones expansionistas que, además, promete libertades a minorías oprimidas en los reinos pequeños e independientes a los que amenaza, como si fuera una URSS de la vida en plena segunda guerra mundial. Conoceremos varios reinos, con sus reyes, espías, seres con poderes mágicos asociados y sus conspiraciones de poder, sus distintas ideologías respecto al Imperio, a la desunión o unión de los reinos y demás. En ese sentido, es de esperar que la serie de televisión debería gustarse contando estas cosas al estilo ya establecido por la HBO en Juego de Tronos: tienen que inventarse realmente poco o nada. Hay que decir que el número de actores políticos es bastante más pequeño y las conspiraciones menos complicadas, es decir, más creíbles: en el mundo real las conspiraciones políticas conforme ganan en complejidad es más fácil que fallen. Hay todo un desapasionamiento en los libros respecto a los grandes ideales políticos y cinismo por varias toneladas: en nada de eso debe envidiar a la serie de la HBO en pantalla. Está hecho en los libros tal cual.

Los libros si son abrumadoramente más cortos que los de Juego de Tronos es porque lo central de los libros de Geralt es su viaje personal a partir del tercer libro en busca de su hija adoptiva, Ciri. Es decir, que habiendo parte política y conspirativa, el peso de la trama lo tiene Geralt y sus acompañantes, las situaciones a las que se enfrentan y el eterno tema del libro: si existe realmente o no el Mal menor. ¿Existe el Mal? ¿o todo son grises? El libro ofrece buenos pasajes para cualquiera de las posturas, pero la idea central de los libros es una búsqueda personal y una pregunta moral. En este sentido Juego de Tronos es superior, al fin y al cabo explicar el desarrollo político de todo un continente demanda hacer algo parecido a lo que hace George R.R. Martin, es decir, tener mucha extensión de páginas, múltiples puntos de vista y saber encarnar éstos, siendo muy distintos en todos los sentidos, sin caer en el ridículo o siendo incluso creíble. Las aventuras de Geralt son más personales y filosóficas que políticas, por más que la base sea seguir a un protagonista espadachín casi sin rival que trabaja de cazador de monstruos pero que demasiadas veces descubre que son los humanos los causantes de las mayores monstruosidades. Hay capítulos perfectamente interpretables desde un punto de vista izquierdista, otros claramente liberales (hay todo un alegato a favor de la globalización y en contra del aislacionismo en una charla de Geralt con un elfo descaradamente racista) e incluso los hay conservadores. La tentación de tirar más hacia lo político como si fuera Juego de Tronos será fuerte pero sería refrescante este acercamiento más personal y filosófico, además de los temas y estética más eslava que anglosajona. Aunque, ojo, los libros de Geralt tienen mucho de más de magia, monstruos y elementos sobrenaturales que Juego de Tronos. Mucho más. Otra de las ventajas que tienen las aventuras del Geralt literario es que tiene un inicio y un fin: el problema de cómo acabarlo que sufrió Juego de Tronos no lo van a tener. Respecto a su final, hasta tres cuartas partes del último libro da la sensación de que va a acabar como todo el mundo esperábamos para darnos una bofetada en el último cuarto y dejar la cosa relativamente cerrada para casi todos excepto para el personaje que más evoluciona de todas las novelas, abrazando simpáticamente a los representantes de otras mitologías de otros lares. Qué sé yo: es que hasta pueden hacer cameos personajes de otras series y épocas. En ese sentido si le echan imaginación, que deberían, pueden sacar cosas divertidas.

¿Podemos esperar algo de los videojuegos? Hay que decir que el principal éxito a nivel popular de Geralt se debe, sobre todo, a los videojuegos. Sapkowski cuando vió cómo le llegaron en los 90 a decir que querían hacer videojuegos de sus libros, que le daban dinero y parte de los beneficios que diera vino a decir que le dieran dinero y ya. Y era lo racional. Sus libros apenas los conocíamos los pocos aficionados a su género. Sus libros, además, iban de mitología eslava, algo diferente a la mitología más parecida a la estándar, la de Tolkien, la más conocida por el gran público. La compañía de videojuegos eran polaca, formada por unos traductores de videojuegos de rol, que habían pagado una morterada por un motor gráfico (Aurora, de Bioware) ajeno, con nula experiencia en hacer videojuegos e iban hacer lo que fuera con dos y el del tambor. Y todo eso en la última esquina del mundo videojueguil: Polonia. La compañía polaca, CD Projekt, hizo The Witcher para PC en 2007 (del que hablamos con gran gozo aquí), y se convirtió en un videojuego de rol novedoso, totalmente diferente a lo que se veía por aquellos tiempos y sobre todo valiente. El juego empieza donde acaba la última novela (y donde entendemos que acabará la serie de televisión en caso de triunfar), pero sigue perfectamente el espíritu de las novelas, centrándose en los dilemas morales de un cazador de monstruos y su historia de venganza personal, partiendo de una amnesia desde el inicio para que todo jugador pueda de primeras ponerse a jugar sin saber nada de ese universo. Sí, gráficamente estaba ya desfasado, estaba mal optimizado y demás, pero era de las primeras veces que las acciones del protagonista modificaban de verdad el mundo que nos vamos a ir encontrando tiempo después: personajes se acordaban de lo que habíamos hecho dos horas antes, las cosas muchas veces no implicaban lo que nosotros queríamos dar a entender con nuestras acciones y los personajes eran, por lo general, moralmente grises. También debe ser, vamos a decirlo todo, uno de los videojuegos de rol donde se practica más veces el acto sexual de follar. En este sacrosanto sitio dedicamos todo un escrito a analizar la evolución de las relaciones sexuales a lo largo de la saga de videojuegos del brujo albino favorito de todos.

El segundo videojuego parecía una continuación de la gran búsqueda personal del protagonista, pero es el más político de todos con diferencia. Además de estar constantemente decidiendo en sentido político con temas como el terrorismo como arma política, el trato que hay que dar a las minorías raciales o temas económicos el brujo está peleando por algo personal, por más que parezca constantemente que nadie quiera prescindir de una de las mayores máquinas de matar de ese mundo. El juego sigue con su particular sentido del humor cachondeandose de El Señor de los Anillos sin tapujos y tirando puyitas a las cosas habituales del género. Es quizás donde más pueden sacar los productores de peleas y debates políticos, pero sería sanísimo que sacaran de éste el sentido del humor y sobre todo ese maravilloso final que tiene. Uno en el que podemos liarnos a pegarnos con el jefe final del juego, como siempre. Pero también podemos hablar con él, conocer sus razones y concluir que ese monstruo que nos ha martirizado todo el juego tiene razón para hacer lo que hace y…decidir que no vamos a pelear. Y que cada uno por su lado. Que es lo que hice yo cuando escuché su versión de lo que había pasado a lo largo del juego. Sí, es por estas cosas que la saga de videojuego es tan grande.

Del tercero hay poco que decir. En este blog le hemos dedicado varias entradas (1, 2). Simplemente decir que sigue siendo el mejor videojuego de rol occidental a día de hoy, seguido de los Divinity: Original Sin. Uno de esos juegos que recuerda todo el mundo dos décadas después de jugarlo. Con sus fallos, por supuesto: se ha comentado muy poco que el sistema de combate no es precisamente el mejor. Pero es un juego que cierra fantásticamente bien la trilogía de videojuegos y las historias de Geralt, ahora sí. Aquí se entremezclan política y lo personal, hasta difuminarse peligrosamente conforme avanzamos por la trama. Aquí las misiones secundarias son más ingeniosas y llenas de grises morales que nunca (es el tema preferido de las historias del brujo albino, vaya). Si realmente la serie prevalece debería seguir la senda sobre todo de la segunda y tercera parte de los videojuegos, incluídas sus referencias chistosas a Juego de Tronos o Nietzsche, que no son nada gafapástico, ojo, y están estupendamente bien traídas. Es decir, que dejar algunas de esas muchas pildoritas ya existentes daría mucho juego en la gran época de compartir todo por Twitter o WhatsApp.

Acabaremos con la sección “polémicas absurdas”: que si Henry Cavill da un poco de risa haciendo del protagonista, que si Ciri es negra  y demás. Solo recordar que en su día hubo risas cuando eligieron a un actor de una serie romántica-de risas para protagonizar una película de acción: el actor era Bruce Willis y la película La Jungla de Cristal. También hubo risas con las pintas del primer Conan, cuyo actor era un rubiaco austríaco mazado en vez de alguien moreno con pinta de mongol: las revistas de la época se inundaron de cartas protestando…el actor era el mismísimo Arnold Schwarzenegger, que sería ya el Conan a nivel popular para millones de personas. A saber qué hace Henry Cavill, pero para saber si al final queda ridículo, hace un trabajo potable o lo borda habrá que hacer cosas poco habituales en esta época: esperarse, verlo y juzgar después. Yo qué sé, opinar después de haber visto la serie y no antes por cosas aisladas.

Respecto a que los personajes pasen a ser mujeres, gente de Ferrol, periodistas del Atlético de Madrid o veganos mourinhistas pues qué queréis que os diga: qué más da. Los libros de Geralt son ficción y creo que no van a hacer un documental. Pueden poner un mundo fantástico que se parezca más o menos a los libros y videojuegos, pero cambiar los nombres por sitios de Cáceres y que los protagonistas sean todos esquimales, que lo importante será si la serie es divertida, está bien hecha, los vacíos argumentales no te hacen sentir idiota. Ah, que no acaben todo corriendo y de mala manera.

Que es de lo que debería ir toda ficción: de, sobre todo, entretener y no insultarte como espectador. Las esencias mejor sólo para los perfumes.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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