Marvel Cómics. La historia jamás contada: las personas detrás de la Casa de las Ideas

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Los personajes de Marvel, famosos ya desde hace décadas, se han convertido en auténticos iconos multimedia cuyas aventuras cinematográficas, animadas, jugables o viñetísticas cautivan a millones de personas a diario. Aparte, por supuesto, del enorme esfuerzo publicitario llevado a cabo por la compañía Disney, si esto ha acabado sucediendo es porque hay algo especial acerca de estos personajes, algo que llenó un vacío primero en el mundo del cómic y, más adelante, en otros medios… y, por supuesto, sus cualidades solo pueden explicarse si atendemos a lo que sucedía entre bambalinas, a las circunstancias en que nacieron estos héroes y villanos que siguen dando guerra ochenta años después.

Hay numerosas obras centradas en el proceso de creación de un cómic, revistas sobre el género de superhéroes como la famosa Alter Ego, una extensa bibliografía en diversas páginas de Internet o ensayos sobre la importancia de diversos personajes. Sin embargo, si un profano o un fan del Noveno Arte quiere comprender de manera sencilla y divulgativa cómo se crearon los cómics Marvel, la mejor opción a día de hoy sigue siendo Marvel Cómics. La historia jamás contada, de Sean Howe, en la que este periodista expone los frutos de su extenso trabajo de investigación y, tras realizar más de un centenar de entrevistas y bucear en las más diversas fuentes, nos presenta la fascinante y sórdida historia de esa marca conocida como Marvel Cómics.

Superando la Depresión

No es ningún secreto que la Gran Depresión y la turbulenta situación internacional durante los años treinta contribuyeron en la proliferación no solo de cómics de superhéroes, sino de aquella literatura escapista conocida como pulp: no hay que olvidar que Superman, heredero de héroes como Doc Savage, comenzó su andadura como, literalmente, el campeón de los oprimidos. En estas difíciles circunstancias, Martin Goodman, un editor de pulps interesado por el auge de los tebeos, compró los derechos de varios personajes desarrollados por distintos autores: El Ángel, el Jinete Enmascarado… y los que se convertirían en los dos primeros iconos de su editorial Timely, Namor el Hombre Submarino de Bill Everett y la Antorcha Humana de Carl Burgos. Aunque todavía no era el nombre de la casa editora, explica Howe, había algo en la palabra “Marvel”  que atraía a Goodman, habiéndola usado en muchas de sus antiguas publicaciones… y, en un toque de genio, acabó bautizando así a su primera incursión en el mundo de las historietas, sentando las bases para todo lo que vendría después.

Pero, detrás de la fantasía escapista, había una realidad mucho más sucia: las jornadas de los guionistas y dibujantes eran draconianas, y su remuneración era bastante escasa, como bien hace notar el autor. Una de las anécdotas más divertidas y tristes del libro consiste en el modo en el que una cuadrilla de trabajadores de Timely tuvieron que escribir y dibujar sobre la marcha un cómic de 60 páginas en un fin de semana, entre una cantidad obscena de puros y whisky. En esta tesitura, dos jóvenes llamados Jack Kirby y Joe Simon lo iban a cambiar todo con su Capitán América, un éxito de ventas que ya anticipaba la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial… y con los trabajos que realizaron para la competencia, una DC llamada entonces National Comics, que les acabaron costando su puesto tras el chivatazo de un joven novato que acabaría llegando muy lejos. Un tal Stanley Lieber, que firmó sus primeras historias con el sobrenombre de Stan Lee.

Tras la guerra, el interés en el género de superhéroes fue decayendo y, según nos explica Howe, esto propició la aparición de cómics de terror y, más adelante, de monstruos, siguiendo la estela de numerosas películas de serie B del momento bajo el sello “Atlas”. Pero llegaría un cómic que lo cambiaría todo, y que convertiría a Atlas en Marvel de manera definitiva.

La Era Marvel

Seguramente el mayor mérito de este libro consiste en recoger con fidelidad cómo Timely pasó de ser una editorial pequeña, siempre el segundón al lado de DC, a un auténtico fenómeno de masas con un fandom tremendamente fiel. Durante los años sesenta, el retorno de Jack Kirby y la aparición del joven Steve Ditko, ya curtidos en historias de ciencia ficción, dio lugar a un universo cohesionado que nació con los Cuatro Fantásticos en 1961. Por primera vez, explica Howe, los personajes podían cambiar, podían sufrir y dudar… y, aparte de ello, los experimentos gráficos de los dos dibujantes mencionados superaban con mucho a cualquier cosa que pudiera ofrecer por aquel entonces la encorsetada DC. El papel de Stan Lee como maestro de ceremonias hizo que los fans se identificaran con la compañía, aunque de nuevo no fueran conscientes de lo que sucedía tras las viñetas. El autor nos cuenta las tensiones que surgieron entre Lee y sus colaboradores por el escaso reconocimiento que recibían mientras él trataba de meter cabeza en Hollywood, además de lo vergonzosamente mal que se trató a algunos veteranos como Carl Burgos.

Pero lo que distinguió a los personajes Marvel durante esta era fue la imaginación que sus autores pusieron en las historias y, sobre todo, la conexión con sus fans: se empezó a desarrollar todo un culto en torno a estos personajes más allá del público infantil al que estaban dirigidos, un culto que iba desde los universitarios que devoraban las historias de Spiderman hasta los hippies que flipaban con los dibujos de Ditko para las aventuras del Doctor Extraño. Marvel se convirtió en un icono casi contracultural, atrayendo a creadores como el mismísimo Federico Fellini, que aprovechó una visita a Nueva York para intentar contactar con Stan Lee. Por primera vez, se estaba haciendo algo distinto con un género de superhéroes que parecía caduco.

Pero lo inevitable acabó sucediendo: Marvel era, a pesar de todo, una empresa. Tras el despido de sus artistas más primordiales y el constante desinterés de Lee por los cómics, llegó el relevo. Aquellos hippies, como Jim Englehart o Steve Gerber, que habían disfrutado de los tebeos de Spiderman o de Hulk, sustituyeron a los guionistas… y, aunque crearon fascinantes historias con un toque psicodélico nada desdeñable, la conclusión era clara: los creadores eran prescindibles. El personaje era lo que realmente importaba al público.

De Shooter a la actualidad

Los años ochenta son fundamentales para comprender dónde está Marvel ahora: durante la década anterior, Stan Lee ya había conseguido convencer a algunos productores de cine y televisión del potencial de sus personajes, que llenaron las pantallas con series de animación de desigual fortuna… pero las ventas de los cómics bajaban y, por ello, el nuevo Editor Jefe de Marvel, Jim Shooter, decidió poner orden de la manera más drástica posible, provocando de manera indirecta el despido de muchos autores que vieron su libertad artística mermada. Durante esta época Marvel produjo algunos de sus mejores cómics, pero Howe prefiere centrarse en el auge del mercado directo frente a la venta en quioscos, lo que ha relegado el tebeo a un producto de nicho en la actualidad, frente al éxito multitudinario del que disfrutó en el pasado.

Así, durante los noventa, los nuevos propietarios  y editores de Marvel prefirieron favorecer la especulación a las buenas historias, creando una burbuja cuya explosión acabaría suponiendo el golpe más duro que el sector del cómic haya sufrido jamás. Durante esta época, los esfuerzos de productores como Avi Arad para llevar a los personajes del cómic a las pantallas de televisión acabarían dando sus frutos con Blade y con los X-Men de Bryan Singer, mientras los tebeos trataban de imitar el lenguaje cinematográfico. Estas innovaciones, de la mano del Editor Jefe Joe Quesada, trajeron algunos cambios positivos, como el hecho de incluir un resumen en la primera página que librara al autor de la necesidad de incluirlo de forma forzada en la historia, pero muchos consideran que esto desnaturalizó el medio y lo convirtió en el hermano pobre de un lenguaje cinematográfico con el que no tiene nada que ver. El libro cita a Grant Morrison que, hace unos tres lustros, en pleno auge de las adaptaciones al cine, sostuvo con su lucidez habitual que las historietas debían ofrecer algo distinto al público, suponer un desafío para el Séptimo Arte que debe adaptarlas… y no al revés. En esas seguimos, después de tanto tiempo, con honrosas excepciones.

Conclusión

Este repaso al libro de Howe es bastante parco, y no le hace justicia a la gran cantidad de información que se presenta de forma amena y comprensible en un libro que no se puede dejar de recomendar. Marvel Cómics. La historia jamás contada es todo un ejemplo de buen hacer periodístico y divulgativo que mete de lleno al lector en el sórdido mundo de los pioneros en los años treinta y cuarenta, en la creación de un icono durante los sesenta y en los locos años setenta, en unos años ochenta donde la editorial comenzaba a organizarse como una empresa seria… y, por supuesto, a otros períodos no tan fascinantes como la decadencia de los años noventa, durante la que muchos veteranos de la editorial fueron despedidos sin miramientos y la industria estuvo a punto de colapsar. Desde la publicación de esta obra, hace ya siete años, hemos visto cómo Marvel ha perfeccionado un universo cinematográfico que ha suscitado admiración, envidias e imitadores en Hollywood. Este libro cuenta la historia de esas personas que, sin saberlo, crearon a unos personajes que hoy valen miles de millones de dólares. Todo fan de estos superhéroes, sin importar cómo haya llegado a ellos, debería echarle un vistazo a este libro para apreciar el trabajo de todos aquellos que hicieron que Marvel se convirtiera en lo que es hoy en día.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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