¿Qué tienen en común The Wire y Mindhunter?

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La segunda temporada de Mindhunter ha resultado ser un éxito categórico que no ha hecho sino afianzar y elevar, lo que había establecido en su anterior entrega. Son muchas todavía sus posibilidades, pero en sus dos temporadas hay una cosa que ya ha evidenciado: que no es una serie cualquiera. Ante la duda que todavía corroe al gran público sobre si Mindhunter será renovada, con lo expuesto hasta el momento no he podido evitar observar algunas similitudes con otra gran serie que ya es historia del medio. Unos detalles que creo definen bien la esencia de ambas y la recuperación de una fórmula muy poco (o bien) explotada que bautizó en 2002 un tal David Simon con su entonces nuevo proyecto: The Wire.

Si queréis un detallado análisis de Mindhunter, os recomiendo encarecidamente los excelentes análisis de mi compañero Carlos:

Y dejo por aquí también el homenaje a The Wire que hizo un compañero en esta web:

La concepción y el foco

Aunque ambas series estén separadas por un más que generoso período de tiempo, creo que guardan muchas similitudes tanto en la concepción como en su resultado y objetivo final, pero para apreciarlo mejor debemos entender los productos que estamos comparando. The Wire surgió en su momento como una especie de serie-documental cuyo objetivo no era tanto el de revelar una cruda verdad a través de una historia, sino el de mostrar una historia a través de una cruda realidad. En otras palabras: la protagonista indiscutible era la ciudad de Baltimore y el objetivo de la serie era mostrar cómo sus habitantes tratan de sobrevivir al ritmo al que esta se mueve. Un movimiento marcado por una maraña de corrupción y drogas, de intereses ocultos y populismo en la que desde el vendedor de droga más roñoso al político más elegante están implicados o son cómplices, conscientes o no, pues es el funcionamiento preestablecido de Baltimore. Es prácticamente una poema sobre la lucha fútil y desamparadora contra la realidad.

¿Y qué tiene que ver esto con Mindhunter? Pues más de lo que parece. En lo que hemos podido apreciar de Mindhunter, la dinámica es muy parecida. Cierto que no busca de manera tan descarada el estilo documental, pero como hace The Wire, vertebra el desarrollo de la serie a partir de la realidad, siendo en este caso los interrogatorios a psicópatas reales y las dificultades a las que se vieron sometidos para ser tomados en serio dentro del mismo FBI. Incluso la sensación de futilidad y desamparo que caracterizó al ya clásico de HBO, encuentra en esta serie el relevo generacional perfecto tal y como nos ha demostrado en esta segunda temporada. Una que se ha centrado especialmente en la politización del cuerpo policial y su efecto en las investigaciones policiales. Y este cambio de orientación de temporada con respecto a la primera, es lo que nos lleva al siguiente punto.

Construyendo una imagen tridimensional

Uno de los factores que más hicieron destacar a The Wire, fue su voluntad de crear un retrato completo de la ciudad de Baltimore. Para ello, la serie centraba cada temporada en un aspecto distinto del narcotráfico que tenía lugar allí, explorando desde la dinámica de las mafias, pasando por su conexión con los políticos y hasta el papel de la educación en la creación de estigmas y futuros traficantes. De este modo, la serie fue capaz de ampliar su abanico hasta límites insospechados para la época, sacrificando ligeramente la continuidad o protagonismo de sus personajes en pos de hacerlos mártires, unos simples peones a merced del impasible ritmo de Baltimore. Y con esta segunda temporada de Mindhunter, podemos empezar a apreciar que la intención es la misma.

La segunda entrega de Mindhunter, ha roto ligeramente con los esquemas de la primera. Si bien no en esencia, pero sí en lo esperado de su progresión. Al principio, parecía bastante claro que había un protagonismo por encima del resto de Holden Ford, pero la segunda temporada demuestra que no era el caso. Como ya hizo en su momento The Wire, aquí no hay un protagonista real, los personajes están a merced de lo que les rodea y su progresión viene marcada por los obstáculos que les ofrece el momento histórico que viven. Esto lo que les permite es explorar a través de la coralidad de su reparto, los matices y dificultades de toda una época.

¿Un relevo generacional?

Con esta comparativa no pretendo ni mucho menos restarle mérito a Mindhunter ni decir que se esté copiando de The Wire, al contrario, pero lo que es innegable es que una ha influenciado mucho a la otra. Una influencia que creo es lo que (en parte) la ha hecho destacar en pleno boom de las series, recuperando un modelo y una manera de hacer sin lucimientos y desgraciadamente un poco olvidado. Está claro que Mindhunter tiene ambiciones de crear un relato grande, bien pensado y tridimensional, prueba de ello (y otra extraña coincidencia) es el planteamiento en 5 temporadas que tiene la serie. Por ahora solo nos queda esperar que Netflix apueste por ella y podamos seguir disfrutando de lo que, a mi manera de ver, es un relevo generacional de The Wire, una de las mejores series de la historia.



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el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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